Opinión

Solución para la coalición del Gobierno italiano: ¿”rimpasto”, Gobierno no político o elecciones anticipadas?

Italia

La actual coalición de Gobierno sigue metida de lleno en su polémica interna en torno a la manera de aplicar el llamado “Recovery Fund” o “Fondo de Reconstrucción Europeo”. Una polémica que, además de tener perpleja a la mayoría de los italianos, resulta ciertamente muy complicada de explicar, y más incierta resulta aún la salida a esta. Ante esto, no son pocos los que se preguntan sobre si debe nombrar un nuevo Gobierno (lo que se conoce como “rimpasto”); si el presidente de la República debe tomar las riendas de la situación y apostar por un Gobierno no político que sea quien aplique el conjunto de los fondos europeos; y si no hay otra solución que convocar elecciones anticipadas ante las constantes confrontaciones entre los partidos que integran la coalición.

Lo más llamativo de todo ello es que las hostilidades fueron iniciadas precisamente por el primer ministro Conte, con el “visto bueno” (en la práctica) del Partido Democrático (y es de suponer que también de LeU), y tenían por objetivo a Matteo Renzi y su pequeño partido, llamado Italia Viva. Este se encontró con que su formación había sido excluida de la estructura creada por el ‘premier’ para poner en marcha los fondos europeos, y su reacción no pudo ser más airada: en un pleno en el Senado, con toda la oposición presente, Renzi acusó a su primer ministro (al que él mismo sostiene con sus votos) de haber convertido el Gobierno en una especie de “task force” y de haber ignorado por completo al poder legislativo, orillando el necesario debate parlamentario.

A partir de ahí, Conte no tuvo más remedio que iniciar consultas para comprobar si seguía existiendo la “maggioranza” de Gobierno: en otras palabras, para comprobar si el Gobierno que él preside desde septiembre de 2019 cuenta con los votos necesarios para poder seguir adelante. Y ya en esas consultas se pudo comprobar el grado de enfrentamiento entre Conte y Renzi: mientras para el diálogo con el Movimiento Cinco Estrellas y el PD, el ‘premier’ quiso dedicar hasta dos horas, en la conversación con el partido de Renzi (postergada además varios días, con largas entre ambas partes) invirtió... tan solo 40 minutos. Esta semana seguirá habiendo más reuniones entre el primer ministro y las diferentes formaciones de la coalición, y la fortaleza de esta será puesta a prueba durante las dos últimas semanas del año con motivo de la votación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) en ambas cámaras. En principio, los presupuestos deben salir adelante, porque apenas ha habido controversias entre los miembros de la coalición sobre los capítulos de gasto, pero la cuestión es qué sucederá después: en concreto, en la primera quincena de enero.

Ciertamente, lo más incomprensible de todo esto no esta sólo en la inoportunidad de este conflicto, con un país metido de lleno en la “terza ondata” de coronavirus y con el número más elevado de fallecidos de todo el continente europeo, sino en contra quién se ha “disparado” primero: Conte, primer ministro, lo ha hecho contra Renzi, quien, además de ser alguien con quien enfrentarse resulta muy peligroso, lidera un partido cuyos 18 senadores son clave para que el Gobierno se sostenga en pie. Pensemos que la suma de miembros de la Cámara Alta de los otros tres partidos (Cinco Estrellas, PD y LeU) alcanza tan solo los 132 miembros, a nada más y nada menos que 30 de la mayoría absoluta que se requiere en el Senado. Y que, a su vez, las tres fuerzas del centroderecha agrupan un total de 136 miembros, tres por encima de la suma de Cinco Estrellas, PD y LeU. Bastaría, de esta manera, con que el centroderecha presentara una moción de censura contra el Gobierno para que, con la abstención e incluso voto a favor de la moción por parte de Italia Viva (con un Renzi que, en el fondo, se siente más cercano ideológicamente al centroderecha que al centroizquierda), para que este automáticamente cayera. 

Cierto es que Conte es sabedor de dos realidades. La primera, que el partido de Renzi sigue muy abajo en las encuestas, con el permanente riesgo de quedarse fuera del Parlamento en caso de elecciones anticipadas. E, igualmente, que hay una muy evidente incongruencia por parte de Renzi a la hora de, por un lado, hablar y, por otro, actuar: pide que se le deja participar en la articulación del “Recovery Fund”, y en suma en la toma de decisiones para la reconstrucción del país, pero en la práctica sigue yendo completamente por libre. Así, mientras el PD, con 35 senadores, tiene a la mitad de los ministros del actual Gobierno (ostentando carteras tan importantes como Economía y Finanzas o Infraestructuras y Transportes), la Italia Viva de Renzi, con la mitad de los representantes en la Cámara Alta, tiene tan solo dos ministras (una de ellas sin cartera) y un subsecretario en Asuntos Exteriores, y todo ello por expresa voluntad suya.

Así que una posible salida a este conflicto sería la de conformar un nuevo Gobierno en el que seguramente el mismísimo Renzi tendría su cartera, con el fin de implicar de lleno a su partido en la suerte de la coalición. Con más de dos años por delante (las elecciones deberían convocarse en febrero o marzo de 2023), resulta necesario planificar entre todos la reconstrucción del país, y Conte, en relación con ello, no le faltaría razón si afirmara que Renzi no puede seguir yendo por libre: y, de no entrar éste en el nuevo Gobierno, sí que lo hicieran, al menos, un mayor número de miembros de su partido. Así que no debe extrañarnos que de todo este conflicto salga un “Conte-ter” (por ser su tercer Gobierno consecutivo) con los cuatro partidos formando una mayoría mucho más compacta que la actual.

Claro que otra salida, y más de uno debería percatarse de ello sabiendo de qué manera se las gasta el veterano político siciliano (nos referimos a Sergio Mattarella, presidente de la República), es que el jefe del Estado, a quien este tipo de conflictos irritan sobremanera, decida tirar por la calle de en medio y nombrar un Gobierno no político, lo que supondría un fracaso en toda regla de la clase política actual. En relación con ello, debe recordarse que ya se han dado parecidas circunstancias en el pasado y que la solución fue precisamente el nombramiento de un Gobierno no político: así sucedió con el Gobierno Dini en la legislatura 1994-96, y así sucedió también con el Gobierno Monti entre 2011 y 2013. Sin olvidar que el Gobierno Ciampi (1993-94) ya fue un primer esbozo de Gobierno no político: la mayoría de los ministros pertenecían a la clase política, pero el primer ministro (el hasta entonces gobernador del Banco de Italia y futuro presidente de la República Ciampi) no era un político, sino un economista sin adscripción ideológica alguna. 

El problema aquí es que, con partidos liderados por ex primeros ministros (Berlusconi por Forza Italia y Renzi por Italia Viva), ex viceprimeros ministros (Salvini por la Liga y en la práctica Di Maio por Cinco Estrellas) o exministros (Meloni por Hermanos de Italia), solo Mario Draghi tiene suficiente fuerza para imponerse sobre todos ellos, y Draghi seguramente no debe tener el más mínimo interés en ser primer ministro cuando le falta poco más de un año para su casi segura designación como presidente de la República. Sin embargo, en caso de un Gobierno no político no todo se reduce a Draghi (pensemos en el execonomista-jefe del FMI Cottarelli o el gobernador del Banco de Italia, Ignazio Visco) y Mattarella sabe que no se puede perder más el tiempo en guerras internas dentro de la coalición.

Lo que sí queda descartado como posible salida, al menos de momento, es unas elecciones generales anticipadas. El país sigue sumido de lleno en plena “emergencia sanitaria”, algo que va para largo tal y como se presentan las circunstancias actuales, y llamar a hacer campaña e ir a votar es como pedir a los italianos que vayan a una “carnicería” innecesaria a todas luces. De ahí que, cuando desde las filas del PD hablen algunos a la posibilidad del voto, todos sepan que no es más que una argucia para alterar al “disidente” Renzi, pero este es el primero que sabe que no se dan las circunstancias para convocar unos comicios generales anticipados. Y más aún estando en mitad del camino la elección del nuevo presidente de la República, ya que el mandato de Mattarella expira a finales de enero de 2022: no se puede repetir el ridículo de la primavera de 2013, cuando fue necesario pedir al presidente saliente (Napolitano) que revalidara mandato a pesar de que le faltaban solo semanas para cumplir los 88 años solo porque las principales fuerzas políticas eran incapaces de pactar un nuevo jefe del Estado.

Veremos de qué manera finaliza todo esto, pero no resulta nada fácil de saber teniendo en cuenta lo mucho que se detestan Conte y Renzi, viejos conocidos porque el primero ya era profesor en la universidad de Florencia cuando el segundo era el alcalde de ésta (hablamos de los años 2009-14). Parecía que ambos habían llegado a entenderse después de que Renzi en su momento llamara a Conte “la piu clamorosa fake news”, pero la realidad no es así. Y, una vez más, el presidente de la República “in campo” (aunque lo haga con la enorme discreción que le caracteriza) para resolver un conflicto tan encrespado como inoportuno. La solución a todo ello, en cuestión de días o, quizás, de semanas.

Pablo Martín de Santa Olalla Saludes es Doctor en Historia Contemporánea y autor del libro Italia, 2013-2018. Del caos a la esperanza (Liber Factory, 2018).