Opinión

Los últimos faraones

Mubarak

Hosni Mubarak está muerto. Tenía 91 años. Murió como un hombre libre, que no dudó en dar órdenes de disparar a ciudadanos desarmados para mantener su reinado, que pretendía legar a su hijo Jamal. Para que conste, unos 846 manifestantes cayeron en Tahrir y en otros lugares de Egipto bajo sus órdenes. Aparte de estos cientos de muertes por las que no tuvo que dar explicaciones, se le culpa a él y a su familia de la malversación de 10 millones de euros.  

El que se arriesgaba a ser condenado a cadena perpetua fue liberado mientras que su sucesor Morsi, el presidente y hermano musulmán (elegido democráticamente) murió en prisión y en martirio según sus seguidores.  

“El león ha muerto esta noche", dice la canción; Sí Mubarak es el rey de una selva creada por él mismo y donde la ley del más fuerte reinaba. Y aun cuando estaba tras las rejas, el viejo Raïss (presidente), imponía respeto.  

A Mubarak se le dio un funeral de Estado. Este entierro es sintomático de la situación política de Egipto. Porque si su cuerpo ha desaparecido para siempre, su huella pesa todavía mucho en el Egipto, que gobernó sin divisiones durante 30 años. Este es el reinado más largo de la república egipcia.  
Se le llamó el Faraón porque no se cuestionó su poder hasta que esta ola de libertad y renovación sopló sobre los países árabes y fue fatal para él.  

Aunque el hombre ha desaparecido, el sistema que estableció sigue en su lugar, anclado y mantenido. Es evidente que la democracia aún no ha encontrado su lugar en Egipto. Y Al-Sissi es una continuación del sistema de su predecesor y no es una excepción a la regla. Hoy en día, la prensa está bajo estrecha vigilancia, toda la información está estrictamente controlada. Si es difícil para cualquier periodista o blogger criticar a los responsables o atacar al sistema bajo pena de ir a la cárcel, la ficción se ha encargado de hacerlo. En Egipto, la literatura se utiliza cada vez más para diseccionar el sistema que está aplastando con todas sus fuerzas a los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Ala al-Aswany es la cabeza visible de esto. A través de sus obras, el famoso autor no ha dejado de criticar los excesos del poder. El escritor y miembro del movimiento Kifaya (literalmente: basta ya), revela un Egipto corrompido por un sistema cuya complejidad revela raíces antiguas y una espiral de la que prácticamente nadie puede escapar. ¡Pero Ala al-Aswany, que vivió en Egipto bajo Mubarak, ahora se ve obligado a exiliarse bajo Al-Sissi!  

Entonces, ¿qué ha cambiado realmente en Egipto desde la salida de Mubarak, aparte del asesinato de los Hermanos Musulmanes en una puesta en escena orquestada por el ejército?  

Cuando se anunció la noticia de la muerte de Mubarak, las redes sociales se incendiaron. Entre los que se arrepienten y los que intentan desesperadamente recordar el autoritarismo de su régimen. Egipto parece atrapado entre la amnesia y el síndrome de Estocolmo. 

"Bajo Al-Sissi somos aún más pobres que antes", dicen algunos egipcios. Esta frase se ha convertido en un leitmotiv estos últimos días a la menor mención del pasado poco glorioso del antiguo Raïss.  

Es cierto que a pesar de todas las señales positivas de la macroeconomía egipcia de las que no se presume, la situación socioeconómica del país no hace más que empeorar y la libra egipcia se está devaluando. 

A pesar del crecimiento del PIB y de una tasa de crecimiento estimada de 5,5 en 2021, la economía egipcia se está empobreciendo cada vez más ante una inflación desenfrenada, y el país sigue evolucionando a dos velocidades, lo que conlleva la promesa de un futuro mejor.