Opinión

Parece que, de nuevo, en España empieza a amanecer

Elecciones Comunidad de Madrid

Debo confesar que he pasado unos años de mucha zozobra y gran preocupación por la deriva que España iba contrayendo de manos de unos dirigentes que, sin disimulo y con todo el descaro, buscan hacer de ella todo lo contrario a lo que nos comprometimos y conjuramos los que, con gran ilusión y fuertes dosis de esperanza, pudimos votar la Constitución Española en 1978.

Hemos visto de todo y casi nada bueno; se han cambiado los papeles, tanto que hasta aquellos que odiaban a España por pretender escindirse o porque luchaban bajo y con la bandera del terror, la bomba ciega y el cobarde tiro en la nuca por la espalda, son ahora los que tienen en sus manos los designios de España. Y todo, por una vergonzosa y execrable cesión a sus exigencias de un débil Gobierno (el más débil de toda la democracia) que necesita sus votos u otro tipo de apoyos para resurgir sus ideas decimonónicas y mantener sus posaderas en unas poltronas a las que no honran ni respetan. Poltronas, que no dudan en abandonar siempre que les surja un nuevo horizonte donde poder medrar, por muy incierto que este sea, o porque ven que se pone en peligro la continuidad de su prestigio o el futuro personal o colectivo del grupo que domina los designios de España con una férrea postura y actitud dictatorial aunque “oficialmente” proclamen lo contrario.  

Tras el cierre de los colegios electorales en Madrid y ya se pueden sacar algunas lecciones aprendidas a modo de conclusiones, porque son tan claras que no precisan de mucho pensamiento crítico ni de un análisis estructurado sesudo para alcanzar sus posibles consecuencias.

Las recientes elecciones en la Comunidad de Madrid son fruto de un estado de alerta permanente de la que era y seguirá siendo su presidenta, Isabel Ayuso quien, tras muchas alarmas e intentos de golpes bajos y sucios, previó y se adelantó a las desastrosas consecuencias del “efecto mariposa” que nació en Murcia de la mano del mayor gurú de la perversidad y cerebro oculto del Gobierno a la sombra, Iván Redondo con la inestimable y nada “altruista” colaboración de un partido, Ciudadanos (Cs); partido, que ya agonizaba a los dos años de obtener sus mejores resultados, como consecuencia de su defectuosa actuación o inacción en Cataluña, aspiraciones diversas hacia la izquierda, rencillas personales, zancadillas y codazos entre sus dirigentes por ocupar los mejores puestos o tener una mayor visibilidad.

Muchos observadores y analistas políticos y hasta su mismo partido, no las tenían todas consigo a la hora de conocerse la decisión de convocar elecciones por anticipado. Pero Ayuso, supo ver la conveniencia, a pesar de los muchos consejos en contra, de desmantelar aquella maniobra que nació entre corruptos en Murcia, para “oficialmente” luchar contra una corrupción, inventada y no demostrada en el PP. 

Maniobra, que quedó pronto truncada por una ágil reacción de contrapeso y los atacantes (PSOE y Cs) sólo obtuvieron una pieza menor, el alcalde de la capital murciana, a pesar de haberse montado todo como una cacería de altos vuelos o mayor como así se les llama, para llegar hasta la toma por asalto, mediante una apalabrada o en ciernes, aunque reiteradamente negada, moción de censura en la Comunidad de Madrid. 

La experiencia nos demuestra que Sánchez es un especialista en llegar a los sitios por la puerta de atrás o moldeando mociones de censura basadas en dimes, diretes, medias verdades y hasta en falsos testimonios amañados por cualquiera, incluso jueces, sin venir a cuento y sin justificación alguna. Una maniobra de este tipo más en su haber, no era cosa extraña y además, al ser habitual en él, se encontraba en dicho ambiente como pez en el agua.

La rápida reacción de la presidenta madrileña dejó, literalmente, con el culo al aire a Iván Redondo, a Sánchez y al “tonto útil”, aunque en este caso totalmente inútil, Aguado; el vicepresidente madrileño de Cs quien se había pasado toda la legislatura, poniendo trabas en el camino de su jefa, llevándole la contraria y hasta proponiendo cosas diametralmente opuestas al ideario o temario oficial de un Gobierno que, a todas vistas, no funcionaba. La ocasión la pintaban calva, y Ayuso entendió que de un zarpazo se podría quitar de encima a los mochuelos que la estorbaban, le hacían daño y además, si lo hacía bien, hasta podría obtener mayores réditos o consecuencias, como así ha sido y a continuación veremos.

Tras aquella reacción, en Moncloa saltaron las señales de alarma, los agitadores, al verse sorprendidos por su descuidado y más débil flanco, y a tenor de las encuestas internas proporcionadas por el CIS de Tezanos cuyos verdaderos resultados se ocultaban a la mayoría de los mortales, entendieron que había que poner todo tipo de trabas para que estas no se celebraran y el peor de los casos, la mejor carne en el asador para contrarrestar los efectos en una balanza que, en tan corto espacio de tiempo, era muy difícil equilibrar. 

Posiblemente, alguna mente perversa -muy probablemente Redondo- apuntó que el grave problema generado durante más de dos años de continuos desprecios, ataques frontales y perversidades manifiestas contra la presidenta y la población de una región, a la sazón la más prospera y generosa con el resto -por aportar más que nadie a las arcas comunes sin recibir más que palos a cambio- era poner a las cabezas más visibles al frente de sus partidos en Coalición (PSOE y Unidas Podemos), Sánchez e Iglesias y esperar que su tirón personal apaciguara los impulsos de la osada e intrépida Isabel que, poniéndose la Comunidad por montera y sin muchos o ningún apoyo político -ni siquiera en su propio partido- se lanzó a la aventura en busca de una mayoría absoluta o al menos suficiente, para gobernar en solitario y poder aplicar sus políticas sin moscones rondando a su lado, que la retrasen o despisten a diario.   

En dicho contexto, conocimos la abrupta salida de Pablo Iglesias del Gobierno para encabezar la candidatura de su partido a gobernar la Comunidad y ponerse al frente de la izquierda en la región. Salida, decretada como “cese” para poder cobrar una cuantiosa y suculenta subvención. Hemos podido ver a un Iglesias totalmente desbocado; convertido en alguien a quien todo se le iba de la mano, como enviar a sus matones personales a sueldo a boicotear las palabras de Vox en Vallecas y atacar con piedras y palos a las fuerzas policiales, mientras tildaba a dicho partido de fascistas y de sembrar el odio o, sobreactuando sin mesura ni decoro con unas oxidadas balas como si fueran una grave amenaza o llamando él y sus secuaces de todo menos bonitos a los votantes y a los que se encuentran a gusto siguiendo las ideas del PP, sus ofertas y forma de actuación.         

También vimos a Sánchez en plena esencia, actuando de actor principal en los primeros mítines, de campaña basados en un ideario rancio, guerra civilista y demasiado manoseado, con un pobre Gabilondo -al que se le obligó a confesar que era un “soso”- actuando de telonero o segundón y haciéndole cambiar totalmente de prontuario y de programa hasta tres veces en el corto espacio de la campaña. Un partido socialista que ha usado a muchos de sus cargos en el gobierno a hacer propaganda, sucia y malintencionada, como la absurda navaja (aumentada casi cien veces) que con afán mostraba a la prensa la ministra de Industria acusando a VOX, a sabiendas de que “la feroz amenaza” era fruto de los desvaríos de un enfermo mental, que hasta puso su remite en el sobre en el que se la envió. 

Un ministro del Interior y una directora general de la Guardia Civil que han perdido la poca honorabilidad que les quedaba por participar activamente en los mítines, donde nunca debieron aparecer en aras de la oficial neutralidad de su cargo, por ocultar datos muy relevantes en el tema de los activistas a sueldo, y por atacar a los partidos que nada tenían que ver con esa feria montada en su contra, que, por ser tan burda, pronto en sus propias manos les explotó. 

En definitiva, una vez más pudimos comprobar la baja ralea de Sánchez ya que, a medida que avanzaba la campaña y comprobaba que su intento era vano, fue abandonando y distanciándose de su candidato; tanto que para que no le salpicara, le relegó a un hotel cercano a la sede del PSOE para no verse ni un poco salpicado de los malos resultados que su forzado invento cosechó. 

Hemos visto a un director del CIS mintiendo descaradamente, poniéndole la guinda a la porquería en la que ha convertido una institución tan seria, afamada, costosa y bien dotada de medios y personal, que jamás sufrió tanto cómo con él a los mandos del timón de la mentira, lo absurdo y la degradación. Un Tezanos que además de ejercer dicho cargo por enchufe partidista, que no por méritos ni valía, también dirige una revista socialista en la que se permitió ofender a los madrileños que votaban al PP, llamándoles “tabernarios” a dos días de su encuentro con las urnas. 

Una RTVE, que en plena campaña, una enchufada periodista en un programa de gran audiencia por la mañana, otrora encargada de la predicción del tiempo en los telediarios, se preguntase extrañada, como era posible que todavía algún madrileño pudiera votar a Ayuso y, a la ínclita, nada le ocurrió. 

La otra parte implicada en el fallido aquelarre, Cs, a la vista de la que se les venía encima y que todas las culpas apuntaban al exvicepresidente Aguado, le apartaron de los focos y pusieron a su mejor efectivo actual, Edmundo Bal para tratar de salvar los platos rotos de una catástrofe anunciada y que ellos mismos cocinaron; quien, aunque no lo hizo mal del todo, se esforzó y trató de pegar los platos rotos con pegamento caducado, el mal ya estaba hecho y muy mal resultado cosechó.   

Ayuso a lo suyo, poco a poco empezaba a ganar confianza, entre propios y extraños; las principales empresas demoscópicas, que llevaban meses creyendo en ella y en sus posibilidades, pronto la destacaron como vencedora de una batalla en la que se presentaba sola contra el mundo y sin contar con muchos apoyos por parte de los medios y redes salvo de algunos que llevamos años animándola a seguir en el empeño, porque intuíamos que pronto podría dar a los lobos hambrientos y a los malos agoreros un gran revolcón. 

La candidata de VOX, Roció Monasterio y su permanente mosquetero, Abascal, salvaron los muebles y avanzaron tan sólo un escaño más gracias al victimismo al que los socialistas y comunistas les encasillaron y porque del desmembramiento de Cs había mucho donde pescar. Al final de la campaña tuvieron que bajar mucho los decibelios y aspiraciones para presentarse como útiles y necesarios y pronto se vieron obligados a dejar de aspirar a dirigir la derecha como resultado final.

Por último, aparece la hasta ahora desconocida candidata de Más Madrid, Mónica García; una señora médico que miente más que habla hasta en su CV. Que a pesar de su profesión, propone en su ideario desmantelar el Hospital Isabel Zendal con lo admirado y necesario que ha demostrado ser en mitad de una grave pandemia lo que dice bien poco de su profesionalidad.  Aunque, como último eslabón ha sabido aglutinar a los desquiciados o cansados de tanta mentira en una izquierda en desbandada porque, quizá sea la más moderada que todas las que le precedieron o le acompañan en cargos visibles de su partido y en toda la izquierda madrileña. Una señora que con el mismo número de escaños que el PSOE, le sobrepasa por tener unos 5.000 votos más y por ello, se convierte en la lideresa de la oposición relegando al hasta ahora partido hegemónico en la región a la durísima tercera posición. Situación delicada esta, de la que aún resta por ver que otras muchas consecuencias tendrá a nivel nacional.

Iglesias, tal y como lo tenía premeditado y comentado -porque no se calla ni bajo el agua-, antes de terminar el recuento total de los votos, anunció que abandonaba la política y todos sus cargos, no recogería el acta de diputado regional (para, entre otras cosas, cobrar los 15 meses que le corresponden de compensación por su cargo como vicepresidente segundo del gobierno) y que se dedicará a otros menesteres en la enseñanza universitaria de la que salió, siendo un mediocre profesor no titular o cobrando pingues sueldos en tertulias de baja calidad o en programas de propaganda marxista, financiados por fuerzas o países extraños con oscuras agendas que fomentan el desconcierto en países democráticos con el afán de disturbar.

Con dicho gesto ha confirmado su inconstancia, que la política le cansa, que no es serio ni tenaz y que lo suyo son los aires de grandeza. Todo apunta a que quedar al mando de la última fuerza política en la Asamblea madrileña no era un plato de buen gusto para su alter ego personal. Veremos en breve donde pica este pollo y de qué gusanos se quiere alimentar. 

Su marcha personal, puede ser el preludio de algo más, al igual que los roedores abandonan el barco cuando este se va hundir, también puede implicar que el partido que nació del 15M y estuvo a punto no hace mucho, de sobrepasar al PSOE, esté dando sus últimos estertores y en breve desaparezca como otros que hemos visto pasar del todo o casi todo a la nada en pocos años.

En lo personal, Gabilondo, queda muy afectado por haberse visto forzado a todo y al comprobar que su partido le ha abandonado, puede que en breve saque el billete de partida y se dedique a otras cosas como la docencia de donde nunca debió marchar.

Monasterio, en menos de un día, se ha dado cuenta de la realidad y ya ha bajado sus humos y ha ofrecido su apoyo a la investidura de Ayuso, sin aparentemente, pedir nada a cambio;  aunque a la espera de que alguna pera en dulce, en el futuro le pueda deparar.

Edmundo Bal, en pago a sus esfuerzos, y como los generales nombrados antes de la caída de Hitler, ha sido elevado a la segunda autoridad de un partido que agoniza y que posiblemente al igual, e incluso antes que Podemos, desaparezca del elenco político y quede absorbido por otros. Dos fracasos totales en tan corto espacio de tiempo en Cataluña y en Madrid, no hay perro pichi, que lo pueda aguantar.

La lideresa de la oposición madrileña deberá medir mucho sus palabras y salidas de pata de banco, sus exabruptos y sobre todo, los ataques contra la sanidad madrileña, porque son propios de algarada y de pancarta y muy alejados de la realidad. Está por ver su capacidad de proponer algo coherente y que sirva de ayuda a los ciudadanos. Cuando deje su postura actual, podrá mejorar mucho, y si no lo hace, pronto correrá la misma suerte que Podemos en unos años más.

Por último, Ayuso que ha demostrado ser una resistente gladiadora en solitario, no se debería dejar embaucar por los cánticos de sirena ni por los piropos interesados de los que antes la criticaban y ahora la quieren adular por si hay alguna tajada que sacar.  Hoy ha hecho unas declaraciones muy serias en el programa de Herrera y creo que ese es el camino que debe llevar, no dejarse impresionar, remangarse y ponerse a trabajar en serio en su programa sin dejarse despistar. Corresponde a otros transpolar o no resultados, ella tiene su compromiso y lo debe tener limpio y claro tanto personalmente, cómo por el equipo del que se vaya a rodear.

Este es el epitafio de unas elecciones, en las que nadie creía, muchos despreciaban y pocos pensaban que de ellas, tantas cosas podían pasar.