Opinión

Objetivos, victorias y derrotas

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Existe un famoso aforismo, todavía en bastante uso, que dice “En la guerra y en el amor, todo vale”; aforismo, que se emplea para excusar o justificar cualquier cosa que se haga o método que se emplee en los trances bélicos o amorosos para alcanzar o conquistar los objetivos fijados, sin importar la buena o mala calaña de aquellos por muy sucios que puedan llegar a ser los argumentos o cualquier otra argucia, artimaña, truco o trato empleado, porque la causa lo merece o, simplemente, por exigencias del propio guion o la estrategia a seguir.

Frase curiosa por dos principales motivos; en primer lugar, restringe la justificación del uso o empleo de todo tipo de estratagemas limpias o no a solo dos conceptos, la guerra y el amor al enunciarlos claramente. Este motivo de exclusividad se traduce en que el mencionado grado de permisividad sin límites para ambos conceptos supone que todos los demás conceptos de la vida o relación social queden excluidos de tal propiedad o privilegio.

En segundo lugar, volviendo a la propia frase y a su significado, vemos que gracias a ella y mediante dicha autorización, se hermanan dos artes que aparentemente no tienen nada en común según su propia idiosincrasia o definición por mucho que ciertos filósofos o sociólogos los quieran emparentar.  

En cualquier caso, y dejando atrás las disquisiciones filosóficas y sociológicas que pudieran embarullar aún más el tema; dicha sentencia popular, asume que el uso de todo tipo de acciones positivas o negativas, sin que nadie se ofenda o extrañe, queda aceptado y sin límite a dos casos muy cotidianos y francamente presentes en la vida aunque realmente sean o estén alejados entre sí.

Llegado a este punto, me asalta una pregunta que jamás me he sabido contestar y que paso a trasladar al respetable por si alguien me la pudiera aclarar ¿por qué la Política, a pesar de todo su entramado y lo que estamos viendo últimamente, no está incluida en este concepto del todo vale?   

La respuesta puede que se encuentre en el mismo concepto o definición general de lo que es la política que viene a ser algo así como  “La actividad orientada en forma ideológica a la toma de decisiones de un grupo para alcanzar ciertos objetivos”. También puede definirse como “una manera de ejercer el poder con la intención de resolver o minimizar el choque entre los intereses encontrados que se producen dentro de una sociedad”.

Concepto, que diversas fuentes sostienen que procede del antiguo griego πολιτικός politikós, masculino de πολιτική politikḗ, que significa «de, para o relacionado con los ciudadanos». La utilización del término ganó popularidad en el siglo V a.C. cuando Aristóteles desarrolló su obra titulada justa y precisamente “Política”. 

En un sentido más amplio se la entiende como “el arte, doctrina, táctica, habilidad u opinión referente al gobierno de los Estados”. Por tanto, puede que dado lo que representa y la magnanimidad de su cometido siempre se haya pensado en ella como el arte y casi una ciencia empleada en la contienda entre los políticos en la que basan sus actos en el debate. Debates, que durante siglos y salvo excepciones, solían regirse por una serie de normas sociales y éticas suficientes para mantener a aquellos dentro de ciertos límites que nunca se podían ni debían sobrepasar.

La cortesía, el ejemplo, la verdad o la ausencia de la mentira y el buen hacer casi siempre han sido o debido ser los caminos a seguir por los políticos durante siglos en la mayoría de los famosos auditorios políticos, senados, cámaras y cortes de las que los pueblos se han dotado para realizar y llevar a cabo la política y el desempeño de las funciones de los políticos en ellas representados. 

Si bien es cierto, que además del pueblo soberano como última instancia para elegirlos, premiarlos o reprocharlos; siempre han necesitado la presencia y dominio  de un director, moderador, tribuno, presidente o jefe de cámara que modere las normas y los modos y formas instituidas para que los mencionados parámetros  jamás sean saltados ni olvidados por los que ejercen la política.

No deja de ser cierto también, que siempre que tales formas y modos se han saltado, no han traído más que graves consecuencias para al pueblo, país o imperio que las han sufrido porque en tales casos, los pretendidos inamovibles pilares de lo que debe ser la política y sus normas se han quebrado y ello ha llevado a revueltas, sublevaciones, guerras civiles, a situaciones de tiranía o de expolio de su pueblo o nación.

Considero obligatoria esta larga reflexión ya que debido a causas varias y de diversa complejidad como: el paso de los años de grandes innovaciones de carácter general; la evolución y modernización de los procedimientos; la aparición de nuevas tecnologías; la grave intrusión de los medios y redes en todas las facetas de nuestra vida, incluidas las cámaras legislativas hasta en directo; las nuevas tendencias sociales; la continua pérdida de valores morales, éticos y la falta de educación y la pérdida del respeto mínimo que debe mantenerse para el normal desarrollo de sus funciones, el entendimiento y el dialogo entre los designados para ejercer la política, han ido reduciendo y aparcando aquellos modos y maneras; algunas bien peculiares y hasta anecdóticas que arrastraban tradiciones de siglos y propias de personas serias, educadas y preparadas cual caballeros de rigor y palabra. 

Hoy, y cada vez con mayor frecuencia, todo es distinto, queda poco de la sagacidad y habilidad del arte de la esgrima y del florete de guante blanco entre los diputados y senadores en sus duelos parlamentarios; todo es más brusco, rápido e imprudente y hasta muchas veces, más parecido a un circo romano que a una Cámara. 

La negociación política nunca ha sido fácil bajo cualquier tipo de régimen y ambiente; pero hoy puede afirmarse, que en la mayor parte del mundo dicho acto o acción sublime no es nada ejemplarizante; al contrario, es áspera; desconfiada; falaz; llena de basura e intrigas y hasta de merchandising para impresionar al público, pillar al oponente despistado o fuera de juego y basada en golpes de efecto; basada en maniobras inesperadas, alianzas imperfectas o desesperadas entre extraños e impensables compañeros de cama. Con impresentables coaliciones, acusaciones basadas en falacias o en cosas totalmente falsas y donde cada vez más, el insulto es más una norma que la excepción y en donde la generosidad y efectividad personal y laboral de los representantes brilla por su ausencia. 

Por desgracia, cualquier Cámara hoy es considerada como un puesto de trabajo bien remunerado, con múltiples cuchipandas, bagatelas y prebendas, el lugar en el que la gente se asegura el porvenir con el mínimo esfuerzo y donde el espíritu de servicio al pueblo, brilla por su ausencia. Con estas actitudes y profundos cambios, hemos conseguido prostituir la cuna y el templo de la libertad del pueblo al que rige y que la sustenta.  

Con un ambiente y unos protagonistas tan hostiles, no es difícil entender que todos aquellos mezquinos que se dedican a dichos menesteres entiendan que están más en un campo de batalla que en una Cámara, Senado, Parlamento, como miembro de un Gobierno serio y cabal o formando parte de una oposición cuyo principal papel, no es enfangar y desprestigiar.

Vemos por el mundo a muchos presidentes y primeros ministros -de países que oficialmente no son dictaduras- que ocupan y demoran durante muchos años su salida de los puestos que ejercen y que por Ley o decisión popular, deberían haber abandonado previamente. Demasiados son los que se mantienen gracias al terror policial o la fuerza de las armas y masacran a la oposición y al pueblo que protesta por tanta hambre e injusticia que ellos mismos y sus políticas les hacen pasar. 

Todavía existen muchos gobiernos, que repelen con fuerza y sin compasión toda manifestación en contra de sus políticas erróneas; con personajes que desaparecen en vuelos extraños hacia dorados exilios donde gozar de sus muchas riquezas amasadas tras haber sido robadas al pueblo llano y con personas que habiéndose dedicado a la política, se han convertido en auténticos mafiosos que dejan en pañales a la auténtica camorra. 

Por todo lo expresado, dados los hechos manifiestamente palpables y que gran parte de la llamada Comunidad Internacional acepta, aplaude, mira para otro lado, acoge o mima sin vacilar a aquellos que ejercen su villanía con toda impunidad, no sería de extrañar que el mencionado dicho popular se ampliara en breve para incluir la política en primer lugar por ser aún más grave, ruin y mendaz que lo criticado en las malas artes o caminos empleados en el amor o la guerra. 

Sánchez e Iglesias

Un ejemplo que avala mi propuesta lo encontramos en la última jugada o cambio radical de opinión del ínclito presidente Sánchez realizado en menos de 48 horas del último proceso electoral. Tras más de seis meses estancados política y económicamente, dando vueltas a los pros y contras de aliarse con Podemos, engañarnos con toda serie de mentiras e inventos sobre si sería o no capaz de dormir con un Podemita en su gabinete o gobierno; sin encomendarse a casi nadie, ni a sus “sagradas y por él inventadas bases” ni a sus amoldadas ejecutivas, se lanzó junto a Pablo Iglesias a la firma del pacto del abrazo o del insomnio, para presentarnos con todo el descaro del mayor y gélido impávido, las bonanzas de un gobierno en coalición con el mismo que, hasta el día anterior, era abominable y en horas veinticuatro, nos lo presentó como “imprescindible y progresista” en un acto y ejemplo de absoluta amoralidad.

Progresista, palabra que tiene sus bemoles; porque puede llegar a impactar como todo lo que se inventa y se repite hasta la saciedad al incluir conceptos que nadie conoce en su significado real y al que suele recurrirse para quedar bien o a la hora de engañar a los que por naturaleza o por desgracia personal, no tienen mucha lucidez ni capacidad para aumentarla hasta límites de normalidad. 

Tras una campaña entre ambos tomada como una batalla o auténtico duelo a cara de perro y sin miramientos; llena de basura, salivazos, reproches y desdenes aparecieron con tamaño libelo y un abrazo de amor fingido dos seres que se odian a muerte. Solo se entiende tal hazaña al ser Iglesias una persona poco ética y decente que tiene grandes y más que suficientes tragaderas para engullir algo tan gordo, ruin y lleno de inquina; y además, hacerlo en tan poco tiempo para no poder digerir todo lo mucho y malo dicho sobre su persona y forma de pensar. 

A nadie se le escapa que ambos, con esta rápida maniobra, verdaderamente, tratan de ocultar sus respectivos desastres electorales tanto propios como del partido que dirigen, tiranizan  o subyugan. Se han visto obligados a improvisar en un panfleto y un abrazo un principio de acuerdo para hacerlo, deprisa y corriendo antes de que las propias bases o sus órganos de dirección les despellejen y exigieran responsabilidades no haber sido capaces de pactar hace seis meses ya y por la pérdida de cientos de miles de votos y varios escaños cuando esperaban subir mucho en unos y otros, tras el esperado y finalmente gran descalabro de Ciudadanos. 

Con este acto de puro teatro barato y aparentando  celebrar una "victoria" que no es tal; se han lanzado a formar, rápido, a cualquier precio y sin un detallado programa, el peor posible gobierno como forma de ocultar su nefasta acción y efectos y llenar en todo lo posible su consuelo personal.

A Iglesias, quien también tiene sus grandes pérdidas en las pasadas elecciones -menores que las esperadas inicialmente- le da igual que le llamen de todo, hasta sucio y apestado con tal de conseguir un asiento en un gobierno que sin duda, será el peor y el más clasista del mundo entero y pueda vender esa su “inventada y pactada victoria” como el resultado de la paciencia y la presión sin igual. 

Hasta corren mentideros de que esta maniobra falaz y rastrera es pura y clara idea de Iglesias, que se cuajó en pocas horas y que él ya la tenía mascullada entre su círculo cercano del partido. 
De este modo logrará que por primera vez en la historia reciente de España forme parte del gobierno un partido populista de corte comunista, similar a otro similar vivido en España en el siglo pasado bajo la denominación de “Frente Popular” de nefastos recuerdos y peores resultados y primo hermano a los de aquellos dictadores comunistas que disfrazados de socialistas, actualmente, en otros continentes explotan a su pueblo hasta la última gota de su sangre y sudor. 

Las cosas para ampliar los apoyos que coadyuven a hacer efectiva tal sucia negociación parecen ir por el buen camino en su opinión; a ninguno de los dos les intimida en absoluto que para llegar al poder tengan que depender de los votos o las abstenciones de separatistas, golpistas y filo etarras que odian a España y solo pretenden su destrucción. 
Esto parece que se logrará sin gran dificultad tras el necesario paripé, cierta dilación en el tiempo para contentar a las respectivas huestes y un elenco de vergonzosas cesiones, que pronto buscarán acomodo y "congruente explicación" a pesar de haber montado Sánchez su campaña pregonando a los cuatro vientos el compromiso formal de hacer todo lo contrario. 

Llegado a este punto, conviene recordar, que tras este vergonzoso acto sin par; por fin, tras muchas dilaciones, una instrucción y un juicio larguísimos y con mucha dificultad, múltiples zancadillas de todo tipo y verdaderos obstáculos casi imposibles de salvar, se ha conocido la larguísima sentencia sobre los EREs en Andalucía. Sentencia, incomprensiblemente dilatada varias veces para “no interferir” en los muchos procesos electorales anteriores y por la que se ha llevado a  19 de los 21 ex altos cargos de la Junta de Andalucía y del PSOE (dos han sido presidentes de la Junta y del propio partido) a imponerles grandes penas por prevaricación y/o malversación.

Acto este, que cómo quien oyese llover en la lejanía, no ha sido motivo de reflexión, disculpa o petición de perdón por parte del partido ni por aquel que llegó a la situación en la está, subido en una moción de censura basada en la supuesta corrupción de Rajoy. Corrupción, que nunca ha sido probada ni juzgada como tal; hecho de sobra conocido y de todos sabido por lo que estimo, no hay que volver a repetir por ser una verdad descomunal.

Pero, aun peor que quien ya nos tiene acostumbrados a negar la mayor y mirar para otro lado ante todo tipo de acusaciones graves sobre corruptelas personales o en su cercanía, desprecios a las instituciones y reglas para todos pero que ha decidido que no rigen para él, bochornosos plagios, con personal de su equipo fuera de la moralidad con la Hacienda pública y contra sus preceptos, múltiples engaños internos o externos y por mantener una nefasta política económica e internacional, nos aparece en pantalla la increíble doble vara de medir de Iglesias. 

Nefasto personajillo que llegó a la política como el látigo de la transparencia y la lucha contra la corrupción y ahora, ante tales evidencias y sentencias, no le importa formar un gobierno de coalición con un partido dos veces acusado y juzgado por Corrupción y en esta ocasión por haberse pulido -en el mayor caso de corrupción en Europa de toda la historia- 680 millones de euros que oficialmente estaban  destinados a solucionar los problemas de los trabajadores en paro en la región europea con el mayor índice registrado histórica y realmente. No sé, dónde ambos personajes pueden guardar el menos ápice de ética y moral.        
Cuando los políticos se convierten en amorales y pierden la ética, no les importa nada ni se dan nunca por aludidos por muy duras que sean las circunstancias y hasta las penas cantadas. Por lo que respecta a los demás partidos del arco parlamentario allí están; divididos en dos grupos claramente definidos; unos a sacar todo lo posible por sus "cainitas apoyos" y el resto mirando al gentío con “dos palmos de narices” por ir a votar el pasado 10 de noviembre -a pesar de haber sido avisados-  sin concierto ni arreglo previo. 

Rivera, el de Ciudadanos, aquel que llegó desnudo a la política, ya cayó y pagó caro sus pocos aciertos, muchos egoísmos y su forma de marear a todos al no centrarse en nada. Esperemos que cunda el ejemplo y esto de la clase política, quede algo más limpio, saneado y efectivo del que sufrimos hoy en día.  

A la vista de lo visto propongo que el famoso dicho quede como sigue “En política, la guerra y el amor, todo vale” así su significado será mucho más claro, real y estoy convencido de que se entenderá mejor.