Opinión

Marruecos/España: claves para una nueva alianza

José Manuel Albares jura su cargo como nuevo ministro de Asuntos Exteriores de España durante la ceremonia de juramento en presencia del rey Felipe de España, a la derecha, y del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, segundo a la derecha, en el Palacio de la Zarzuela en Madrid, España, el lunes 12 de julio de 2021

La grandilocuente frase, “Gran vecino y amigo del sur”, del recién nombrado ministro de Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, José Manuel Albares, propia de alguien con ganas de trabajar, está llena de buenas intenciones.

Sin embargo, la tarea que le espera no es fácil. Pues no se trata de reforzar las caducas relaciones sino de formatearlas para reeditar otras, en base al nuevo orden geopolítico común, con dinámicas muy favorables a un Marruecos convertido en potencia regional y continental.

¿Será capaz, el nuevo ministro Albares, de conseguirlo? He aquí algunas claves, habida cuenta que el nuevo ministro arranca su andadura en medio de una crisis profunda de confianza, lo que obliga a España a reposicionarse.

Las potencias mundiales están, en estos momentos, al abordaje del continente del siglo XXI compitiendo por sus recursos naturales, por un mercado colosal y por las oportunidades de influencia que ofrece. Estados Unidos, Inglaterra, Francia, China y Rusia apuestan por Marruecos, por su estabilidad y por su seguridad y con quien tienen alianzas estratégicas de cooperación política, económica y militar. El liderazgo de Marruecos le ha convertido de facto en actor, promotor y locomotor, de ahí que las grandes empresas europeas, instaladas en Marruecos, están triangularizando las actividades, a sus lomos, llegando así al África profunda. Además, supone la puerta de entrada y garantía de acceso a los recursos africanos donde el país magrebí destaca como primer inversor en sectores como la Banca, construcción, telecomunicaciones, fosfatos y sus derivados… 

Algunas empresas españolas, y parte de la sociedad civil, son reacias a los logros económicos del “gran vecino y amigo del sur” descartando así las ventajas competitivas, económicas y financieras, que podrían obtenerse si se diera una competencia participada o cooperativa con sus homónimas marroquíes que, hoy, colaboran con empresas francesas, inglesas, americanas, chinas o ucranianas. En una alianza hispano-marroquí se daría, además, una complementariedad perfecta por la proximidad, y en todos los sectores, lo que exige que las relaciones pasen a otro nivel superando miedos infundados, pues Marruecos ya dispone de tecnología, propia y ajena, en sectores como el aeroespacial, el automovilístico, el de telecomunicación, el aeroespacial o el energético.

El ministro Albares, quien conoce Tánger y conoce igualmente las relaciones franco-marroquíes como exembajador español en París, tendrá que alejarse de los tópicos y afrontar con valentía la reconducción de las relaciones dentro del respeto a las instituciones del “gran vecino y amigo del sur”. El proceso de democratización en Marruecos está en pleno progreso, sin precedentes en la región, y así lo reconoce la comunidad internacional. Aunque muchos pseudo demócratas españoles, algunos ocupan escaños en las Cortes, de izquierdas y de la extrema izquierda (Podemos) y la prensa afín, hoy callados ante la represión en Cuba y a quien evitan llamar “dictadura”, pero sí lo hacen con toda desfachatez con el “gran vecino y amigo del sur”. Para su ignorancia y mayor tranquilidad, la Monarquía marroquí, constitucionalmente, se reserva cuatro carteras ministeriales llamadas “de soberanía” (Interior, Exterior, Justicia y Asuntos Religiosos) que encarnan las políticas de Estado. De modo que gobierne quien gobierne, PJD, socialistas, nacionalistas, comunistas o independientes, la política estatal queda inalterable, garantizando así la gestión de los asuntos públicos que requieren de la continuidad y de la seguridad frente a la arbitrariedad partidista. Además, constitucionalmente, nada impide al rey Mohamed VI participar en el libre mercado (Marruecos no es ni Cuba ni Venezuela), con empresas privadas, en la economía del país. Todo ello es legítimo, porque así lo ha votado, en referéndum, el pueblo marroquí y así lo recoge la Constitución del Reino.

El principal desafío está en modelar una nueva alianza hispano-marroquí acorde a las nuevas dinámicas geopolíticas del espacio común, sin obviar el posicionamiento de Marruecos sobre el tablero regional y continental. Una realidad que ha sido ignorada, o simplemente ninguneada, por la diplomacia española y, por desconocimiento, por la mayoría de los españoles de a pie. En este sentido, y como ha dicho el propio ministro Albares: “Lo que se hace en el exterior repercute en el interior”, a lo que habría que añadir “y viceversa”. El reto del nuevo diplomático está, entre otras cosas, en saber hacer pedagogía interna para explicar las mutaciones geoestratégicas que se están desarrollando en el exterior, justo al sur, concretamente en la cuenca del Mediterráneo y en el flanco atlántico donde se comparte esa gran vecindad y amistad, entre las islas Canarias y las provincias del sur del Reino.

A tal efecto Marruecos es, sobre todo, una maquina letal haciendo diplomacia, base sobre la cual ha construido todas sus relaciones internacionales adquiriendo un ‘Soft power’ indiscutible, combinando inteligentemente lo humano, lo económico y lo político. Consecuentemente, habría que aspirar a unas relaciones hispano-marroquíes, al menos, cercanas a las que tiene el “gran vecino y amigo del sur” con sus aliados europeos, Francia e Inglaterra y, al otro lado del Atlántico, los EEUU o China en Asia.

España no puede perder más tiempo. Debe coger el toro de la política Exterior por los cuernos y aprovechar los vientos favorables de su “gran vecino y amigo del sur” para reposicionarse abandonando el ‘statu quo’ actual. Si Marruecos es aquella columna de Hércules que flanquea, al sur en Abilia, el estrecho de Gibraltar, España debería estar junto a Marruecos, mano a mano, para erigirse en esa otra columna herculina, al otro lado de la orilla de Calpe, al norte, tendiendo puentes con Europa.

Mucha faena le espera al ministro Albares, a quien se atribuye capacidad y cualidad para revolucionar la política Exterior española. Marruecos, más que buenas intenciones, espera gestos de lealtad.