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Opinión

Ucrania: asalto a mano armada

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Vladimir Putin consumó la anexión de cuatro provincias de Ucrania como son Jersón, Zaporiyia, Donetsk y Lugansk. 

La apropiación ilegal de un 25% de Ucrania, junto con Crimea, que también se anexionó en 2014 con un falso referendo y además violando todos los acuerdos y tratados internacionales y la propia Carta de la ONU, constituye uno de los peores antecedentes que marcarán las relaciones internacionales el resto del siglo; y, me atrevo a decir, ya están sembradas varias acciones que emularán otros países, para apropiarse del terruño del vecino.

Este siglo, el del gran impacto climático, de la escasez de agua y de recursos naturales tiene ya ante sí el derrotero que nos aguarda, con invasiones a lo Putin para robarle a otro país lo que haga falta. 

Rusia estará apropiándose del control geopolítico y geoeconómico del mar de Azov y casi por completo del mar Negro; tendrá para sí una importante ruta de navegación, pero también se apropia de parte del agua dulce del río Dniéper más toda la infraestructura económica, tecnológica, industrial e hidráulica en las cuatro provincias y, por supuesto, la gran central nuclear de Zaporiyia.

Los habitantes de estas regiones amanecieron siendo rusos porque un dictador con visión imperialista ha decidido tomar para su país lo que él en su mentalidad mesiánica y predestinada para la grandeza considera necesario. 

A este acto atroz ha llegado un sátrapa que lleva más de dos décadas en el poder y que siempre mostró sus largos colmillos, pero que Estados Unidos y la propia Europa prohijaron, cobijaron, palmearon por la espalda y dejaron ser y hacer. 

En 2014, Putin probó hasta dónde Washington y sus aliados estaban dispuestos a llegar por Ucrania. Un tibio, Barack Obama, más concentrado en lagrimear en público y honrar el Nobel de la Paz, tomó algunas medidas en forma de sanciones contra Rusia. 

La UE hizo un mayor esfuerzo buscando una salida de negociación para la paz y así surgieron los Acuerdos de Minsk entre Ucrania y Rusia con el aval europeo. Al final, nadie dio el seguimiento adecuado a lo pactado porque era un conflicto en el traspatio europeo y los problemas seguían siendo mayúsculos ante el cúmulo de presiones internacionales como resolver los enormes flujos migratorios desde Siria por la guerra civil interna y el Brexit, en Reino Unido, que tantos meses de esfuerzo y discusión consumieron en la UE. 

Para cuando hubo memoria para los Acuerdos de Minsk, un joven Volodímir Zelenski ganó las elecciones sin ninguna preparación política previa, convertido en la estrella de la televisión nacional por sus programas de comedia. Él llegó prometiendo hacer que los ucranianos se sintieran más ucranianos que nunca. 

La llegada del actor al Gobierno fue una brecha para Putin y sus planes que capitalizó preparando la invasión en los largos meses en que el mundo entero luchaba contra el coronavirus y entraba y salía de un confinamiento; y de otro y venía una ola de muertos y otra más y otras, muchas más. 

La salida desastrosa de Estados Unidos de Afganistán –tras veinte años de invadir y ocupar el país– junto con diversos aliados mostró las debilidades organizativas del Ejército más poderoso del mundo. Y Putin nuevamente lo capitalizó para sí, basado en el antecedente de Crimea (2014) atisbó que ni Estados Unidos –ni sus aliados– irían más allá de imponer unas cuantas sanciones.

A colación

Lo que el dictador ruso no contempló en sus estrategias militares y los distintos escenarios es que Zelenski, el comediante, resistiría a la invasión militar del segundo Ejército más poderoso del mundo con capacidad nuclear. No salió corriendo, demostró tanta o más hombría, valor, pundonor y patriotismo que Putin. 

Tampoco Putin calibró que Estados Unidos, junto con cuarenta países más, enviarían armamento, dinero, ayuda económica y fundamentalmente darían a Ucrania asesoría de inteligencia militar e información de sus poderosos satélites que han permitido, entre otras cosas, evitar que el Grupo Wagner asesine a Zelenski y además guiando al Ejército ucraniano en el ataque de posiciones rusas.

También se ha salido del guion la duración de la invasión, descuadrando las cuentas del Kremlin porque esta guerra está costándole el dinero que no tiene para mantener a tantos soldados desplazados; para reponer el costosísimo equipo, armamento y medios de combate destruidos por Ucrania más los miles de soldados caídos y heridos en combate, entre 60.000 y 80.000 hombres.

Putin quiere terminar la guerra a su manera con la anexión ilegal. De hecho,   amenaza con defender dichas provincias como territorio ruso,   con la posibilidad de utilizar un arma nuclear. La ONU está muerta es un armatoste ineficaz.

El mundo entra en un limbo mucho más peligroso e incierto que al principio de los primeros días de la invasión. Y todo, absolutamente todo, puede suceder.