Opinión

Omán en la encrucijada

Sultán de Omán

El Sultanato de Omán, con capital en Mascate, es un país localizado en el extremo oeste de la Península Arábiga. La suya es una ubicación crucial desde el punto de vista estratégico, pues ante sus costas, en el estrecho de Ormuz, se encuentran el Golfo Pérsico y el Océano Índico. Por este estrecho pasa el 63% del comercio marítimo del petróleo mundial, según la Administración de Información de la Energía estadounidense en 2017. Sin embargo, las reservas de petróleo y gas de Omán son más modestas que las de sus ricos vecinos en Arabia Saudí, Qatar o Irán, lo cual limita la influencia que el sultanato podría aspirar a tener en Oriente Medio. Esta es una región crónicamente inestable, cuyos conflictos están en gran medida condicionados por la pugna que mantienen desde hace cuatro décadas los dos países más importantes de la zona, Arabia Saudí e Irán.

Nadie entendía la dinámica regional como el Sultán de Omán Qaboos bin Sa’id, fallecido el 10 de enero de 2020 a los 79 años tras una larga enfermedad. El sultán Qaboos ascendió al trono omaní en 1970 gracias a un golpe de estado apoyado por el Reino Unido, desplazando a su propio padre el sultán Sa’id. Durante los cincuenta años en los que Qaboos reinó sobre Omán la economía de este país se disparó: de 1980 a 2015 el PIB nacional se multiplicó por catorce. Por otro lado, Omán sigue siendo hoy un estado totalitario en el que el sultán detenta un poder prácticamente absoluto y en el que las dos cámaras del Parlamento tienen una función poco más que consultiva.

Nuevos desafíos

La muerte de Qaboos desató preocupaciones en Omán debido a la ausencia de descendencia del sultán. Su fallecimiento tuvo lugar apenas una semana después del asesinato del general iraní Qassem Soleimani a manos de Estados Unidos, desestabilizando todavía más Oriente Medio. Sin embargo, rápidamente se nombró a un sucesor, Haitham bin Tariq, primo de Qaboos y, al igual que éste, un hombre educado en Inglaterra, de talante tranquilo y diplomático. Se espera que el nuevo sultán Haitham continúe con la senda de su antecesor. Sin embargo, Omán tiene ante así desafíos políticos y económicos que pondrán a prueba su fortaleza y, por extensión, la de Oriente Medio.

Y es que el sultán Qaboos supo navegar hábilmente en los convulsos mares de la política regional de Oriente Medio, moderando los peores impulsos tanto de Arabia Saudí como de Irán. En palabras del propio sultán, Omán se convirtió en la Suiza de Oriente Medio. Bajo su mandato Omán se erigió como el principal mediador en una región asolada por tensiones y conflictos constantes. Omán se convirtió en uno de los únicos puentes entre la monarquía saudí y el régimen de los ayatolás en Irán. Al fin y al cabo, Omán se encuentra a la sombra de estas dos grandes potencias, y el estallido de un conflicto a gran escala podría tener efectos dramáticos para el sultanato. 

Mantener el frágil equilibrio de fuerzas en Oriente Medio es así pues de una vital importancia para Omán. Además, la economía de este país de 4,9 millones de habitantes es muy dependiente del mercado global del petróleo: las exportaciones de crudo supusieron el 74% de sus exportaciones en 2019. Evitar enfrentamientos entre saudíes, iraníes y norteamericanos en el Golfo Pérsico que puedan desembocar en una desestabilización del mercado de petróleo es pues de crucial importancia para mantener su economía a flote. 

En los últimos años, Omán ha trabajado en la llamada Agenda 2040, proponiéndose diversificar la economía para evitar que sus fortunas económicas estén siempre ligadas al petróleo. Atraer turismo e inversión extranjera se revelan como elementos cruciales de esta estrategia. Por el momento, China ya ha invertido 11 mil millones de dólares en el puerto omaní de Duqm, que aspira a convertirse en un enorme centro industrial y económico y así rivalizar con ciudades Dubái o Abu Dhabi en un futuro.

Un mediador regional

En definitiva, Qaboos supo explotar la posición de su país como mediador neutro. Tras el inicio de la cruenta guerra civil en Yemen en 2011 Omán se declaró neutral, y de hecho ha actuado como el principal mediador entre las partes en conflicto. Omán también es uno de los pocos países árabes que han recibido una visita oficial de un Primer Ministro israelí, acogiendo a Benyamin Netanyahu en 2018. Los países occidentales también se han beneficiado recientemente de la singular política exterior omaní: en 2016 la mediación del gobierno del sultán fue clave para convencer a Irán de que liberase a una académica canadiense encarcelada durante casi cuatro meses. El sultán Qaboos cultivó relaciones diplomáticas con todos los países occidentales a lo largo de su mandato, toda vez que no renunciaba a establecer puentes con Irán. 

La postura omaní a medio camino fue clave en los meses previos a la firma del JCPOA, el histórico acuerdo nuclear entre Irán y varios países occidentales, entre ellos Estados Unidos y la Unión Europea. Omán se convirtió en prácticamente el único canal de comunicación entre los gobiernos americano e iraní durante las negociaciones que acabaron en el acuerdo en 2015, en virtud del cual Irán renunció a su programa nuclear durante los siguientes 15 años. De hecho, fueron oficiales omanís los que, según el exembajador americano en Omán Richard Schmierer, quienes sugirieron la posibilidad de que Washington acercara posturas con Teherán en el asunto nuclear.

Es imposible saber si el nuevo sultán podrá reivindicar otra vez el papel de Omán como mediador para mejorar las relaciones entre Irán y Estados Unidos, especialmente tras la escalada del conflicto entre los Estados Unidos e Irán, cortesía de la agresiva política exterior de Donald Trump, que forzó a su país a salir del tratado nuclear. El futuro político de Omán estará sin duda ligado a su economía, que se prevé que decrezca debido a la epidemia del coronavirus y el desplome del precio del petróleo del que todavía tanto depende. La progresiva desestabilización de Oriente Medio deja a Omán en una difícil encrucijada. Y por primera vez en cincuenta años, el sultanato deberá enfrentarse a los nuevos desafíos sin la presencia de Qaboos, precisamente cuando la moderación, el pragmatismo y la mediación que él exhibió son más necesarias que nunca.