Opinión

No bajar la guardia

Sin mascarilla en discotecas

Nadie dijo que iba a ser fácil la lucha contra el coronavirus, pero lo que no podemos permitirnos es creer que ya está todo resuelto o en vías de solución. Ni mucho menos. No se puede bajar la guardia, hay que respetar al máximo las medidas de seguridad allá adonde estemos. En estos días de vacaciones, es imprescindible que todas las personas que puedan se tomen sus días de descanso, se desplacen a sus lugares habituales de esparcimiento y descanso y contribuyan diariamente a la reactivación económica.

Pero hay que tener la conciencia y el convencimiento de que hay que ir a la playa con mascarilla, hay que ir a los bares y restaurantes con mascarilla, hay que ir con los familiares y amigos con mascarilla, y, sobre todo, hay que ir de copas y de fiesta con mascarilla. Y siempre, respetando la distancia de seguridad y usando el gel desinfectante. Estará usted pensando que vaya artículo repitiendo todo lo ya sabido y que los medios de comunicación reclaman cada día. Pues sí. Es obvio, pero hay demasiada gente que no es consciente del peligro que existe todavía y de la capacidad y rapidez de contagio de la COVID-19.

Los rebrotes no son ninguna broma y aunque tengamos la triste experiencia de la primera oleada con miles de muertos en todo el mundo, no podemos permitir que nos azote una segunda fase porque hay dos razones fundamentales: preservar las vidas humanas, no es admisible que pueda haber más fallecidos, y porque un segundo confinamiento sería la ruina económica y social para millones de personas. La reacción internacional es de prevención hacia los lugares que están sufriendo nuevos casos de contagios. Hay gobiernos como el francés y el belga que recomiendan no viajar a Cataluña, por ejemplo. Hay numerosos casos de contagios en otros lugares de España, pero con menor magnitud.

Incluso el soberbio y prepotente Donald Trump ha tenido que dar su brazo a torcer y cambiar su ignorante y suicida política frente al virus. Ha empezado a ponerse la mascarilla y ha cambiado las órdenes para hacer frente al coronavirus que ya se ha cobrado la vida de 148.000 norteamericanos y ha infectado a más de cuatro millones. Lo triste es que Trump ha cambiado de opinión porque las encuestas se habían disparado en favor de su contrincante demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden. Ningún consejo de sus asesores, ninguna opinión de expertos, la cruda realidad en los Estados Unidos o en el resto del mundo, como Brasil, ha sido capaz de convencerle. Solo le importa el interés electoral, como en otros países, por desgracia.