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Opinión

La respuesta del islam a problemas del mundo contemporáneo (13)

Comunidad Ahmadía

En la entrega 12 hicimos una breve introducción sobre la Paz Social. Desarrollando más este tema queremos aclarar que el Santo Corán referencia a dos entornos de orden social.

Dos entornos de orden social

El Santo Corán describe dos entornos de orden social:

a) Uno en el que el mal tiene la libertad de florecer.

b) Otro en el que el crecimiento del mal es fuertemente inhibido. 

Si se considerasen por separado las enseñanzas morales islámicas, sería muy difícil para la mentalidad occidental entender la filosofía de su Mensaje. Esto es así, porque las enseñanzas morales deben ser estudiadas como parte del entorno social. Han de ser observadas en su totalidad. No se puede entender la estación del otoño mirando únicamente a una hoja caída y seca o a una parte de un árbol cambiando de color. Es preciso visualizar y sentir la atmósfera y temperamento del otoño en su totalidad para saber lo que es esta estación, y cómo afecta a la vida de las plantas. De la misma forma, una golondrina no hace un verano. Mientras que el otoño desalienta la vida, la primavera la alienta. No es sólo un cambio de temperatura sino una transformación de todo el ambiente cuando el mismo viento parece insuflar vida. Los sistemas sociales son también como estaciones, con sus propias peculiaridades e influencias. 

La vanidad de la sociedad materialista y su destino final 

El Islam trata este tema de la misma manera. Permítanme describir, en primer lugar, una sociedad, que según el Corán no es islámica: 

اِعۡلَمُوۡۤا اَنَّمَا الۡحَیٰوۃُ الدُّنۡیَا لَعِبٌ وَّلَہۡوٌ وَّزِیۡنَۃٌ وَّتَفَاخُرٌۢ بَیۡنَکُمۡ وَتَکَاثُرٌ فِی الۡاَمۡوَالِ وَالۡاَوۡلَادِ ؕ کَمَثَلِ غَیۡثٍ اَعۡجَبَ الۡکُفَّارَ نَبَاتُہٗ ثُمَّ یَہِیۡجُ فَتَرٰٮہُ مُصۡفَرًّا ثُمَّ یَکُوۡنُ حُطَامًا ؕ وَفِی الۡاٰخِرَۃِ عَذَابٌ شَدِیۡدٌ ۙ وَّمَغۡفِرَۃٌ مِّنَ اللّٰہِ وَرِضۡوَانٌ ؕ وَمَا الۡحَیٰوۃُ الدُّنۡیَاۤ اِلَّا مَتَاعُ الۡغُرُوۡرِ 

“Sabed que la vida de este mundo no es más que un juego y un pasatiempo, un ornato, una fuente de jactancia entre vosotros y de rivalidad en la multiplicación de la riqueza y los hijos. Esta vida es como la lluvia: la vegetación que produce regocija a los labradores. Pero después se seca y la ves ponerse amarilla. Entonces se convierte en trozos rotos de paja. Mas en el Más Allá hay un severo castigo para el malvado, y también el perdón de Al’lah y Su agrado para el virtuoso. Pues la vida de este mundo no es más que un gozo ilusorio temporal de cosas engañosas”. (C. 57: Al-Hadid: 21) 

De nuevo, al referirse a la vanidad de la vida material, el Santo Corán dice lo siguiente: 

وَالَّذِیۡنَ کَفَرُوۡۤا اَعۡمَالُہُمۡ کَسَرَابٍۭ بِقِیۡعَۃٍ یَّحۡسَبُہُ الظَّمۡاٰنُ مَآءً ؕ حَتّٰۤی اِذَا جَآءَہٗ لَمۡ یَجِدۡہُ شَیۡئًا وَّوَجَدَ اللّٰہَ عِنۡدَہٗ فَوَفّٰٮہُ حِسَابَہٗ ؕ وَاللّٰہُ سَرِیۡعُ الۡحِسَابِ

“En cuanto a los no creyentes, sus actos son como un espejismo en el desierto. El sediento piensa que hay agua hasta que, cuando llega a ella, encuentra que no hay nada. Mas encuentra a Al’lah allí, Quien le recompensa totalmente por sus acciones, pues Al’lah es rápido en la retribución”. (C.24: Al-Nur: 40) 

El Santo Corán describe a la vanidad por la consecución materialista como un espejismo que tienta al sediento escapándose siempre de él hasta que se vuelve tan exhausto que no lo puede perseguir ya más. En ese momento es cuando es castigado. Se le hace caer en la cuenta de que ese es el objetivo hueco y vacío que había estado siguiendo todo el tiempo. De pronto, el espejismo deja de alejarse, y le permite aferrarlo, sólo para que comprenda el amargo significado de perseguir a la nada. Este es el castigo que encuentran quienes persiguen la vanidad de la vida materialista. Así, es como acaban todas estas sociedades, según el Santo Corán. 

En contra de ello, la religión aboga por una ideología que declara que la vida en este mundo no es el destino - y el fin - de todas las cosas sino que existe una vida posterior que nos espera. 

Si nuestra muerte en la tierra no es definitiva sino que continuamos viviendo de una forma u otra, tal como el Islam y otras religiones desean que creamos; si la vida en la tierra no puede ser tomada por separado de la vida en el Más Allá; y si ambas vidas deben ser entendidas como continuación una de otra, entonces sería de poca sabiduría ignorar el papel de las influencias sociales sobre una persona aquí en la tierra. El mal y las influencias inmorales e insanas han de originar un alma insana en la vida venidera. 

El rechazo a la vida futura 

Este no es el lugar apropiado para discutir la filosofía islámica sobre la vida después de la muerte en detalle, pero sería suficiente mencionar que, según el Islam, la forma en que conducimos nuestras vidas aquí en la tierra tiene influencia en nuestras almas de la misma manera como, en ocasiones, ciertas enfermedades de la madre embarazada influencian a su hijo en estado embriogénico. El niño puede ser tan incapacitado congénitamente que le puede suponer un auténtico infierno vivir con sus incapacidades entre los niños sanos en situación de máximo desvalimiento. El tormento puede ser aún más amargo y profundo a medida que madura su conciencia. Esto, en resumidas cuentas es como, según el Islam, damos forma a nuestro cielo o a nuestro infierno. 

En este contexto, debe quedar claro que cualquier tipo de orden social que promueve el comportamiento irresponsable, violento o desordenado, debe ser rechazado aún cuando pueda parecer atractivo y tentador al observador fortuito. 

Es apropiado que los creyentes hagan tales afirmaciones, ya que se refieren a cuestiones del otro mundo. Después de todo, ¿quién ha regresado del así llamado “otro mundo” para testificar a favor o en contra de tales afirmaciones? ¿Por qué no conformarse con “un pájaro en mano que cientos volando”? Esta es la respuesta materialista a la filosofía islámica respecto a cómo debe ser configurada la sociedad y sobre qué principios ha de basarse. 

La filosofía islámica abarca la vida presente aquí en la tierra y la vida del Más Allá como un curso continuo que se rompe momentáneamente con la muerte que, de hecho, es un estado transformativo de una vida en otra. Por contra, la filosofía materialista visualiza la vida como un breve lapso accidental de conciencia que se convierte en la nada en el momento de la muerte. Por tanto, el sistema social ha de atender únicamente las necesidades relacionadas con este breve lapso de existencia. El individuo ha de responder únicamente ante la sociedad, sólo mientras viva y sólo por el aspecto de su vida que es visible y detectable; lo que queda oculto en forma de pensamientos, intenciones, planes, conspiraciones y crímenes sutilmente perpetrados queda sin detectar y sin cuestionar. 

Asimismo, los delitos realizados contra la sociedad sólo son juzgados como tales cuando queda establecido, sin sombra de duda que dicho delito ha sido cometido. Existe la posibilidad del error judicial. En este orden social, la administración de la justicia no sólo es superficial y limitada sino que conduce a delitos contra la propia sociedad. Promueve la búsqueda de intereses creados y alienta el egoísmo extremo por parte del individuo. 

(Continuaremos en la siguiente entrega – la número 14 – con el tema de la Paz Social).