Opinión

Vacunas de esperanza

Vacuna COVID-19

Millones de personas en el mundo tienen puesta gran parte de sus esperanzas en la vacuna contra el coronavirus. Hay bastantes recelos por los posibles efectos secundarios que puedan tener, pero habría que hacer caso a los expertos que aseguran que las vacunas no tienen efectos secundarios. O tienen efecto y sirven para prevenir el contagio y la enfermedad porque el cuerpo ha creado las defensas suficientes contra el virus en cuestión o no sirven y su inyección no servirá de nada. Habría que tener en cuenta, además, el llamado efecto placebo que tienen gran parte de las medicinas en aquellas personas aprehensivas que tienen en su mente el problema y la cura se consigue por convencimiento más que por el efecto real del medicamento. En este caso, a nivel mundial, la vacuna tiene que funcionar, necesitamos que tenga éxito porque, además, estamos asistiendo a nuevas variantes, nuevas cepas virulentas en Reino Unido y en Sudáfrica que obligan a intensificar los esfuerzos y las medidas de seguridad para evitar los contagios. 

La decisión de que los gobiernos centralicen la compra, distribución y aplicación de las dosis es positiva y debe igualar a las personas y a los países, más allá de su relevancia política o de sus recursos económicos. Aunque, no nos engañemos, siempre habrá alguna desviación interesada.

De momento, lo que está llamando la atención son las fuertes medidas de seguridad adoptadas por los laboratorios en coordinación con cada uno de los países para el traslado en condiciones muy especiales de frío a los diferentes países y su posterior distribución a los centros donde va a ser administrada. Los trayectos y los horarios han sido guardados como el secreto más preciado y la razón es la que causa escalofrío: el crimen organizado podría estar tentado de robar algún cargamento de un producto que no se vende, pero que muchas personas pagarían un precio muy alto por las dosis adecuadas. Se supone que los servicios de Inteligencia y Seguridad han conseguido la información contrastada para valorar este riesgo que produce intensos escalofríos y una galopante indignación. Pensar que, en estos momentos tan delicados y angustiosos para millones de seres humanos, haya algún inhumano capaz de robar las vacunas para lucrarse en el mercado negro, nos golpea la conciencia directamente y nos sacude hacia una realidad mucho más cruda y descarnada que la que nos ofrecen las películas. Sin ir más lejos, algunas decisiones y comportamientos de dirigentes políticos rayan a semejante altura y solo una Justicia rápida y rigurosa puede zanjar y remediar males de tal mezquindad. Llegan las vacunas y con ellas la esperanza de recuperar nuestras vidas, casi como eran antes.