Opinión

Solo sus valores fundacionales salvarán a Europa

Bandera de la Unión Europea

“La democracia ya ha muerto, solo que no nos hemos dado cuenta”. Tan contundente afirmación aparece al principio del libro ‘La tribalización de Europa’, obra de la danesa Marlene Wind, directora del Centro de Política Europea de la Universidad de Copenhague, defensora a ultranza del proyecto europeo, pero consciente de que “hay quién manipula y financia movimientos encaminados a fragmentar, atomizar, y, en definitiva, hacer explosionar a la Unión Europea”.

Wind es una de las expertas polemistas que han participado en las Conversaciones sobre Europa, intensas jornadas de debate presenciales y telemáticas, organizadas por la Asociación de Periodistas Europeos en y desde Madrid, con objeto de examinar la situación de una UE atacada y asediada, además de por la pandemia del coronavirus, por las grandes superpotencias, que desearían verla reducida a una dependencia seguidista de sus propias políticas. 

Cierto es que la gestión de la crisis sanitaria producida por la COVID-19 se ha circunscrito a los gobiernos nacionales, pero no lo es menos que Bruselas se ha puesto a la cabeza de la segunda fase de la tragedia, la relativa a la gestión de la crisis económica. En este examen se ha constatado que algunos países europeos han priorizado la defensa de las libertades mientras que otros han aprovechado la excepcionalidad para mermarlas o recortarlas. 

Libertad, igualdad, fraternidad, los grandes valores surgidos de la Revolución Francesa siguen vigentes (Paolo Flores d´Arcais). Suprimir el tercero lleva irremisiblemente a la relativización del segundo, y, por ende, deja inerme al primero. Europa no debiera olvidar sus fundamentos, los que la han hecho fuertes y los que la diferencian de los otros modelos socioeconómicos en pugna (Ana Palacio). La exministra de Asuntos Exteriores y dirigente del Banco Mundial clama porque Europa consiga de una vez hablar con una sola voz, a su juicio una de sus principales debilidades, que la sitúan en inferioridad frente a sus dos grandes rivales, Estados Unidos y China. 

La crisis está acelerando mutaciones sociales y económicas que se calculaban tardarían decenas de años (Roberto Sánchez). El secretario de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales estima que el salto causado por la pandemia es enorme, pero no tiene más remedio que reconocer el abismo abierto entre Europa y Estados Unidos por las tecnológicas americanas. Sería de una ingenuidad pasmosa no darse cuenta de que algunas de esas grandes empresas tienen una cifra de negocios equivalente al PIB de España, lo que contrasta con que las propias tecnológicas españolas, por ejemplo, tengan sus cotizaciones más bajas de la historia. 

Calentamiento global y cambios energéticos imparables

La prioridad de atender a la crisis sanitaria ha relegado a un segundo plano la que era prioridad planetaria antes de la pandemia, las consecuencias del cambio climático, motivado por un calentamiento global que sigue imparable (Miguel Arias Cañete). El exministro de Agricultura y excomisario de Energía de la Comisión Europea certifica que el 70% de los edificios de toda Europa son ineficientes energéticamente hablando, e insta a que las inversiones tengan en cuenta esas carencias para determinar una sociedad que será radicalmente diferente a la que conocíamos previamente a la pandemia.

Mete prisa para que los cambios energéticos se produzcan cuanto antes, porque “más vale incorporarse que resistirse”, aludiendo a que se acelerarán los cambios en la movilidad, de forma que diésel y gasolina desaparecerán como motores de nuestros medios de transporte antes de lo que pensábamos. Un cambio trascendental, que acarreará las correspondientes mutaciones en cuanto a capacitaciones profesionales, además de las de carácter social. 

En esta misma conversación salió a relucir la triste desidia española, expresada por ejemplo en que nada menos que ocho Comunidades Autónomas hayan dejado pasar el plazo para solicitar ayudas europeas al desarrollo de los automóviles eléctricos. Una acusación sobre la que pasa de puntillas Juan González Barba, secretario de Estado para la UE del Gobierno de España. Reconoce, sin embargo, que no hay un solo sector económico que no vaya a estar condicionado por la digitalización. También, que serán imprescindibles cambios profundos en cuanto a la productividad y a la arquitectura estructural de la economía española. Habría que añadir un poco más de diligencia siquiera a las abigarradas y no del todo eficientes administraciones españolas. 

Gran parte de los participantes en las jornadas coincidieron en que la primera condición para que el proyecto europeo siga adelante es que los ciudadanos crean en él. Esa es su fragilidad y asimismo su principal fortaleza, pero con el riesgo de que esos ciudadanos, acuciados por las perentorias necesidades del día a día, voten a partidos cuando menos euroescépticos. Si el Parlamento Europeo y las cámaras legislativas nacionales se llenaran de este tipo de fuerzas políticas el desenlace sería la desaparición misma de la Unión Europea. 

Es por ello que Marlene Wind advierte de la intensificación de la manipulación y la desinformación por parte de los populistas, a quienes acusa de haberse apropiado del concepto “democracia”, poniendo ese apellido a cualquiera de sus acciones, por muy evidentemente totalitarias que sean.