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Opinión

La respuesta del Islam a problemas del mundo contemporáneo (21)

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Se oye continuamente hablar de la libertad de la mujer y de los derechos de la mujer etc. El Islam expone un principio fundamental extenso que abarca todas las situaciones:

وَلَہُنَّ مِثۡلُ الَّذِیۡ عَلَیۡہِنَّ بِالۡمَعۡرُوۡفِ ۪ وَلِلرِّجَالِ عَلَیۡہِنَّ دَرَجَۃٌ ؕ وَاللّٰہُ عَزِیۡزٌ حَکِیۡمٌ 

“…Y ellas (las mujeres) tienen derechos similares e iguales a aquellos (los hombres) en justicia; es decir, las mujeres tienen exactamente los mismos derechos sobre los hombres, como los hombres los tienen sobre las mujeres. Existe, pues, una total igualdad y ninguna diferencia en lo que se refiere a los derechos humanos fundamentales de las mujeres y los hombres. Pero los hombres poseen un grado de ventaja sobre ellas. Y Al’lah es Poderoso y Sabio”. (C. 2: Al-Baqarah: 229)
En otra parte de un versículo del Santo Corán, se declara:

اَلرِّجَالُ قَوّٰمُوۡنَ عَلَی النِّسَآءِ بِمَا فَضَّلَ اللّٰہُ بَعۡضَہُمۡ عَلٰی بَعۡضٍ وَّبِمَاۤ اَنۡفَقُوۡا مِنۡ اَمۡوَالِہِمۡ

“A los hombres se les ha designado protectores de las mujeres a causa de aquello por lo que Al’lah ha hecho que algunos de ellos sobresalgan sobre otros y pese a que ellos gastan de sus bienes…”.(C. 4: Al-Nisa:35)

De la palabra árabe QAWWAMUN (protectores, responsables de mantener a quienes tutelan en el camino recto), algunos Ulemas (doctores en religión) de mentalidad medieval deducen y afirman la superioridad de los hombres sobre las mujeres, cuando el versículo sólo se refiere a la ventaja que el mantenedor de la familia tiene sobre sus dependientes. Como tal, el protector se haya más cualificado para ejercer la presión moral sobre sus tutelados a fin de que permanezcan en el camino recto. En cuanto a los derechos humanos fundamentales se refiere, no hay mención alguna a que las mujeres sean distintas a los hombres o a que los hombres tengan superioridad sobre las mujeres. La última parte del versículo se refiere a la ventaja mencionada anteriormente y deja manifiestamente claro que, pese a esta ventaja, los derechos fundamentales de la mujer son exactamente iguales a los del hombre. Las letras árabes WA han de ser traducidas como “a pesar del hecho de” o “mientras que” y, en este contexto parece ser la única traducción correcta.

La poligamia

Es común en Occidente afrontar al orador que habla sobre el Islam, con la siguiente pregunta: ¿permite el Islam casarse cuatro veces y mantener cuatro mujeres simultáneamente? Es una pregunta recurrente.

A menudo es una dama la que se levanta y, tras las debidas disculpas, pregunta inocentemente si es cierto que el Islam permite tener cuatro mujeres, o no. Obviamente, todos conocen la respuesta. Sin embargo, quizá este es el único aspecto del Islam que es tan ampliamente conocido en Occidente. El otro aspecto de sobra conocido es el del terrorismo, cuando el terrorismo nada tiene que ver con el Islam.

¿Qué tipo de igualdad entre el hombre y la mujer propone el Islam, cuando al hombre se le permite tener cuatro mujeres y la mujer sólo puede tener un único marido? Es la misma cuestión formulada de otra manera con el propósito, a mi entender, de borrar cualquier buena impresión sobre el Islam que el orador hubiera podido crear. En reuniones menos formales, donde no se respetan la educación y modos corteses, la misma pregunta adquiere tono de burla en vez de una simple cuestión.

Esta disposición islámica de casarse en más de una vez no es un precepto general, sino que existen situaciones concretas en las que se hace necesario preservar, por una parte, la salud de la sociedad y, por otra, los derechos de la mujer, en las que esta disposición se hace aplicable.

El Santo Corán es un libro lógico. Como tal, no puede haber instruido a los musulmanes a conseguir lo imposible. Dios ha creado a los hombres y a las mujeres en número prácticamente igual, con pequeñas diferencias aquí y allá. ¿Cómo podría una religión racional como el Islam, que repite insistentemente que no hay inconsistencia entre la Palabra y la Obra de Dios, predicar algo tan evidentemente antinatural e irreal, que, de ponerse en práctica, crearía graves situaciones de desequilibrio y dificultades y frustraciones insuperables? Imagínense un pequeño país que tuviera un millón de hombres en edad de casarse y prácticamente el mismo número de mujeres. Si se llevara a cabo esta disposición al pie de la letra por parte de todos, entonces, en el mejor de los casos 250.000 hombres se casarían con el millón de mujeres quedando 750.000 hombres sin esposa.

Sin embargo, de entre todas las religiones del mundo, el Islam destaca en su insistencia en el matrimonio de todo hombre y mujer. El Santo Corán describe que la relación entre marido y esposa se basa por naturaleza en el amor y les proporciona una fuente de paz a los dos.

وَالۡمُحۡصَنٰتُ مِنَ الۡمُؤۡمِنٰتِ وَالۡمُحۡصَنٰتُ مِنَ الَّذِیۡنَ اُوۡتُوا الۡکِتٰبَ مِنۡ قَبۡلِکُمۡ اِذَاۤ اٰتَیۡتُمُوۡہُنَّ اُجُوۡرَہُنَّ مُحۡصِنِیۡنَ غَیۡرَ مُسٰفِحِیۡنَ وَلَا مُتَّخِذِیۡۤ اَخۡدَانٍ

“Y os están permitidas las mujeres creyentes castas y las mujeres castas de los que recibieron el Libro antes que vosotros, si les entregáis sus dotes, contrayendo matrimonio válido, no cometiendo fornicación ni teniendo amantes secretos…”. (C. 5: Al-Maida: 6)

Al mismo tiempo, el Santo Corán rechaza el celibato declarando que se trata de una institución creada por el hombre (C. 57:28). No hay nada que ganar por vivir apartado del resto del mundo o por castigarse privándose de los deseos naturales. La institución del matrimonio se haya bien definida en el Islam, si bien no podemos adentrarnos a discutir los diversos requerimientos de elección de cónyuges, los remedios disponibles y la regulación del divorcio etc.

Volviendo a la poligamia, es evidente, del estudio del Santo Corán que discute el tema de la poligamia, que lo aborda en el contexto de una situación especial: en el período pos-bélico. Se trata de un período en el que la sociedad queda con un gran número de huérfanos y viudas jóvenes y el balance entre la población masculina y femenina se ve gravemente alterado. Una situación de este tipo tuvo lugar en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. Al no ser el Islam la religión mayoritaria de Alemania, hizo que este país se quedara sin soluciones para resolver el problema. La enseñanzas estrictamente monógamas de la cristiandad no pudieron ofrecer ningún alivio. Por consiguiente, la gente de Alemania hubo de sufrir la consecuencia de estos desequilibrios. Quedaron un gran número de mujeres vírgenes, solteras desanimadas y jóvenes viudas para quienes fue imposible contraer matrimonio.

Alemania no ha sido el único país en el vasto continente europeo que ha experimentado tales problemas sociales de proporciones gigantescas y extremadamente peligrosas. Se trataba de un desafío demasiado importante para la sociedad occidental de después de la guerra, detener la marea y controlar la degradación moral creciente y la promiscuidad que de forma tan natural y exuberante creció sobre estos desequilibrios imperantes.

Como puede verse claramente por toda persona sin prejuicios, la única respuesta a tales problemáticas alteraciones, es permitir que los hombres se casen más de una vez. Esto no se propone como solución para saciar sus deseos sensuales sino como respuesta a exigencias genuinas de un gran número de mujeres. Si esta solución lógica y realista es rechazada, la única alternativa que le queda a la sociedad es degenerar rápidamente hacia una posición crecientemente corrupta y permisiva.
Por cierto que esta es la opción que parece haber elegido Occidente.

Si reexaminamos con mayor realismo y sin emociones las dos actitudes, no podremos dejar de daros cuenta de que no es una cuestión de igualdad entre el hombre y la mujer sino simplemente una elección entre la responsabilidad y la irresponsabilidad.

El Islam sólo permite casarse más de una vez con la condición de que el hombre acepte el reto de tal dificultad y de todas las situaciones específicas con total responsabilidad y compartiéndola con plena justicia e igualdad con la segunda, tercera o cuarta esposa.

وَاِنۡ خِفۡتُمۡ اَلَّا تُقۡسِطُوۡا فِی الۡیَتٰمٰی فَانۡکِحُوۡا مَا طَابَ لَکُمۡ مِّنَ النِّسَآءِ مَثۡنٰی وَثُلٰثَ وَرُبٰعَ ۚ فَاِنۡ خِفۡتُمۡ اَلَّا تَعۡدِلُوۡا فَوَاحِدَۃً اَوۡ مَا مَلَکَتۡ اَیۡمَانُکُمۡ ؕ ذٰلِکَ اَدۡنٰۤی اَلَّا تَعُوۡلُوۡا

“Si teméis no poder mantener la equidad con los huérfanos, entonces casaros con otras mujeres que estén de acuerdo, dos, tres o cuatro; pero si teméis no poder mantener la equidad y la igualdad entre ellas, entonces casaros sólo con una, o con aquellas sobre las que poseéis autoridad. Este es el camino más seguro para que evitéis la injusticia”. (C.4: Al-Nisa: 4)

La alternativa es más peligrosa. Un número excesivo de mujeres dejadas sin marido no pueden ser culpabilizadas por intentar seducir y atraer a hombres casados en sociedades que no son profundamente religiosas. Las mujeres, obviamente, son seres humanos y poseen emociones y deseos insatisfechos. Mientras que los traumas psicológicos de la guerra aumentan la necesidad de encontrar a alguien a quien dirigirse, una vida sin la seguridad del matrimonio y del hogar, sin pareja en la vida, ni esperanza de hijos, es una vida vacía. El futuro es tan negro y poco prometedor como el presente.

Si a tales mujeres no se les complace de forma lícita y se les asimila bajo el principio de hacer concesiones mutuas, se pueden producir estragos en la paz de la sociedad. De cualquier manera, compartirían ilícitamente los maridos de las mujeres casadas. El resultado sería absurdo. Las lealtades se escindirían. Las mujeres comenzarían a perder confianza en sus maridos.

Las sospechas aumentarían. La creciente falta de confianza mutua entre marido y mujer destruiría los cimientos de muchos hogares. A los hombres infieles, convivir con el sentimiento del delito y culpa les originaría complejos psicológicos y la propensión a nuevos delitos. El noble concepto del amor y la lealtad serían las primeras víctimas. Lo romántico perdería sublimidad y descendería a lo común, el enamoramiento transitorio.
(lpbD) – La paz y las bendiciones de Dios sean con él.

(Continuaremos en la siguiente entrega, la número 22)