Opinión

Todos los días son lunes

Todos los días son lunes

Ha dicho este sábado el general Villarroya durante la rueda de prensa del Comité de gestión técnica del Coronavirus, para destacar que en esta guerra no hay días de descanso. El jefe del Estado Mayor de la Defensa, ascendido a teniente general en 2017, designado entonces por la ministra Cospedal como director del gabinete técnico del Ministerio de Defensa, y renovado en el cargo por la actual ministra, Margarita Robles. Un aviador competente y servidor de la nación. Al frente de la lucha contra el coronavirus junto a los otros mandos de las Fuerzas y Cuerpos de seguridad del Estado, y al resto de responsables civiles y científicos, igualmente competentes y al servicio del país, que gestionan la emergencia sanitaria y el estado de alarma en el que nos encontramos. Todos los días son lunes también para escuchar agradecidos el ánimo de un militar a la cabeza del combate contra un enemigo feroz, el virus y otro dañino, la incertidumbre. 

El mundo se ha globalizado aún más en estas pocas semanas en las que los ciudadanos chinos, italianos, españoles, americanos y de infinidad de estados soberanos padecen por igual una enfermedad e intentan paliar los efectos y contener los contagios. Pero el virus se expande y pone de manifiesto las debilidades políticas y otras provocadas por la falta de coordinación internacional. Un mundo que parecía abierto y donde las rivalidades en cuestiones comerciales crecían mientras se reducían algunas amenazas terroristas mientras los ciudadanos andábamos por ahí, cogidos con pinzas, se ha cerrado por imperativo sanitario y de seguridad. 

El orden multipolar, liderado por grandes potencias en competencia, sin embargo, no quiere darse cuenta de que ante la complejidad de los cambios hace falta diligencia y rapidez en la respuesta, pero también una gran estrategia de reconstrucción. Resulta repetitivo señalar que en la rueda de prensa de ayer en la Casa Blanca Donald Trump se volvió a referir al virus como “virus chino”; y que el Gobierno chino, si acaso el responsable no los ciudadanos, como recuerda Felipe Sahagún, respondió otra vez desde Pekín, planteando la posibilidad de que el Ejército americano creara el virus. Algunas informaciones en este nuevo lunes de desinformación apuntan a que se están vertiendo noticias falsas desde Rusia, aunque las noticias aparecen en Europa, víctima del contagio también y quién sabe si también exportadora de fake news.    

Rafael Calduch, catedrático de Relaciones Internacionales de la Complutense decía hace algunos meses en la Universidad Europea, “estamos viviendo el nacimiento de una nueva era en la comunicación humana cuyas consecuencias en la sociedad internacional aún no somos capaces de predecir, y cuya dinámica aún no somos capaces de interpretar”. Y María Teresa Laporte, profesora titular de Comunicación Internacional en Navarra, añadía: “las noticias falsas son una moderna forma de desinformación, en su naturaleza está la intención de distraer, distorsionar, desalentar y desestimar”. 

No podían imaginar ninguno de los dos, ni José Luis Castro, de la UPV, quien nos acompañó en aquella mesa redonda, que hoy la sanidad, el ejército y la sociedad civil estén a la cabeza de la gestión de una crisis global y de la comunicación veraz sobre la misma, mientras los líderes políticos de las grandes potencias y de las potencias que no lo son se enmarañan en dialécticas sobre un sistema que ha entrado en crisis, como lo hizo el de la postguerra fría después del atentado de las Torres Gemelas, aunque no quieran verlo aún. 

El próximo lunes, cuando llegue el día de reconstrucción, gracias a la acción de los profesionales, de la colaboración ciudadana, de los empresarios y de los medios de comunicación responsables, la sociedad global habrá salido reforzada. Una vez que recuperemos las prioridades humanas y abandonemos las dialécticas de la confrontación. Una vez que hayamos sentido el privilegio de haber tenido salud y unas condiciones dignas y solidarias, que nos han ayudado a superar la situación. Después de haber permanecido unidos a través de las redes sociales fiables y de las tecnologías que nos han respondido y acompañado. Después de haber tenido la oportunidad de trabajar con dos manos y trabajar la esperanza con una tercera, la de la fe.