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Opinión

"La posverdad" y las noticias falsas: el auge del populismo y el ataque a la democracia

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En mi último libro, publicado en árabe con el título " La posverdad y las noticias falsas: el auge del populismo y el ataque a la democracia", procedí a realizar un análisis histórico-político del fenómeno de la desinformación y de lo que Kellyanne Conway, asesora de Donald Trump, había llamado infamemente "hechos alternativos". De hecho, se trata de una crítica ideológica a las nociones que alimentan la nebulosa populista en general. Además, dado que el populismo de Orbàn es diferente al de Trump o Chávez o Bolsonaro, era necesaria una contextualización geopolítica de cómo la ola de "hechos alternativos" ha conquistado y sigue conquistando mentes en diferentes culturas políticas. La obra es una crítica política a un fenómeno sociopolítico que corre el riesgo de imponerse y afectar negativamente al ejercicio de la democracia en todo el mundo.   

Las fake news están inextricablemente ligadas al populismo; son uno de sus instrumentos más formidables. El populismo se define como cualquier idea o actividad política que sirve para ganar el apoyo de la gente común dándole lo que quiere (Cambridge). Pero como no se les puede dar todo lo que quieren, se crean fake news para decir lo que podría haber pasado si la élite, el parlamento y los partidos políticos no fueran corruptos. La desinformación, los ataques a las élites, las soluciones simples ("si abolimos el parlamento podemos construir escuelas y hospitales por todo el país"), el desprecio por el proceso democrático y la exaltación de líderes fuertes y autoritarios son los pilares del movimiento populista en India, Brasil, Estados Unidos, Venezuela, Turquía, Europa del Este, Sri Lanka y Asia Central...

A la gente le encantan las fake news y las consumen hasta la saciedad porque son sus deseos, sueños o miedos más profundos los que se ponen de manifiesto de forma sencilla, pero dramática, en ellas. El hecho de que las fake news se compartan miles de veces le da una apariencia de realidad; es lo que yo llamo la "ilusión temporal", que consiste en creer que la frecuencia en el tiempo da veracidad al elemento repetido. La parte narrativa, el compartir, la respuesta a un profundo sentimiento reprimido... todos estos elementos hacen que la desinformación sea casi irrefutable, incluso "indeconstruible".

Pero las fake news no son totalmente mentiras; mezclan "dosis" de verdad con no verdades; la apariencia de verdad oculta la mentira; la verdad es un repelente, como en los pintores paisajistas ingleses del siglo XVIII: sirve para crear una profundidad donde se aloja la mentira. Por lo tanto, es difícil entender o deconstruir las fake news sin comprender este entrelazamiento retórico de la verdad y la falsedad

¿Cómo combatir las fake news? Hay que empezar por denunciarlas. El Washington Post había creado una célula que rastreaba las mentiras, fake news y medias verdades de Donald Trump desde su elección. En el espacio de dos años en la Casa Blanca, ha producido más de diez mil noticias falsas, según el Washington Post. La CNN había contratado a un experto cuyo trabajo consistía en descifrar las fake news de los medios de comunicación y los políticos. En Marruecos, necesitamos un observatorio que haga precisamente eso. Por desgracia, en nuestro país, los periodistas compiten con los "influencers" en la creación de contenidos falsos; lo mismo ocurre con algunos profesores y académicos. Los políticos, las personalidades públicas y el sector privado son a menudo objeto de ataques mediáticos, deliberados o espontáneos, basados en noticias falsas. Es responsabilidad de los medios de comunicación y de la sociedad civil poner en marcha herramientas para descifrar y denunciar las fake news. El silencio de los medios de comunicación y de la sociedad civil es incomprensible.  

Las fake news no son sólo el arma de los más débiles, sino que las utilizan para hacer su crítica al poder que los "margina". La clase media, frustrada por la erosión de su poder adquisitivo, también los crea. Las fuerzas ideológicas de oposición, ya sean conservadoras o de extrema izquierda, las utilizan para desestabilizar a un gobierno en funciones en nombre de un pueblo martirizado o de una nación víctima de la connivencia de las élites con el capital y el Estado profundo. Los periodistas y las personas influyentes son reclutados por grupos o individuos para derribar a una figura pública. Los creadores de fake news aborrecen el debate público racional. Les gusta vivir escondidos detrás de sus smartphones. 

Siempre hay que preguntarse: ¿es esto cierto? ¿Cómo puedo confirmar esta información? ¿Es fiable la fuente (una agencia de noticias oficial -excepto la agencia de noticias argelina, que se ha convertido recientemente en una importante fuente de noticias falsas contra Marruecos-, un periódico respetado y profesional, una fuente gubernamental, un grupo de reflexión respetado, una agencia internacional, un periodista honrado y respetable, etc.)? El hecho de que varias personas compartan una información no es garantía de su fiabilidad. También es necesario denunciar las fake news y a quienes las hacen. El silencio sólo perpetúa el daño causado por la mentira. La verdad es un acto de valentía en estos tiempos, pero las sociedades democráticas y abiertas no pueden sostenerse sobre la base de noticias falsas y las acciones de las fuerzas ocultas