Opinión

Marruecos exige pruebas

El primer ministro de Marruecos

El primer ministro marroquí, Saadeddine El Othmani, exige con firmeza a Amnistía Internacional que demuestre con pruebas claras y concluyentes sus acusaciones de que Rabat usó un programa de espionaje israelí para pichar el móvil del periodista Omar Radi. Hasta ahora, las evidencias aportadas por una organización prestigiosa hace años, pero que ha ido diluyendo su crédito internacional por ciertas actuaciones partidistas y sectarias, no han convencido a nadie. Las acusaciones vinculaban a NSO, una empresa de seguridad de Israel, como proveedor de un software, Pegasus, capaz de insertar programas de espionaje en los teléfonos móviles. Se trata de encender la cámara y el micrófono del dispositivo y poder acceder a los datos.

No se trata de una película de espías donde las nuevas tecnologías son capaces de casi todo, se trata de mucho más porque la obtención de los datos del teléfono del periodista es algo tan inaceptable que coloca el prestigio y la credibilidad de Marruecos en entredicho. 

En estos días, asistimos en España a un proceloso caso de montaje contra la Policía por los usos y custodias de la tarjeta del móvil de Dina Bousselham, asesora de Pablo Iglesias. Curiosamente, el juez García Castellón ha dado un giro completo al caso por las evidencias obtenidas y ahora se trata del caso Iglesias. Por supuesto, no se puede comparar al líder de Podemos con el periodista marroquí, pero lo que tienen este tipo de conspiraciones es que se pueden volver en contra. El primer ministro marroquí denuncia una campaña injusta de difamación internacional por parte de una organización a la que acusa de no tener nada que ver con los derechos humanos. 

Duras palabras en el comunicado oficial para Amnistía Internacional que hace décadas adquirió respeto por su defensa de los derechos humanos en diferentes dictaduras en el mundo. Ahora se ve comprometida en un caso en el que no ha aportado las pruebas que anteriormente sí se preocupaba de obtener antes de lanzar acusaciones tan graves. 

Marruecos es un país con una clara vocación democrática durante el reinado de Mohammed VI que ha ido consolidando en los últimos años con reformas constitucionales que restaban poder al monarca. Nuestro vecino del sur todavía tiene camino que recorrer para lograr una democracia total, como también lo tenemos que recorrer en España donde hay numerosas circunstancias que perjudican notablemente la credibilidad democrática. La investigación marroquí al periodista Omar Radi por sospecha de violación de la seguridad del Estado, debido a sus vínculos con un oficial de enlace de un país extranjero, debe respetar en todo caso las leyes y las garantías del investigado, que califica como ridículas las acusaciones de haber recibido dinero para actividades de inteligencia. Topamos con una situación que debe ser aclarada pero que se produce en muchos países del mundo y que, incluso, complica la credibilidad del mismísimo presidente de Estados Unidos por la influencia rusa en la campaña electoral que llevó a Trump a la Casa Blanca. El problema en Marruecos y en otros muchos casos es que el daño está hecho sin las pruebas imprescindibles.