Opinión

Se restablece el eje Estados Unidos-Europa

Atalayar_Biden Unión Europea

El acuerdo entre el presidente Joe Biden y los líderes europeos Charles Michel y Ursula von der Leyen, para poner fin a la guerra arancelaria entre Estados Unidos y la Unión Europea, es sin duda el mejor síntoma de que las dos orillas del Atlántico vuelven a la normalidad de una relación privilegiada. El destrozo causado por Donald Trump en esa alianza intercontinental no queda completamente subsanado por los frutos  cosechados en la primera gira al exterior del presidente norteamericano, pero es palmario que marca un giro radical.

La disputa entre los dos gigantes de la aeronáutica mundial, Boeing y Airbus, se remonta a 2004, fecha a partir de la cual EE UU y la UE se acusan mutuamente de impedir la libre competencia mediante ayudas de Estado o incentivos fiscales, y decretando también sucesivas medidas de castigo arancelarias que terminaban perjudicando a sectores distintos de los directamente concernidos. La industria agroalimentaria española, por ejemplo, ha sido víctima propiciatoria de esas represalias cruzadas, haciendo bueno una vez más el dicho africano de que cuando dos elefantes pelean quién más sufre es la hierba.

De momento, el acuerdo establece una suspensión por cinco años de los castigos arancelarios mutuos: 6.900 millones de euros a los productos europeos que entran en Estados Unidos; 3.400 millones a las mercancías americanas que llegan al mercado único europeo. En el próximo lustro habrán de limarse en principio las muchas aristas y desconfianzas, pero es un primer paso. En ese capítulo de renormalización habrán de entrar otras industrias, consideradas “neurálgicas” por ambas partes, especialmente la siderurgia y el aluminio, a propósito de las cuales el anterior inquilino de la Casa Blanca vino a acusar a Europa, además de a varios países de Asia, de una intolerable competencia desleal.

En vías de encauzamiento asimismo el gravísimo problema que presentaba la fiscalidad de las grandes corporaciones tecnológicas norteamericanas, Biden ha querido plasmar con hechos y trascendentales acuerdos el giro que quiere imprimir a su mandato. Aparte de sus raíces irlandesas y de su gran conocimiento de la cultura, la historia y la innegable aportación europea a la economía y la percepción del mundo, Biden también está impulsado en este movimiento por la aceleración de China para erigirse como la gran superpotencia rival de Estados Unidos, con los inevitables intentos de suplantar a éste en todos los sectores de influencia y poder.

Así, pues, el principal foco de atención y preocupación de Washington no ha variado; es el Pacífico, pero en su disputa con el liderazgo de Pekín, que se augura cada vez más dura, Biden vuelve a los manuales clásicos: haz las paces con tus amigos y aliados y conforma con ellos un frente  lo suficientemente potente como para medirte a tu verdadero y gran adversario o enemigo.

Tal movimiento favorecerá lógicamente el fortalecimiento de la UE, que también ha recibido dos espaldarazos institucionales importantes: el trato dispensado por Biden a Michel y Leyen como auténticos líderes, indicio que también rompe con la costumbre de tratar, por encima de aquellos, con los de los Estados, y donde la Alemania de Merkel ha sido el interlocutor indiscutible de Washington desde hace al menos quince años, de una parte; y, de otra, la “amonestación” a Boris Johnson de que se tomara en serio los contratos que firma, y aplique lo convenido en el tratado post-Brexit con la UE respecto de los controles aduaneros en Irlanda del Norte.

La reafirmación de los compromisos con sus aliados de la OTAN, además de la redefinición de sus misiones conjuntas, la potenciación de la lucha contra los ciberataques y la decisión de ser más drásticos en las medidas contra la catástrofe climática completan la amplia panoplia de cuestiones destinadas, si no a cambiar completamente el mundo, sí al menos a  afrontar mejor pertrechados los nuevos retos del siglo XXI.

En muchos aspectos, lo que Biden ha vuelto a poner sobre los raíles queda lejos de aquel frustrado TTIP, destinado en principio a conformar un sólido eje euro-norteamericano. Trump se lo sacudió de un plumazo apenas llegó al poder, lo que dejó en ridículo a los miles de buenistas que se manifestaban en toda Europa en contra de aquel tratado. Pero, en lo que Biden coincide con Trump es en que las orejas del lobo chino se les antojan amenazadoras, de forma que era más que urgente recomponer la muy deteriorada relación con Europa.