Opinión

Mohamed Abdelaziz, un personaje controvertido en un conflicto complejo

Paco Soto

Pie de foto: El difunto secretario general del Frente Polisario y presidente de la RASD, Mohamed Abdelaziz. 

La muerte del secretario general del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Mohamed Abdelaziz, ha sido una noticia ampliamente difundida por los medios españoles, argelinos y marroquíes. Es lógico, porque Abdelaziz lideraba un movimiento político que contaba con el apoyo de Argelia en su combate contra Marruecos por la independencia de la antigua colonia española del Sáhara Occidental. El Polisario empezó en 1973 su lucha por la independencia contra el colonialismo español, en la etapa final del régimen de Franco. Marruecos, que reivindica la marroquinidad del Sáhara Occidental, organizó el 6 de noviembre de 1975 la Marcha Verde con un objetivo claro: arrebatar a España un territorio que el país magrebí consideraba parte de la nación.

El rey Hasan II se aprovechó de que Franco estaba al borde de la muerte y España atravesaba una delicada situación política para conquistar el Sáhara Occidental, o “reconquistar” el territorio, según la versión oficial, y crear en torno a esta cuestión una gran unión nacional, cívica y militar, y frenar así el descontento social de parte de la población, el auge de la izquierda y la extrema izquierda y las veleidades golpistas de un sector de las Fuerzas Armadas Reales (FAR). Fue una jugada maestra por parte del monarca alauí, que veía su trono amenazado.

España cede el Sáhara

Finalmente, la España franquista ni pudo vencer al Polisario ni organizar un referéndum de autodeterminación en su colonia africana, como le reclamó la ONU, y en su calidad de potencia administradora abandonó el territorio a Marruecos y Mauritania, tras la firma del Acuerdo Tripartito de Madrid, a finales de 1975. España reiteró su intención de descolonizar el Sáhara Occidental “poniendo término a las responsabilidades y poderes que tiene sobre dicho territorio como potencia administradora”, y puso fin a su presencia en la colonia poco después.  El 10 de diciembre de 1975, la Asamblea General de la ONU aprobó -España, Marruecos y Mauritania votaron a favor- la Resolución 3458 B, en la que se reafirmaba “el derecho inalienable de todas las poblaciones saharianas originarias del territorio a la libre determinación” y se pedía a las partes “una consulta libre organizada con el concurso de un representante de las Naciones Unidas designado por el secretario general”.

El Polisario, apoyado por Argelia, llevó a cabo una dura lucha militar contra Marruecos y Mauritania. Mauritania abandonó finalmente la parte del Sáhara Occidental que controlaba, Marruecos y el Polisario firmaron un alto el fuego en 1991, el referéndum de autodeterminación planteado por la ONU y defendido por los independentistas saharauis y Argelia no se celebró; y el conflicto desestabiliza una región golpeada por el terrorismo yihadista, envenena las relaciones entre Argel y Rabat e impide la construcción política y económica del Magreb. Además, decenas de miles de refugiados saharauis malviven y sufren en los campamentos de Tinduf, en el Sáhara argelino.

Consulta inviable

Marruecos considera que el referéndum es inviable, nunca se ha puesto de acuerdo con el Polisario sobre el censo de votantes en la consulta, y sólo está dispuesto a conceder una amplia autonomía al Sáhara Occidental, pero siempre y cuando la soberanía del territorio sea la del reino alauí. El Polisario y Argelia rechazan la oferta marroquí y apuestan por la consulta de autodeterminación. La única potencia occidental que apoya abiertamente la oferta de Rabat es Francia. La postura de España es ambigua. Oficialmente, nuestro país se pronuncia a favor del referéndum de la ONU, pero en la práctica, movido por sus intereses económicos y geoestratégicos en Marruecos y el Magreb, ve con buenos ojos la solución autonómica.

La situación es enormemente complicada y todos los agentes implicados en el conflicto tienen su parte de responsabilidad: Marruecos, el Polisario, Argelia, España, Francia y Estados Unidos. No es una cuestión de buenos y de malos; ni toda la culpa de que el conflicto no se haya resuelto es de Marruecos, tesis que gusta mucho en España; ni los únicos responsables son el Polisario y Argelia, como aseguran los dirigentes marroquíes. Como ocurre en muchas pugnas territoriales de naturaleza política, la verdad no es totalmente negra o blanca, tiene matices grises. Más de 40 años de crisis saharaui es mucho, es un largo periodo que ha causado dolor, sobre todo a los saharauis y los marroquíes, y destrucción.

Mohamed Abdelaziz y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon

 

 

 

 

 

 

 

Pie de foto: Mohamed Abdelaziz y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Acuerdo político entre las partes

Aprovecho la oportunidad para pronunciarme a favor de una solución basada en un sólido acuerdo político entre las partes enfrentadas, en el que todos tengan que hacer concesiones y renuncias. Básicamente, Marruecos, el Polisario y Argelia. Las posturas maximalistas, que tanto gustan en España y Marruecos, alargarían el conflicto y el sufrimiento de muchos seres humanos. No hay que olvidar el pasado y los errores, tampoco los crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidos por TODOS, pero no hay que ser prisionero de lo que no se hizo o se hizo mal. Es hora de hacer las cosas bien, respetando la legalidad internacional y los derechos humanos, y teniendo en cuenta los legítimos intereses de todos los actores políticos enfrentados. Ningunear al adversario es un error. Darle la razón sólo a una parte del conflicto tampoco es la forma más idónea de resolverlo. La ONU jamás ha reconocido la marroquinidad del Sáhara Occidental, y esto es así, guste o no guste. Marruecos, de facto, es la potencia administradora del territorio, el país “ocupante”, según el Polisario y Argelia.

Existen fuertes vínculos entre el reino alauí y las tribus saharauis que viven en la antigua colonia española, pero no todas ellas. No tenerlo en cuenta es pisotear la verdad. Sostener que existe una nación saharaui occidental es absurdo y no tienen ningún fundamento histórico. Ahora bien, afirmar sin pestañear que los saharauis son marroquíes y punto, porque así ha sido a lo largo de muchos siglos, es un tanto atrevido. Y aunque fuera cierto, nadie en su sano juicio puede negar que una parte de la población saharaui que vive en el Sáhara Occidental, en los campamentos de Tinduf y en otros países no quiere pertenecer a Marruecos y sueña con un estado independiente. Afirmar que los saharauis independentistas son agentes de los servicios secretos argelinos o que los refugiados de Tinduf están “secuestrados” por el Polisario es un argumento burdo que no merece contestación.

Pluralidad saharaui

Ahora bien, negar que una parte de la población saharaui no quiere la independencia y desea integrarse en Marruecos y que un sector de los independentistas no está de acuerdo con el Polisario y Argelia, es faltar a la verdad. Para salir de este atolladero, probablemente sea necesario celebrar algún tipo de consulta vinculante en el Sáhara Occidental, pactada previamente por las partes enfrentadas y bajo la estrecha vigilancia de la ONU. Y a lo mejor después se podría llegar a un compromiso político que facilitase una solución razonable al conflicto y en el que una inmensa mayoría de saharauis y marroquíes saliesen ganando. Este acuerdo debería contar con el visto bueno de Argelia, España, Francia, Estados Unidos y el conjunto de la comunidad internacional. Permanecer en las trincheras, despreciar al enemigo y negarse a ver la complejidad y peculiaridad de la crisis saharaui, no creo que sea la mejor manera de solucionar el problema.

He escrito todo esto, porque considero que de la misma forma que decir que el conflicto saharaui no se puede analizar desde un prisma maniqueo, tampoco se puede convertir la muerte de Mohamed Abdelaziz en una alabanza al unísono del personaje, como ha ocurrido en España con algunos medios de comunicación. En nuestro país, muchos periódicos, radios, televisiones, agencias de prensa y medios digitales han inventado un relato de buenos y de malos sobre el Sáhara Occidental. Y los malos siempre son los mismos, los marroquíes… Estos medios ocultan y minimizan graves problemas denunciados por ONG solventes como las violaciones de derechos humanos por parte de jefes del Polisario, el desvío de la ayuda humanitaria dirigida a los campamentos de Tinduf que han organizado responsables políticos, burócratas, policías y militares de la RASD, la ausencia de democracia para la población que vive bajo control del movimiento independentista y la corrupción. Y por supuesto la dependencia del Polisario del régimen argelino, que no es precisamente el más democrático del mundo.

Evitar los extremos

En este contexto, ensalzar la figura de Mohamed Abdelaziz como han hecho algunos periodistas españoles provoca cierta vergüenza. Convertirlo en un monstruo con siete cabezas como hacen los medios marroquíes también. Abdelaziz fue un personaje complejo y polémico que inició su andadura en plena Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS y sus respectivos aliados y satélites, y se desenvolvió en el marco de un conflicto complejo y difícil de resolver como el saharaui. Por tanto, lo primero que hay que hacer al hablar de Abdelaziz es guardar la cabeza fría y referirse a este difunto dirigente con un mínimo de objetividad. Para Marruecos es un traidor y un agente de Argelia y punto. Para bastantes medios españoles, un hombre de paz que amaba a los saharauis.

“Mohamed Abdelaziz ha sido la cara más conocida de la lucha por la autodeterminación del pueblo saharaui. Líder del Frente Polisario desde 1976, ha llevado su bandera hasta el final, pidiendo una solución justa y duradera para el Sáhara Occidental y reclamando la tierra de los saharauis, ocupada por Marruecos y Mauritania tras la huida de España”, consideró el diario El Mundo. Abdelaziz encarnó “el compromiso sincero y firme por la liberación” del Sáhara Occidental, manifestó Mohamed Keddad, compañero de militancia del difunto líder.

La Marcha Verde organizada por Marruecos en diciembre de 1975

Pie de foto: La Marcha Verde organizada por Marruecos en diciembre de 1975.

Hijo de un militar de las FAR

Es bueno recordar o informar a quien no lo sepa que Mohamed Abdelaziz, cuyo verdadero nombre era Mohamed Erguibi, nació en 1947. Marruecos asegura que en Marraquech y el Polisario, en la ciudad saharaui de Smara. De una cosa no hay duda: su padre, Khalili Erguib, fue suboficial de las FAR, las fuerzas armadas del reino de Marruecos.  Sólo dos hermanas de Abdelaziz viven en los campamentos de Tinduf. El resto de sus 13 hermanos viven en territorio marroquí y saharaui, y algunos son firmes defensores de la marroquinidad del Sáhara Occidental. Es el caso de Mohamed Salem, presidente de la ONG unionista Scouts del Sáhara Marroquí. Otros apuestan por la independencia.  Es lo que hace el abogado Mohamed Lahbib Erguibi. Abdelaziz se convirtió en activista político a finales de los años 60 del siglo pasado, siendo estudiante de medicina en Rabat y Casablanca, al contactar con los núcleos nacionalistas saharauis.

En 1968 formó parte de la fundación del Movimiento Nacional de Liberación Saharaui liderado por Mohamed Sidi Brahim Basiri, el primer grupo saharaui que utilizó la lucha armada contra el colonialismo español, y en 1973 participó en la fundación del Polisario. Durante cuatro décadas dirigió el Polisario y a partir de 1982 fue presidente de la RASD. Después de haber luchado militarmente contra España y Marruecos, entendió que con las armas no iba a conseguir la independencia del Sáhara Occidental, y a finales de los años 80 una delegación del Polisario se reunió en Marruecos con el rey Hasan II. En 1991 el movimiento independentista renunció a la lucha armada.

Referéndum versus autonomía

Desde entonces, el Polisario espera la celebración de un referéndum de autodeterminación y en 2007 Marruecos presentó su plan de autonomía en el marco de la descentralización del reino. Abdelaziz se expresaba en árabe, español y francés. Recibió muchas críticas dentro del movimiento independentista, que lo acusó de autoritario y de fomentar la corrupción y la tortura y violaciones de los derechos humanos en los campamentos de Tinduf, y también de ser un peón al servicio de Argelia. Siempre fue muy duro con España, país al que acusó de haber abandonado los saharauis en 1975. En cambio, jamás expresó la menor crítica hacia el régimen argelino, que falla infinitamente más que España en materia de derechos humanos. Tampoco permitió, ni siquiera toleró, que pudieran existir otras fuerzas políticas saharauis ajenas al Polisario. Partido único, ausencia de libertades públicas, violaciones de los derechos humanos, desvío de la ayuda humanitaria y corrupción son las características más negativas de la RASD. Características que siempre han sido aplaudidas por la progresía española.