Opinión

Una ministra de Exteriores con mucho que demostrar

La ministra de Asuntos Exteriores de España, Arancha González Laya

No le falta energía verbal- voz de mando en plaza – a la nueva ministra de Exteriores, aunque está por determinarse si su verbo rotundo anuncia alguna nueva posición de interés o queda en mera pose de un gobierno acostumbrado mas al ruido que a las nueces.

No se escuchan planteamientos ni originales, ni definitivos bajo esa voz enérgica o energética de la que hizo gala en su presentación pública ante el Forum Europa Arancha González Laya, que devino ministra desde la nada política y que tras sus tropezones en el Magreb va a tener que andarse con mas finura y menos aspavientos para hacerse creíble en el tablero diplomático. Parece sufrir la titular de Exteriores el síndrome del expatriado: tanto tiempo ausente que no se le reconoce en su casa, ni sabe como manejar el callejero de su vieja ciudad.

La experiencia acumulada fuera a veces es una frontera que separa de la realidad de las políticas internas. Para un mundo político español tan ombliguista, el ser un experto-a en lo de fuera puede ser tanto una bendición, como un handicap. Pero hacerse con los usos y maneras del patio político interior suele costar a quien viene de un mundo con reglas de comportamiento mas claras, menos florentinas que lkas que se gastan en la península. Pero al fin y al cabo, lo europeo es nacional y viceversa. Quizá por ello -digámoslo a su favor –Gonzalez Laya hace un elogio y predica la necesidad de una cohesión interna (por ejemplo en el necesario intramercado autonómico) para ser más potentes en el concierto de Europa.

Promete la titular de Exteriores un “rediseño, una adaptación estratégica de la política exterior”, que resumen en “euro-activismo” (como no puede ser de otra manera), geopolítica de valores (desde los derechos humanos al feminismo), mas cooperación al desarrollo (el 0.5% como promesa para final de legislatura) y la fundamental Alianza con Iberoamérica y Caribe. Repite González Laya la palabra “geopolítica” en su exposición como un mantra de advenedizo, al igual que repite el “subrayo” sobre esto o aquello para enfatizar sobre algo que solo las políticas claras, las posiciones sin margen consiguen subrayan solas. 

Se nota que estamos en el prologo de un eventual cambio- o no -de nuestra visión estratégica internacional, cuando al llegarse a los asuntos más perentorios y específicos, léase Venezuela o Gibraltar, imperan solo los términos “discreción y dialogo”. No hay otra. Nada claro en el abanico de argumentos que defender, nada concreto en lo que rechazar.  Las posiciones pro-europeístas no son, ni pueden ser nuevas, van con la pertenencia a la UE y son nuestra identidad. Quizá la ministra- que viene de ser jefa de gabinete de un comisario europea – tenga esta lección mejor aprendida que otras. Pero tanto ella como otros altos cargos con pedigrí de Bruselas deben demostrarnos que son algo más que meros apparatchiks  comunitarios y que de verdad pueden ser creativos tanto en la promoción de nuevas  propuestas, como en la forja de alianzas para llegar a conseguir plasmarlas en algo real. 

La ministra quiere reforzar, en nuestra diplomacia exterior, los ángulos económico, climático, humanitario y feminista. Los actuales mantras del mundo progresista. Pero no debe olvidar que estos matices no son nada sin forjar alianzas potentes y sin servir a las bases geoestratégicas en las que se sujeta nuestra política exterior. El discurso es sin duda bien intencionado, pero le falta acompasar su tono enérgico con verdades más sólidas sobre nuestros intereses en el mundo. 

Los primeros deslices sobre Iberoamérica- con la supresión de la secretaria de estado específica - y sobre el Magreb han mostrado lo endeble de una elección para este cargo de una persona sin experiencia en la acción exterior española y sin respaldo en la carrera diplomática. Aplacar el frente magrebí, superar recelos iberoamericanos, abrir caminos hacia Asia y África, pesar mas de verdad en Europa… Muchos retos. Viene ahora la prueba de la relación con la América de Trump, con la vista de estado del Rey en breve y el equilibrio entre la cooperación militar y estratégica y los intereses comerciales, con las barreras a nuestras exportaciones en el alero. Una buena prueba de fuego para saber si González Laya se ha ganado el puesto en el que aterrizó para sorpresa de todos.