Opinión

La trampa del siglo

Presentación del Acuerdo del Siglo

Lo que en palabras de Donald Trump era el Plan del Siglo, y en mi opinión es “el Regalo del Siglo” de Estados Unidos a Israel, está a punto de convertirse en “la Trampa del Siglo” en la que pueden caer los israelíes de la mano de Benjamín Netanyahu. Los términos del gobierno de coalición formado el pasado 20 de abril entre Benny Ganz y “Bibi” Netanyahu prevén una rotación entre ambos en el puesto de primer ministro por períodos de 18 meses, con el primero a cargo de Netanyahu. También prevén que el primer ministro pueda llevar al gobierno o incluso someter a debate parlamentario la anexión del 30% de Cisjordania que le concede el plan de Trump, y Bibi ha anunciado su intención de hacerlo el próximo 2 de julio, sin que se sepa todavía qué territorios son los que Israel se anexionaría: el valle del Jordán, la totalidad de los 128 asentamientos, solamente los 51 más próximos a la línea de demarcación donde viven la mayoría de los colonos, o, incluso, una combinación de las tres posibilidades anteriores. Netanyahu tiene prisa en hacerlo mientras Donald Trump ocupa la Casa Blanca (pues ya le ha reconocido soberanía sobre Jerusalén y los Altos del Golán) y antes de las elecciones del 3 de noviembre que se le pueden complicar con las consecuencias de la pandemia de la COVID-19. Y no quiere sorpresas.

Sea como fuere, el anuncio de Netanyahu constituye una auténtica bomba de relojería, cuyo siniestro tic-tac se ha puesto en marcha. Por muchas razones.

La primera es que hace prácticamente inviable cualquier acuerdo futuro con los palestinos porque arrincona definitivamente la posibilidad de dos estados, que ha gozado de apoyo internacional durante décadas como la mejor solución diplomática al enrevesado conflicto israelo-palestino, setenta años de inamistosa coexistencia plagada de guerras, ocupaciones, levantamientos y mucho sufrimiento por ambas partes. En definitiva, la anexión es incompatible con la paz.

La segunda es que hará imposible la cooperación entre la Autoridad Palestina y el Gobierno de Israel, y en el ámbito de la seguridad esto puede llegar a implicar la necesidad de hacerse militarmente cargo no solo de Cisjordania sino también de Gaza, pues la irritación y la frustración harán inevitables los ataques con cohetes o con acciones terroristas que pondrán en jaque la seguridad de Israel. Y si Israel “se queda” con cinco millones de palestinos tendrá que decidir si los mantiene en un ghetto o si les da plenos derechos. En el primer caso Israel dejará de ser una democracia porque aplicará un régimen de apartheid, y en el segundo sufrirá la identidad judía del Estado Hebreo. Las dos soluciones son pésimas.

La tercera consecuencia es que sufrirán también las relaciones de Israel con países tan importantes para su seguridad como Egipto, Jordania y las monarquías del golfo Pérsico. El ministro de Asuntos Exteriores de Jordania, país vecino, la frontera más segura y donde residen muchos palestinos, ya ha advertido que el Tratado de Paz con Israel iría al congelador. Y lo mismo ocurriría con el Tratado con Egipto, país que es esencial para controlar a Hamas en Gaza o cuya colaboración resulta esencial para neutralizar ataques terroristas de Al Qaeda y de lo que queda del Estado Islámico en la península del Sinaí. En cuanto a los países del Golfo Pérsico que los últimos años han vivido un discreto proceso de acercamiento a Israel basado en el miedo que todos tienen a Irán y en las ventajas tecnológicas que obtienen de esta relación, una anexión israelí les colocaría en una situación muy incómoda porque por hartos que todos estén de este inacabable conflicto, no pueden dejar que Teherán enarbole la bandera de la defensa de los derechos de los palestinos. Hay que tener en cuenta que los gobernantes de todos estos países sin excepción, que no son precisamente democracias representativas, tienen problemas de legitimidad y no pueden permitirse distanciarse del sentir mayoritario de sus pueblos.

Hay otras complicaciones porque el Plan del Siglo de Trump prevé esa posible anexión de parte de Cisjordania con dos condiciones previas: hacer consultas internacionales y obtener antes el beneplácito (“full agreement”) de Estados Unidos. Pues bien, la mayoría de países miembros de la Unión Europea condenaría la anexión, de esto no hay duda, igual que haría el mundo árabe, y en los mismos Estados Unidos hay resoluciones del Congreso que rechazan tanto “la anexión unilateral de territorio” por Israel, como proclamaciones unilaterales de estatalidad por parte palestina, por más que el secretario de Estado Mike Pompeo haya dicho recientemente que la decisión final “compete en último término a los israelíes”, como dando a entender que no impedirían la anexión.

Además la medida, que desde el punto de vista del Derecho Internacional sería una flagrante violación, puede también encontrar obstáculos legales dentro del propio Israel, pues según Joel Singer, uno de los principales negociadores de Oslo y asesor legal del ministerio de Exteriores, la decisión cae dentro del ámbito de competencia de la Ley de Referéndum de 2014 y exigiría ser aprobada por una mayoría supercualificada de 2/3 en la Knesset (Parlamento) o por el 50% de los votantes en un referéndum. Para Singer se trata de "un caramelo envenenado".

Y es aquí cuando 220 prominentes israelíes entre los que hay ex directores del Mossad como Tamir Pardo, generales retirados como Gadi Shamni, almirantes jubilados como Ami Ayalon han publicado el pasado 3 de abril una carta abierta en la prensa israelí urgiendo a Benny Ganz para que bloquee todo intento de anexión citando razones de seguridad de Israel. Y un llamamiento similar han hecho pocos dias más tarde 149 líderes judíos americanos, así como 11 miembros del Congreso de EEUU. En la opinión de todos ellos una anexión pondría en riesgo el apoyo bipartisano de que Israel goza en Washington y además podría desencadenar una reacción en cadena de acontecimientos que escaparan al control de Israel. Por eso el Plan del Siglo de Donald Trump puede convertirse en una trampa, en el Regalo Envenenado del Siglo para Israel. Y es que, como ya decía Plauto “mientras vamos en pos de lo incierto, perdemos lo seguro”.

 

Jorge Dezcallar es embajador de España