Opinión

Xi Jinping enseña los dientes mientras la UE y Estados Unidos retoman su diálogo sobre China

Xi Jinping

“El pueblo chino no buscará la pelea pero no la teme. Ni nos temblarán las piernas ni agacharemos la cabeza. Que cualquier país o Ejército, por poderoso que sea, sepa que si intenta desafiarnos será rechazado”. Este era el meollo del discurso del presidente de China, Xi Jinping en el inmenso Gran Salón del Palacio del Pueblo de Pekín para conmemorar el 70º aniversario de la entrada de China en la guerra de Corea (1950-1953). Una ocasión para marcar territorio, especialmente frente a Estados Unidos, con quién las actuales maniobras de guerra comercial e influencia geopolítica preludian un enfrentamiento mucho más caliente. 

Frente a un auditorio compuesto por veteranos de aquella guerra, dirigentes del Partido Comunista Chino (PCC) y los militares de mayor rango de las Fuerzas Armadas, Xi Jinping prometió que “nunca más permitiremos que nada ni nadie invada el sagrado territorio de nuestra patria”. En esta advertencia incluyó una vez más a Taiwán, como parte indivisible de esa patria, lanzando una nada velada amenaza a quienes dentro y fuera de la próspera isla preconizan una independencia plenamente reconocida internacionalmente. 

Este discurso de Xi Jinping es el de más acusados rasgos bélicos desde que ocupa el poder, síntoma indudable de que las tensiones con su gran rival, Estados Unidos, no solo no han amainado sino que corren el riesgo de dispararse. En otro pasaje de su alocución, y tras rendir homenaje a los 200.000 soldados chinos que perecieron en la guerra de Corea, el máximo dirigente de Pekín, y el que acumula más poder desde Mao Zedong, reivindicó una mayor aceleración en la modernización de las Fuerzas Armadas chinas, desde el Ejército de Tierra a las nuevas unidades de guerra espacial. 

No se habían apagado aún los ecos de estas advertencias de Xi Jinping cuando el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, emprendía una gira por Asia con dos destinos especiales: India y Sri Lanka. La primera es el gran rival continental de China, y hay pocas dudas de que Estados Unidos quiere reforzar la potencia militar de Nueva Delhi para igualarla al máximo con la de China. En cuanto a la antigua isla de Ceylán, una de las mayores beneficiarias de la diplomacia política y económica de China en el programa Nueva Ruta de la Seda, Washington quiere que reduzca tanto su dependencia como la abultada deuda con Pekín. Habrá de ofrecerles a ambos países ventajas sustanciales que compensen ese esfuerzo, pero se va dibujando así una competición nada disimulada por establecer alianzas que sin duda serán decisivas en el caso, cada vez más probable, de un choque abierto y frontal chino-norteamericano.

El sigiloso reacercamiento UE-EEUU 

Y, simultáneamente a todo ello, y casi de manera callada, la Unión Europea y Estados Unidos han decidido crear un foro de diálogo prácticamente monotemático, puesto que todos los análisis girarán en torno a China y a su hipotética amenaza al orden mundial. La idea fue lanzada en junio por el alto representante para la Política Exterior y Seguridad Común de la UE, Josep Borrell, y recogida ahora por su colega de Estados Unidos, Mike Pompeo. Este último lo presenta como un reencuentro entre socios transatlánticos “ante un inmenso desafío”, que Pompeo identifica con las amenazas del Partido Comunista chino. 

Aunque estemos ya en puertas del veredicto de las elecciones presidenciales norteamericanas, el secretario de Estado pregona desde  todas las tribunas en las que aparece que, sea cual sea quién ocupe  la Casa Blanca los próximos cuatro años, no desaparecerán las acciones militares que China realiza frente a sus vecinos de sus costas meridionales, como tampoco sus abusos a los derechos humanos ni sus “prácticas económicas predatorias”.

Respecto de estas últimas, Washington no tiene empacho en exhibir su hostilidad hacia Huawei, compañía a la que califica como la principal punta de lanza del espionaje tecnológico a nivel mundial del PCC. Una misión norteamericana efectúa en los últimos meses una intermitente gira por Europa, incluida España, para tratar de disuadir a los antiguos aliados de que se abstengan de incluir en sus redes la tecnología 5G de Huawei, tarea de la que no están ausentes las amenazas cuando el Gobierno afectado para tomar esa decisión no se muestra muy convencido. 

El foro en cuestión ya está tomando nota de la asimetría que la pandemia del coronavirus está causando a escala mundial. Diseminada por todo el mundo a partir de un laboratorio y/o de un mercado chino, y al margen de las diferentes maneras de encarar su gestión, lo cierto es que China no sólo sale mucho menos debilitada de la pandemia que el resto del planeta, sino que incluso es la única potencia con crecimiento económico positivo frente al descomunal desplome de todos los demás. Todo ello, unido a las advertencias de Xi Jinping, y a prácticas como el subsidio masivo a la fabricación de sus aviones mientras Boeing y Airbus se pelean y debilitan imponiéndose mutuas y gigantescas sanciones, convierte a este nuevo foro en algo más que un lugar de debate, probablemente un órgano de coordinación para la adopción de decisiones y acciones comunes de gran calado.