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Opinión

Tebboune, terrorismo en el Sahel y el silencio del Frente Polisario

Abdelmadjid Tebboune

El presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, realizó recientemente unas declaraciones en algunos medios árabes en las que exponía que "la amenaza terrorista ha adquirido proporciones alarmantes, especialmente en la región del Sahel y el Sáhara, y ha causado enormes pérdidas y daños humanos y materiales". Sorprenden tanto por lo inusual y novedoso, pese a las distancias marcadas con su antecesor, como sobre todo por el sentimiento que a uno le invade al escucharlas, dada la cantidad de veces que hemos recibido toda suerte de descalificaciones por los acólitos al Frente Polisario al denunciar el riesgo terrorista en esa zona durante años, posiblemente más de una década, en multitud de publicaciones. Especialmente cuando nos referíamos a la accesibilidad a las inmediaciones de los campamentos de Tinduf por parte de los elementos terroristas que conforman esa amenaza.

Además, Tebboune señaló que "las agresiones cometidas provocan la pérdida de vidas humanas, siembran el terror entre la población, aumentan la inestabilidad y el retorno de combatientes terroristas extranjeros, especialmente en Oriente Medio, así como los vínculos confirmados entre el terrorismo y el crimen organizado que proporciona a los grupos enormes medios financieros, mediante el pago de rescates, drogas, trata de personas, contrabando y piratería". No es que estas palabras sean precisamente un aporte novedoso a esta cuestión. Pero más allá de los esfuerzos de Argelia en materia antiterrorista —donde sin duda Marruecos destaca como líder regional— llama más la atención si cabe el reconocimiento público y explícito sobre esta terrible problemática por parte de determinados actores habitualmente reacios a ello.

Claro que, como no podía ser de otra manera, el presidente argelino omitió un detalle importante, la participación o implicación, directa o indirecta a lo largo de los años, de miembros del Frente Polisario. Y no será porque no llevamos tiempo reiterándolo. Por ejemplo, lo pusimos de manifiesto vía comunicado a raíz de la alarma provocada desde el propio Gobierno de España, a finales de 2019, por el riesgo de atentado terrorista en las zonas próximas a los campamentos de Tinduf. Alarma que rápidamente desde el aparato de comunicación del Polisario se apresuraron en desmentir criticándola duramente, e incluso mofándose de la misma, cuando en realidad se tenía conocimiento, a través de servicios de inteligencia extranjeros, de que podía producirse de forma inminente un grave atentado en Tinduf "contra ciudadanos españoles que pudieran estar en la zona", según fuentes del Gobierno español.

En aquel momento mostramos nuestro rechazo hacia la actitud irresponsable de los dirigentes del Frente Polisario que, instalado en su habitual teoría de la conspiración, calificó el aviso de “sospechoso”, vinculándolo con la visita a Madrid durante aquellos días del ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Nasser Bourita. En aquel momento la amenaza procedía principalmente del Estado Islámico del Gran Sáhara. Un grupo liderado por Abu Walid Abu Sahraoui, nacido en El Aaiún entre 1973 y 1971, yihadista saharaui exmiembro del Frente Polisario, que en mayo de 2015 proclamó su adhesión al Estado Islámico. Afortunadamente el citado sujeto fue neutralizado el pasado agosto por las fuerzas francesas, acabando con años de terror y sufrimiento provocados por este líder del EIGS. No en vano, debemos recordar que este sujeto ya tenía realizadas numerosas acciones en el espacio territorial de dicha zona, siendo los autores, entre otras, del secuestro de dos cooperantes españoles (Ainhoa Fernández de Rincón y Enric Gonyalons) y una italiana (Rosella Urru) en octubre de 2011 en los campamentos de Tinduf, por el grupo yihadista MUJAO, dirigido ya entonces por Al-Saharaui.

También lo habíamos denunciado anteriormente cuando en 2018 se dieron a conocer las conclusiones del informe SAFTE, del cual publicamos un resumen. Un informe cofinanciado por el Fondo de Seguridad Interior de la Unión Europea, que hace un balance del acceso de los movimientos terroristas al comercio ilegal de armas. El proyecto SAFTE —acrónimo de Studying the Acquisition of Illicit Firearms by Terrorists in Europe— es una iniciativa de investigación internacional que persigue, tal y como su nombre indica, el estudio e investigación de la adquisición de armas de fuego ilícitas por terroristas en Europa. Dicho informe se centraba en los países del norte de África: Argelia, Egipto, Libia, Marruecos y Túnez. Se incluye el Sáhara Occidental como territorio de estudio, y revela el aumento del comercio ilícito de armas de fuego en la zona, debido a la escasa capacidad de los Estados para controlar sus fronteras.

En el mismo se manifestaba que gracias al apoyo de algunos Estados, en particular Argelia y Libia, el Frente Polisario, estaba equipado con un arsenal relativamente grande, principalmente procedente de reservas libias y malienses. Asimismo, algunos excedentes acabaron en redes de tráfico de armas, con destino a Mauritania, por parte de excombatientes del Frente Polisario, desarrollando este tráfico ilícito transfronterizo en ambas direcciones (Sáhara Occidental/Mauritania). En este informe se implicaban indistintamente a MUJAO, AQMI, Al-Qaeda y al Frente Polisario.

En estas declaraciones, el presidente argelino ha recordado "las propuestas de Argelia en 2021 de adoptar un nuevo enfoque africano para insuflar nueva vida al esfuerzo colectivo de lucha contra el terrorismo y el extremismo violento, y tener en cuenta la inestabilidad en la región sahelosahariana y el recrudecimiento de la amenaza del terrorismo y otras amenazas". Independientemente de cuál fueren esas propuestas, lo que es evidente es que la situación en la zona ha cambiado ostensiblemente a peor, tal y como afirman muchos analistas en la matería. De hecho, hace unos días las tropas francesas confirmaron la muerte de un destacado terrorista de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Yahiba Djouadi, tal y como hicieron hace unos meses con el antes mencionado Abu Walid Abu Sahraoui.

Obviamente, sabemos que no es un asunto que se circunscriba solo al lugar al que nos estamos refiriendo. Sería pecar de ingenuidad o tendenciosidad, ya que es vox populi que la amenaza terrorista de la zona resulta un problema infinitamente más amplio en la actualidad, donde la inestabilidad política y las difíciles condiciones sobre el terreno facilitan el continuo trasvase de elementos terroristas, debido a la permeabilidad de las fronteras de los países implicados, entre otras muchas cuestiones adyacentes que lo ocasionan.

Pero, tal y como afirmamos en su momento, entendíamos que era y es irresponsable mirar hacia otro lado solo por una cuestión de estrategia o interés político, aludiendo a bulos o conspiraciones contra ellos, solo por el mero hecho de ver dañada la imagen de los campamentos de Tinduf, a la sazón, razón de ser o existir económica del Frente Polisario y sus líderes a través de las ayudas que llegan del exterior. Obviando así deliberada e imprudentemente la posibilidad real de que se produjese algún fatal desenlace en forma de ataque yihadista con víctimas solo por su propio interés personal. Sorprende pues de alguna manera que ahora el presidente argelino, con independencia de a quien vayan dirigidas esas manifestaciones, haya querido pasar públicamente por encima de su sobreprotección al Frente Polisario, hablando de una problemática real y cada día más preocupante. Ahora tocaría esperar que algún responsable del Polisario reprodujese tales afirmaciones de la máxima autoridad de su querido aliado.

Aunque no albergamos muchas esperanzas ya que, con este tema como con muchos otros, saben utilizar muy bien el disfraz del victimismo, ponerse a la defensiva y eludirlo con acusaciones cruzadas, al igual que hicieran en 2019 con el Gobierno de España y su ministra de defensa. O con cualquiera que osase secundar dichas tesis poniendo énfasis en el Polisario. Tal y como muchos llevamos años haciendo.