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Opinión

Un misil en Polonia eclipsa los trabajos del G20

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Parecía que a Joe Biden le tocaría la Tercera Guerra Mundial en Bali, inmerso en la reunión del G20 con otros líderes que, como él, debieron interrumpir la cena de bienvenida ofrecida por el presidente indonesio, Joko Widodo, anfitrión del evento. La información de varios misiles rusos atacando Polonia encendió todas las alarmas y puso al mundo en vilo.

Hasta Indonesia arribaron 17 mandatarios del grupo formado por: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, Sudáfrica, Turquía y la UE. Faltaron los mandatarios de Rusia, México y Brasil que enviaron a sus respectivos ministros de Exteriores.

A dichas delegaciones se unió un contingente internacional de 3.300 empresarios e inclusive algunos mandatarios llegaron acompañados por sus respectivos ministros de Exteriores; algunos llevaron a su ministro del Interior y hasta al de Defensa. Para China,  marcó el retorno del mandatario Xi Jinping a un gran cónclave global, tras más de dos años sin viajar fuera de su nación por la pandemia.

Había expectación en torno al encuentro del pasado 14 de noviembre, entre Xi Jinping y su homólogo estadounidense –previo a los trabajos del G20 del 15 y 16 de noviembre– sobre todo por los acontecimientos de los últimos años que han enfriado las relaciones bilaterales.

China y Estados Unidos tienen visiones equidistantes en asuntos tales como la forma de hacer política, el respeto a la democracia; los separan además culturas e ideologías distintas, pero tienen algo en común: les gusta hacer dinero y la guerra de Putin está justamente perjudicando los intereses económicos de ambos países y en obvias circunstancias afectando al PIB global.

En el último informe de Perspectivas Económicas del Fondo Monetario Internacional (FMI) de octubre pasado, el organismo rebajó las expectativas de crecimiento tanto de Estados Unidos como de China para 2022 y 2023; según sus previsiones, el PIB norteamericano crecerá este año 1,6% y el siguiente 1%; y para China, las proyecciones son de una clara desaceleración, su PIB cerraría este año con un crecimiento del 3,2% y, en 2023, del 4,4%.

A la cita en el hotel Mulia llegó un Biden conciliador: “Presidente Xi, estoy muy contento de poder verlo nuevamente en persona. Pasamos mucho tiempo juntos en los días en que ambos éramos vicepresidentes y es genial verte”.

No se habían visto las caras desde 2017, esa última vez sucedió en el Foro de Davos, Biden era vicepresidente en el Gobierno de Barack Obama y Jinping ya dirigía los destinos de China desde 2013.  

“Como líderes de nuestras dos naciones, compartimos la responsabilidad, en mi opinión, de demostrar que China y Estados Unidos pueden manejar nuestras diferencias, evitar que la competencia se convierta en algo cercano a un conflicto y encontrar formas de trabajar juntos en asuntos globales urgentes que requieren nuestra cooperación mutua”, reiteró un Biden sonriente mirando a los ojos a su interlocutor.

A Jinping se le veía cómodo y relajado mientras escuchaba el mensaje preparado por el líder norteamericano; ambos venían de pasar sus propias pruebas de fuego, Biden contra todo pronóstico salió mejor librado con su Partido Demócrata en las elecciones intermedias en su país y Jinping, fue reelecto en octubre pasado para quedarse otros cinco años como máximo dirigente de China.

El mandatario estadounidense habló de encontrar vías de cooperación para temas sensibles en los que ambos países tienen que demostrar su capacidad de liderazgo.

“Y creo que esto es fundamental por el bien de nuestros dos países y de la comunidad internacional. Esto fue clave para el tema de la reunión de la COP27 en la que participé el viernes y estaremos discutiendo estos desafíos juntos en las próximas dos horas. Y creo que el mundo espera que China y Estados Unidos desempeñen un papel clave para abordar los desafíos globales, desde el cambio climático hasta la inseguridad alimentaria”, reiteró el político norteamericano.

En su interlocución, el dignatario chino aprovechó la ocasión y el diálogo abierto, para recordarle al inquilino de la Casa Blanca que las relaciones entre China y Estados Unidos no pasan por un buen momento y es prioritario reencausarlas.

“Desde que asumió la presidencia, hemos mantenido la comunicación a través de videoconferencias, llamadas telefónicas y cartas. Pero ninguno puede realmente sustituir los intercambios cara a cara y, hoy, finalmente, tenemos esta reunión cara a cara”, le señaló sonriente.

Jinping hizo un poco de historia: “Desde el contacto inicial y el establecimiento de relaciones diplomáticas hasta hoy, China y Estados Unidos, han pasado por más de 50 años llenos de acontecimientos. Hemos ganado experiencia y también hemos aprendido lecciones”.

Y prosiguió en su discurso, para poner sobre de la mesa su mayor preocupación, relacionada con las tensiones desatadas entre ambas naciones en el último quinquenio.

“Como líderes de los dos países principales debemos trazar el rumbo correcto para la relación entre China y Estados Unidos.  Necesitamos encontrar la dirección correcta para que la relación bilateral avance… un estadista debe pensar y saber hacia dónde conducir a su país y debe pensar y saber llevarse bien con otros países y el resto del mundo”, reiteró mordaz.  

El mundo, prosiguió Jinping, espera que China y Estados Unidos, manejen adecuadamente la relación porque la Humanidad atraviesa una serie de desafíos sin precedentes. “Ha llegado a una encrucijada”.

Curiosamente el líder chino abordó el tema de la paz, a sabiendas de que varios países de Occidente –fundamentalmente la Unión Americana– han cuestionado que Pekín no asuma una corresponsabilidad internacional frente a Rusia y su invasión; y opte por no sumarse a las sanciones, ni manifestarse, abiertamente por la guerra de Putin.

“Por lo tanto, debemos trabajar con todos los países para traer más esperanza a la paz mundial, mayor confianza en la estabilidad mundial y un mayor impulso al desarrollo común. El mundo espera que China y Estados Unidos manejen adecuadamente la relación… yo estoy listo para tener un intercambio sincero, como siempre lo hicimos, de puntos de vista  profundos con ustedes sobre temas de importancia estratégica en China y Estados Unidos y sobre los principales problemas mundiales y regionales. Y hacer que nuestras relaciones vuelvan a la senda del crecimiento sano y estable en beneficio de nuestros dos países y del mundo en su conjunto”, subrayó Jinping.

Vientos enrarecidos

A Bali se llegó con la esperanza de lograr junto con China y Estados Unidos, una mesa de diálogo para la paz entre Ucrania y Rusia. De hecho, la intervención por streaming del mandatario ucranio, Volodímir Zelenski, tras la inauguración de los trabajos el día 15 de noviembre, precisamente encaminó a pedir a ambos países  fungir como que garantes de una paz que nadie pueda volver a fracturar en Ucrania.

Justo en los días previos a la Cumbre del G20, las tropas rusas de forma repentina salieron de Jersón, una ciudad que mantenían ocupada desde marzo pasado; y una de las cuatro anexionadas ilegalmente por Rusia y que el propio dictador ruso ordenó considerar en la Constitución como territorio ruso. El presidente Zelenski, tras la retirada de las tropas, viajó a la zona para evaluar los daños.

Con este gesto hubo quienes interpretaron una señal del Kremlin disponible para negociar y el propio Zelenski llegó a declarar “in situ” que “Ucrania estaba lista para la paz”, un mensaje que no había vuelto a repetir en los últimos cinco meses.

En el primer día de sesiones del G20, los líderes que en su conjunto representan el 90% del PIB global, convergieron a favor de vivir en un mundo en paz y cuestionaron el grave impacto que sus propios países están sufriendo con la situación en Ucrania y que solo ha provocado mayor vulnerabilidad en los más necesitados. Por vez primera, China e India y hasta México se alinearon con los intereses de los otros países presentes para disgusto, de Serguéi Lavrov, el canciller ruso, que ha podido atestiguar cómo Rusia va quedándose sola con su invasión.  

Patrick Wintour, corresponsal de The Guardian, informó que Jinping dijo en su discurso ante los líderes presentes que estaba en contra de la “armamentización” de los alimentos y de la energía. Y también reivindicó su total oposición a utilizar armas nucleares porque “una guerra nuclear no debería librarse nunca”.

También, Narendra Modi, primer ministro de India, demandó un alto al fuego lo más rápido posible y criticó que la ONU como institución multilateral no haya podido evitar la guerra.

Precisamente por la noche, durante la cena de líderes en la que Lavrov no participó porque retornó a Moscú (tras criticar la politización del encuentro) desde Varsovia, el Ministerio de Defensa denunció un ataque inesperado con misiles rusos en su territorio en la localidad de Przewodów con el saldo de dos personas fallecidas.

Un ataque en territorio de la OTAN, el mismo que Biden y su ministro de Defensa, Lloyd Austin, afirman vehemente que defenderán cada pulgada ante Rusia.

La noticia corrió como la pólvora en medio de la confusión y la desinformación en los propios medios de comunicación europeos, unos a otros se contradecían y entre las especulaciones llegó a mencionarse el impacto de un misil; luego de dos o inclusive solo fragmentos de un misil pero todos coincidían en darle la autoría a  las tropas rusas.

Luego de que Lavrov abandonó la reunión del G20, Ucrania fue bombardeada de forma sistemática y coordinada no solo en su capital Kiev, sino en otros 14 puntos en el país, para destruir la infraestructura energética y eléctrica y también con ataques a residencias civiles. De acuerdo con la defensa ucraniana han sido los bombardeos más duros de la guerra con una batería de 100 misiles.

Mientras tanto en Polonia, el presidente Andrzej Duda convocó a su Consejo de Seguridad para evaluar la situación y tomar decisiones al respecto y culpó a los rusos del bombardeo y la muerte de civiles.

Durante horas no se supo nada de Jens Stoltenberg, cabeza de la OTAN, mientras que, en Bali, los líderes presentes y que pertenecen al G7 como son Estados Unidos, Canadá, Francia, Reino Unido, Italia, Japón y Alemania más la UE (de hecho, invitaron también a España) acordaron una reunión de urgencia.

Desde Washington, el primero en salir fue Pat Ryder, vocero del Pentágono, para pedir cautela y prudencia con la información: “No tengo ningún dato que corrobore que ha habido un bombardeo con misiles en suelo polaco”.

Los medios de comunicación presentes llegaron a cuestionarle qué pasaría si es un ataque ruso hacia Polonia, miembro de la OTAN, a lo que Ryder reiteró que su país cumpliría con sus compromisos de seguridad y de defensa que demanda el Artículo 5 de la OTAN.

Desde Bali, el mandatario Biden habló vía telefónica con el presidente Duda, quien con el paso de las horas fue cambiando sus declaraciones y su postura de acusar al Kremlin.

Tras la llamada, apareció Stoltenberg por Twitter @jensstoltenberg: “Hablé con el presidente Duda @prezydentpl sobre la explosión en #Polonia. Ofrecí mis condolencias por la pérdida de vidas. La #NATO está monitoreando la situación y los Aliados están consultando de cerca. Importante que se establezcan todos los hechos”.

Polonia ha puesto en alerta a sus tropas y reforzará sus fronteras con más efectivos militares y junto con la OTAN tendrá mayor vigilancia en su espacio aéreo. Duda, en un primer instante, deslizó que utilizaría el mecanismo de activación del Artículo 4 de la Alianza para llevar a cabo una serie de consultas con sus aliados; no implica  un paso inminente al Artículo 5 de la defensa común.

Desde el Kremlin, el Ministerio de Defensa emitió un comunicado negando cualquier implicación y calificando dicha acusación como “un acto de provocación deliberada”. Rusia acusa a Ucrania y a Polonia de querer elevar la confrontación involucrando a la OTAN que ya participa indirectamente en la defensa ucraniana.

Hasta al siguiente día, Biden llevó a cabo la reunión de urgencia del G7 más la UE y España, en su conjunto emitieron un comunicado señalando a Rusia por los bombardeos despiadados de las últimas horas, pero el mandatario norteamericano insistió en no acusar al Kremlin, sin las pruebas precisas y de hecho, llegó a declarar que no hay ningún indicio de que el misil hubiese sido lanzado desde Rusia –por la trayectoria del impacto- ni tampoco es de fabricación rusa.

El propio Gobierno polaco convocó una rueda de prensa el mismo 16 de noviembre y tanto el presidente Duda, como el primer ministro, Mateusz Morawiecki, repitieron el mantra de Biden de la “calma y prudencia” dejando de lado la tesis del misil ruso, lanzado por los rusos.

"Debemos guiarnos por la mesura y la prudencia. Debemos confiar únicamente en los hechos, este es un momento para la unidad y toda la clase política debe mantener su moderación y responsabilidad ante el país”, remarcó Morawiecki.

La nueva versión que va cobrando fuerza de ser la oficial –avalada desde el Pentágono– es que restos de un misil lanzado por la defensa antiaérea ucrania en su acción de repeler el ataque de las bombas rusas, en su trayectoria, cayeron del otro lado de la frontera con la mala fortuna de matar a dos personas.

En Bruselas, en la reunión extraordinaria convocada por la OTAN, con los embajadores de los 30 países miembros, los presentes llegaron a la misma conclusión y el propio Stoltenberg, declaró a los medios de comunicación que “la OTAN está en constante comunicación con Rusia” y que en ningún momento la Alianza quiere o pretende librar una guerra con Rusia. El misil es ucraniano, no ruso, se ha reiterado con insistencia desde la Casa Blanca… el mundo retorna a su tensa calma.