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Opinión

La respuesta del islam a problemas del mundo contemporáneo (14)

Comunidad Ahmadía

En la entrega 13 presentamos los dos entornos distintos sobre la filosofía materialista versus la filosofía de una vida más allá de la muerte. 

Continuando con este tema, queremos recalcar que es interesante señalar que en una sociedad atea o semi-atea, donde el concepto de responsabilidad después de la muerte es completamente rechazado o tratado tan vaga y ligeramente que pierde su sentido, es muy difícil encontrar una definición del delito que se asemeje a la que tiene en una filosofía moral sana. Es muy difícil concebir que los miembros de una sociedad atea se hallen verdaderamente convencidos del daño que causan cuando quebrantan una ley. Después de todo, ¿qué es la ley? ¿Es la palabra del déspota o del dictador absoluto, la decisión de los regímenes totalitarios o el dictado de la mayoría democrática? Para el hombre común ¿cuál de los enunciados anteriores constituiría una legislación justa basada en una filosofía moral sólida? ¿Qué filosofía moral?

Si no debe su existencia a ningún Ser, o si no teme ser preguntado respecto a su conducta durante su vida terrenal en la vida venidera, puesto que, según su creencia, no existe el Más Allá, entonces, las respuestas desde su posición a las cuestiones antes formuladas, pueden ser muy distintas a los requerimientos de una sociedad responsable. Esa persona solo tiene una vida corta que vivir. Necesita a la sociedad para su sólo beneficio y se somete a la autoridad superior de la sociedad únicamente por necesidad. Si puede huir con algún beneficio en provecho propio y hurtar unos cuantos momentos de placer aquí y allá siendo suficientemente listo para no ser descubierto, ¿por qué no hacerlo? ¿Qué tipo de inhibición “moral” podría detener su mano?

Esta actitud psicológica ante el delito se desarrolla y consolida con el paso del tiempo en las sociedades materialistas y ateas.

Esto, exactamente, ha sido mencionado en el Santo Corán como la esencia de la sociedad materialista.

Los incrédulos declaran:

                                                                                                                                                                                                                    اِنۡ ہِیَ اِلَّا حَیَاتُنَا الدُّنۡیَا نَمُوۡتُ وَنَحۡیَا وَمَا نَحۡنُ بِمَبۡعُوۡثِیۡنَ

“No hay otra vida fuera de la vida presente; morimos y vivimos, pero no seremos resucitados. Es decir, rechazamos el concepto de la vida después de la muerte o de la vida en cualquier otro lugar”. (C. 23: Al-Muminun: 38)

De igual forma, los incrédulos se dirigen, burlándose, a los anteriores Profetas, preguntándoles:

                                                                                                                                                                                                                   وَقَالُوۡۤاءَ اِذَا کُنَّا عِظَامًا وَّرُفَاتًاءَ اِنَّا لَمَبۡعُوۡثُوۡنَ خَلۡقًا جَدِیۡدًا

“Pues dicen: “Cuando nos convirtamos en huesos y partículas rotas ¿Seremos realmente resucitados como nueva criatura?” (C. 17: Bani-Israil: 50)

                                                                                                                                                                                                                          قَالُوۡۤا ءَاِذَا مِتۡنَا وَکُنَّا تُرَابًا وَّعِظَامًا ءَاِنَّا لَمَبۡعُوۡثُوۡنَ 

Dicen: “¡Cómo! Cuando estemos muertos y nos hayamos convertido en polvo, ¿seremos, en verdad, resucitados de nuevo? (C. 23: Al-Mu’minun: 83)

Esto, según el Santo Corán es común a todos los males de una sociedad materialista. Por ello se insiste tanto en la vida futura y en el Día de la Retribución.

En una de las tradiciones, Ibn Masud relata que el Santo Profeta (lpbD) en una ocasión dibujó un rectángulo, en cuyo centro trazó una línea larga cuya parte superior se prolongaba por encima del rectángulo. A lo largo de esta línea media dibujó una serie de líneas cortas. Indicó que la figura representaba al hombre, que el rectángulo que la rodeaba era la muerte, la línea media representaba sus deseos y las líneas cortas que la cruzaban eran las pruebas y tribulaciones de la vida. Dijo: “Si una de ellas le falla, cae víctima de alguna de las otras”. (Bujari). 

En otra tradición se describe a la muerte como la que pone fin al placer. (Tirmidhi)

Cuatro caracteristicas de la sociedad materialista

                                                                                                               مَا سَلَکَکُمۡ فِیۡ سَقَرَ ﴿۴۳﴾ قَالُوۡا لَمۡ نَکُ مِنَ الۡمُصَلِّیۡنَ ﴿ۙ۴۴﴾ وَلَمۡ نَکُ نُطۡعِمُ الۡمِسۡکِیۡنَ ﴿ۙ۴۵﴾ وَکُنَّا نَخُوۡضُ مَعَ الۡخَآئِضِیۡنَ ﴿ۙ۴۶﴾ وَکُنَّا نُکَذِّبُ بِیَوۡمِ الدِّیۡنِ

“¿Qué os ha llevado al Fuego?” Ellos responderán: “No fuimos de los que ofrecían oraciones, ni alimentamos a los pobres. Nos entregamos a charlas vanas con aquellos que se dedican a ellas. Y solíamos negar el Día del Juicio”. (C. Al-Muddazzir: 43-47)

Los aspectos de una sociedad atea y materialista no podrían haber sido descritos de manera más precisa y completa. Son los siguientes:

  • Fracaso en realizar la oración.
  • Fracaso en alimentar al pobre.
  • La complacencia en los propósitos banales
  • El rechazo al Día de la Retribución o de la Responsabilidad.

Antes de seguir adelante, permítanme disipar una confusión que hace difícil diagnosticar verdaderamente cuál es el estado de una sociedad. Incluso en las sociedades en las que la creencia en Dios parece estar arraigada y la creencia en el Más Allá forma parte integral de su artículo de fe, se desarrollan ciertos tipos de males que no podrían ser lógicamente concebidos entre creyentes responsables ante Dios y que han de rendir cuentas en la vida venidera.

La cuestión que se plantea pues, es ¿por qué tales sociedades creen en Dios y en el Más Allá y sin embargo todas las demás características permanecen materialistas en su totalidad? La respuesta no es difícil de averiguar cuando se examina con detalle la naturaleza de sus creencias. De hecho, una remota creencia teosófica en Dios no puede influenciar el comportamiento social de tales creyentes. ¿Cómo puede coexistir la fe genuina en Dios con la mentira, la falsedad, el individualismo, la usurpación del derecho de los demás, la corrupción y la crueldad? El concepto que de Dios tienen tales sociedades es sólo cosmético, demasiado irreal y etéreo para desempeñar un papel activo en la modelación de la conducta humana. De igual manera, la creencia en la vida futura y la responsabilidad de rendir cuentas se reduce a la pálida sombra de una posibilidad remota. En cada instante de elección los intereses inmediatos prevalecen y desplazan cualquier consideración sobre la vida venidera.

Cuando hablamos de sociedades materialistas, no sólo queremos significar a aquellas que se han rebelado abiertamente contra la idea de Dios y de la Vida Futura. La mayoría de las sociedades “creyentes” y ateas aparentan estar en extremos diametralmente opuestos en sus ideologías, pero, en la práctica poseen similitudes muy próximas.

La Responsabilidad

El Santo Corán, por el contrario, declara:

                                                                                                             لِلّٰہِ مَا فِی السَّمٰوٰتِ وَمَا فِی الۡاَرۡضِ ؕ وَاِنۡ تُبۡدُوۡا مَا فِیۡۤ اَنۡفُسِکُمۡ اَوۡ تُخۡفُوۡہُ یُحَاسِبۡکُمۡ بِہِ اللّٰہُ ؕ فَیَغۡفِرُ لِمَنۡ یَّشَآءُ وَیُعَذِّبُ مَنۡ یَّشَآءُ ؕ وَاللّٰہُ عَلٰی کُلِّ شَیۡءٍ قَدِیۡرٌ 

“A Al’lah pertenece todo cuanto hay en los cielos y en la tierra. Él es el Dueño. Posee el derecho de conformar vuestros destinos y vuestro orden social. Tanto si reveláis lo que hay en vuestras mentes como si lo mantenéis oculto, Al-lah os pedirá cuentas por ello y os interrogará respecto de vuestros pensamientos y actos malvados; después perdonará a quien considere merecedor de ser perdonado y castigará a quien considere merecedor de ser castigado; y Al-lah tiene poder para hacer todo lo que desea”. (Cap. 2: Al-Baqarah: 285)

El Santo Corán añade:

                                                                                                                                                                                   وَلَا تَقۡفُ مَا لَیۡسَ لَکَ بِہٖ عِلۡمٌ ؕ اِنَّ السَّمۡعَ وَالۡبَصَرَ وَالۡفُؤَادَ کُلُّ اُولٰٓئِکَ کَانَ عَنۡہُ مَسۡـُٔوۡلً

“No sigas lo que no conoces. En verdad, el oído, el ojo y el corazón, serán todos llamados para dar cuenta”. (C. 17: Bani Israil: 37).

Aquí, la palabra “corazón” significa en el lenguaje del Santo Corán, la fuerza última que se encuentra detrás de todo acto humano. “Fu’wad”, significa en el Santo Corán la voluntad decisiva y suprema que opera en el cerebro de igual manera que se hacen funcionar los ordenadores. Por lo tanto, esta voluntad decisiva es la fuente de todo bien y todo mal y es la que, en forma de una vida nueva tras la muerte, habrá de rendir cuentas junto a los ojos y el oído.

(Continuaremos en la siguiente entrega, la número 15)