Opinión

Tentación escocesa

ESCOCIA

Un escaño tan sólo separa al Partido Nacionalista Escocés (SNP) de la mayoría absoluta de su Parlamento autónomo. En total, la formación encabezada por Nicola Sturgeon ha recolectado 64 curules, victoria aplastante en todo caso, asentada en gran parte en la promesa de convocar un referéndum de independencia. Una promesa  con la que comulgan también los ocho diputados conseguidos por el Partido Verde, que confirma así la sostenida tendencia ascendente de los ecologistas en todas las elecciones generales y regionales europeas. 

Salvo un cataclismo telúrico no es previsible en ningún caso que estas dos formaciones sucumban a las voces que sugieren que si Londres no se aviene a negociar la celebración de un nuevo referéndum, entonces hacerlo por la ilegal e ilegítima “vía catalana”, es decir saltándose todas las leyes constitucionales. El anterior referéndum en Escocia, celebrado en 2014 tras la victoria aún más aplastante del anterior líder del SNP, Alex Salmond, fue autorizado, conforme a las previsiones institucionales, por el Parlamento de Westminster, que es el titular de las competencias en todo lo concerniente a la legislación y relaciones entre las distintas naciones que componen el Reino Unido. 

En aquella consulta un 55% de los escoceses hicieron caso al eslogan “Better together” (Juntos Mejor) con el que el Gobierno de David Cameron les convenció para no independizarse. Decisivo resultó en aquella campaña el discurso de otro escocés, el ex primer ministro Gordon Brown, que acabó de decidirles a quedarse mediante una promesa simultáneamente a una amenaza: “Juntos nos iría mejor, por supuesto, pero si os separáis sabed que también os iréis de la Unión Europea”.   

Esa es precisamente la gran diferencia actual con la circunstancia de 2014. El Reino Unido, y Escocia dentro de él, ha abandonado la UE, decisión que si fue adoptada por un estrecho margen (52 a 48%) en el conjunto del país, tuvo en Escocia una lacerante excepción: 62% votaron contra el Brexit. En resumen, aquel resultado se aceptó en base a una premisa fundamental: permanecer en el Reino Unido era también quedarse en la UE. 

La jefa del Gobierno y del SNP esgrime ahora la ruptura de este compromiso como el argumento fundamental para la celebración de una nueva consulta que tenga en cuenta las nuevas y trascendentales circunstancias. Una pretensión que ya rechazó de plano el promotor del Brexit y actual primer ministro británico, Boris Johnson, que ahora, tras conocer los resultados de las elecciones escocesas, califica de “irresponsable y temerario” el intento de promover un nuevo referéndum de independencia. 

Europa no podría respaldar una ilegalidad

Muchos esfuerzos tendrán que realizar, sin embargo, los conservadores ingleses por evitar la realización de tal consulta. Fieles a las leyes, los nacionalistas escoceses estiman que, una vez celebrados los comicios regionales y comprobada la existencia de una mayoría que respalda la celebración de ese nuevo referéndum, serían los tribunales los encargados de dirimir las diferencias entre Londres y Edimburgo si previamente no hubiere un acuerdo político. 

Para Europa la situación es de tensión expectante. La salida de su seno del Reino Unido tiende a acentuar la simpatía hacia Escocia, el país que dice sentirse profundamente europeo y que, por lógica, quiere reintegrarse en la UE, de donde salió contra su voluntad mayoritaria. Pero, sería un error mayúsculo que Bruselas u otras capitales de algún o algunos de los Estados que componen la Unión apoyaran esa escisión si no fuere acordada entre británicos, especialmente entre Londres y Edimburgo, y no digamos si fuere mediante un golpismo a la catalana. Sería un malísimo ejemplo para los nacionalistas con pulsiones secesionistas que habitan en numerosas regiones europeas, de España a Suecia, pasando por Francia, Bélgica, Alemania o Italia. 

Como víctimas colaterales de estas elecciones escocesas hay que señalar al Partido Laborista, en su día hegemónico al norte de las HighLands. Paga cara su ambigüedad tanto antes con el Brexit como ahora respecto al referéndum de independencia. Este revés es un paso atrás en la carrera de Keir Starmer, que estaba intentando asentar un incipiente liderazgo para hacer frente a Boris Johnson. De momento y tras esta derrota, no parece que sea Starmer y el laborismo los que le desalojen de Downing Street, 10.