Opinión

Las guerras del general Omar Torrijos

Atalayar_Omar Torrijos Planeta

Están a punto de cumplirse 40 años del ¿accidente? que acabó con la vida del general Omar Torrijos, presidente de Panamá, autodefinido “dictador convicto, confeso y converso”. Pocas, por no decir ninguna, personalidad de América Latina, ha emergido desde entonces en el continente para igualar siquiera la proyección y trascendencia de sus apenas diez años en que rigió los destinos del pequeño país del istmo centroamericano. Tal es mi propia conclusión al concluir la lectura del libro que Zoilo G. Martínez de Vega acaba de dar a luz: ‘Las guerras del general Omar Torrijos. La reconquista del Canal de Panamá’ (Editorial Planeta Mexicana, S.A.).

Como señala el propio autor, corresponsal durante 40 años de la Agencia Efe en el continente iberoamericano, su obra no es la de un novelista al que se le permite incrustar situaciones o personajes de ficción en su narrativa, sino el trabajo de investigación de un testigo directo, confidente del propio protagonista y de los muchos amigos, adversarios e incluso enemigos más o menos encarnizados que lo gozaron o padecieron. Todo ello, en 600 páginas que componen más que una biografía, el documentadísimo relato de cómo Torrijos encabezó la lucha contra las multinacionales fruteras norteamericanas en la ignominiosa Guerra del Banano, y su gran logro histórico: la recuperación del Canal de Panamá, la mayor vía artificial transoceánica del mundo. 

El término “república bananera” ha quedado inscrito como sinónimo de pequeño país monocultivador y dependiente de la multinacional correspondiente, que administra vidas y haciendas del país así sometido a un neocolonialismo brutal, apoyado en la complicidad y la corrupción de los principales personajes e instituciones locales. Tal era la situación en Panamá, Honduras, El Salvador, Costa Rica e incluso Ecuador cuando Torrijos desalojó del poder a Arnulfo Arias. Para darse una idea de la amplitud de la explotación, baste señalar que la United Fruit Company o la United Brands compensaban, es un decir, a los países productores con ¡un centavo de dólar! por cada caja de 20 kilos de bananas. 

Torrijos, sobrino-tataranieto del general español José María Torrijos, abanderado y mártir de las causas liberales, fusilado en las playas de Málaga por orden del absolutista Fernando VII, logra convencer a casi todos sus homólogos centroamericanos de unirse y crear la Unión de Países Exportadores de Banano (UPEB), única manera de poder reclamar con visos de éxito su reclamación de ¡un dólar!, por caja de veinte kilos, y reclamar además todas las concesiones de tierras, aguas, carreteras y ferrocarriles que las multinacionales gestionaban desde hacía setenta años con plenos poderes y sometiendo a los trabajadores nativos a un régimen de absoluta esclavitud. 

Es el economista norteamericano John K. Galbraith, citado por Martínez de Vega, el que resume escueta pero descarnadamente lo que fue ese neocolonialismo: “La United Fruit Company es la multinacional que más ha abusado de la bandera norteamericana, la que más ha explotado a los países en que ha intervenido; la que más ha influido en la política interna de estas naciones; la que más ayuda ha recibido de la diplomacia norteamericana; del espionaje norteamericano y de las fuerzas de intervención norteamericanas”.

Acabar con el Estado dentro del Estado de la Zona del Canal    

Con ser decisiva para la dignidad de los países concernidos la victoria, siquiera parcial, en la guerra del banano, la recuperación del Canal de Panamá representa el triunfo de la voluntad sobre la resignación. Zoilo G. Martínez de Vega, traza una minuciosa compilación de hechos, declaraciones y tractaciones secretas o a media voz en la que describe cómo la estrategia de Omar Torrijos termina por dar sus frutos y concluye con el ominoso Tratado de 1903 Hay-Bunau Varilla (secretario de Estado norteamericano e ingeniero francés, corrupto y negociador traidor en nombre de una Panamá que hacía apenas una semana que había proclamado su independencia de Colombia). 

El realismo de Torrijos, convencido de la pequeñez de su país frente a la gran superpotencia de Estados Unidos, le lleva a adoptar la estrategia de los monos alohuata, mejor conocidos como aulladores, pobladores masivos de la isla de Barro Colorado, en el lago Gatún, dentro del propio Canal de Panamá. Su principal característica está en el hueso hioides de su garganta, que les permite emitir aullidos estridentes capaces de ser oídos a cinco kilómetros de distancia. 

En suma, Torrijos decide hacer ruido, que se le oiga, y convertir el problema panameño del Canal en un problema para Estados Unidos, a través de la solidaridad de todo el continente latinoamericano, de la Internacional Socialista, de la Conferencia de Países No Alineados y del Consejo de Seguridad de la ONU. Numerosas visitas a sus homólogos de todo el mundo, incansables gestiones personales con políticos, intelectuales y periodistas internacionales, consiguen revertir la posesión de la vía artificial marítima más transitada del mundo. Y, con ella, recuperar otra gran parcela de la dignidad de Panamá y del propio continente americano, sometido siempre a los embates de las grandes potencias, tradicionales o emergentes, todas ellas aspirantes a dominar ese inmenso y maravilloso territorio, a cuyas gentes nunca acaba de llegarles la justicia.   

Una historia apasionante, en donde la imaginación queda a cargo del lector, puesto que el autor, con el rigor del testigo-historiador narra hechos que sabe serán verificados, y aspira justamente a que nadie, incluso en estos tiempos de posverdad, sea capaz de desmentirle.