¿Cómo será nuestra vida después del coronavirus?

“Aceptémoslo, el estilo de vida que conocíamos nunca volverá”, asegura el analista Gideon Lichfield
Vista tomada de la plaza vacía de la Puerta del Sol de Madrid el 1 de abril de 2020

AFP/JAVIER SOLANO  -   Vista tomada de la plaza vacía de la Puerta del Sol de Madrid el 1 de abril de 2020

Hace algo más de 50 años, el cantautor estadounidense Bob Dylan cantaba “The times they are a-changing” (“Los tiempos están cambiando”), una radiografía de lo que Estados Unidos y, en general, el mundo estaba viviendo: un giro en su forma de vida. Ahora, cuando el mundo se está enfrentando a una situación a la que nunca lo habíamos hecho, estos versos se vuelven más actuales que nunca.

Los tiempos están cambiando y nuestro estilo de vida como lo conocíamos no volverá a ser el que era. Así lo defiende y analiza Gideon Lichfield, editor de la revista Technology Review, vinculada al Massachusetts Institute of Technology (MIT): “Todos queremos volver a la normalidad cuanto antes. Pero parece que la mayoría de nosotros todavía no somos conscientes de que nada volverá a la normalidad”, escribe el experto.

Lichfield utiliza un estudio publicado por la universidad Imperial Collage de Londres, donde los investigadores abogan por imponer medidas de distanciamiento social más extremas a medida que la cantidad de pacientes atendidos en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) crezca, y “suavizar” dichas medidas cuando el número de esos pacientes se reduzca.

Un solitario corredor corre en una 7ª Avenida parcialmente vacía, en Nueva York
AP/BEBETO MATTHEWS - Un solitario corredor corre en una 7ª Avenida parcialmente vacía, en Nueva York

¿En qué se basa el Imperial Collage para hacer esta predicción? El instituto utilizó una predicción sobre los picos de ocupación mensual de las UCIs en lo que llevamos de año por pacientes con COVID-19. “Según este modelo, los investigadores concluyen que el distanciamiento social debería producirse aproximadamente dos tercios del tiempo, es decir, dos meses sí y uno no, hasta que haya una vacuna disponible, algo que no se espera como mínimo hasta dentro de 18 meses”, explica el editor del Technology Review.

Esto equivaldría a reducir el contacto fuera del hogar, en los colegios o en los puestos de trabajo hasta en un 75%. “Esto no significa que solo sea salir con los amigos una vez a la semana en lugar de cuatro, sino que todos harán lo máximo posible para minimizar el contacto social”, aclara Lichfield.

Otros expertos, como Zajar Leikin, director médico de la compañía farmacéutica NovaMedika, subrayó para Reuters la importancia de cumplir el régimen de aislamiento hasta que se desarrolle una vacuna, y vaticina que este distanciamiento social podría durar un año o incluso más. El analista aclara que no se trata de un cambio temporal en nuestra rutina diaria, sino que esta pandemia, que ahora ha dejado confinada a más de la mitad de la población mundial, provocará un cambio en la forma de vida totalmente diferente.

Vista general de Times Square, Nueva York, el 28 de marzo de 2020
AFP/KENA BETANCUR - Vista general de Times Square, Nueva York, el 28 de marzo de 2020
Nuevos negocios para nuevas realidades

Las consecuencias ya las estamos viviendo. Más allá de la reclusión en nuestras casas, muchos negocios que dependen del contacto social, de aglutinar gente en lugares cerrados, como bares, restaurantes, cines, museos, verán reducidos estas grandes cantidades de gente y directamente la cantidad de sus ingresos. También afectará a los padres, que tendrán que educar a sus hijos en casa y compaginarlo, si son afortunados, con el teletrabajo. Porque otro de los puntos clave en este cambio son el gran número de empleos que se verán afectados.

Las cifras están ahí: en las últimas dos semanas, casi diez millones de estadounidenses han solicitado prestación por desempleo y en España la crisis del coronavirus ha provocado la pérdida de 900.000 puestos de trabajo desde el inicio del estado de alarma. Sin embargo, y como señala Lichfield, habrá negocios que se adaptarán a la nueva realidad, por lo que habrá “una explosión de nuevos servicios en los que ya se ha denominado como la ‘economía confinada’”.

Vista tomada de la calle vacía de la Gran Vía de Madrid el 1 de abril de 2020
AFP/JAVIER SORIANO - Vista tomada de la calle vacía de la Gran Vía de Madrid el 1 de abril de 2020

También parece evidente que, para tener más controlado al virus, los ciudadanos veremos reducidas nuestras libertades. El eterno dilema entre seguridad y libertad hará que, según el analista, los gobiernos se decanten por una “vigilancia intrusiva” donde hagan un seguimiento a las personas contagiadas y así evitar la propagación de la enfermedad. “Por ejemplo, a la hora de tomar un vuelo, el pasajero podría tener que registrarse en un servicio que rastree sus movimientos a través del teléfono y detectar si ha estado cerca de infectados o de puntos caliente de enfermedades”. Algo que algunos gobiernos, como el de Israel, utilizando la tecnología que usaba para la lucha contra el terrorismo; o Singapur, con un sofisticado programa de rastreo de contactos que sigue la cadena del virus de una persona a la siguiente a través de los teléfonos móviles, han comenzado a hacer para reducir la curva de contagios.

Lichfield sostiene que “nos adaptaremos y aceptaremos esas medias”, donde la “vigilancia intrusiva se considerará un pequeño precio a pagar por la libertad básica de estar con otras personas”.

Un policía patrulla mientras la gente hace cola para recibir arroz gratis en Hyderabad, India, el 1 de abril de 2020
AFP/NOAH SEELAM -Un policía patrulla mientras la gente hace cola para recibir arroz gratis en Hyderabad, India, el 1 de abril de 2020

Y, ¿quiénes sufrirán más las consecuencias de esta pandemia? “Como de costumbre, será asumido por los más pobres y débiles”, señala el editor. Permanecer en casa en muchos lugares significa estar recluidos en instalaciones con condiciones insalubres, y donde las viviendas están abarrotadas, como sucede en Río de Janeiro con las favelas o en los barrios más pobres de India. Además, no todo el mundo tiene acceso a un sistema sanitario público, por lo que se convierte en un grave problema a la hora de detectar un caso de contagio. Los inmigrantes, refugiados, indocumentados, personas con familias numerosos que ganen menos de 30.000 euros anuales etc, serán, sin duda, los más perjudicados.

“Todos tendremos que adaptarnos a una nueva forma de vivir, trabajar y relacionarnos. Pero como con todo cambio, habrá algunos que perderán más que la mayoría, y probablemente serán los que ya han perdido demasiado”, apunta Lichfield, quien espera que esto “obligue a los países, en particular a Estados Unidos, a corregir las enormes desigualdades sociales”.

Un voluntario reparte jabón para evitar la propagación del coronavirus en la favela de Rocinha en Río de Janeiro, Brasil, el 24 de marzo de 2020
AP/LEO CORREA - Un voluntario reparte jabón para evitar la propagación del coronavirus en la favela de Rocinha en Río de Janeiro, Brasil, el 24 de marzo de 2020

“There is a battle outside and it is raging” (“Hay una batalla ahí fuera y es atroz”), sigue la canción de Dylan. Esa batalla, contra el coronavirus dejará consecuencias con las que no estábamos preparados y cambios en nuestras formas de relacionarnos a los que tendremos que adaptarnos. Pero también ha puesto de manifiesto la necesidad de la colaboración y la posibilidad de la construcción de un sistema más humano que nos deje más resistentes frente a futuras pandemias.