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Opinión

Primer año del Gobierno Draghi, llega el momento de hacer balance de su gestión

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Aunque formalmente, no será hasta el 13 de febrero de 2022 cuando el Gobierno Draghi cumplirá su primer año de vida, y sabiendo que más de uno se pregunta si, para ese momento, Draghi ya no será para ese momento Presidente del Consejo de Ministros, sino el nuevo Jefe del Estado, habida cuenta que para ese momento habrán finalizado las votaciones para elegir al nuevo inquilino del Palacio del Quirinal, llega el momento de hacer balance de su primer año de gobierno.  

Ya hemos comentado en anteriores ocasiones que parece bastante improbable que Draghi pase de “premier” a Jefe del Estado, aunque tampoco puede negarse que las posibilidades existen, ya que reúne las condiciones fundamentales para sustituir a Sergio Mattarella: edad (acaba de cumplir 74 años, uno más de los que tenía Mattarella cuando fue elegido a finales de enero de 2015); prestigio y trayectoria intachable (ahí están sus años en la Dirección General del Tesoro, en el gobierno del Banco de Italia y en la presidencia del Banco Central Europeo); amplio nivel de apoyo (tanto entre fuerzas políticas como entre la población); conocimiento de las instituciones, y talante fuertemente europeísta. 

Pero, suceda lo que suceda, lo que es seguro es que Draghi va a ser seguro prácticamente un año completo Primer Ministro: ya han transcurrido diez meses desde su toma de posesión, cumplirá once mientras se esté votando para el nuevo Presidente de la República y, de ser finalmente elegido sucesor de Mattarella, tomará posesión faltando unas dos o tres semanas para llegar a este primer aniversario como Presidente del Consejo de Ministros. Lo que, como decimos, nos lleva a hacer balance porque no es poco lo que ha sucedido durante ese primer año de gobierno a cuyo frente ha estado este prestigioso banquero y economista. 

Lo primero que debe reconocerse a Draghi es que su figura ha traído mucha tranquilidad a la fácilmente alterable política italiana. Es tal su nivel de prestigio que no ha habido político alguno de relieve que se haya atrevido a cuestionarle: ni siquiera Salvini, que lleva liderando de manera ininterrumpida todas las encuestas de intención de voto desde septiembre de 2018. Menos aún lo iba a hacer “il altro Matteo “ (Renzi), que fue quien ecabezó el movimiento para que Draghi fuera el nuevo Presidente del Consejo de Ministros. En realidad, sólo ha habidos dos fuerzas de oposición, y muy matizadas: unos Hermanos de Italia que se inclinaron por abstenerse en lugar de dar la “fiducia” a su gobierno, y un sector minoritario del Movimiento Cinco Estrellas encabezado por Barbara Lezzi que ni sabe lo que piensan (como suele suceder con Cinco Estrellas, la formación política más desacreditada de todo el arco parlamentario por su elevadísimo nivel de incompetencia) ni hacen nada contra el Ejecutivo. 

En relación con ello, Draghi ha querido asumir por completo el papel principal dentro del gobierno. En las comparecencias semanales ante la prensa, suele aparecer él solo, salvo que deba acudir algún ministro en concreto (el que más, Roberto Speranza, por ser el titular de Sanidad y por tanto quien directamente gestiona la campaña de vacunación), y resulta más que notorio que intimida, y mucho, a los periodistas que le preguntan. No están acostumbrados a una persona con tanto empaque y nivel de preparación, y la mayor parte de las veces le hacen preguntas para salir al paso. 

A partir de ahí, Draghi ha demostrado tener una enorme habilidad: hizo un gobierno donde todas las carteras importantes (hasta siete) irían a parar a personas de su confianza o de la de Mattarella (Cartabia, en Justicia, y Lamorgese, en Interior, son “hijas políticas” del veterano político y jurista siciliano, no nombramientos de Draghi), y el resto de ministerios fueron a parar a las formaciones que estaban dentro de la “maggioranza” que apoyaban el Gobierno Draghi, distribuyendo dichas carteras en función de su peso específico parlamentario (Cinco Estrellas se llevó cuatro porque es quien más parlamentarios posee, mientras la Italia Viva de Renzi hubo de conformarse con una porque es la segunda que menos aporta tras Libres e Iguales, el partido de Speranza). 

Con un Parlamento completamente controlado, Draghi ha ido ejecutando uno a uno sus objetivos: creación de su propio “Recovery Fund” con el compromiso de cumplir reformas fundamentales, como la de la Justicia (eso sí, aún pendiente de votar en el Senado) y con ello petición de una elevadísima suma de dinero a la Unión Europea; aplicación con celeridad de la campaña de vacunación a través de la puesta en marcha del llamado “green pass”, con el que pretende acorralar cada vez más a los que se niegan a vacunarse; y, finalmente, firma de un tratado bilateral con la Francia de Macron a través del cual se conforma un eje italo-francés que haga frente a Alemania y sus aliados del centro y norte de Europa (los llamados “países frugales”).  

En relación con esto último, parece claro que Draghi, a diferencia del anterior gobierno, no piensa para nada ir de la mano del gobierno español: sabe que su presidente (Pedro Sánchez) y su gobierno, además de ser una coalición sin mayoría absoluta, tiene al frente un dirigente (el mismo Sánchez) que no tiene la más mínima entidad para hablar de tú a tú al banquero y economista romano. En otras palabras, considera que Italia debe hacer bloque con Francia porque España no hace más que quedarse rezagada, y más que lo estará dado el elevadísimo nivel de incompetencia, amén de la falta de sentido de Estado, del conjunto de su clase política (bien sabe Draghi que con Casado habrá más de lo mismo, si es que algún día llega a la Moncloa, así que mejor no pensar en operaciones conjuntas con los españoles). 

Ahora al Gobierno Draghi solo le falta la aprobación de la Ley de Presupuestos Generales del Estado (PGE), que no debe ser particularmente complicada aunque hay dos asuntos bien espinosos: qué hacer con la “renta de ciudadanía” (y aquí sabe que necesita los votos del Movimiento Cinco Estrellas, autor de esta “renta de ciudadanía”), e igualmente qué hacer con el tema de la edad de jubilación (¿recuperación o no de la Ley Fornero?). No será un asunto fácil: tanto Renzi como el centroderecha están en contra de la “renta de ciudadanía”, y, a su vez, el Movimiento Cinco Estrellas y la Lega no quieren saber nada de recuperar la Ley Fornero. Pero seguro que se avendrán a un pacto, porque, si Draghi deja de recibir el apoyo de la “maggioranza”, se marchará tranquilamente a su casa y ello obligará a unas elecciones anticipadas de la que no quieren ni oír hablar ni Cinco Estrellas, ni PD, ni Italia Viva, ni unas cuantas fuerzas políticas más. 

Finalmente, destacar que este primer año con Draghi como Presidente del Consejo de Ministros ha dado la posibilidad a la tercera economía de la eurozona de recuperar mucho protagonismo en el ámbito internacional: durante unos días, y a cuenta de la reunión del G-20 (las economías más poderosas del mundo más las emergentes), Roma, la ciudad natal precisamente de Draghi, se convirtió en el centro de la atención de todos los medios de comunicación, y ello fue porque Draghi presidió ese encuentro del G-20. 

En cuestión de poco más de un mes sabremos si hay segundo año del Gobierno Draghi o no, porque está en el aire que pueda ser el nuevo Presidente de la República. Para quien escribe estas líneas la previsión es que no será el finalmente elegido, pero cierto es igualmente que es una de las pocas figuras que puede aglutinar tanto apoyo en torno a su persona. Y ya sabemos que hay un precedente de antiguo Gobernador del Banco de Italia y Primer Ministro que acabó siendo Presidente de la República: se trataba del livornés Ciampi, Presidente entre 1999 y 2006. Y debe recordarse que Draghi fue un colaborador muy estrecho de Ciampi. Claro que, con encuestas en mano, ¿qué tal llevaría Draghi, Doctor por el Instituto Tecnológico de Massachussets, encargarle formar gobierno a un Matteo Salvini que dejó la carrera a medias para meterse en política con veinte años? ¿Y qué tal sería la coexistencia entre ambos siendo uno fuertemente europeísta y el otro todo un abanderado del antieuropeísmo por mucho que ahora abjure de ello? 

No adelantamos acontecimientos: la previsión en este momento es que Draghi sea Primer Ministro hasta mediados de 2023, y que Salvini sea quien le sustituya porque parece asegurada una victoria del centroderecha en las siguientes elecciones “políticas”, siendo el partido de Salvini el que cuenta con mayor intención de voto. Lo único cierto es que Draghi está realizando una gestión impecable, y que en España se debería seguir el modelo de la Constitución italiana en lo referido a las funciones del Jefe del Estado: el papel “ceremonial” que asume nuestro monarca impide que tengamos un Draghi en España. Y pueden estar seguros que nosotros también tenemos personas tan válidas como el banquero y economista romano (quizá no tanto, pero sí muy cercanas): el único problema es que nuestro sistema constitucional no lo hace posible. Pero quién iba a decir a nuestro “padres constituyentes”, allá por 1977-78, que la política española acabaría un día “italianizándose”.  

En todo caso, en el tema de la gobernabilidad la suerte ha caída del lado de Italia, y no de España. Han puesto al frente del gobierno a su mejor hombre, y las consecuencias ya están ahí: para finales de 2023, nuestros vecinos habrán recuperado (y hasta sobrepasado), el PIB que tenían en febrero de 2020 (antes de comenzar el coronavirus), mientras a nosotros pueden esperarnos tres, cuatro o cinco años hasta que finalmente lo logremos. Y Draghi, mientras, a modernizar su país, al que ha dedicado toda una vida en diferentes puestos de relevancia: afortunados ellos.

Pablo Martín de Santa Olalla Saludes es Profesor del Centro Universitario ESERP y autor del libro Historia de la Italia republicana, 1946-2021 (Madrid, Sílex Ediciones, 2021).