Opinión

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Trump cruzando a Corea del Norte en presencia de Kim jong-Un

El tema de las reuniones entre EEUU y Corea del Norte (CN) sobre los programas nuclear y de misiles de este último empieza a ser cansino bajo la Administración de Trump. En tan solo dos años han tenido dos reuniones al más alto nivel, un reciente encuentro fugaz de ambos líderes en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas y varias reuniones, conocidas o sin conocer, a diferentes niveles de grupos de negociación. Todas ellas con un mismo resultado final; nada salvo palabras, fotografías, saludos más o menos amistosos y mucho papel mojado lo que hace imposible que pueda llevar a orientar hacia una efectiva situación de tranquilidad, seguridad y paz mundial.

Mucho se ha escrito y hablado sobre Trump y sus formas de negociar. Yo mismo publiqué hace unos días, un trabajo sobre los varios y peligrosos talones de Aquiles del personaje; en el mismo resaltaba los peligros que la mayor parte de ellos encierran sobre la más que posible pérdida de credibilidad de sus constantes amenazas e iniciativas punitivas, según sea el caso; así como, la influencia negativa de la insistencia o reiteración en este tipo de actos aunque sea por motivos diversos o no relacionados. Su actitud beligerante y al mismo tiempo tan cambiante, no conduce a nada positivo, al contrario, supone una tendencia a incrementar la sensación de hartazgo real entre sus conciudadanos, amigos y extraños.  
No se conoce el origen ni la verdadera razón de ser de tanto cambio de actitud y orientación en sus relaciones con el exterior. Puede que sea debido a la encrucijada y maraña de acusaciones que actualmente envuelven al Presidente norteamericano por los varios casos de presiones personales sobre sus pares aliados para, anteponiendo o a cambio de ciertos apoyos nacionales o no, favorecer la entrega de información sensible lograda mediante actividades de espionaje sobre Biden y su familia. Información, que pueda ser usada contra él en las largas campañas electorales en su país que empiezan ya a despuntar sobre el horizonte. 

La verdad, es que Trump, al menos aparentemente, se encuentra ávido o muy necesitado de notoriedad interna y externa que le amortigüe un tanto el impacto negativo y el riesgo cada vez más real de ser cesado. Notoriedad, que muy posiblemente pase por ser el resultado de una postura de firmeza y hasta dureza ante los problemas que más han repercutido recientemente en la seguridad de EEUU y de sus aliados en general.

De ahí la explicación a los palpables y constantes cambios bruscos de orientación sobre varios de sus problemas y, en especial, dos de sus grandes granos infectados, Corea del Norte e Irán y sus respectivos programas nucleares. Últimamente, todo apuntaba a que personalmente o en su círculo de asesores más próximo y todavía “fiel” a su persona, se pensaba que la clave del éxito para las próximas elecciones estaba en imitar un tanto a Obama tratando de buscar nuevos acuerdos algo sui generis para bajar la presión bélica y humanitaria sobre determinados enemigos, que estando forzados y presionados por la situación política y económica interna de sus países y, especialmente, por la necesidad de supervivencia personal y del régimen que representan, no dudarían en estar dispuestos a morir matando y hasta en pulsar el botón nuclear aunque les costara la desaparición total o de gran parte de sus países como tales.  

Pero, de nuevo, no sé si por ser un hombre de temperamento colérico y voluble; por su forma cíclica de pensar o porque piensa que la postura de blandura le resta credibilidad a alguno de sus famosos eslóganes como “América primero” o “América no lanza amenazas en falso”, ha decidido en ambos casos, replegar sus lanzadas iniciativas pacifistas y volver casi a la posición de salida aunque, sin mencionar explícitamente la palabra guerra o invasión.  

Ya advertí en el mencionado trabajo, que muchas veces le resulta muy difícil mantener una decisión tomada; que empieza a ser tristemente famoso por sus frecuentes devaneos, y que rectifica con mucha frecuencia; cosa que contrariamente a cierto mal entendido pensamiento popular, si se realiza con bastante frecuencia o asiduidad, precipitación y sin verdadera justificación, no es cierto que sea propio de sabios, sino más bien al contrario; de personas poco reflexivas, espontáneas y viscerales a las que, algo más tarde, los propios miedos a las posibles repercusiones les atenazan y les obligan a autocorregirse casi de inmediato. Situaciones estas de vehemencia que le restan, y mucho, gran parte de su prestigio y credibilidad. 

A pesar de los recientes ataques con drones armados y misiles sobre instalaciones petrolíferas de arabia Saudí de mediados de septiembre y de la más que asegurada implicación de Irán en dichos actos, anunció a bombo y platillo que se iba a reunir con Rouhani (Presidente de Irán) en un aparte durante su desplazamiento de este último a la pasada reunión de la Asamblea General de la ONU a finales del mismo mes, para hablar de un importante acercamiento entre ambos países y mandatarios, algo así como nueva negociación e impulso al levantamiento parcial de sanciones que, por parte de EEUU y ordenadas en su día, personalmente por Trump, pesan sobre ciertas personas, grandes transferencias y capitales retenidos y la imposibilidad o gran dificultad para la ejecución de negocios sobre la mayor parte de las más que necesarias piezas de repuesto, maquinaria, armas y la venta masiva de petróleo iraní; para justo horas antes de llevarlo a cabo, volar todos los puentes y volver a la situación de cerrazón e, incluso, anunciar nuevas y mayores restricciones que acogoten aún más la ya de por sí maltrecha economía iraní.  

Anteriormente, tras la reunión del G-20 en Osaka a finales de junio de este mismo año, de forma inesperada, pero con todo el redoble y repercusión informativa posible, Trump hizo un alto en el viaje de regreso a casa para, en un acto sin precedentes, cruzar la línea de separación entre las dos Coreas y realizar un breve encuentro de cincuenta minutos de duración con KIm Jong-un en la conocida como Zona Desmilitarizada. Encuentro donde, según se afirma en muchos medios de información e inteligencia, se fraguó la reunión celebrada ayer en Estocolmo, auspiciada por Suecia, y que también tras una no muy larga duración, cada una de las partes salió con diferente cara y punto de vista sobre el inútil resultado de la misma.
No creo que este punto estuviera influido por el ensayo de un nuevo misil norcoreano, - dos días antes de la reunión en Estocolmo y el undécimo ensayo con misiles varios en 2019- capaz de portar cabezas nucleares. Ensayo, que se realizó desde una plataforma marina, lo que le posibilita ser capaz de ser disparado desde un submarino, lo que significaría que el país asiático podría lanzar un misil desde lejos de su territorio, con lo que aumentaría el alcance de dichas armas hasta puntos insospechados.

Sus inagotables pasos hacia adelante y hacia atrás -tipo el baile de la Yenka- empiezan a ser patéticos, cansinos y demasiado frecuentes; todo ello unido a sus problemas personales con la justicia y a Ley norteamericana con respecto a la cada vez mayor y real posibilidad de ser juzgado por la Cámara y el Senado de su país para ser expulsado de su cargo, en su caso, empiezan a ser una carga demasiada pesada incluso para el incombustible Trump.

Para terminar esta breve crónica-relato, debo decir en su descargo, aunque sea parcial, que la volubilidad de Trump también está acompañada de ciertos vaivenes y una gran cerrazón en sus interlocutores exteriores; lo que le hacen más propenso a cambiar sus intenciones. Aunque, dichos cambios, los hace siempre de forma brusca, desproporcionada en gestos y casi auténticas actuaciones teatrales, dignas del mismísimo Broadway.