Opinión

Marruecos y España, tiempo muerto

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, y Saad Eddine El Othmani, presidente del Gobierno de Marruecos

Los Gobiernos de Marruecos y España mantienen un aparente tiempo muerto para recapacitar, reflexionar, reordenar ideas, intereses y estrategias para afrontar una situación de crisis que tiene consecuencias negativas para los dos países vecinos. Podemos pensar que la crisis, el enfrentamiento en público puede haber tocado techo, o eso sería lo más deseable para todos con el objetivo de no empeorar las cosas. En el toma y daca, y tú más, que han invadido las declaraciones públicas de demasiados responsables políticos y, sobre todo, de encrespados medios de comunicación y profesionales partidistas embarcados en lanzar los peores demonios a una y otra orilla, nos encontramos ahora en el descanso del partido, en el tiempo muerto que debe servir para evaluar el rendimiento de las diversas decisiones tomadas y de las graves acusaciones vertidas que sólo van a beneficiar a aquellos que pretenden lograr que las relaciones entre España y Marruecos sean lo peor posible. 

Por desgracia, hay demasiados oportunistas impulsando estos desvaríos e, incluso, numerosos entusiastas que se esmeran en seguir echando gasolina al fuego. Es momento para plantear una revisión a fondo, con papeles y con firma de acuerdos y compromisos, sobre los temas que enfrentan a los dos Gobiernos. 

La crisis actual ha tenido un desarrollo complicado. En los comunicados de Rabat se recoge claramente que la acogida del líder Polisario, Brahim Ghali, en un hospital de Logroño, inscrito con nombre falso, y su posterior comparecencia ante la justicia española que consideró que no había pruebas suficientes de los delitos de los que se acusaba a Ghali y su consiguiente regreso a un hospital de Argel, no era la verdadera causa del malestar marroquí. 

La cuestión es la posición española sobre la propuesta de Marruecos, presentada en Naciones Unidas hace varios años, de una amplia autonomía para el Sáhara bajo soberanía marroquí, opción que fue apoyada en diciembre por la Administración Trump, ratificada este viernes por la Administración Biden, y seguida por países relevantes como Emiratos Árabes Unidos, Jordania y una docena de países africanos, entre otros. El Sáhara es un tema capital para Marruecos y sus ciudadanos. El Gobierno español se ha mantenido en la posición de neutralidad y de remitirse a la negociación entre las partes en el seno de la ONU. Para Madrid, la crisis con Marruecos comenzó antes, en 2018 cuando cerró unilateralmente la frontera con Melilla, creado una situación delicada para la ciudad española. Y después reclamó una jurisdicción sobre aguas territoriales que afectaban a Canarias que provocó la respuesta española. 

La llegada del coronavirus provocó el cierre total de las fronteras de Marruecos lo que ha empeorado la situación en Ceuta y Melilla, que sufren ahora la decisión de excluir a España de la Operación Paso del Estrecho. Aquí están los verdaderos desafíos para los dos Gobiernos.