¿Existe la narco-yihad en el Sahel?

En primera instancia, es muy cuestionable el vínculo de la mayoría de los grupos yihadistas con el tráfico de drogas, el cual rechazan mayoritariamente
Atalayar_combatientes yihadistas

REUTERS/KHALIL ASHAWI  -   Fotografía de archivo de combatientes yihadistas

A diferencia de las dinámicas del narcoterrorismo que podemos observar en algunos países de América del Sur, la implicación de grupos yihadistas en el tráfico de drogas es cuestionable, sobre todo en el Sahel. En Afganistán y en Pakistán sí existen vínculos entre el tráfico de opio y los talibanes vinculados con Al-Qaeda, desde los años 90, pero esa permisividad hacia el opio es debido a su importancia en la economía y porque no es consumido por los musulmanes sino por los Kafirms (no creyentes). Sin embargo, el cultivo de hachís está terminantemente prohibido, ya que sí que era consumido por musulmanes. Esta excepción particular no aparece en otras ramas de la yihad, como en la del Sahel, donde el tráfico de drogas está prohibido. 

A pesar de que la ruta de tráfico de drogas en el Sahel pasa por algunas regiones controladas por grupos yihadistas, como en el norte de Mali, la relación entre estos con los contrabandistas no está claramente definida. La teoría de la narco-yihad en el Sahel comenzó a raíz de la detención de tres malienses en 2009 por narcoterrorismo en Estados Unidos. Estos afirmaban que existían vínculos entre AQIM, las FARC y los cárteles de cocaína. A pesar de la falta de pruebas, desde aquel momento se han buscado vínculos entre AQMI, MUJAO o Ansar Dine y las redes de traficantes en el Sahel. 

Los grupos yihadistas se formaron en Mali a partir de 2012, coincidiendo con la revolución tuareg, aunque AQMI llevaba operando en la región desde principios del 2000. Es necesario entender que los contrabandistas, algunos miembros de MNLA, y algunos miembros de los grupos terroristas, sobre todo de MUJWA y Ansar Dine, se conocen desde hace años y pertenecen en algunos casos a las mismas tribus tuaregs o árabes. Por ello, cuando en 2012 comenzó la revolución tuareg, muchos traficantes apoyaron al Estado, a los grupos yihadistas o a un grupo armado tuareg dependiendo de su relación previa con ellos. Por otro lado, los traficantes necesitaban a los funcionarios del Gobierno de la zona con la que mantenían buenas relaciones. Cuando muchos de ellos abandonaron la zona, algunos traficantes siguieron apoyando al Estado ya que tenían propiedades en Bamako, pero los que ya no los necesitaban, porque las zonas estaban controladas por el MNLA o los grupos yihadistas, decidieron apoyar a estos últimos. 

Sin embargo, la mayoría de los grupos yihadistas desaprueban el tráfico de drogas. Tanto AQIM, como Ansar Dine a partir de 2012, han publicado varias fatwas contra el tráfico de droga. De hecho, en 2012, los yihadistas quemaron varios cargamentos de cigarrillos y hachís en Gao. Las únicas relaciones que se han comprobado entre ambos grupos han sido de apoyo logístico para luchar contra la operación Serval de 2013, que paradójicamente les obligó a trabajar conjuntamente. Como se ha mencionado anteriormente, esa ayuda se proporcionó debido a las conexiones tribales/familiares que existían entre unos grupos y otros. 

Fotografía de archivo de rebeldes yihadistas en Siria
PHOTO/AP - Fotografía de archivo de rebeldes yihadistas en Siria

Una de las fuentes principales de financiación de los grupos yihadistas en el Sahel es el dinero obtenido por los rescates. Entre 2006 y 2012 AQMI recibió 60 millones de euros en rescates de rehenes. Esta táctica fue copiada por todos los grupos que surgieron posteriormente como Al-Morabitoun, Ansar Dine o Katiba Macina. A partir de 2013, se puede ver un cambio en la narrativa de Ansar Dine y AQMI al ser más permisivos con aquellos yihadistas que se dedican a escoltar a convoyes con drogas o que directamente trafican. Esta tolerancia viene de la crisis económica que estaban teniendo los grupos yihadistas debido al coste de las operaciones contra Serval y el MNLA y el dinero proveniente de los rescates dejó de ser suficiente. Muchas de estas alianzas de conveniencia se rompieron una vez la revolución del norte se terminó tras los acuerdos de Argel en 2015.  

Los únicos vínculos claramente demostrados entre los narcotraficantes y el yihadismo son a través del “barón de la cocaína”, Chérif Ould Attaher (Tahar). Ould Tahar, miembro del Movimiento Árabe del Azawad, es un árabe Lemhar de Tilemsi, la región más pegada a Níger, que se dedicó al tráfico de droga antes, durante y después de ser el número dos de MUJAO. Ould Tahar se unió a MUJAO por razones ideológicas, pero también por razones defensivas, para defenderse de la MNLA, formada por tuareg Idnans que son los rivales comerciales de los Lemhar. Ould Tahar es conocido por ser un barón de la droga intocable en el Sahel, sus relaciones políticas, le permitían descargar directamente aviones colombianos en Gao. Ould Tahar también es el responsable de varios secuestros en Níger. Belmokhtar Mokhtar, líder de AQMI, mantenía muy buenas relaciones con él, pero no hay vínculos que les relacionen a nivel comercial. Ould Tahar ha sido recientemente el protagonista de varias negociaciones entre el Estado maliense y los terroristas, como en la de Sophie Pétronin y Soumaïla Cissé. 

En la actualidad, Ould Tahar no entró en la coalición de grupos terroristas JNIM, por lo que en este grupo no hay ningún vínculo con sus operaciones. Tampoco hay ninguna evidencia de que nadie de la cúpula de JNIM, esté involucrado en su financiación o sus actividades con ninguna red narcotraficante. Aun así, se conoce que algunos miembros de sus círculos secundarios y simpatizantes participan en operaciones de tráfico de drogas. Dentro de esos círculos secundarios también se encuentran miembros de grupos armados tuareg o fuerzas del Gobierno, por lo que las fronteras entre unas actividades y otras nunca han sido compartimentos estancos. 

Por todo ello, no se puede afirmar que las operaciones yihadistas en el Sahel estén financiadas por el narcotráfico, ni que compartan logística ni capacidades operacionales como declaran algunos gobiernos europeos y americanos. Combatiendo el narcotráfico no se acabará con el yihadismo ni viceversa.