¿Cómo afecta el coronavirus a las principales rutas migratorias de África?

Este patógeno ha paralizado el mundo, incluso las rutas de migración, obligando a cientos de personas a quedarse atrapadas en este continente
Migrantes etíopes en Obock, Djibouti

PHOTO/AP  -   Migrantes etíopes en Obock, Djibouti

“Todos los migrantes tienen derecho a igual protección de todos sus derechos humanos. Esos principios están consagrados en el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular. Sin embargo, a menudo escuchamos relatos dañinos y falsos sobre los migrantes. Y a menudo los vemos enfrentarse a penurias indecibles como resultado de políticas moldeadas más por el miedo que por los hechos”, aseguró el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas el pasado mes de diciembre. Los miles de refugiados que cada año abandonan sus países en África se enfrentan ahora a un reto más: el de sobrevivir a una pandemia como la del coronavirus.  Este patógeno ha paralizado el mundo, incluso las rutas de migración, obligando a cientos de personas a quedarse atrapadas en este continente y privándoles de la oportunidad de llegar a su destino o regresar a sus hogares. 

Migrantes etíopes hacen cola mientras son contados por los contrabandistas
PHOTO/AP - Migrantes etíopes hacen cola mientras son contados por los contrabandistas tras llegar a la aldea costera de Ras al-Ara desde Djibouti, en Lahj (Yemen) 

Los movimientos migratorios han sido una constante en la historia de África. Los flujos de migrantes o refugiados son más intra-continentales que hacia Europa u Oriente Medio. Sin embargo, en estos momentos, las dos rutas más transitadas son la que une el Cuerno de África a través del Golfo de Adén con Oriente Medio y la ruta del Mediterráneo central desde Libia hacia Europa. Aun así, si por algo se caracteriza África es por ser un continente nómada que siempre está en movimiento. En África Central y Occidental, los pastores trashumantes y sus familias representan al menos el 20% de la población total de esta región. Estas personas, al igual que muchos de los refugiados que huyen de los conflictos que asolan a sus países, se han visto obligadas a interrumpir su actividad debido al cierre de fronteras. 

“He estado varado aquí durante semanas, y no puedo enviar dinero a mis padres y a mi esposa porque tengo que usar el dinero para pagar alojamiento y comida”, explicó Malick a la Organización Mundial para las Migraciones (OIM). Malick es un comerciante senegalés que antes solía viajar a Mauritania una vez a la semana para desarrollar actividades comerciales. Con la llegada del nuevo coronavirus se ha quedado varado en Mauritania. “Ahora ya no puedo brindar apoyo a mi familia en Senegal puesto que no estoy trabajando”, ha lamentado. 

Mercado de ganado de Merille
AFP/ TONY KARUMBA - Mercado de ganado de Merille, a unos 411 km al norte de Nairobi, en el condado de Marsabit, en Kenya

El Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas (UNDESA, por sus siglas en inglés) estima que, en estos momentos, hay 9,5 millones de migrantes de África Central y Occidental en la región, de los que más de 100.000 son considerados migrantes retornados. Por su parte, el Centro Internacional de Comercio y Desarrollo Sostenible ha publicado un informe en el que indica que el comercio transfronterizo en la región del Sahel supera el 12 por ciento del volumen comercial de toda la zona. Las personas que viven de este tipo de actividades han sido condenadas a sufrir las consecuencias del cierre de fronteras y de otras medidas adoptadas en los países de la región por la llegada de la COVID-19. 

“Muchos comerciantes transfronterizos llaman para preguntar en qué momento volverá a abrirse la frontera. Intentamos explicarles que la frontera debe seguir cerrada por ahora para poder bajar la curva de la COVID-19, pero sabemos que es difícil para ellos aceptar esto”, ha explicado Malick Singhateh, oficial de salud pública en el puesto fronterizo de Sabi, en Gambia. Aun así, el cierre de fronteras no es el único desafío al que se enfrentan estas personas. La OIM ha alertado a través de un comunicado oficial de que este tipo de acciones ha provocado un aumento drástico en los precios de alimentos y otros productos básicos. Según este mismo organismo, al menos 20.000 migrantes se han quedado atrapados en las fronteras, y cerca de otros 2.000 se encuentran aguardando en centros de tránsito.  Este número se suma a los más de 5.100.000 desplazados internos que han tenido que abandonar sus hogares por conflictos o desastres naturales. 

Mujeres de la tribu tradicional Samburu
AFP/ TONY KARUMBA - Mujeres de la tribu tradicional Samburu reúnen sus cabras para venderlas en el mercado de ganado de Merille, a unos 411 km al norte de Nairobi, en el condado de Marsabit, en Kenya

Las condiciones de hacinamiento en las que viven estas personas suponen un riesgo a la hora de contener el patógeno que ha conquistado gran parte del mundo. Además, los migrantes y los desplazados internos no tienen acceso asegurado a sistemas públicos de atención sanitaria. “El no incluir a los migrantes y a las poblaciones desplazadas en la respuesta ante la COVID-19 puede hacer que tal respuesta sea un total fracaso. Ninguna persona estará segura hasta que todos estén seguros”, ha aseverado Sophie Nonnenmacher, directora regional de la OIM para África Central y Occidental. 

Los migrantes y las comunidades desplazadas deben ser considerados una parte integral de cualquier respuesta de salud pública efectiva. Los cierres de frontera no podrán mantenerse a mediano y largo plazo. Por ello la OIM está lista para brindar su apoyo a los países en lo que respecta a la reapertura de los puestos fronterizos de forma oportuna y segura”, ha añadido. 

Supervivientes del naufragio ocurrido el 4 de diciembre de 2019
AFP / OIM (Organización Internacional para las Migraciones) – Supervivientes del naufragio ocurrido el 4 de diciembre de 2019 frente a las costas de Mauritania 
La ruta migratoria del Cuerno de África: la más transitada del mundo 

En la ruta del Cuerno de África, la agencia de la ONU para las Migraciones ha registrado una fuerte caída en el número de cruces de migrantes, de acuerdo con los datos recogidos por la BBC. Así, según esta información en abril solo llegaron al Yemen 1.725 migrantes procedentes del Cuerno de África, frente a los 7.223 que llegaron en marzo, 9.624 en febrero y 11.101 en enero de este año. Según los datos recopilados por la Matriz de Seguimiento de Desplazamientos de la OIM más de 138.000 personas cruzaron el año pasado el Golfo de Adén en dirección a Yemen, respecto a los más de 110.000 que atravesaron el Mediterráneo durante el mismo periodo. 

El objetivo de las personas que atraviesan la denominada Ruta del Este u Oriental no es quedarse un Yemen, un país sumido en una de las guerras más crueles del actual siglo. La ONU subraya que más del 90 por ciento de las personas que lograron llegar a Yemen continuaron con su ruta hacia Arabia Saudí. Gran parte de ellos -un 92 por ciento- proceden de tres regiones rurales de Etiopía: Oromia, Amhara y Tigray. 

Refugiados de diversas nacionalidades caminan por el campamento de Dzaleka
AFP/AMOS GURULI - Refugiados de diversas nacionalidades caminan por el campamento de Dzaleka durante las conmemoraciones del Día Mundial de los Refugiados, en la región central del distrito de Dowa, en Malawi

“Si bien las tragedias ocurridas en las rutas del Mediterráneo están bien documentadas, a diario nuestro personal es testigo de los abusos que sufren los jóvenes del Cuerno de África a manos de contrabandistas y traficantes que explotan sus esperanzas de una vida mejor” destacó Mohammed Abdiker, director regional de la OIM para el Este y el Cuerno de África en un comunicado oficial emitido por la ONU. 

Antes de la llegada del coronavirus miles de personas consiguieron llegar a Yemen. No obstante, durante su ruta tuvieron que enfrentarse a una serie de dificultades como el crimen organizado que se materializa en forma de contrabandistas o traficantes. “Para llegar a Yemen, nos amontonaron a unos 280 en un barco. No había oxígeno, y algunas personas se suicidaron arrojándose al mar”, manifestó un etíope de 32 años a la OIM en la ciudad yemení de Adén.

“Al llegar a Yemen, los contrabandistas nos retuvieron durante un mes. Nos golpearon, torturaron, sufrimos abusos y nos amenazaron con pedir un rescate. Mi familia envió 900 dólares para salvarme la vida, por lo que me liberaron junto a otras personas que habían pagado”, ha lamentado otro joven etíope de apenas 18 años. La mayoría de las personas que llegan a Yemen lo hacen desde el puerto de Bosaso en Somalia, según las estimaciones de Naciones Unidas. 

Mujeres refugiadas etíopes esperan para recibir artículos no alimentarios
AFP/BRIAN OTIENO - Mujeres refugiadas etíopes esperan para recibir artículos no alimentarios distribuidos por la Cruz Roja de Kenya en el campamento de refugiados de Somare, en la ciudad fronteriza de Kenya con Etiopía

Con la llegada del coronavirus, Etiopía ha tenido que acoger a cientos de migrantes en asentamientos informales en los alrededores de la ciudad. Además, la COVID-19 ha tenido el poder de recrudecer determinadas actitudes como el racismo, algo que según la OIM está a la orden del día en estos campos de refugiados. “Llevo aquí unos tres meses. El coronavirus lo ha cambiado todo. No puedo continuar. No puedo regresar porque todas las fronteras están cerradas”, ha dicho un joven etíope, según ha recogido la BBC. 

Las redes de tráfico de personas también se han visto afectadas por la enfermedad de la era de la globalización. En Djibouti, cientos de migrantes han sido abandonados a su suerte, de acuerdo con el reportaje elaborado por BBC, que también informa de que, al otro lado del Mar Rojo, en Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, se han deportado a casi 3.000 migrantes etíopes en aviones de carga por sospechas de que tienen el coronavirus.

Libia, la ruta más peligrosa del Mediterráneo 

Los datos ofrecidos por la Agencia de la ONU para los Refugiados aseguran que, en los primeros cuatro meses de este año, la Guardia Costera de Libia ha recogido a 3.078 refugiados y migrantes en el mar, en comparación con 1.126 en el mismo período del año pasado. La crisis del coronavirus y el recrudecimiento de los combates en la nación norteafricana han llevado a miles de personas a huir en búsqueda de un futuro mejor. “El conflicto y la pandemia de COVID-19 representan una amenaza importante para la vida en Libia. La salud y la seguridad de toda la población en el país están en riesgo”, ha aseverado ACNUR. 

 Un médico libio examina a los migrantes africanos
AFP/ MAHMUD TURKIA - Un médico libio examina a los migrantes africanos que resultaron heridos tras el vuelco de su vehículo, en un hospital de la ciudad de Beni Walid, a 170 kilómetros al sudeste de la capital, Trípoli

Uno de los sectores que más ha sufrido las consecuencias de esta pandemia son los trabajadores sanitarios. En marzo de 2020 se produjeron más de 850 restricciones de acceso al movimiento de personal y artículos humanitarios hacia Libia y dentro del país. El número de migrantes y refugiados que han sido interceptadas en el mar y devueltas a Libia asciende a 3.200. “Muchos terminan en uno de los once centros oficiales de detención. Otros son llevados a instalaciones o centros de detención no oficiales a los que la comunidad humanitaria no tiene acceso. Naciones Unidas ha reiterado que Libia no es un lugar seguro y que las personas rescatadas en el mar no deben ser devueltas a detención arbitraria”, ha sintetizado la ONU en un comunicado oficial. 

La aparición del coronavirus en este país supone un nuevo riesgo para un sistema de salud que ya está desbordado y que no tiene capacidad para atender a todas las personas vulnerables. “La seguridad alimentaria, que ya es un desafío, se ve comprometida por la propagación de la COVID-19 y su impacto socioeconómico en las familias libias. Las últimas evaluaciones del mercado muestran que la mayoría de las ciudades se enfrentan a la escasez de alimentos básicos, junto con un aumento de los precios”, ha indicado ACNUR.

Operación de rescate frente a costa libia
AFP PHOTO /SEA-EYE.ORG / CEDRIC FETTOUCHE - En una foto de la ONG alemana Sea-Eye, se muestra a los miembros de esta organización en un bote de goma durante una operación de rescate frente a la costa libia

En abril, Malta anunció que no permitirán la entrada en el país de migrantes rescatados en el Mediterráneo dado que sus puertos carecen de la seguridad suficiente debido a la pandemia de coronavirus. En cambio, Sudáfrica -uno de los países más afectados del continente -ha aprovechado esta crisis sanitaria para construir una valla fronteriza con Zimbabue. En este escenario de inestabilidad e incertidumbre continúan llegando migrantes a la isla de Lesbos. 

“Los migrantes en situación irregular, los solicitantes de asilo y las víctimas de explotación o tráfico de personas corren un gran riesgo frente al coronavirus porque viven o trabajan en entornos que podrían exponerlos sin que cuenten con la protección necesaria”, señaló la ONU el pasado mes de abril. Un mes más tarde el riesgo sigue siendo el mismo o incluso mayor. Un plan de respuesta a esta pandemia pasa también por tener en cuenta a todas aquellas personas que se han quedado atrapadas con la esperanza de poder, tarde o temprano, empezar sus vidas de nuevo lejos de las amenazas que les obligaron a huir.