Opinión

Malta: un Caballo de Troya dentro de la UE

Malta, crisis por el asesinato de la periodista Caruana

Buena parte de los problemas que arrastra el Oriente Próximo son las réplicas sísmicas que causaron los estertores del Imperio Británico; desde la Declaración de Balfour al mandato británico en Irak, pasando por el golpe de estado del general Edmund Ironside en 1921 para imponer al Sha en Irán o la crisis de Suez en 1956. Sin olvidarnos, por supuesto, de la persistencia de anomalías post-coloniales en la región mediterránea, como Chipre, Gibraltar; o, como en el caso que nos ocupa, Malta. 
Este minúsculo, pero estratégicamente emplazado archipiélago,  cuenta con una historia turbulenta durante la cual ha cambiado de manos con frecuencia, habiendo estado controlado por  la potencia dominante de turno: fenicios, romanos, griegos, árabes, españoles, franceses y británicos; de quienes se independizó en fecha tan reciente como 1964. 
La República de Malta logró su ascenso a la Unión Europea en 2004, pese a lo cual ha mantenido las peculiaridades fiscales y regulatorias que caracterizan a los antiguos dominios británicos, una de cuyas expresiones es la oportunidad que da el gobierno maltés de conseguir la ciudadanía europea a cambio del pago de 650.000 Euros en efectivo y 350.000 en especies, es decir, comprando una propiedad en Malta.
Como era esperable, este heterodoxo régimen de naturalización  ha convertido a Malta en un destino preferente para criminales de alto postín, siendo junto a Chipre uno de los lavaderos legales de dinero negro más populares en el ecosistema de la UE. 
La desinhibición de estas prácticas no ha sido óbice para que unos pocos investigadores hayan abierto líneas de indagación acerca de las relaciones entre las élites del poder local y el hampa internacional. Una víctima de estas investigaciones fue la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, que fue asesinada en 2017 mientras tiraba del hilo de los Papeles de Panamá, sin que las autoridades de Malta hayan clarificado a día de hoy las circunstancias del crimen, por más que el consenso es que la prestigiosa periodista andaba tras la pista de las comisiones que los políticos percibían como parte de la venta de pasaportes de la UE al mejor postor.
Todo apuntaba a que este espeso silencio acabaría por encubrir cualquier evidencia que apuntase a la vinculación del primer ministro maltés,  Joseph Muscat,  en el atentado que acabó con la vida de Caruana.  Sin embargo, en un giro inesperado, la policía maltesa llevó a cabo hace unos días interrogatorios al jefe de gabinete de Muscat, Keith Schembri, que tuvo como consecuencia inmediata la súbita predisposición al arrepentimiento del empresario Yorgen Fenech, presunto autor intelectual del asesinato de Caruana, miembro de una de las familias más prominentes y ricas de Malta , y que hizo saber a la fiscalía, por medio de sus representantes legales, que estaba dispuesto a testificar a cambio de inmunidad. Esta cadena de eventos precipitó la dimisión de Keith Schembri y otros dos ministros asimismo bajo sospecha, comprometiendo la situación de Joseph Muscat al frente del gobierno maltés, y llevando las protestas contra lo que muchos perciben ya como un  gobierno-mafia,  a las calles. 
Más allá de las derivaciones políticas locales que la eclosión de este escándalo pueda tener para los habitantes de Malta, parece evidente que la Unión Europea no puede seguir tolerando este tipo de anomalías  en su seno, por lo que los días de las ocurrencias legales maltesas y  su laxo sistema financiero estaban contados, máxime ante la nueva coyuntura que representa la salida del Reino Unido de la Unión Europea, que obligará a las autoridades comunitarias a aumentar el celo para impedir que un estado como Malta se convierta en una puerta falsa a través de la cual lograr influencia política en Bruselas a cambio de dinero, blanqueado o por blanquear. Significativamente,   se da la circunstancia de que poco antes de su caída en desgracia, el primer ministro maltés Joseph Muscat Muscat había ponderado seriamente la posibilidad de reemplazar nada menos que a Donald Tusk al frente del Consejo de Europa.
La caída en desgracia de Yorgen Fenech está teniendo también derivaciones a todo lo largo y ancho de la UE, incluso en España, dado que fue precisamente este empresario el que facilitó un lucrativo contrato entre la maltesa Electrogas y la empresa gallega Reganosa Malta, que se ve así salpicada por las irregularidades sistémicas que está saliendo a la luz en Malta, cuyas ramificaciones apuntan a una maraña global de empresas interpuestas anglosajonas, que incluyen sedes en las Islas Galápagos, las Islas del Canal e incluso Gibraltar.
Malta será, presumiblemente, una de los retos de más urgente resolución que la flamante Comisión Europea presidida por Ursula von der Leyen tendrá sobre la mesa, habida cuenta de que la Unión Europea no puede tolerar tener un Caballo de Troya en Malta,  durante y después del Brexit.