Opinión

Pence y Harris, números uno

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En el segundo debate de las presidenciales los candidatos a vicepresidente de Estados Unidos, el republicano Mike Pence que ya lo es en este momento, y la demócrata Kamala Harris que puede serlo por primera vez en la historia, ofrecieron al público un discurso prometedor y una imagen solvente. Lo que no habían conseguido el también ex - vicepresidente Joe Biden, ahora número uno y candidato demócrata venido a menos, y el presidente que a fuerza de no haber sabido nunca que significaba ser el segundo, ahora es posible que deje de ser el número uno. Miles de votantes interesados en las razones mucho más que en las sinrazones, certificarán con su voto si se han decantado por los demócratas que Kamala Harris representa con sus valores de respeto a la diversidad de género e identidad y el carisma de una mujer libre y comprometida, O si optan por los republicanos como Mike Pence, convincentes en sus ideas y moderados en su forma de expresarlas. Buenos gestores, respetuosos con las instituciones y democráticamente, convencidos. 

La historia más reciente de los vicepresidentes en Estados Unidos no es siempre reconfortante. Su balance es más bien desigual. Nixon que lo fue de Eisenhower, perdió las elecciones de 1960 en un debate televisivo, según recuerdan los cronistas, con el joven Kennedy. Johnson que sucedió a Kennedy después de su asesinato, ha pasado a la historia por bombardear de manera inclemente Vietnam, mientras montaba su proyecto interno de la Gran Sociedad abriendo con él la falla de San Andrés de las guerras culturales, que perviven en una América que aún no ha resuelto, cinco décadas después, la grieta entre pobres y ricos, ni entre blancos y negros. Ford, asumió la presidencia en calzoncillos tras el Watergate que había mostrado todas las vergüenzas de Nixon y de la democracia americana. Bush padre, después de derribar el muro de Berlín junto a su número uno Reagan, no pudo cruzar el Rubicón de la globalización en 1992. Y Al Gore, después de cruzarlo junto a Bill Clinton por las autopistas de la información, se quedó como Moisés en el Monte Nebo por haber cometido el pecado de perder un puñado de votos en Florida. 

Joe Biden tiene la oportunidad de recuperar el poder para los demócratas, después de que Hillary Clinton le cerrara las opciones para la carrera electoral en 2016. Una mujer que no llegó a la presidencia ni a la vicepresidencia, pero sí a la Secretaría de Estado en el primer gobierno de Obama, donde tuvo un papel muy desafortunado en el apoyo a las primaveras árabes y en la aplicación del entonces llamado Smart power que resultó un estrepitoso fracaso. La republicana Condolezza Rice, mano derecha de Bush hijo también en la Secretaría de Estado en los momentos duros y finales de su mandato o Madelaine Albright, Secretaria de Estado de Clinton en algunos de los años mejores de la democracia americana más reciente, sobrepasaron en su balance con creces a la que fuera primera dama y eterna candidata demócrata a la presidencia en los primeros años del siglo XXI. 

Pero las pequeñas historias electorales no siempre son respetuosas con la gran historia de la política. Truman, vicepresidente de Roosevelt durante unos pocos meses durante la segunda guerra mundial se encontró, al fallecer éste, con la responsabilidad de sellar la guerra con pactos y bombas atómicas, e inmediatamente después, de iniciar la guerra fría y el tortuoso camino de buena parte del mundo hacia la democracia. En su reelección, estuvo a punto de salir derrotado. Nixon abrió las puertas a China y cortocircuitó la posibilidad de un eje comunista en Eurasia, pero ha quedado en la historia política de Estados Unidos como el peor presidente que la memoria recuerda. George Bush, el mejor preparado y más moderado líder republicano, se vio superado por un inexperto político local de salón, apellidado Clinton. 

Kamala Harris y Mike Pence representan la cara de América frente a la cruz de la política. Si Biden o Trump ganaran las elecciones, la opinión pública está tranquila y confiada. Porque detrás de la figura imponente, patética o insustancial del que vaya a ser el hombre más poderoso del mundo, está la sombra plural y sosegada de los vicepresidentes. Números uno, detrás de los dos.