Opinión

La Unión Europea frente al dilema argelino

El general argelino Ahmed Gaid Salah

La Unión Europea, como entidad supranacional colectiva, y todos sus miembros por separado, deberán hacer frente al dilema que supone las elecciones presidenciales que se van a desarrollar en Argelia el próximo 12 de diciembre. Cualquiera sea la posición que adopte la oposición política argelina y el movimiento popular revolucionario hiraq, incluido el boicot generalizado, las Elecciones tendrán lugar y saldrá un nuevo presidente del país. 

La determinación del Jefe de Estado Mayor, el general Gaid Salah, que figura como la única cabeza visible del poder real en Argelia, es organizar las elecciones. El Ejército ha dicho que no apoyará ningún candidato, y además desarrollará un despliegue sin precedentes para garantizar el acceso a las urnas

El cuerpo electoral en Argelia asciende a más de 24 millones de ciudadanos. Si el porcentaje electoral de votantes supera un mínimo del 25%, el escrutinio obtendrá el aval internacional. Según los analistas argelinos independientes, el conjunto de los cuerpos constituidos, Ejército, Gendarmería, Policía Nacional, Bomberos, Fuerzas Auxiliares, junto con los funcionarios de la Administración, los militantes y votantes de los dos grandes partidos nacionales, el FLN (Frente de Liberación Nacional) y el RND (Reagrupación Nacional Democrática), además de las llamadas “organizaciones de masas” que de ellos dependen (sindicatos, unión de mujeres, unión de campesinos, uniones profesionales), sobrepasan los 7 millones. Es decir, aun en el hipotético caso de que el presumible llamamiento al boicot se transformase en una abstención masiva del resto de la ciudadanía, la participación rondaría el 30%, lo que es suficiente para que el régimen presente los resultados como democráticos. 

Ante esta situación la UE deberá adoptar una posición política inequívoca, si no quiere que Argelia tome distancias con Europa, lo que acarrearía graves problemas económicos, de abastecimiento energético y migratorios. Por ejemplo, España no podría resistir el bloqueo de sus suministros de gas argelino. El general Gaid Salah ha vuelto a reiterar que “Argelia no aceptará de ninguna manera una injerencia en sus asuntos internos”, amenazando veladamente con represalias. Al tiempo que ha recalcado que el proceso de movilización popular que derrocó al presidente Abdelaziz Buteflika y condujo a mas de cien altos cargos políticos, militares y de la Administración estatal, a la cárcel, “es un asunto exclusivamente interno de Argelia”. 

La Unión Europea, y por lo tanto España, Francia, Italia, Alemania, estarán obligados a reconocer al presidente que salga de las urnas, más o menos impuesto por el régimen, más o menos influenciado por los poderes económicos y políticos, y por muy impopular que sea. Aunque el movimiento revolucionario hiraq, que probablemente seguirá manifestándose hasta el viernes anterior al día del voto, no apruebe al nuevo presidente, éste será elegido y representará al país dentro y fuera de sus fronteras. 

Todo ello a menos que una crisis imprevista rompa la actual estabilidad y precipite el país en un enfrentamiento de graves consecuencias. Los lobbys que se encuentran detrás de los generales condenados a 15 y 20 años de prisión por el Tribunal militar de Blida hace una semana, Taufiq Medien, Athman Tartag y Jaled Nezzar, están movimiento todas sus influencias mediáticas y poder en la sombra para arremeter contra el Jefe de Estado Mayor. No es previsible que sus denuncias afecten a la disciplina de la cúpula militar unánime detrás de Gaid Salah, pero tal escenario no hay que descartarlo.