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Opinión

Rendición de cuentas o rendición política

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Durante estos días me venía a la cabeza un artículo que escribí a finales de 2017 titulado ‘El gofio de la discordia’, donde recordaba las vicisitudes y peripecias de cierto millón de euros que el Cabildo de Gran Canaria, gobernado por Nueva Canarias, entregó ad hoc al Frente Polisario en concepto de ayuda humanitaria para los campamentos de Tinduf. Lo peculiar de aquel caso es que el millón de euros se entregó íntegramente en gofio (para los que no lo sepan, el gofio es un alimento típico canario. Es una harina hecha a base de cereales tostados y molidos, especialmente trigo y maíz).

“Un millón de euros en gofio es mucho gofio”, recalcaba por aquel entonces el portavoz popular Felipe El Jaber. Aquel millón de euros de gofio para el Sáhara se aprobó en el Pleno del Cabildo debido a que la procedencia del dinero correspondía, supuestamente, a un acuerdo confidencial exprés NC-PP a nivel nacional, con la mediación directa de Mariano Rajoy. Al menos esa fue la justificación que dio el perenne consejero de Solidaridad Carmelo Ramírez durante aquel pleno. 

Aquella ayuda extra a los campamentos quiso venderse públicamente como un logro personal del Cabildo vía Madrid, más allá de que la ayuda humanitaria destinada en aquel año por su Consejería de Solidaridad ascendiese a 2,1 millones de euros para diversas acciones solidarias, y donde ya se preveía una partida presupuestaria hacia Tinduf previa a ese millón adicional. Aquí ya se podía comprobar el trato de favor del Cabildo hacia el Polisario, dada la desproporción en el reparto de estas ayudas, tan solo por una cuestión meramente personal del consejero Ramírez hacia el Sáhara, en detrimento de otros potenciales destinatarios necesitados de esas ayudas.

Pero lo sospechoso, y que pasó desapercibido en aquel momento, es que seis meses antes, durante una visita de dirigentes saharauis, ya se les había prometido aquel millón de euros por parte del presidente del Cabildo Antonio Morales. Así, sin votación. Aquello fue tan extraño que incluso Podemos se abstuvo en la votación meses después, algo revelador tratándose de la importancia de esta cuestión para una formación política que también simpatiza con el Polisario. Quizá percibieron un cierto tufillo a opacidad, o incluso una posible malversación.

Esa es la cuestión que ahora nos ocupa, la opacidad, la ausencia de transparencia. Resulta que hace escasos días la inscripción del partido Nueva Canarias fue cancelada con fecha 12 de julio de 2021 en el Registro de Partidos Políticos por el Ministerio del Interior previa sentencia judicial, por no rendir cuentas de los ejercicios de los últimos cuatro años. Carmelo Ramírez, que además de lo anterior es secretario de Organización de su partido, se mostró sorprendido por la baja del Registro de Partidos Políticos, con excusas un tanto peregrinas. Que si no habían recibido requerimiento alguno, que si seguían recibiendo las subvenciones, que si el cambio de sede, que si nos ha extrañado muchísimo. Visto lo visto, a lo mejor tampoco sabían que llevaban cuatro años sin presentar las cuentas. Será que se presentan solas, o por ciencia infusa.

Ni el desconocimiento de una norma te exime de cumplirla, ni el desdén hacia dicha norma tampoco, los hechos tienen consecuencias. Y un secretario de Organización de un partido que se presume serio no puede salir a la palestra tras un bochorno como este y soltar una retahíla de excusas semejante. Unas declaraciones que denotan cierto cinismo. No en vano sorprende ese supuesto y poco creíble desconocimiento de los hechos desde el partido, máxime cuando ya hace más de un año del borrado del registro, y cuando la normativa deja bien a las claras que, antes de llegar a la vía judicial, el registro de partidos envía un apercibimiento. Hubo pandemia, puedes tener problemas un año, pero ¿cuatro?

Volvamos al principio de este artículo, y recordemos que aún persisten los vínculos de hermandad de Nueva Canarias con el Frente Polisario. Como se suele decir popularmente, las parejas terminan pareciéndose entre sí. En este caso incluso en la decadencia. Del ocaso de unos en la orilla de enfrente, hemos llegado a la de los otros en apenas un espacio corto de tiempo. En ambos casos comparten cúpulas de poder alérgicas a la jubilación donde, a la vista de los hechos, la transparencia y el saber rendir cuentas no ha sido precisamente su fuerte. Ahí es cuando llega la otra rendición, la política.