Opinión

Las diez claves del debate presidencial en Cleveland

Donald Trump Joe Biden

Las encuestas de las principales cadenas norteamericanas dicen que el ganador del primer debate presidencial ha sido Joe Biden, en un porcentaje muy aproximado al que le dan las encuestas de intención de voto. Donald Trump siempre podrá alegar que también estas ‘express polls’ están manipuladas como está denunciando sobre el voto por correo, pero lo cierto es que la coincidencia del resultado sobre el debate con los sondeos sobre el resultado de las elecciones no es en absoluto casual y parece confirmar la tendencia de victoria en voto popular para el demócrata, aunque de ahí a la victoria en el Colegio Electoral puede ir un abismo como ocurriera en 2016. Sí suponen con seguridad un toque de atención al presidente que pueden hacerle cambiar de estrategia en los rounds pendientes de Miami y Nashville, en caso de que sea cierto que la impresión general es que ha perdido el primer cara a cara. 

Trump ha defendido lo hecho por su administración y Biden lo que hicieron él y Obama. Ha sido una confrontación de los dos últimos mandatos, lo que puede perjudicar a Biden por no saber diferenciarse de su antiguo jefe y ofrecer algo por sí mismo. Han aparecido las cuestiones personales, como casi siempre que Trump interviene, porque ha acusado a Biden por los negocios de su hijo, aunque este no se ha achantado y ha respondido con dureza sobre todo en varios momentos puntuales: al acusarle de racista, al señalar que era imposible hablar si no se callaba “este payaso”, y al señalarle por ser una marioneta de Putin. En lo general, ha sido un primer asalto muy bronco, con diálogo de sordos entre los dos contendientes, y con acusaciones mutuas. No es el ejemplo de debate que habría que poner en las universidades para dar lecciones de oratoria. 

Comienzo con fuego de artillería: el relevo en el Supremo

Es el asunto de la máxima actualidad y el más polémico, aunque probablemente no la principal preocupación de los ciudadanos. Biden alega que miles de ellos ya han votado y la administración actual no puede nombrar a la magistrada conservadora Amy Coney Barret desequilibrando las fuerzas en la Corte. Trump contesta que a él no le han elegido para solo tres años y que su mandato termina en enero, fecha hasta la cual cree el presidente que puede proponer nombramientos. El tema se escapa por momentos de la emisión por la irrupción en el debate de la protección sanitaria.

La protección sanitaria y el Obamacare: dos visiones antagónicas

Trump expresa que quiere derogarlo completamente, pero no ha propuesto alternativa seria para sustituir al Plan de Atención al Paciente de la anterior administración. Biden lo tiene fácil según su discurso progresista: todos los norteamericanos deben tener cobertura sanitaria, aunque no ha sabido responder a su oponente sobre si sus planes son los mismos que los de el extremista de izquierdas Bernie Sanders, al que derrotó en las primarias. Trump asegura que la insulina va a costar lo mismo que el agua.

COVID-19: las mentiras frente a las inseguridades

Llega el coronavirus, y Biden se agarra a que Trump sabía del riesgo gracias a las grabaciones de Bob Woodward.  “El que tuvo pánico fue él”. El aspirante y exvicepresidente lo tiene difícil en este terreno porque él no ha salido de su mansión en Greenville, Delaware, por el miedo que ha demostrado a contraer la enfermedad. Aunque esto sea compatible con lo fácil que tiene la crítica al presidente por sus mentiras sobre el virus y sus bandazos ante los riesgos que suponía. 

Trump repite que la culpa es de China y acusa a Rusia de no dar siquiera las cifras sobre contagios y fallecidos. Y cuando le preguntan si habrá vacuna el 1 de noviembre, una oportuna vacuna a tres días de las elecciones, no se atreve a confirmarlo. Biden ataca: “¿Creen ustedes a este hombre después de todas las mentiras que ha dicho sobre la COVID?”. Y el duelo dialéctico se encamina a discernir si las mascarillas son o no las salvadoras.  

La economía, estúpido, se ha dado la vuelta

Era uno de los puntos en los que Trump podía exhibir tanto fortalezas como debilidades. Su mandato ha sido brillante para la economía del país, pero también se ha hundido en el último semestre por la pandemia, precisamente en el año clave de su reelección. “Cerrar el país es como tener a la gente en la cárcel, y este tipo quiere cerrar el país”, le ha dicho al moderador refiriéndose a Biden. Y aquí era inevitable que apareciera la declaración de impuestos del presidente, sometida a escrutinio público desde la noticia que publicara unos días atrás The New York Times. Los impuestos ‘low’ de Trump obligan al presentador Chris Wallace a preguntar: “¿Nos puede decir cuanto pagó en 2016-17?”. “Millones de dólares”, contesta Donald Trump circunspecto. 

Biden promete la creación de siete millones de empleos y un billón de dólares para gastarlos en la gente. ¿Y cómo lo hará? Ofrece una subida del impuesto corporativo, mientras Trump se defiende diciendo que han vuelto a Ohio y Michigan las empresas automovilísticas.

Violencia racial: ley y orden frente a mano blanda

Los episodios de abusos policiales con resultado de muerte para personas de raza negra habían sido pactados como otra de las partes del debate. Biden apela a la igualdad, la decencia y la Constitución, We The People... Acusa a la Guardia Nacional de gasear a los manifestantes en muchas ciudades del país, y a su adversario de fomentar el odio racial. No lo tiene fácil aquí Biden. Su rival le recuerda que llamó a los violentos “superdepredadores” cuando similares sucesos raciales se produjeron cuando él se sentaba a la derecha de Obama. “Tú no puedes siquiera pronunciar la palabra policía porque dejarían de apoyarte todos los radicales”. Trump es pillado claramente por Wallace cuando le pide que condene expresamente la violencia contra la población de color.  Ley y orden, contesta. Y poco más. Biden, por su parte, tiene un problema: no puede condenar al Antifa y sus milicias izquierdistas. Empate en ausencia de condenas. 

¿Por qué los votantes deben elegirle a usted?

Un capítulo bastante incomprensible en mitad del debate, una especie de minuto de oro que ha roto el ritmo del show absurdamente. Biden dice que Trump es el muñeco de Putin, y la artillería se cruza de un lado a otro en el escenario. 

Un nuevo Green New Deal para América

Sobre el cambio climático, etiqueta que los americanos mantienen frente a las expresiones posmodernistas que se han adoptado en Europa, hay un intento de ambos por vender un equilibrio entre los intereses medioambientales y los intereses económicos del país. Al gobernador de California Gavin Newsom le habrán pitado los oídos porque Trump le ha acusado de no saber combatir el fuego que ha destruido gran parte de su superficie. Biden promete reformas de transición ecológica compatibles con la creación de empleo, y volver al Acuerdo de París. Y se olvida de que el Green New Deal es un activo de su adversario...

¿Es confiable el voto por correo?

Surge la duda abierta en la campaña de si el próximo presidente será el ganador real en las urnas. Trump ha contribuido a alimentar este debate público. Biden se dirige a la cámara para hablar con los ciudadanos directamente y asegurarles que su voto está a salvo. Para el presidente hay fraude porque están enviando papeletas a gente que no las ha pedido, están perdiendo el 30-40% de las papeletas, han tirado papeletas a los ríos y en la basura, y todas llevaban el nombre de Trump. Todos aceptan como real la terrible posibilidad de que el Tribunal Supremo (con Barret ya en su seno) decida el ganador de las elecciones de 2020. Biden aceptará el resultado y Trump lo aceptará sólo si gana. 

Hunter se cuela en la Universidad de Cleveland

No hacía falta ser muy previsor para saber que Trump volvería sobre temas personales de su adversario demócrata. Ha atacado a Biden por los negocios de su hijo en China y porque según su información ha recibido tres millones de dólares de Moscú. La actividad privada de Hunter Biden en Ucrania ha estado sobre el tapete, como estuvo en el trasfondo del ‘impeachment’ contra el republicano. Biden dice que no quiere hablar de las familias de cada uno. “Mi hijo estuvo en Irak y es un héroe nacional, no se atreva a hablar de él, tuvo un problema con las drogas y lo superó”. Inevitable este fango en la moqueta. 

Golpes de efecto, imaginería y un árbitro imparcial

Los candidatos han disertado en sus tarimas delante de una gran imagen de un fragmento del texto constitucional. Algo que por nuestras tierras sería impensable. Y sobre las cabezas el escueto lema del águila The Union And The Constitucion Forever. Más impensable aún para nosotros. 

Trump ha interrumpido a su adversario frecuentemente, y Biden ha preferido no mirarle mientras hablaba, ha focalizado su mirada en el moderador. Un Chris Wallace que ha tenido constantemente que repetir que el moderador es él y que él ordenaba el debate, aunque Trump se lo ha afeado diciéndole que debatía contra dos rivales. Pero su trabajo ha sido impecable. 

Ha habido frases de menosprecio de uno a otro, directamente de falta de respeto. Trump: “¿Tú puedes considerarte inteligente y en 77 años no has hecho nada?”. 

Ninguno de los dos ha sacado de su arsenal objeto alguno como infantilmente se hace en los debates en España, ni siquiera cartulinas con gráficos que no se ven en las pantallas de los espectadores. En cambio, se percibían con claridad las insignias en sus solapas con la bandera de su país, que es el mismo para los dos contendientes. Busquen las semejanzas y las diferencias.