¿Qué está en juego en el conflicto del Alto-Karabaj?

En los últimos meses hemos visto los enfrentamientos en el Alto-Karabaj, un enfrentamiento que viene de lejos y que implica a varios actores regionales.
Armenios voluntariosEn Nagorno-Karabaj se sigue recrudeciendo la lucha entre armenios y azeríes. La Unión Soviética era un entramado que albergaba un sinfín de nacionalidades, pueblos, idiomas y tradiciones culturales. Los siglos que el imperio ruso primero, y soviético después, controló los bastos dominios del Cáucaso, no sirvieron para eliminar los conflictos que llevaban siglos azotando esta montañosa región que alberga una enorme diversidad confesional, lingüística y cultural, en un territorio confinado

AP/KAREN MIRZOYAN  -   Reclutas voluntarios de etnia armenia se reúnen en un centro donde reciben sus uniformes y armas antes de ser enviados al frente cerca de Hadrut, autoproclamada República de Nagorno-Karabaj, Azerbaiyán, el martes 29 de septiembre de 2020

En Nagorno-Karabaj se sigue recrudeciendo la lucha entre armenios y azeríes.

La Unión Soviética era un entramado que albergaba un sinfín de nacionalidades, pueblos, idiomas y tradiciones culturales. Los siglos que el imperio ruso primero, y soviético después, controló los bastos dominios del Cáucaso, no sirvieron para eliminar los conflictos que llevaban siglos azotando esta montañosa región que alberga una enorme diversidad confesional, lingüística y cultural, en un territorio confinado entre Rusia, Turquía, Irán y los mares Caspio y Negro. Ahora mismo en la región existen tres países reconocidos internacionalmente, como son Georgia, Armenia y Azerbaiyán, pero las luchas regionales entre estos Estados y dentro de los mismos, siguen teniendo una enorme importancia hoy en día.

Solo Georgia, el vecino norteño, cuenta con dos importantes conflictos regionales en Abjasia y Osetia del Sur, y en su escasa experiencia como país independiente ya se ha enfrentado militarmente a Rusia en una ocasión. La relación entre Armenia y Azerbaiyán es igualmente compleja debido a un problema fundamental, el establecimiento de las fronteras. Estos dos países no habían sido independientes hasta el desmoronamiento de la URSS y anteriormente solo habían conseguido ser repúblicas bajo el control de Moscú. Ambos pueblos se habían mezclado a lo largo de los siglos, con abundantes poblaciones armenias en zonas de mayoría azerbaiyana y a la inversa. Esta complicada situación acabó estallando por una región: el Alto-Karabaj. 

PHOTO/AFP-Mapa de la zona conflictiva entre Armenia y Azerbaiyán
PHOTO/AFP-Mapa de la zona conflictiva entre Armenia y Azerbaiyán

Esta zona de mayoría armenia estaba rodeada por pobladores azeríes. Los azeríes son los pobladores mayoritarios de Azerbaiyán, de mayoría musulmana y origen túrquico, que se extienden también por el noroeste de Irán. Los armenios del Alto-Karabaj intentaron sin éxito que Moscú uniese esta región a Armenia durante el periodo de la Unión Soviética, con constantes peticiones a Moscú que fueron desoídas. Durante los años finales de la URSS, los conflictos entre estas dos comunidades comenzaron a recrudecerse, con una creciente reivindicación armenia de su autonomía en el Alto-Karabaj y el comienzo de enfrentamientos étnicos entre armenios y azeríes. 

Para 1991 Azerbaiyán, país ya independiente, retira la autonomía a la región del Alto-Karabaj, lo que lleva al Parlamento regional a convocar un referéndum de independencia que ganó abrumadoramente en la zona, contando con el boicot de la minoría azerí. Para enero de 1992 el Alto-Karabaj se declara independiente, dando el pistoletazo de salida para un enfrentamiento armado que dura hasta 1994. La reciente república no solo consigue mantener su independencia, sino que además conquista una franja de tierra que la conecta a Armenia, expulsando de la zona a las poblaciones azeríes que vivían ahí. De esta manera se consolida la República de Nagorno-Karabaj, actualmente llamada República de Artsaj, no reconocida por ningún país y dependiente de Armenia. La guerra cuesta 30.000 muertos y un millón de refugiados por la expulsión de los armenios que vivían en Azerbaiyán y los azeríes que vivían en Armenia. 

Este enfrentamiento regional ha resucitado en los últimos meses debido a los choques fronterizos entre Azerbaiyán y la República de Artsaj, apoyada por Armenia. Los reiterados intentos de encontrar una solución al contencioso internacional desde el alto al fuego de 1994 han fracasado. El Grupo de Minsk fue creado en 1992 para buscar la resolución del conflicto bajo el liderazgo de Francia, Rusia y Estados Unidos, sin llegar a conseguir un acuerdo de paz. Además, Washington ha ido progresivamente desentendiéndose del enfrentamiento, más preocupado por otros escenarios regionales. Los Principios de Madrid de 2007, para buscar una solución pacífica al conflicto, también acabaron fracasando, debido a la falta de entendimiento entre las partes y la escasa intervención internacional. Los incidentes fronterizos en la región son constantes, dejando un reguero de muertos desde hace década por los enfrentamientos armados.

Militar armenio
AFP / Ministerio de Defensa de Armenia  -   Un militar del Ejército de Defensa de Karabakh dispara una pieza de artillería hacia las posiciones azeríes durante los combates sobre la región escindida de Nagorno-Karabakh el 28 de septiembre de 2020.

El Ararat, el monte sagrado de Armenia que está presente en su escudo nacional, está en territorio turco. Los armenios ocupan hoy un territorio que representa una mínima parte de los amplios dominios que ocuparon hace 2.000 años, cuando tenían salida a tres mares, el Mediterráneo, el Negro y el Caspio. Hoy en día no tienen salida a ninguno. Fueron el primer Estado que adoptó el cristianismo, en el año 301 d.C., estableciendo en Echmiadzín su particular Vaticano, que representa la ciudad santa de los armenios. Históricamente han sido partidarios de Rusia en oposición a la dominación turca de la región, que perpetró un genocidio sobre los armenios en 1915, que aun hoy en día sigue negándose por parte de las autoridades turcas. 

Alberto Priego, en su artículo para el CIDOB ‘La persistente fragilidad del Cáucaso: La “crisis de abril” de Nagorno-Karabaj’, ya resume bien en 2016 cuáles son los intereses de Armenia y Azerbaiyán en los conflictos fronterizos. Armenia es el país que menos se ha desarrollado económicamente desde la caída de la Unión Soviética en la región, con una importante dependencia energética y económica de Moscú, que cuenta con una importante base militar en territorio armenio. La elite política había estado dominada por políticos procedentes de la   República de Artsaj, hasta la revolución que puso en el poder a Nikol Pashinián. El primer ministro busco de nuevo el enfrentamiento y el nacionalismo en vez de avanzar en una salida negociada del conflicto. Para tapar las importantes fricciones sociales del país y el impacto económico de la pandemia se ha agitado el nacionalismo armenio, que ha facilitado el enfrentamiento armado. 

Cohete
REUTERS  -   Cohete después de un bombardeo reciente durante un conflicto militar sobre la región separatista de Nagorno-Karabaj en Stepanakert

Azerbaiyán lleva desde su independencia controlada por la familia de los Aliyev, primero el padre Heydar y actualmente el hijo, Ilham. La falta de libertades políticas ha sido compensada por la riqueza de los hidrocarburos, que han permitido el desarrollo económico del país y una importante inversión en las Fuerzas Armadas, manifiestamente superiores a la de los armenios. La caída de los precios del petróleo y los adversos efectos de la pandemia han propiciado que el régimen azerbaiyano intente buscar su legitimidad a través del enfrentamiento militar, lo que permite distraer el interés popular sobre los problemas sociales. Azerbaiyán, país para el que el alto al fuego de 1994 supuso una humillación nacional, busca ahora mejorar su posición estratégica dada su superioridad militar, comprada con el dinero procedente de los hidrocarburos. 

Rusia es uno de los principales actores regionales en el Cáucaso, ya que durante varios siglos el país ha estado presente en la zona. Los armenios han confiado históricamente en la ayuda de Rusia frente a Turquía, una relación que sigue siendo fundamental hoy en día. Rusia tiene una base militar en territorio armenio, país que pertenece a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), promovida desde Moscú. De esta manera cualquier ataque a territorio armenio obligaría a Rusia a intervenir a favor de su aliado. La República de Artsaj no forma parte directamente de Armenia, por lo que Rusia no se ha visto en la obligación de intervenir directamente. Además, sus intereses están divididos, ya que tanto Armenia como Azerbaiyán son dos importantes clientes para las exportaciones de armamento rusas. Putin en este conflicto intenta limitar la escalada de un enfrentamiento que no se encuentra entre sus prioridades, con llamadas a los dos contendientes para sentarse en la mesa de negociaciones. 

tropas azerís
AFP / MINISTERIO DE DEFENSA AZERBAIYANO - Tropas azeríes llevando a cabo una operación de combate durante los enfrentamientos el 28 de septiembre de 2020 entre los separatistas armenios y Azerbaiyán en la región de frontera de Nagorno-Karabaj

Por su parte Turquía ha ido cambiando su tono y su implicación en el conflicto a lo largo de los últimos años. Este frente se une a los otros escenarios en los que ya ha chocado con Rusia, como en Siria o Libia. La renovada política expansionista de Turquía busca un nuevo papel dominante del país en la región. Sus históricos vínculos con Azerbaiyán han determinado su apoyo a este país desde el inicio de los enfrentamientos. Ankara se dedica desde hace años a vender armamento y a formar a los cuadros militares de Azerbaiyán. En este nuevo frente que se abre con Rusia, Erdogan ha elevado su tono en sus últimas comparecencias con respecto al conflicto, aunque no es muy probable que intervenga de manera directa, lo que supondría cruzar una línea roja en su relación con Rusia. Otro elemento fundamental es la esfera energética, ya que el mar Caspio que baña a Azerbaiyán tiene importantes reservas de hidrocarburos que tienen que encontrar su camino hacia Europa, principal mercado de exportación, a través de esta compleja región. 

Wojlciech Jaglielski, periodista polaco que cubrió este y otros conflictos del Cáucaso tras la caída de la Unión Soviética, relata muy bien en su libro ‘Un buen lugar para morir, historias del Cáucaso’, la mentalidad de las poblaciones del lugar durante el inicio del enfrentamiento en los años 90. Hamo, un armenio de Stepanakert, capital de la República de Artsaj, decía: “La cuestión fue que ellos quisieron acabar con todos nosotros. No era solo por la tierra, lo que en realidad pretendían era que desapareciera hasta el último de nosotros (…). A decir verdad, la guerra nunca estalló; siempre ha estado ahí.”. Por su parte, Aga Sani de origen azerí, afirmaba: “La cuestión era que los armenios no querían vivir en paz con nosotros, ni lo han querido nunca. Se creen mejores y más sabios (…). Este es nuestro país, Azerbaiyán, y ellos quieren quitarnos parte de nuestro territorio”. Casi 30 años después del estallido de la lucha armada, las posturas siguen siendo las mismas en un conflicto cíclico que no tiene visos de terminar en la región. Este alto el fuego no es más que el preludio para el próximo enfrentamiento.