Opinión

La reputación de un país inspira

Banderas

Hablar de reputación como atractivo internacional de un país es un tema complejo en un mundo caótico y lleno de turbulencias. Los desafíos superan a los estados. El poder es más difuso y las relaciones internacionales impredecibles. Muchos países ven afectada su reputación por la inestabilidad, el Brexit, la desaceleración, las guerras comerciales, los populismos hostiles, el cambio climático o muchos otros frente abiertos.

Sin embargo, la percepción de la reputación del país, tanto a nivel interno como externo, tiene impacto en la dinámica de las exportaciones, en el atractivo para inversiones extrajeras o en los flujos turísticos. Tener una buena reputación es beneficioso para crear riqueza y empleos.

La reputación condiciona la elección y decisión de los agentes económicos: elegir una marca o producto se hace sobre la base de la percepción de los consumidores e impacta sobre las empresas que lo fabrican.

Es útil señalar que la reputación es difícil de medir, pero nadie discute su importancia y el valor económico que da, especialmente, a una empresa o un país. Hasta una pyme tiene una reputación que defender y que es clave para su supervivencia.

Esta realidad, tan obvia en el mundo de los negocios y la economía, también se aplica a la reputación internacional de un país, y es todavía más decisiva porque afecta al desarrollo económico, la internacionalización empresarial, la acción diplomática del país y su posición dentro de la comunidad internacional.

Muchas variables consiguen que un país inspire confianza: la calidad, el estilo de vida, la habitabilidad y sostenibilidad, su estabilidad, su sistema educativo, una economía estable, la innovación y tecnología, el entorno político e institucional, la ética y la transparencia, los lideres admirados, las empresas o marcas que triunfan, los productos de calidad, buenas infraestructuras, la oferta turística y de ocio, los recursos naturales. Ofrecer un entorno favorable se traduce en respeto internacional.

Las percepciones o opiniones sobre cada una de estas variables surgen de experiencias personales, pero también de las comunicaciones recibidas, de estereotipos acumulados o de informaciones dimensionadas. Lograr una buena reputación requiere mucho tiempo, y mantenerla, mucho esfuerzo, coherencia y constancia. Sin embargo, se puede perder muy rápido una buena reputación por mala gestión o por una percepción que puede no ser cierta, pero sus consecuencias si lo son. Las reputaciones negativas no son fáciles de borrar y las percepciones pueden destruirlas.