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Opinión

No hay democracia sin periodistas

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El periodismo es un valor fundamental en toda sociedad moderna y democrática. Es un termómetro del grado de desarrollo de un país, de sus instituciones, su gobierno y sus ciudadanos.

Vivimos un momento de transición global hacia espacios de incertidumbre en los que tan pronto nos asedia una pandemia mundial, como una crisis energética o planteamientos de metaversos virtuales que sustituyan los modelos clásicos de vida en el planeta.

Esta coyuntura obliga, más que nunca, a velar por la integridad de las personas, sus necesidades, seguridad y bienestar, más allá de planteamientos distópicos. Es en este momento cuando el periodismo debe mostrar su esencia y velar porque la verdad prevalezca sobre los intereses espurios; porque los ciudadanos aparezcan por delante de las empresas; porque los gobiernos no actúen con impunidad allá donde hay conflictos; porque la sostenibilidad y la prosperidad del planeta cobre protagonismo frente a la destrucción y el egoísmo.

La figura del reportero de guerra ha sido siempre mitificada por la sociedad. En esa mitificación está implícita una parte de respeto hacia el trabajo que realizan y no solo por el riesgo que corren. También por el respeto que genera la figura del que informa sobre realidades perdidas e injusticias sociales sin más recompensa que aportar a la sociedad el conocimiento de dichas injusticias, representar a sus víctimas e intentar que los conflictos terminen. Porque esa es una de las premisas del reportero: la búsqueda de la paz. Es cierto que la tragedia, el sufrimiento o la violencia suponen, según Xavier Giró “…la materia prima por excelencia de las informaciones que ofrecen los medios de comunicación”. Pero también lo es que la tendencia de los reporteros de guerra es alejarse de ese nombre que les convierte en cómplices lingüísticos de la sinrazón de la guerra y vincularse al concepto, acuñado por Johan Vincent Galtung, del periodismo de paz. 

Aunque puede ser justificada por otras cuestiones, esta tendencia sirve para posicionar la figura del reportero como un profesional que informa sobre un conflicto del que desea su fin, y aleja en cierta forma la idea preconcebida del reportero de guerra clásico, generalmente unida al concepto bélico y no al pacifista.

Por tal motivo, se puede también justificar la necesidad de la figura del reportero no solo por lo que aporta a los medios de comunicación su trabajo. También por la premisa de paz que conlleva su trabajo y la forma de trasmitir dicha premisa a la sociedad.

Más allá de los reporteros, cuyo riesgo suele ser proporcional al del conflicto que cubren, periodistas de todo el mundo son asesinados por investigar causas relacionadas con el narcotráfico, el terrorismo, el tráfico de influencias y la corrupción o cuestiones de índole religiosa. México ostenta, por cuarto año consecutivo, el triste récord de periodistas asesinados en el ejercicio de su profesión. En lo que va de 2022, son ya 15 los profesionales asesinados sin que el Gobierno haya respondido aún a las peticiones de defensa de la libertad de expresión y de libertad de prensa, además de las de seguridad física y jurídica hechas por los periodistas. Esa cifra es casi el doble de los periodistas muertos en la guerra de Ucrania desde la invasión por Rusia en febrero de 2022.

En la propia Europa, tradicional garante de estas libertades, la Comisión Europea presentó el pasado septiembre la Ley Europea de Libertad de los Medios de Comunicación, con la intención de proteger la independencia editorial y la trasparencia en la propiedad de los medios. Esta Ley surge tras producirse en los últimos años asesinatos de periodistas en países como Malta, Eslovaquia o Grecia, buscando garantizar la seguridad de los periodistas ante las presiones de mafias, oligarcas y, en ocasiones, los propios Estados.

Por todo ello y buscando poner fin a los asesinatos contra periodistas, el 2 de noviembre es el Día Mundial de poner fin a los crímenes contra periodistas. En 2022 se cumple una década conmemorando la efeméride. La ONU tiene un compromiso férreo con la seguridad del gremio de los periodistas, garantes de la libertad de información y capaces de dar su vida por reflejar la realidad.

Sirvan para terminar las palabras del secretario general de la ONU, António Guterres, en defensa de los periodistas y de las libertades que los deben amparar: “Insto a los Estados Miembros y a la comunidad internacional a que se solidaricen con los periodistas de todo el mundo, hoy y todos los días, y a que demuestren la voluntad política necesaria para investigar y perseguir con toda la fuerza de la ley los crímenes cometidos contra los periodistas y los trabajadores de los medios de comunicación”.

Velar por la seguridad y el trabajo de los periodistas es cuidar la sociedad en la que vives.

Fernando Ávila, profesor del grado en Comunicación Audiovisual en la Universidad Europea/The diplomat.