Opinión

Trump y Clinton, la batalla final en el caso Epstein

Jeffrey Epstein.

El enganchón que tiene lugar estos días entre el presidente Donald Trump y el apellido Clinton deja en pañales lo ocurrido durante la precampaña y la campaña presidencial de 2016. Porque se ha mezclado la velada acusación de pedofilia contra la figura del expresidente Bill Clinton, y el actual inquilino de la Casa Blanca le ha dado carta de naturaleza a esa insinuación.

Una teoría conspirativa que está jaleando la versión de que participó en las orgías sexuales con menores que ahora han saltado a la luz con varios testimonios que han llevado al multimillonario Jeffrey Epstein a ser encarcelado, y a conocerse su muerte por un posible suicidio durante el fin de semana. Y Trump no ha tenido nada mejor que hacer este domingo que rebotar en Twitter el mensaje del humorista y figura mediática muy querido por los republicanos, Terrence K. Williams, en el que ponía en duda la versión del suicidio del magnate e introducía la sospecha de que alguien lo ha quitado de en medio por saber demasiado sobre las aficiones de Clinton: “Jeffrey Epstein tenía información de Bill Clinton y ahora está muerto”. Saquen ustedes las conclusiones.

Además, desde su lecho presidencial y en plena vigilia dominical, Trump ha retuiteado igualmente la información de BNL News según la cual hay documentos que revelan la presencia de destacados dirigentes demócratas, incluido el marido de Hillary, en viajes privados organizados por Epstein a su isla privada con menores como suculento “manjar” sexual. A la paradisíaca isla de Little St. James, en las Islas Vírgenes de Estados Unidos, la denominaba su propietario como “Little St. Jeff’s”. Para llegar a ella, había que tomar un barco desde St. Thomas, el ferry bautizado como Lady Ghislaine en honor a la presunta madame de esta red de pedofilia, la amiga de Epstein Ghislaine Maxwell.  

Todo esto dejaría pequeñas las acusaciones mutuas entre Trump y la campaña de Hillary Clinton, el posible espionaje, la utilización de las redes sociales y los correos electrónicos como ataque directo al adversario, la injerencia rusa... Todo esto es carnaza para que las televisiones americanas pasen el mes de agosto entretenidas con un escándalo de tráfico de menores, explotación sexual de niñas de corta edad y muchas toneladas de morbo político. Epstein se habría suicidado en su celda, pero las incógnitas surgen al cuestionarse por qué no se activó el programa de revisión anti-suicidio que lleva a los funcionarios del centro donde estaba internado a personarse cada media hora en su estancia y comprobar que todo está correcto. 

Pero, ¿cómo es el centro penitenciario donde ha muerto en extrañas circunstancias Epstein? El Centro Correccional Metropolitano (MCC New York) está situado en la avenida Park Row, en pleno distrito judicial de Manhattan, y enfrente del edificio de la policía neoyorkina, el New York Police Department. Apenas doscientos metros más al este se encuentra el puente de Brooklyn. Está por tanto en pleno Downtown.

En la ciudad, de esencia demócrata, se le conoce popularmente como “el Guantánamo de New York”, que ha albergado en sus celdas de máxima seguridad a Bernie Madoff, a Ramzi Ahmed Yousef, el autor intelectual del bombardeo de 1993 al World Trade Center o más recientemente al Chapo Guzmán, siempre prisioneros acusados de delitos de una especial gravedad. Quienes han estado dentro aseguran que las condiciones de aislamiento son enormemente severas, y que no es extraño que se produzcan intentos de suicidio en su interior.

Resulta insólito que en un edificio del centro de la ciudad más visitada del mundo haya un centro de confinamiento de estas características. Casi 800 presos se encuentran actualmente en sus estancias, los más peligrosos o conflictivos en el ala de la planta novena que se conoce como Ten South, donde son aislados y tienen prohibido incluso hablar entre ellos. Son solo cinco celdas en las que las luces están siempre encendidas día y noche. El director de la oficina de letrados defensores de la ciudad, David Patton, ha dicho sobre este edificio que “si quieres diseñar un lugar para volver loca a la gente de manera intencional, sería difícil hacerlo mejor”. A los presos del Correccional no les dejan ver la televisión ni leer la prensa actual. Si acaso, algún ejemplar del mes pasado de The New York Times censurado y recortado.      

En ese lugar ha pasado sus últimos días un personaje que es ya considerado demoníaco por la opinión pública estadounidense, que ha pasado a admirar al hombre de negocios que construyó su imperio Financial Trust asesorando a los propietarios de fondos exclusivos para multimillonarios. Ninguno de sus negocios ha provocado su caída, sino su afición por las niñas. Epstein poseía una segunda isla privada, Great St. James, dos mansiones en Palm Beach (Florida) y Manhattan, un apartamento de lujo en el centro de París y un rancho en Nuevo México con aeropuerto privado. Sólo el edificio-residencia de su propiedad en Nueva York, en la calle 71 entre Madison Avenue y la Quinta Avenida a escasos pasos de Central Park, está valorado en varios millones de dólares.