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Opinión

Una fase crucial… Una mirada al futuro

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El discurso real con motivo de la celebración del 47º aniversario de la Marcha Verde

Cada vez es más evidente que el discurso político es en sí mismo una forma de acción política, en este sentido, tanto la ciencia política como las ciencias de la comunicación se han interesado por la práctica discursiva como forma de acción e interacción. Realizar una acción política mediante el texto y el habla es más que producir o percibir un discurso en un contexto político y por un actor político.

Así podemos considerar desde este paradigma que un discurso real dirigido en virtud de la Constitución a la nación o al Parlamento es por excelencia una forma de acción política y de interacción social, que el Rey ejerce de acuerdo con su estatuto constitucional de jefe de Estado, garante de su continuidad, así como de la independencia del Reino y de su integridad territorial

En esta perspectiva, los discursos de Su Majestad pronunciados con motivo de los aniversarios de la Marcha Verde parecen merecer un estudio en profundidad, en particular en lo que se refiere a la estructura de sus textos, la especificidad de sus contextos, su campo semántico, sus modos de argumentación y legitimación, es decir, la forma en que el emisor, en su calidad de rey de Marruecos y jefe de Estado, se implica en la producción de su discurso e involucra a sus destinatarios: el pueblo marroquí, las partes interesadas y la sociedad internacional.

Cuando el rey de Marruecos se dirige a su pueblo, es esencialmente para realizar un supremo y distinguido acto oficial, que pretende transformar la percepción de las cosas, actuar sobre la complejidad de la realidad, y, en consecuencia, crear un momento de comunicación razonado excepcional y precioso, en el sentido del “actuar comunicativo” que, según Habermas, descansa sobre el anclaje de la razón en el discurso.

En primer lugar, cabe señalar que el discurso de la Marcha Verde de este año interviene en un contexto regional e internacional fuertemente marcado por la presencia de la causa nacional prioritaria de Marruecos. SM el Rey se dirige a la nación diez días después de la adopción por el Consejo de Seguridad de una resolución que confirma en gran medida la posición marroquí, y cuatro días después de una cumbre árabe que se convirtió en un lamentable fiasco diplomático.

Sin embargo, el discurso real, ignorando por completo a los enemigos de la integridad territorial de Marruecos, y sus desesperadas provocaciones, adopta un tono sereno y sosegado, para proclamar con la mirada puesta en el futuro, que "el proceso de consolidación de la marroquinidad del Sáhara ha entrado en una fase crucial”. Actuando y reaccionando sobre este avance determinante, el discurso real moviliza de manera intensa y constructiva un cierto número de enunciados que expresan el futuro (pronto, posibilidad, futuro, perspectiva, sostenible, estratégico, oportunidades, generaciones presentes y futuras, lo antes posible receptividad, proyecto, etc.)

Esta construcción del futuro se hará en plena apertura y colaboración con los numerosos socios de Marruecos que Su Majestad el Rey no deja de mencionar en su discurso (Nuestros pueblos hermanos, nuestro hermano Su Excelencia el Sr. D. Muhammadu Buhari presidente de la República Federal de Nigeria, la CEDEAO, Mauritania, Senegal, nuestros hermanos de Nigeria, nuestros dos países hermanos, África, Europa, instituciones financieras regionales e internacionales, nuestros socios…)

Además de que esta tajante proclamación sobre el crucial punto de inflexión que atraviesa la marroquinidad del Sáhara, expresa desde el primer párrafo del discurso una notable interacción del texto con el contexto; este discurso, como todos los pronunciados en la ocasión de los aniversarios de la Marcha Verde, no se contenta con describir una realidad que le preexiste, sino que se afana en construir la representación de la realidad que el hablante desea que su destinatario comparta. Cabe señalar en este contexto que SM el Rey, si bien saluda en el discurso de este año los resultados positivos alcanzados por el Programa de Desarrollo de las Provincias del Sur, precisa que este programa debe estar incluido en una visión integradora que asocia la defensa de la marroquinidad del Sáhara al desarrollo de la región. Así como cuando presenta los avances del proyecto del gasoducto Nigeria-Marruecos, es para situarlo en la perspectiva de las relaciones privilegiadas que unen a Marruecos con el resto de los países africanos. Más allá de hacer un balance de la situación, la Palabra del Rey se distingue fuertemente por la preocupación de establecer una visión, de poner en perspectiva y de actuar sobre las percepciones.

El “actuar comunicativo” en el discurso real implica también producir una acción política en la que la toma de una decisión, la puesta en marcha de un dispositivo o el desencadenamiento de una dinámica, son conceptos cruciales en la expresión de esta racionalidad discursiva, que consiste en producir decisiones sobre qué hacer en contextos regionales e internacionales, marcados por tensiones, incertidumbres y riesgos. Es en este sentido que el discurso real evoca fuertemente la voluntad de actuar (exhortamos, llamamos, afirmamos.) pero también la voluntad de actuar bien y de alcanzar el éxito (enfoque, visión, perspectiva, acción, promoción, dinámica, logro, responsabilidad, compromiso, éxito).

Además de la importancia de la forma verbal evocadora de la voluntad, vemos surgir en el discurso real actos del lenguaje normativos que no se contentan con reconocer, señalar o describir una situación que atraviesa la causa nacional, ni tampoco con favorecer una opción al respecto, o expresar un deseo u una opinión sobre su futuro. Se trata de actos de habla a través de los cuales Su Majestad el Rey actúa, interactúa y produce enunciados normativos que formulan una orden. Al permitir, legitimar, dar instrucciones o prohibir conductas, el discurso logra juiciosamente concretar un doble objetivo performativo y normativo, la performatividad discursiva consiste en llevar a cabo por el propio hablante lo que enuncia, creando una obligación específica por parte del destinatario, mientras que a través de la normatividad el hablante establece la norma que conviene a la situación, es decir, qué hacer y qué no hacer. Así es como el discurso de Su Majestad el Rey, fijando los parámetros, se preocupa por la clarificación y la elucidación, sobre todo cuando insiste de forma rigurosa y argumentada en llamar a las cosas por su nombre, de modo que permita estructurar la percepción. de la causa nacional. Recordemos a este respecto que, en 2016 con motivo del 39º aniversario de la Marcha Verde, Su Majestad el Rey tenía que aclarar con un tono directo descartando cualquier ambigüedad sobre determinadas posiciones respecto a la marroquinidad de las provincias saharianas, que “no hay grados en patriotismo o traición. Porque, o se es patriota, o se es traidor”.

En la misma línea, las falaces y pretenciosas denuncias de la llamada “explotación de los recursos naturales en detrimento de la población de las provincias del sur”, fueron juiciosamente refutadas en el discurso de la Marcha Verde de este año, y ello mediante una estrategia discursiva basada, por un lado, en el argumento de "la visión integral que engloba la acción política y diplomática, a la vez que la promoción del desarrollo socioeconómico y humano de la zona" y, por otro, en una estupenda metáfora que establece una perfecta analogía entre “la gloriosa Marcha Verde” que permite la liberación de la tierra expoliada, y las "marchas" dirigidas por Su Majestad para "garantizar al ciudadano marroquí las condiciones de una vida digna, particularmente en estas zonas que nos son tan queridas".

El discurso de Su Majestad el Rey con motivo del aniversario de la Marcha Verde no es pues el espejo reflector de una realidad, sino el incesante constructor de esta realidad, dado que la realidad de la causa nacional no es un dato fijo para traducir al lenguaje, sino un proceso evolutivo, incluso una obra en construcción permanente, tanto por la acción perseverante como por la palabra sincera y razonada.