Opinión

Peligroso sálvese quien pueda dentro de la Unión Europea

Ursula von der Leyen y David Maria Sassoli

El cierre de las fronteras de Alemania con Francia, Austria, Suiza y Luxemburgo so pretexto del avance incontenible del coronavirus constituye una señal alarmante. La decisión de la canciller Angela Merkel no es la primera, puesto que otros países de la Unión Europea ya han adoptado medidas parciales en el mismo sentido, pero el mayor peso germano en el conjunto comunitario hace mucho más visible la sensación de que cada Gobierno hace lo que quiere, con escasa o nula coordinación con los demás socios. En suma, cunde la impresión del sálvese quien pueda. 

Tan grave es la cascada de autoaislamiento de algunos países que la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, hubo de comparecer este mismo domingo para intentar detener un proceso de indudable fragilización. Para la jefa del Ejecutivo comunitario, este proceso es tan peligroso que podría conducir incluso al rompimiento del Mercado Único. La libre circulación interior de mercancías ya había sufrido un durísimo revés por parte de Alemania y Francia, cuyos gobiernos habían vetado la exportación del material médico reclamado desesperadamente por una Italia desbordada por la explosión de afectados por el COVID-19, con una letalidad superior al 7%.

Von der Leyen no puede ir más lejos en sus admoniciones, toda vez que los gobiernos europeos no han querido nunca transferir las competencias de Sanidad e Interior a Bruselas, materias para las que siempre es necesario hallar consensos y cooperación, pero sobre todo coordinación, que en no pocos casos deja bastante que desear. 

El meteórico ascenso de víctimas de la pandemia en España llevaba también a que se disparara el número de países que rechazaban la entrada de españoles o bien a imponerles cuarentenas. En Francia, afectada asimismo por un fuerte ascenso de infectados, la presidenta del Reagrupamiento Nacional (RN), Marine Le Pen, exigía al presidente Macron la misma noche de la primera vuelta de las elecciones municipales el cierre de las fronteras con Italia y España.

Amenazas de desabastecimiento 

Para la Comisión, estas medidas no solo suponen trabas a la libertad de movimientos de personas sino también a la libre circulación de mercancías, lo que podría desembocar en el desabastecimiento de fábricas y comercios, ya bastante tocados por el parón registrado por los suministradores de China. La hipotética vuelta de hecho a las fronteras interiores asestaría un golpe quizá decisivo a un Mercado Único, que desde su entrada en vigor en 1993 ha sido el gran pilar del desarrollo económico europeo. 

El coronavirus, que inicialmente se consideró un problema que apenas afectaría a Europa, más allá de la reducción de sus intercambios con China, se ha convertido ya en la tercera gran crisis que la Unión afronta en lo que llevamos de siglo XXI. La de 2008 fue esencialmente financiera, pero asestó un golpe mortal a las aspiraciones de la UE de erigirse como la tercera superpotencia global frente a Estados Unidos y China. La segunda, la de la migración de 2015, atacó los grandes valores democráticos que hacían de la UE el paraíso democrático soñado por cientos de millones de asiáticos, africanos y latinoamericanos. Ambas crisis debilitaron seriamente el edificio comunitario, provocaron heridas en su cohesión y abrieron la espita del Brexit. La actual, provocada por el coronavirus, podría ser incluso más letal, habida cuenta de esa debilidad y de la evidente falta de liderazgo, lo que parece impedir a muchos dirigentes europeos convencerse de que sus medidas estrictamente nacionales apenas palian el problema. 

Von der Leyen era taxativa: “Los vetos nacionales de vender equipos de protección a otros estados miembros no son buenos. Hoy es Italia quien precisa rápidamente de grandes cantidades de productos médicos, pero en unas semanas serán otros países los que puedan necesitarlos”. No lo mencionó, pero seguramente pensaba en España, sin ir más lejos.