Opinión

La Unión Europea frente a la pandemia: aspectos sanitarios y socioeconómicos

Atalayar_Unión Europea

Iniciamos una nueva serie de entregas en torno a los problemas que consideramos es necesario plantear en la Conferencia sobre el Futuro de Europa, esta vez sobre los retos que la pandemia nos ha deparado en el ámbito sanitario y socioeconómico. También esta vez, contamos con las aportaciones de destacados especialistas, situados todos ellos en primera línea de acción, cuyas reflexiones pueden ayudarnos a extraer conclusiones que puedan ser útiles en el contexto de la Conferencia.

Es indiscutible que, frente a la pandemia, hay que reaccionar y tomar decisiones tanto preventivas como reparadoras, pero está en tela de juicio si las que se toman son las más adecuadas y, sobre todo, si tienen en cuenta la debida ponderación de los derechos en juego. Los Estados, las Organizaciones Internacionales, la Unión Europea, no hacen siempre gala de una buena coordinación que tenga en cuenta las distintas variables y que, al mismo tiempo, nos dé una cierta seguridad como ciudadanos para saber a qué atenernos. 

Atalayar_Europa Teresa Freixes

Estábamos acostumbrados a un mundo globalizado, a la libre circulación y residencia en la Unión Europea, a unos derechos en el marco de la salud y de la protección social y económica y, de repente, parece que, como castillo de naipes, ese mundo se nos está desmoronando. No estamos ante el mismo escenario, pero la desazón que invadía a Stefan Zweig en ‘El mundo de ayer’, cuando la vida a la que se estaba acostumbrado se diluía como azucarillo en agua, nos está impregnando también ahora, cuando constatamos prohibiciones, controles y medidas coercitivas, que muchas veces no están suficientemente coordinadas y mucho menos explicadas. 

En los Estados miembros de la UE hemos vuelto el rostro hacia esas Instituciones, Comisión, Parlamento y Consejo, amén de las Agencias especializadas, con la esperanza de que nos dieran luz, indicaciones y ayuda. Les costó reaccionar al inicio de la pandemia, todos los expertos consultados lo han constatado. Y cuando estamos ya superando la “segunda ola” constatan que la acción de la UE no puede limitarse a ser únicamente una fuente de financiación para paliar las consecuencias de esta. Tienen competencias que es necesario que se ejerzan con todas las consecuencias y tienen capacidad de propuesta para ampliar en muchos ámbitos sin que se precise, por lo complicada y larga, una reforma de los Tratados. Bastaría con tener mejor proactividad en las competencias que ya se poseen, especialmente en el marco de la coordinación, porque no se acaba de entender que cada Estado miembro haga de su capa un sayo y que, en algunos, el sayo se vuelva a dividir entre los entes territoriales subestatales sin que se vea clara una línea de acción coordinada que, que duda cabe, multiplicaría los buenos efectos de lo que se hiciera.

Atalayar_Europa Teresa Freixes

Solemos decir, y es cierto, que es la primera vez que la UE se ha tenido que enfrentar a una crisis como la que ha originado la pandemia. Pero, como bien recuerda Gari Durán, la Historia nos muestra ejemplos del pasado (epidemias de fiebre amarilla, pestes) de los que quizás hubiéramos debido sacar lecciones que nos hicieran mejorar los protocolos de prevención, detección y tratamiento, porque a veces parece que no hacemos otra cosa que lo que se hizo siglos atrás (confinamientos, toques de queda, controles de movimientos, aislamiento social en suma) cuando los medios actuales podrían permitirnos otro tipo de abordaje o, al menos, complementarlo. 

Cierto es, también, que los sistemas sanitarios de los Estados miembros de la Unión habían demostrado un alto grado de eficacia y han sido tensionados cuando han tenido que hacer frente a una situación inesperada. Antonio González nos señala que ello ha evidenciado diferencias que sería necesario afrontar para que todos los ciudadanos de la UE tuviéramos el derecho a recibir cualquier tipo de asistencia sanitaria en cualquiera de los Estados miembros. Se pregunta, nos preguntamos, qué podríamos para mejorar al respecto, a partir de la experiencia, especialmente unificando criterios y procedimientos. Lo vemos, también, en lo que ha costado organizar la vacunación de millones de personas y los problemas que se han presentado para acceder a una información científica de calidad. 

Atalayar_Europa Teresa Freixes

Pero, claro, como constata José Ramón Calvo, en nuestra querida Europa se había dejado de considerar a la salud pública como una absoluta prioridad, se habían disminuido los presupuestos a ella dedicados y no nos habíamos preocupado de producir y almacenar productos de protección individual como respiradores y material de emergencia. No nos extrañe, pues, si estamos a merced de un mercado mundial al que es difícil aprehender bajo coordenadas adecuadas. Afortunadamente se están haciendo algunos avances en temas “clave”, como los pasaportes vacunales. Algunas voces los han considerado discriminatorios cuando siempre han existido y, además, no pueden serlo en tanto en cuanto facilitan el ejercicio de derechos partiendo de un hecho indiscutible: no es lo mismo estar vacunado que no estarlo, por lo que no hay discriminación cuando se trata distinto a situaciones diferentes. 

Sanitariamente son también de gran importancia las medidas que se puedan tomar en situaciones que provocan amenazas transfronterizas. Julián Domínguez lamenta la cicatería de las soberanías nacionales que imposibilitan una acción colectiva supranacional. Sería, pues, necesario, ampliar las competencias de la Unión Europea, para que una autoridad sanitaria lidere las respuestas y no exista la zozobra sobre si todas las vacunas tienen la misma eficacia o se puedan flexibilizar las patentes para favorecer que todas personas tengan acceso a las mismas. 

Atalayar_Europa Teresa Freixes

Esta pandemia no es, pues, la primera, ni será la última. Ricardo Ruiz-López nos advierte de que los expertos en Epidemiología y Salud Pública estiman que serán recurrentes a medio y largo plazo. Tenemos, pues, que estar preparados, suplir las carencias experimentadas, por ejemplo, en la descoordinación institucional, la falta de liderazgo político y la escasez de transparencia que sufrimos, sobre todo en la primera etapa. Los modelos de asistencia sanitaria deben ser revisados, por ejemplo, en lo que tendría que ser una atención integral a las personas mayores o asegurando una atención interdisciplinar de las situaciones individuales. Hay que aplicar las medidas insertas en la Bioética para que la intervención en la salud pública responda a los principios básicos en esta materia como son los de eficacia, proporcionalidad, interferencia intrusiva mínima y fundamentación de las medidas.

Para que todo ello pudiera abordarse con éxito sería, pues, necesario ampliar las competencias de la UE en materia sanitaria. Hemos apreciado que las existentes han contribuido a paliar situaciones límite y que estamos mejorando en protocolos de atención y prevención. Pero no basta con ello, máxime cuando se prevé que estaremos sometidos a este tipo de situaciones en futuras ocasiones.

Atalayar_Europa Teresa Freixes

Es en materia socioeconómica, es decir, en las previsiones de afrontar las consecuencias sociales y económicas de la crisis sanitaria, donde la UE ha tenido un mayor margen de acción, puesto que ello sí que entra dentro de las competencias que tiene actualmente atribuidas. Recordemos que la UE tiene únicamente las competencias que los Estados le atribuyen. Y que, aunque son importantes en este ámbito, sería también importante ir avanzando en ello, porque los retos son inmensos.

Así nos lo recuerda Miguel Candel, quien, constatando el esfuerzo realizado, considera que la pandemia ha abierto una ventana de oportunidad que tendría que permitir que los fondos de la UE se utilizaran con un máximo rendimiento en términos de bienestar y de solidaridad, para que las poblaciones cuyo tejido económico y social ha sido negativamente afectado por la crisis pudieran ser objeto de proyectos beneficiosos en los que figuraran criterios de equidad social en su reparto. La UE tiene que superar las limitaciones puramente mercantiles de antaño, que a veces parecen resurgir y que han de ser contrarrestadas con una unidad que exige armonizaciones y equilibrios en muchos terrenos. Ello conllevaría, también, una mejora en la percepción que la ciudadanía tiene de la Unión. 

Atalayar_Europa Teresa Freixes

Si toda la población es destinataria de las medidas que puedan tomarse para superar la crisis, es necesario que se tenga en cuenta el esfuerzo y el talento de todas las personas, abordando, como sugiere Mirian Izquierdo, la brecha de género en las organizaciones. Las mujeres han sufrido repercusiones específicas en este ámbito, que deben superarse impulsando el empoderamiento femenino en las instancias de poder económico y en la toma de decisión. En Europa, la mayor parte de empresas de mujeres son micropymes, se observa que en muchos países existe una dualidad en el mercado de trabajo que también es necesario superar. Se impone fortalecer la internacionalización, mejorar el acceso al crédito y crear programas que fomenten la creación de empresas tecnológicas por parte de mujeres. Ello podría favorecer empresas más competitivas y una Unión Europea más sostenible.

Podría también incidirse, en esta reflexión, en lo que reclama Mariam Camarero, para completar la Unión Económica y Monetaria, yendo más allá de lo que se puso en marcha durante la crisis iniciada en 2007 y que cambió la gobernanza económica con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, puesto que ello resulta insuficiente para hacer frente a la crisis actual. Sería necesario, al respecto, insistir en la mutualización de riesgos usando fondos comunes, avanzar hacia la unión fiscal con nuevas reglas y con una mejor coordinación, así como introduciendo mecanismos de gestión y evolución de crisis. Pensar en un Presupuesto a siete años, juntamente con el Plan de Recuperación para Europa que se centre en las Instituciones y no sólo en lo intergubernamental, constituye un avance que quizás sería necesario trasladar al plano institucional y a los Tratados.

Atalayar_Europa Teresa Freixes

Esta Europa, pues, en palabras de Gonzalo de Mendoza, es una Europa que se reforma a sí misma. Lo viene haciendo desde su misma creación, puesto que es un instrumento que va evolucionando, a veces más despacio de lo que quisiéramos, en función de las nuevas necesidades. La pandemia las ha evidenciado y se ha tenido que licitar material sanitario a nivel europeo, instituir corredores verdes para la libre circulación de material sanitario, además de para el suministro de alimentos y medicamentos, se tuvo que repatriar a miles de europeos que se habían quedado aislados en terceros países, se ha tenido que organizar la compra y reparto de vacunas y, en fin, se han tenido que tomar medidas económicas de gran importancia: la suspensión de los criterios de deuda y déficit, la compra de bonos por parte del BCE, las nuevas Ayudas de Estado, los créditos a pymes del Banco Europeo de Inversiones, el SURE que permite entre otras cosas pagar los ERTE o los fondos MEDE consistentes en créditos para los Estados que los necesiten y opten por esta financiación. Pensar que contamos, también, con un Presupuesto organizado para siete años y que se está también pensando en un Fondo Europeo de Rescate, abre también más ventanas de oportunidad y de esperanza. 

Teresa Freixes, catedrática Jean Monnet ad personam y vicepresidenta de la Real Academia Europea de Doctores.