Opinión

Los acuerdos de Abraham: cambio geopolítico en Oriente Medio 

Los acuerdos de Abraham: cambio geopolítico en Oriente Medio    

El reciente acuerdo entre Israel, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Bahréin puede resultar llamativo si se tiene en cuenta el pasado histórico de Israel en la región. Hace poco más de medio siglo estos países estaban enfrentados ante la creación del Estado de Israel (1948) y juraban lealtad a Palestina, territorio que con este acuerdo puede parecer que han traicionado. Es ahí donde reside la magnitud de los Pactos de Abraham, ¿cómo se explica que países anteriormente enemistados con Israel se hayan convertido en el tercer y cuarto país respectivamente en establecer relaciones diplomáticas? Hay tres factores que han contribuido a este cambio geopolítico en Oriente Medio. 

Un proverbio tradicional árabe resume el primer factor: “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Desde hace años Irán se ha convertido en una de las preocupaciones principales para los países de Oriente Medio. Por un lado, la voluntad iraní de una hegemonía en Oriente Medio bajo el mandato persa y, consecuentemente, una predominancia musulmana chií representa una amenaza para todos los países árabes de mayoría suní, como es el caso de Arabia Saudí, país antagónico a Irán por excelencia. En lo que a Israel respecta, el país judío es uno de los objetivos de Irán y cada vez lo sienten más próximo. Con la injerencia iraní en Irak y Siria y la presencia del grupo Hizbulá - proxy iraní - en Líbano Irán ha ‘construido’ prácticamente un puente hacia Israel que también afecta a todos aquellos países que se encuentran en la península del Sinaí y no son adeptos a la idea de un posible Califato persa. Por ello, las promesas de una paz estable y de cooperación entre estos países pueden resultar un primer paso clave a la hora de hacer frente al gigante persa. 

Además, cabe mencionar la evolución de Israel a lo largo de los años. Aunque la supervivencia del Estado judío estuvo altamente ligada al apoyo de Estados Unidos en sus inicios, hoy cuenta con una superioridad tecnológica y militar encomiable. La ‘nación start-up’ por excelencia ha sido testigo de un desarrollo vertiginoso que le ha garantizado en tiempo record el título de potencial tecnológica al nivel de Estados Unidos o China. En cuanto a su potencia militar, no es de extrañar. Durante décadas Israel ha vivido en alerta constante ante la posibilidad de un ataque de cualquier tipo en sus fronteras inmediatas y esto se ha visto reflejado en su apuesta por la Defensa. En 2018 Israel invertía un 11,06% del gasto público en Defensa frente al 3,09% español. En la actualidad el país judío es uno de los pocos que poseen lícitamente armas nucleares, lo cual es un añadido importante al interés de cooperación que puede suscitar Israel. 

Por último, es importante destacar el factor demográfico. El 70% de la población del Golfo tiene menos de 30 años y, por lo tanto, las guerras contra Israel representan un hecho histórico y no un recuerdo en la memoria. Esto ha dado pie al surgimiento de una nueva perspectiva en la que Israel, que ya ha demostrado su superioridad militar y tecnológica, puede resultar un aliado muy atractivo. Desde el estallido de la Primavera Árabe en 2011 muchos de los países de Oriente Medio y el Magreb han conocido la decadencia y así es también como ha conocido la población joven su país. La promesa de una paz duradera y, sobre todo, de un incremento de oportunidades es un aliciente interesante para generaciones presentes y futuras. EAU y Bahréin han dado el primer paso, pero no resulta descabellado afirmar que otros países seguirán el mismo curso. Arabia Saudí, especialmente cuando haya un relevo generacional en el mando del país, es uno de los candidatos a ser el siguiente. 

La perspectiva de cooperación y estabilidad en la región no solo beneficia a los países colindantes. Los conflictos que surgen en Oriente Medio pueden repercutir en el Magreb, frontera avanzada de la Unión Europea y de la OTAN, que es también la de España. Por ello, este acuerdo afecta positivamente a los intereses comerciales, diplomáticos y de seguridad de los países que conforman estas organizaciones. La evolución de las inversiones de EAU en sectores estratégicos españoles subraya el vínculo de esta realidad geopolítica. Apoyar este tipo de acuerdos beneficia a todos los actores involucrados, principales y terceros.