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Opinión

Marcos-Duterte, Filipinas apuesta por la vuelta al pasado

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Los ciento diez millones de filipinos vuelven a verse amenazados por los perores recuerdos de su pasado. Hace unas semanas comenzó la precampaña para las elecciones que se celebrarán en mayo del año próximo y muchos ciudadanos ya dan por más que probable el futuro político que se anticipa a sus libertades y ambiciones democráticas.

Los dos apellidos que marcan el pasado y el presente de la política nacional, Marcos y Duterte, integrarán el ticket presidencial con mayores posibilidades de triunfo. Todavía pueden ocurrir muchas cosas, pero nadie duda que la candidatura que se elaborando entre Ferdinand Marcos y Sara Duterte, será la favorita.

Ferdinand Marcos es el hijo de Marcos e Imelda, el matrimonio que durante muchos años gobernó el país con mano dura y sin escrúpulos contra sus adversarios, muchos de los cuales no pudieron contarlo. Sara Duterte es la hija del actual presidente, que se inmortalizará por la política sanguinaria impuesta desde el poder sin el recurso al derecho a la justicia.

Los dos nombres se barajaron mucho tiempo como predestinados a perpetuar la memoria de sus progenitores. A diferencia de la mayor parte de los países con sistemas presidencialistas, en Filipinas las elecciones para presidente y vicepresidente son separadas, pero en este caso todo anticipa que entre los dos candidatos hay plena sintonía tanto en ideas como en métodos.

Competirán más candidatos, sin duda. El ex campeón de boxeo, muy popular en el país, Manny Pacquiano, es por el momento el más conocido y el que despierta mayores simpatías. Pero, ante el tándem Marcos-Duterte, arropado por la nostalgia que los marcos han dejado entre algunos y el control que el padre de la aspirante a vicepresidenta ejerce de forma tan despiadada, será difícil de vencer.

La pareja que aspira a continuar el poder de sus progenitores contará previsiblemente con el beneplácito de Washington: Filipinas es el aliado más antiguo con que los Estados Unidos cuentan en Asia. Sus apellidos renuevan una vez renuevan la realidad de que a pesar de los progresos, el éxito en la política está muy supeditado a la tradición familiar; casi se ha vuelto hereditario.