África: expectativas y realidad

Desafíos de África

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« Si l’Afrique peut se définir au singulier, elle doit se composer et se décliner au pluriel. Je ne crois pas me tromper en disant que son passé est encore indéfini, son présent est moins que parfait et son futur est au conditionnel » (Louis Sabourin, Un demi-siècle d’Independence en Afrique, Québec, 2010)                                                                                         

(“Aun siendo cierto que África es posible definirla en singular, es obligado describirla y declinarla en plural, al tiempo que su pasado está aún por definir, su presente no llega a ser perfecto y su futuro es condicional” Profesor: Louis Sabourin, Medio siglo de independencia en África, Quebec, 2010)

Mapa áfrica antiguo
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1. Introducción

El Banco Africano de Desarrollo es un banco multilateral creado en 1964 que tiene en la actualidad 80 países miembros (54 regionales y 26 no regionales). Su principal objetivo es promover el crecimiento económico sostenible y la reducción de la pobreza en África. Su sede está situada en Abiyán, Costa de Marfil. El nigeriano Akinwumi A. Adesina, al tomar posesión de la presidencia  en 2015, estableció cuales serían las cinco prioridades estratégicas del banco durante su mandato: ‘The High 5s’.

Light up and Power Africa; Feed Africa; Industrialize Africa; Integrate Africa; and Improve the Quality of Life for the People of Africa. These focus areas are essential in transforming the lives of the African people and therefore consistent with the United Nations agenda on Sustainable Development Goals (SDGs)

Iluminar y electrificar África; alimentar a África; industrializar África; integrar África; y mejorar la calidad de vida de los pueblos de África. Estas áreas de enfoque son esenciales para transformar las vidas de los pueblos africanos y, por lo tanto, coherentes con la agenda de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Alrededor de estas cinco prioridades concurren numerosos otros factores que determinan el presente y futuro del continente. Este documento pretende resumidamente abordarlos sin ocultar la realidad de las distintas Áfricas pues, no lo olvidemos, África es una agrupación de países con diferencias de orden étnico, geográfico, y de modelo político y económico.

Los cambios que ha sufrido este continente a lo largo de los años en su gestión del desarrollo han dado lugar a pasar de un marcado afro-pesimismo a un exagerado afro-optimismo. Este último, motivado por un cuestionable crecimiento. Según el BAfD, entre 1981 y 2008 el PIB africano por habitante disminuyó en un 15%,pero en 2015 el mismo organismo afirmaba que África estaba a punto de pasar por un verdadero crecimiento económico con una tasa media  superior a la del resto del mundo (3% para la economía mundial y 4,7% para África en 2013). Sin embargo, todavía hoy el crecimiento africano se apoya en el trípode materias primas, ayuda oficial al desarrollo y alivio de la cargas de la deuda externa para un número determinado de países pobres muy endeudados (un crecimiento aun de poca calidad, los africanos celebran más los potenciales que los resultados). 

En África, concurren numerosos factores de todo orden: políticos, económicos, sociales, financieros, geográficos, etc., que engloban un puzle de términos muy extenso que solo el tratamiento de cada uno de ellos llevaría muchas páginas y que no es el propósito de este documento.

En cualquier caso, es conveniente enunciarlos para darse cuenta de lo que este continente da de sí a la hora de analizarlo; y serian: recursos naturales, transformación e industrialización, diversificación, espacios geográficos, comercio intrarregional, juventud, clase media, demografía, urbanismo, agricultura, energía, infraestructuras, cambio climático, gobernanza, instituciones, corrupción, flujos ilícitos, seguridad, remesas, conflictos, riesgo país, financiación, facilidad para los negocios, China, ayuda oficial al desarrollo, inversión extranjera directa, etnias, lenguas, pobreza, enfermedades, deuda externa, colonización y descolonización, zonas económicas, PIB y PIB por habitante, Banco Africano de Desarrollo (BAfD), Banco Mundial, etc.

Todos estos términos y algunos más son el ADN constante de esta región. Solo este continente daría 'per se' para todo un grado de economía en cualquier universidad. Cierto es que, a diferencia de hace unos años, se nombra más a África y sale mucho más en los medios especializados. Lamentablemente, -seguramente porque no vende-, o por simple desconocimiento, en otros medios se sigue mostrando al continente como una zona de riesgos y conflictos, olvidando otros aspectos ciertamente más prometedores que también se dan y que es preciso reconocer, pues estos invitarían a empresas y gobiernos a poner en el foco entre sus prioridades estratégicas en esta zona del mundo.

Cuáles serían los principales aspectos que África debería trabajar para lograr una senda de desarrollo sostenible en el tiempo (no se trata de los ODS adoptados por la ONU en septiembre de 2015 en el marco de la agenda 2030 para el Desarrollo sostenible):

1. Buen gobierno y mejores instituciones.

2. Desarrollo de una gestión macroeconómica acorde con las características propias del continente y de sus países (No seguir incondicionalmente los mensajes de líderes e instituciones no africanas. Todavía hay una tendencia dominante a decirle a los africanos como tienen que hacer las cosas y ello sigue sin funcionar)

3. Educación y formación (mención a población joven).

El mejor tratamiento y enfoque de estos tres puntos permitirá que África sea una región de referencia en el futuro. Estos aspectos son los que a continuación se desarrollarán en este documento.

2. El buen gobierno y el marco institucional

El buen gobierno es el seguro del que invierte. Un buen gobierno tranquiliza a quien inicia un proceso de inversión, así como a quien comercia. Ya se sabe que a mayor tasa de buen gobierno mayor flujo de inversiones, ya sean domesticas o foráneas. ¿Cuáles deberían ser las principales características de un buen gobierno y que está ocurriendo en África al respecto? Daron Acemoglu y Jim Robinson, en su libro ‘Why Nations Fail’ afirman textualmente que son las instituciones económicas y políticas las que subyacen al éxito o fracaso de los países.

Características

Un marco regulatorio sólido, garantías para la inversión, trasparencia, estabilidad institucional y política, y un bajo ratio de corrupción principalmente en la administración. 

Los países subdesarrollados se caracterizan por un marco institucional muy intervencionista en lo que se refiere principalmente a sus leyes. Dado que la administración, además de ser poco eficiente, es corrupta, ello entorpece no solo la producción y el desarrollo, sino que además desincentiva la inversión. Las malas instituciones económicas permiten y facilitan un mayor control político y el mantenimiento de las élites en el poder. En definitiva, lo que se denomina “pobreza institucional” y esta pobreza contribuye directamente a la pobreza general de los países. Esta dinámica institucional fue la característica de muchos países africanos y aún lo sigue siendo en algunos, desde la independencia.

“En la mayoría de los países africanos, inmediatamente después de la independencia, se alcanzó una situación en la que, para mantener el control del aparato del poder y de la creación de riqueza, a los dirigentes políticos les resultaba más “barato”-una menor proporción de los escasos recursos públicos-, y más seguro, repartir bien privados y emplear medios coercitivos para proveer bienes públicos y ganarse el apoyo electoral". 

(Carlos Sebastián: 'Subdesarrollo y esperanza en África’)

En África hay países que siguieron practicas propias de regímenes de control desde la propia administración en relación con su intervención en una variedad de decisiones de carácter económico, que van desde la intervención en las propias empresas en relación con la fijación de precios, a la propia distribución y comercialización de los productos, y al acceso al crédito (solo para algunos afines al poder). Y fueron los países que siguieron estas prácticas en los que el crecimiento económico fue menor, cuando no escaso. También es cierto que aquellos que abandonaron esta política y mejoraron a finales del siglo XX sus instituciones registraron una mayor aceleración en su tasa de crecimiento, independientemente de los efectos positivos del aumento de precio de sus recursos naturales o materias primas. Algunos ejemplos de ello serían Mauricio, Botsuana, Ruanda, Ghana, Etiopía, Namibia, Tanzania, y, últimamente, Costa de Marfil, países no especialmente dotados de importantes recursos naturales.

Cuando hablamos de gobernanza e instituciones, viene a la mente uno de los muchos y sabios proverbios africanos: “Cuando los elefantes luchan entre sí, es la hierba la que más sufre”

Con partidos políticos sin base ideológica, el juego político es una batalla de grandes jefes, con las consecuencias que ello implica. Esa batalla se hace en detrimento del Estado de derecho y con un respeto muy versátil a las reglas constitucionales; el imperativo en este caso es mantenerse en el poder. La relativa prosperidad debida a años de crecimiento desde el año 2000 ha dado lugar al nacimiento de una clase media (a la africana, si se quiere) y, si se mantiene y se alarga en los próximos decenios, podríamos esperar una gobernanza menos de bricolaje que la que todavía hoy seguimos viendo. Quizás una gobernanza más eficaz y moderna.

La buena gobernanza promueve la equidad, la participación, el pluralismo, la transparencia, la responsabilidad y el Estado de derecho de modo que sea efectivo, eficiente y duradero. Llevando estos principios a la práctica, seremos testigos de elecciones frecuentes, libres y limpias, parlamentos representativos que redactan leyes y proporcionan una visión de conjunto y un sistema jurídico independiente para interpretar dichas leyes.

La mayor amenaza para la buena gobernanza viene de la corrupción, la violencia y la pobreza, todo lo cual debilita la transparencia, la seguridad, la participación y las libertades fundamentales. La gobernanza democrática fomenta el desarrollo, dedicando su energía a influir en tareas como la erradicación de la pobreza, la protección del medio ambiente, garantizar la igualdad entre los géneros y proporcionar los medios de subsistencia sostenibles. Garantiza que la sociedad civil desempeñe un papel activo al establecer prioridades y dar a conocer las necesidades de los sectores más vulnerables de la sociedad.

“De hecho, los países gobernados adecuadamente tienen menos probabilidades de sufrir a causa de la violencia y la pobreza”. (Fundación Mo Ibrahim)

La lucha por la democracia en África ha cometido ese error de concentrar los esfuerzos en la conquista de los derechos políticos y civiles; es decir, conseguir la elección de dirigentes por sufragio universal directo. Las elecciones libres y democráticas no deben resumir todo lo que debe contener un sistema democrático. En otros términos, la democracia política se debe acompañar de la democracia económica. Si no, todo se resume en un sistema con falsas apariencias de pluralismo observadas en la libre expresión, en la celebración de elecciones democráticas, a veces dudosas, mientras que los centros de producción que sustentan la economía quedan todavía bajo control de la élite local y del poder extranjero. Es al menos a este nivel donde se encuentra toda la clave del debate sobre la democracia en África.

Es correcto decir que los países en desarrollo podrían sensiblemente mejorar sus resultados económicos reforzando sus instituciones. Ciñéndonos al ejemplo africano, si la calidad media de las instituciones africanas consiguiese alcanzar la de los países asiáticos en desarrollo, el ingreso por habitante en la región aumentaría en un 80%, pasando de un promedio de 800 dólares a más de 1.400, según cálculos del FMI. 

Como conclusión de este capítulo, se puede afirmar que para que las economías africanas sigan creciendo, es preciso que sus ciudadanos dispongan de los necesarios incentivos que les permitan ser más productivos y eficientes estando estos últimos directamente condicionados por un adecuado entramado institucional.

3. Desarrollo de una gestión macroeconómica acorde con las características propias del continente y de sus países

Retomando el punto anterior, una buena gestión macroeconómica pasa por un buen gobierno y unas adecuadas instituciones. En África, esto pasa, entre otros aspectos, por no despilfarrar los enormes recursos naturales de que dispone y para ello se necesita visión, transparencia, y capacidad técnica en el manejo de la economía. 

¿Cuáles son las perspectivas económicas del África de hoy?  

África subsahariana sigue recuperándose económicamente, según el resumen económico del FMI de abril 2019. Alrededor de la mitad de los países de la región, especialmente los más pobres en recursos naturales, deberían crecer a tasas del 5%. En cambio, se prevé que aquellos países ricos en dichos recursos tengan un crecimiento menor y mucho más lento. Dado que estos -de los que forman parte Nigeria y Sudáfrica- engloban alrededor de dos tercios de la población de la región, será importante centrarse en dar salida a las incertidumbres que se ciernen sobre su política económica y que frenan el crecimiento con el propósito de que sus habitantes disfruten de un mejor nivel de vida. 

Con un entorno exterior menor, la tasa de crecimiento prevista para África subsahariana según el FMI pasará del 3% en 2018 al 3,5% en 2019 y al 3,7% en 2020 (ver grafico 1.6 FMI). Veintiún países, aquellos con una economía diversificada, crecerán a tasas del 5% con un PIB por habitante en línea con la buena senda que  se viene produciendo desde el año 2000 (ponderado con el PIB en paridad del poder adquisitivo PPA, ver grafico 1.1 FMI).

Gráfico
FMI
Gráfico
FMI - Clasificación grupos de países por recursos y renta
 

En cambio, siempre según las previsiones de este organismo, el crecimiento será anémico en el corto plazo para otro grupo de 24 países especialmente dotados de recursos naturales, entre los que se encuentran en primera línea Nigeria y Sudáfrica. En consecuencia, el nivel de vida de sus habitantes tendrá un proceso de mejoría más lento. 

Resumiendo, según estos datos (y esto no es nuevo), muchos países africanos crecen muy rápidamente, pero crecen mal, su crecimiento no es de calidad y es muy dependiente de la cotización en los mercados de sus recursos naturales (petróleo, gas, minerales, etc.) y son aquellos que no han diversificado su economía los que están más expuestos al vaivén de los precios de exportación de sus productos. Aquí podríamos sacar a la luz muchos de los agujeros negros del crecimiento en África. Como manifiesta muy acertadamente Carlos Lopes  en su libro ‘África en transformación’: 

“El crecimiento económico por sí solo ha resultado insuficiente para la transformación de África. A pesar de sus vastos recursos naturales y humanos, la pobreza y la desigualdad han seguido persistiendo mientras que algunos analistas se preguntan si esta maldición de los recursos define al continente”

Carlos Lopes (1960, Guinea Bissau) es profesor actualmente de la Mandela School of Public Governance de la Universidad de Ciudad del cabo y profesor visitante en Sciences Po en París. Antes, fue secretario ejecutivo de la Comisión Económica para África, con el rango de secretario general adjunto de Naciones Unidas, en septiembre de 2012.

África 4

Según él, por tanto, ese despegue africano hay que relativizarlo y las altas tasas de crecimiento del PIB, así como otros indicadores, son solo fotos parciales e instantáneas. Transformación, esa es la clave tal como sugiere Lopes: “África crece muy rápidamente y se transforma muy lentamente”.

En este segundo punto, se analizarán muy resumidamente algunos aspectos que influyen muy directamente en la gestión macroeconómica del continente y serían: 

•    Crecimiento: mitos y fantasmas del PIB y diversificación de la economía.

•    Procesos de integración económica.

•    Sostenibilidad de la deuda externa/financiación.

•    Inversión extranjera directa y AOD.

¿Cuál es el reto mayor que tiene África en cuanto a crecimiento?

« La croissance est bonne mais, pour réduire la pauvreté, il faut changer la nature de cette croissance ».  El crecimiento es bueno, pero, para reducir la pobreza, hay que cambiar la naturaleza de ese crecimiento

(Luc Christiansen, jefe economista de la región de África en el banco mundial) 

Se debe lograr que estas tasas de crecimiento se deban en realidad a una economía dinámica y productiva, es decir, que no dependan de una buena cosecha o de un aumento del precio de sus materias primas en los mercados sino del conocimiento, la especialización, y la técnica. Si se quiere disponer de una visión realista sobre este factor, hay tres elementos que no se puede perder de vista: 

1. La curva de crecimiento africana durante un largo periodo de tiempo, 2003-2008, se construyó por la consecuencia del aumento de precios (por definición fluctuantes) de las materias primas casos del petróleo y del gas por lo tanto la misma es frágil y sobre todo artificial.

2. Este crecimiento no es homogéneo dada las diferencias entre países productores de petróleo y gas y el resto. Ejemplos de estudio los de Argelia y Nigeria: Los hidrocarburos pueden inflar las curvas del crecimiento, pero no impiden el fracaso económico y social de sus pueblos.

3. La economía africana -ahora menos- no ha conocido la diversificación ni la industrialización por la vía de la transformación de sus recursos y por ello además es menos inclusiva.

Las razones del crecimiento económico son diversas, pero entre ellas destacan el progreso técnico, la inversión y la acumulación de capital, tanto físico como humano. También cuenta la apertura a los mercados exteriores y son de sobresaliente importancia las características de lo que se llama el marco institucional: en esencia, el mantenimiento de unos mínimos imprescindibles en términos de seguridad física y jurídica, paz y libertad. Todo ello sigue siendo una asignatura pendiente en numerosos países de África. Ejemplos de frágil crecimiento serían Nigeria, Argelia, Angola, Mozambique, Guinea Ecuatorial, Gabón, RCA República Centro Africana, RDC República democrática del Congo, Zimbabwe, y, quizás, Sudáfrica.

Nótese que todos ellos están dotados de importantes recursos naturales, incluyendo minerales y agrícolas. Las causas ya se han señalado: fijación en la explotación de su principal producto (abuso del mono producto: gas, petróleo, minerales) sin atender a políticas de diversificación, mal gobierno, frágiles instituciones, conflictos de orden político y social, alta corrupción, evasión de capitales, etc.

¿Se pensaba acaso que la renta del petróleo y minerales era eterna, desconociendo lo cíclico que es el mercado de materias primas? ¿No será que se han producido crecimientos ciertamente descontrolados en estos últimos 10 años en África, concretamente en aquellos países productores de petróleo y minerales? ¿Este crecimiento, ha sido síntoma de desarrollo a lo largo del continente? ¿Se han hecho las necesarias reformas estructurales de la economía aprovechando este periodo tan prolongado de crecimiento?  ¿Se está produciendo un crecimiento inclusivo? Todas estas preguntas y otras más no son nuevas, muchos analistas las han denunciado en estos años, pero otros las han olvidado. 

Se ha olvidado ya el afro-pesimismo de los años 90, pero ¿se ha pecado de afro-optimismo? O quizá hay que asumir lo que es África, un mosaico de países con recursos y conductas desiguales, y empezar a darse cuenta de que el termino más adecuado para el continente es el de afro-realismo, es decir, adoptar una mirada honesta con el continente, ser conscientes de su pasado y del entorno global en el que está inmerso, así como de los enormes retos que tiene por delante. Se podría concluir diciendo que, si los países no ahorran, y no gestionan sus ingresos de una manera adecuada durante periodos de expansión, tendrán poca capacidad de reacción cuando bajen los precios de las materias primas y no les quedará otra que la austeridad, lo que supondrá un freno a su crecimiento.  

Receta: diversificar para minimizar los riesgos, pues los productos de base representan más de un 60% de las exportaciones de mercancías en unos 28 países africanos, según informe del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo).  
Otros países del subcontinente -no necesariamente dotados de importantes recursos naturales- llevan años dando ejemplo de un manejo económico coherente y más sostenible, según la obra 'África es así / Instituciones o pobreza' de José Ramón Ferrandis Muñoz (Unión Editorial). Son los casos de Botsuana, Cabo Verde, Costa de Marfil, Etiopía, Mauricio, Kenia, Namibia, Ruanda, República Sudafricana y Yibuti, a los que se puede añadir Marruecos en África del norte.

Gráficos BAfD

Principales economías de ÁFrica
FMI - Principales economías africanas de mayor tamaño por PIB a precios corrientes en USD 

Por otro lado, hay que destacar el cambio tecnológico que ha permitido a África saltarse algunas tradicionales etapas del desarrollo. La telefonía móvil tiene ratios de penetración no muy distantes de los de países avanzados, sin haber tenido que invertir en costosas redes de telefonía terrestre.

Tecnología África

Para 2025, la mitad de la población del África subsahariana se habrá suscrito a los servicios de los operadores móviles. A finales de 2018, el África subsahariana tenía 456 millones de abonados móviles únicos, un aumento de 20 millones con respecto al año anterior, y una tasa de penetración del 44%. Alrededor de 239 millones de personas, es decir, el 23% de la población, también utilizan internet móvil de forma regular.

El África subsahariana seguirá siendo la región con la tasa de crecimiento más alta, con una tasa de crecimiento anual compuesto del 4,6% y otros 167 millones de suscriptores para 2025. Esto elevará el número total de suscriptores a poco más de 600 millones, o alrededor de la mitad de la población. Para 2025, Nigeria y Etiopía tendrán las tasas de crecimiento más rápidas, del 19% y del 11%, respectivamente. En toda la región, el auge demográfico llevará a muchos jóvenes a equipar sus teléfonos móviles por primera vez. Este segmento de la población representará la mayoría de los nuevos suscriptores móviles y, como "nativos digitales", tendrán un impacto significativo en cómo se utilizarán los diferentes servicios móviles en el futuro.

Procesos de integración económica

Geografía, comercio e infraestructuras están estrechamente ligados cuando se habla de África. En muchos países africanos, la productividad es baja debido principalmente a la escasa proximidad geográfica entre sus agentes económicos, y esta proximidad que es adversa tiene dos dimensiones: por un lado, la ausencia de proximidad entre países africanos y mercados internacionales; por otro, la distancia entre los diferentes agentes económicos dentro de África debido a una insuficiente aglomeración de la actividad económica. La geografía africana influye indudablemente en la proximidad y en la productividad y ello se ve reflejado en los costes de transporte.

Deben destacarse algunos datos previos para entender esta geografía: el continente africano dispone hoy de unos 83.500 kilómetros de fronteras políticas terrestres, trazadas en un breve cuarto de siglo (1885-1909). Estas fronteras de cancillería fueron establecidas por Europa sobre mapas poco reconocibles y, sobre todo, sin un previo reconocimiento del terreno. África subsahariana es hoy un mosaico de entidades políticas con espacios muy grandes (República Democrática del Congo) y muy pequeños (Burundi), muy áridos (Níger) o demasiado encerrados (República Centroafricana) como para formar enclaves económicos coherentes. El continente africano es muy complejo y no es posible abordarlo como si fuera un todo homogéneo. No hay una sola África. La difícil geografía económica de África representa un reto mayor para el desarrollo de las infraestructuras y del comercio en la región. Algunas características de esta geografía que condicionan inevitablemente la viabilidad de las infraestructuras son:

•    La débil densidad global de la población, con 36 habitantes por kilómetro cuadrado.

•    La débil todavía tasa de urbanización (35%).

•    Un número relevante de países procedentes del interior del continente, con economías muy pequeñas y con una todavía escasa conectividad intrarregional y pocas conexiones transfronterizas favorables a un comercio regional.

Un informe del Banco Mundial publicado en abril de 2012 titulado ‘La fragmentación de África’ señalaba cuáles eran los principales obstáculos al desarrollo del comercio entre las distintas agrupaciones regionales (Comesa, Cedeao, Uemoa, etc.). Según este organismo, estos obstáculos eran los costes transaccionales, las trabas no tarifarias y los distintos procedimientos de inmigración. Además, habría que añadir el creciente número de intercambios informales transfronterizos (que suponen más de la mitad de los flujos oficiales principalmente en África occidental y oriental). 

El espesor de las fronteras en África encarece en gran medida los costes comerciales. Aquellos costes asociados al transporte, como la logística para el traslado de mercancías, forman parte de este espesor fronterizo y eso es, precisamente, lo que pesa a la hora de implantarse en una determinada región del continente. La animación de las fronteras africanas se nutre de los intercambios de productos de base, el tráfico más o menos licito, y los flujos fraudulentos, así como del contrabando institucionalizado.

Todo un mundo vive de estas asimetrías fronterizas (comerciantes, transportistas, aduaneros, y militares) y decenas de millones de habitantes viven sobre esas fronteras. Por todo ello, cabe preguntarse sobre la veracidad de las estadísticas oficiales, si se considera la economía tal como funciona y no solo la economía formal, pues abundan las zonas en donde los intercambios comerciales se mofan de las fronteras.

¿Qué respuestas son necesarias para afrontar esta situación?

En primer lugar, que se produzca un necesario acercamiento entre los corredores de tránsito con el fin de promover el comercio interno y externo con una mayor y mejor dotación de servicios logísticos y de transporte. Seguidamente, unos mayores esfuerzos de integración regional. Las necesarias reformas legales y regulatorias, mayores compromisos de la administración y de las instituciones en general, una mayor dotación de infraestructuras que permitan a los países del interior desarrollar servicios multimodales de comercio (ferrocarril, carreteras, transporte aéreo etc.). Lo cierto es que hoy África comercia mejor con el resto del mundo que con ella misma.

Mapa África

La integración regional ha sido desde tiempos de la independencia de África una aspiración de los distintos estados africanos. Esa necesidad de integración regional viene fortalecida por el actual proceso de globalización en donde imperan los bloques regionales. Por lo tanto, es la integración, especialmente en su vertiente más económica, el vector necesario del desarrollo africano. 

La realidad hoy es que la integración regional es una asignatura pendiente en África y los progresos en estos últimos 50 años han sido muy lentos. África representa aproximadamente un 3% del comercio mundial; mientras que los intercambios comerciales entre europeos llegan a niveles del 70%, el de los dragones asiáticos a niveles del 50% y el de Iberoamérica a niveles del 21%, estos descienden a niveles del 11% cuando hablamos de África, según datos de UNCTAD de 2013. La UNCTAD es la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, creada en 1964 para asuntos relacionados con el comercio, las inversiones y el desarrollo, es el principal órgano de la Asamblea General de la ONU. 

“When African countries trade with themselves they exchange more manufactured and processed goods, have more knowledge transfer, and create more value” 

“Cuando los países africanos comercian entre ellos, intercambian más productos manufacturados y procesados, tienen más transferencia de conocimientos y crean más valor.”

(Vera Songwe, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para África de Naciones Unidas)

En 2018, los países miembros de la Unión Africana (44 de los 55)  dieron un importante impulso a la integración comercial y económica regional creando la Zona de Libre Cambio Continental para África o Acuerdo de Libre Comercio Continental Africano (AfCFTA), con los compromisos de suprimir los derechos de aduana sobre la mayoría de los productos, liberalizar el comercio de los principales servicios, y atacar los obstáculos no tarifarios que frenen los intercambios comerciales intrarregionales. Se trataba de crear, en definitiva, un mercado único continental en donde la mano de obra y los capitales puedan circular libremente. Se pretende que entre en vigor este año para dar lugar a un mercado de 1.200 de individuos y 2.500 millones de dólares de PIB acumulado. Ya está ratificado por 22 países, que era el número necesario.  

Hay que contar la realidad: la integración económica subcontinental africana está en proceso de elaboración, avanzando muy lentamente y no sin grandes dificultades. La explicación principal reside en el escaso interés de algunas élites africanas de los países miembros renuentes a cambiar el ‘status quo’ que les favorece. Como apunta en su libro ‘África es así’ José Ramón Ferrandis, el caso de Nigeria es muy africano. En julio de 2018, el presidente de dicho país Muhammadu Buhari por fin anunció que firmaría dicho tratado AfCTA. Sobre su tardanza, dijo que el leía muy lento “quizás por haber  soldado”. "No lo leí suficientemente rápido antes que mis asesores vieran que todo estaba correcto para su firma así que lo deje encima de la mesa", añadió. Este tratado, además, es muy optimista, teniendo en cuenta, sobre todo, que aún no se conocen la lista de productos (bienes) ni unos compromisos asumidos en materia de servicios que habría que negociar, además de los procedimientos ya de por sí lentos en África, según Ferrandis.

Dicho esto, es cierto que el comercio intrarregional ha evolucionado favorablemente en los últimos años. En 2017, las tres cuartas partes de los intercambios intrarregionales han tenido lugar en el marco de las principales comunidades subregionales. Es de destacar, al contrario que con el resto del mundo, que los flujos mencionados son más diversificados en lo referente a sus productos y con un mayor valor añadido y un peso importante de productos manufacturados (automóviles y textil, por ejemplo). Sería deseable, en definitiva, concentrar los esfuerzos primeramente en superar los obstáculos no tarifarios para lograr una integración comercial regional válida y con proyección, esto es, superar la mediocridad de la logística comercial y la carencia de infraestructuras.

Sostenibilidad de la deuda externa/financiación

Dentro de los distintos rasgos económicos del subcontinente hay que mencionar el creciente endeudamiento externo de la región, así como las necesidades de financiación. ¿Se está llegando a niveles de endeudamiento insostenibles?

Deuda ÁFrica  

1. Los años 70, África estaba enferma de su deuda exterior 

Como para la mayoría de los países en desarrollo, la deuda exterior de África subsahariana se acumuló masivamente en estos años en un contexto internacional favorable al endeudamiento, al disponer los bancos occidentales de una importante liquidez (petrodólares) junto a bajos tipos de interés. A eso se unió una  política de relanzamiento en los países industrializados, lo que facilitó el crédito a los países del sur. Todo lo anterior se combinó con un alza del precio de las materias primas, como garantía suficiente para el reembolso de la deuda.

Por ello, entre 1970 y 1980, la deuda exterior (deuda contraída por el estado, por una empresa pública o por una empresa privada con garantía estatal) de los países en desarrollo se multiplicó por ocho pasando de 47.000 millones de dólares a 381.000 millones. La deuda de África subsahariana aumentó prácticamente en la misma proporción (41,9 millones de dólares en 1980 contra 5,8 millones diez años antes) con tasas de crecimiento anuales de 20% a 30%.

Esta oferta masiva de crédito viene acompañada en África subsahariana, como en otros países, de una corrupción a gran escala. En resumen, se trataba de una huida hacia adelante en el endeudamiento. Es la época conocida como la de los ‘elefantes blancos’ y las ‘catedrales en el desierto’: proyectos fantasmagóricos, sobredimensionados y mal concebidos con costes de realización descontrolados. Estas y otras fantasías, como la construcción de hoteles de lujo, palacios y rascacielos que acaban quedándose sin ascensores, consumieron los recursos obtenidos en unos años de euforia exportadora y dejaron a muchos países africanos endeudados, arruinados y listos para caer bajo la tutela del FMI. Ejemplos de estos años fastuosos se ven en personajes de la talla de Bokassa, Mobuto, Idi Amin Dada, etc.

Gráfica

2. Años 1980. 'La caída y la década perdida’

La crisis de las tenazas (combinación de caída de los precios de las materias primas -petróleo, minerales, café y cacao- y alza de los tipos de interés a escala mundial algo parecido a lo que está ocurriendo ahora) llevó al continente aun largo periodo de estancamiento. 
a.    La financiación que parecía una solución milagrosa en los 70 deviene imposible en los 80. 
b.    El impago de la deuda por parte de México provoca una drástica reducción del crédito en 1982.
c.     El servicio de la deuda (el pago de los intereses de esta) creciente incide claramente en las finanzas de los Estados y acaba con los presupuestos nacionales. 
d.    Las tasas de inversión descienden bruscamente de un 20 a un 15% conduciendo a descapitalización neta en las economías africanas y las débiles inversiones son insuficientes para para poder compensar el grave deterioro de las infraestructuras, y la ayuda al desarrollo va cada vez menos dirigida a la inversión. 

Es en este momento cuando las instituciones de Bretton Woods emiten un diagnostico terminal. Dada la situación de crisis de las economías africanas, estas deben forzosamente estructurarse y para ello se crean los conocidos PAS: programas de ajuste estructural (liberalización y desregulación de la economía y contrarios a la intervención del Estado). Estas instituciones, influenciadas por el consenso neoliberal Thatcher–Reagan, marcan la política a seguir en estos años que en definitiva se asienta en la búsqueda del equilibrio presupuestario, reduciendo drásticamente el gasto público incluso en sectores sociales, el abandono de la burocracia redistributiva, el cese en las prácticas de subsidio de precios, privilegiar el reembolso de la deuda exterior y privatizar las empresas públicas. Había que aplicar una terapia de choque.

3. Años 90. Afro-pesimismo, años sombríos

Paradójicamente, la principal víctima de la reunificación alemana fue África. Con la caída del Muro de Berlín, el continente perdió su estatus de terreno de confrontación ideológica económica y militar entre los bloques capitalista y socialista. En esos años, la prioridad estaba en otro lado precisamente en Europa del este y la ayuda a África empezó a convertirse en transferencias y donaciones de carácter solidario las cuales fueron privatizadas o externalizadas y llevadas de la mano de las ONGs que en esos momentos estaban en plena efervescencia. 

Este cambio de registro provocó un importante descenso de la AOD (ayuda oficial al desarrollo) que pasó de 34 dólares por habitante en 1990 a 21 en al año 2001. La realidad es que en los años 90 se produjo una falta de compromiso con el continente y África solo valía para compadecerse de ella. El África de los 90 podría definirse en términos de afro-pesimismo.

4. El África económica entro en el siglo XXI con una importante inyección de cura en sus deudas públicas

Los países africanos se beneficiaron gracias a la iniciativa del G7 en 1996, posteriormente reforzada en 1999, de una importante reducción de su deuda bilateral y multilateral. La estrategia conjunta e integral del FMI y el Banco Mundial para reducir la deuda de África tenía por finalidad garantizar que ningún país pobre soportase una carga de la deuda que no pudiese manejar.

Hasta la fecha, en el marco de la Iniciativa para los Países Pobres muy Endeudados (la Iniciativa para los PPME/HIPC), se han aprobado planes de reducción de la deuda para 36 países, 30 de ellos en África, que a lo largo del tiempo representarían un alivio del servicio de la deuda por valor de 76.900 millones de dólares y 42.400 millones bajo el MDRI (Multilateral Debt Relief Initiative) en términos de valor actualizado a 2015.

Las iniciativas HIPC y MDRI y las del Club de París han reducido sustancialmente la deuda de los países que han alcanzado el punto de culminación. El Club de París es un espacio de discusión y negociación entre acreedores oficiales y países deudores. Su función es renegociar en forma coordinada y conjunta las deudas externas de los países deudores con dificultades de pago.

Para recibir una reducción completa e irrevocable de la deuda en virtud de la Iniciativa para los PPME, un país debe:

1. Establecer una trayectoria ulterior de buenos resultados en el marco de programas respaldados por préstamos del FMI y el Banco Mundial.

2. Aplicar satisfactoriamente las reformas fundamentales acordadas en el punto de decisión.

3. Adoptar e implementar un Documento de Estrategia de lucha contra la pobreza por un año como mínimo.

Una vez cumplidos estos criterios, el país puede alcanzar su punto de culminación, que le permite recibir la totalidad del alivio de la deuda prometido en el punto de decisión.

Atención, de todos modos, al desenvolvimiento de este fenómeno en el tiempo. Algún país HIPC ha vuelto a recurrir en niveles de endeudamiento que, por segunda vez, lo ha hecho repudiar su deuda. Lo preocupante es que de ser nuevamente rescatados (los que reinciden) el esquema de alivio de la deuda puede saltar por los aires.

Actualmente, el Banco Mundial (junio 2018) ha informado de que el 40% de los países pobres presentan un nivel de deuda publica insostenible o con alto riesgo de serlo. Esto es grave. La deuda publica alcanzaba el 45% del PIB en 2017 y además 11 de sus PMAs (países menos avanzados) se hallan en grave riesgo de sobreendeudamiento. Con los precios de las materias primas aún sin un repunte claro y la AOD en revisión muchos países africanos han recurrido a la emisión de la deuda. Al estar la misma denominada en divisas (gran parte), cualquier posible depreciación de la moneda local (que siempre se da) puede alargar la agonía en el reembolso.

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Además, los flujos de capital ilícitos estimados siguen siendo masivos. Como resultado, África ha sido un acreedor neto para el resto del mundo. Si bien es difícil medir los flujos ilícitos de recursos procedentes de África, varias estimaciones sugieren que son entre 50.000 y 60.000 millones de dólares al año. Las salidas de recursos ilícitos están habilitadas por las fallas de la gobernanza interna y la corrupción, así como por las prácticas de multinacionales dedicadas a la evasión fiscal y al desplazamiento de beneficios (UNECA, 2015).

Lo positivo es que hay un creciente movimiento para la reversión de las salidas de recursos a través de una combinación de mejoras en la gobernanza interna, incluidas medidas anticorrupción, así como la creación de capacidad para la administración tributaria y la gestión de los recursos.

No se puede dejar de incluir en este apartado a China, país que es el primer importador agregado del continente; eso es importante porque su demanda guía los precios de muchos minerales estratégicos. Es decir, si la demanda de China aumenta los precios aumentan y los exportadores africanos lo celebran, pero si ocurre al contrario…

África China

China ha sido, además, el prestamista bilateral más importante del África subsahariana en los últimos años. China es particularmente prominente en la financiación de diversos proyectos de infraestructura. Sobre la base de datos de la Iniciativa de Investigación China-África (CARI), China comprometió 125.000 millones de dólares en préstamos a los países del África subsahariana entre 2000 y 2017. Los préstamos chinos a la región se han acelerado desde 2012 a unos 10.000 millones de dólares cada año desde un promedio de 5.000 millones de dólares entre 2005 y 2010.

Angola ha sido el mayor receptor de préstamos chinos, con un tercio del total. Etiopía y Kenia completan los tres principales destinos de los préstamos chinos, con 11 y 8%, respectivamente. Durante el Foro de Cooperación China-África de 2018, China comprometió 60.000 millones de dólares adicionales en financiación africana durante los próximos tres años, principalmente en forma de préstamos.

A pesar del aumento de los préstamos chinos a África, China no es un titular mayoritario de deuda externa en la mayoría de los países. Según un análisis reciente de los datos de la CARI, China posee la mayor parte de la deuda externa en sólo dos de los países que corren o corren peligro de sufrir problemas de deuda, a saber, la República del Congo y Zambia (los préstamos chinos en los dos países ascienden a unos 14.000 millones de dólares, lo que representa poco más de una décima parte de sus préstamos totales en el continente).

A la larga, los resultados para los países africanos (que no para sus líderes) son y serán muy negativos, pues su deuda con China excede con mucho su capacidad de repago. Estos países estarían fuera del control y esquemas macro del FMI, por lo que sus préstamos estarían en manos chinas con la posibilidad de un aumento de las condiciones para nuevos préstamos (que serían leoninas).

Terminando con este punto, la relación con China tiene ventajas adicionales. Las empresas chinas no están sujetas a aspectos políticos, sociales o de corrupción (están en su salsa). No hay organismo alguno además que se interese (quizás la OCDE a la que no pertenecen), lo que es muy convenientemente para los que deciden en África. Los chinos tienen las manos libres para entrar en la zona oscura y, además, las empresas chinas no tienen que someterse a restricciones medioambientales.

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@ECA_Official - Executive Secretary, U.N. Economic Commission for Africa

Inversión extranjera directa (IED) y ayuda oficial al desarrollo (AOD)

Sería recomendable profundizar en la combinación de cooperación más inversión más acorde con los tiempos actuales africanos. No hay ningún país actual del mundo globalizado que no promueva la inversión extranjera en su propio país de una u otra forma. En teoría, la IED es, por lo tanto, un factor de ayuda al desarrollo. Las inversiones locales africanas por sí solas no pueden lograr el crecimiento de sus economías y la inversión de capital de inversores extranjeros es una de las formas más efectivas de construir muchas de las infraestructuras necesarias en África.

Dichos inversores y dichas inversiones extranjeras precisan de mano de obra; por ello, la IED proporciona en la gran mayoría de los casos oportunidades de trabajo para los locales, además de transmitir conocimiento y desarrollo hacia el país receptor. Y no solo eso, sino que, desde el punto de vista económico y social, el pago de impuestos por parte de los inversores extranjeros y, por consiguiente, su obligada aportación a los presupuestos nacionales.

Sin embargo, todo ello solo sería eficaz si se gestiona adecuadamente. El desarrollo no solo es cuestión de dinero; de ser así, África hubiese ya resuelto sus problemas, pues, desde 1960, los países de la OCDE han dedicado más de 650.000 millones de dólares a este concepto o para el desarrollo del continente. Sin embargo, la AOD ha aumentado en este continente en la misma proporción que la pobreza. Distorsiona los flujos financieros internacionales y genera un riesgo moral, es decir, la tendencia a asumir riesgos por una de las partes porque los eventuales costes del riesgo de siniestro no recaerán sobre ella sino sobre otros. (contribuyentes, depositantes, otros acreedores, etc.). Habría que ver cuantas crisis bancarias han tenido que resolverse por el recate pagado por los contribuyentes. En cooperación e inversión, no hay recetas definitivas; en cualquier caso, ambas son necesarias y cada una de ellas cumple una función.

Hay restructuraciones políticas, económicas y sociales y, desde luego, culturales que hay que llevar a cabo, empezando por la superación de la cultura de la dependencia, y son los propios africanos quienes lo denuncian. En cualquier caso, no se puede olvidar que ningún país del tercer mundo se ha desarrollado a partir de la ayuda, e incluso puede ser contraproducente si favorece la mala gestión y la corrupción de los beneficiarios o el fortalecimiento de dictaduras locales, como ocurrió en décadas anteriores.

La posición paternalista europea aún persiste en el continente africano; se trata de una visión europea de África como carga humanitaria. Una de las características más reseñables de las inversiones europeas y del compromiso en general que Europa tiene hacia África, y más concretamente hacia el África subsahariana, se basa en la concepción de la región como una carga económica. Por ello, Europa se centra más en darle al continente ayuda para el desarrollo y menos compromisos en comercio e inversiones. Europa ha empezado a darse cuenta de que ese no es el camino para seguir.

Este tipo de compromisos, hoy, en pleno siglo XXI y más tratándose de África Subsahariana, no es sencillamente sostenible, pues crea desequilibrios económicos y lleva a muchas economías africanas a que dependan de las ONG y de los propios gobiernos europeos. Para ser socio económico, la UE debe profundizar más en reinvertir esta ecuación centrándose más en el comercio y las inversiones, pues eso disminuiría la necesidad de ayuda al desarrollo otorgada por la UE, los gobiernos europeos y las ONG de Europa. Europa no puede, por tradición, cercanía e historia, permitirse perder a África frente a otros competidores como son los chinos, indios, turcos, brasileños, marroquíes, etc.

3. Educación y formación (población joven)

« Parmi toutes les régions, l’Afrique subsaharienne a les taux les plus élevés d’exclusion de l’éducation. Plus d’un cinquième des enfants âgés d’environ 6 à 11 ans n’est pas scolarisé, suivi par un tiers des enfants âgés d’environ 12 à 14 ans. Selon les données de l’ISU, près de 60 % des jeunes âgés d’environ 15 à 17 ans ne sont pas scolarisés.
Si des mesures urgentes ne sont pas prises, la situation empirera certainement, car la région fait face à une demande croissante d’éducation en raison de l’augmentation constante de sa population d’âge scolaire »
UNESCO 2019

"De todas las regiones, el África subsahariana tiene las tasas más altas de exclusión de la educación. Más de una quinta parte de los niños de entre 6 y 11 años no van a la escuela, seguidos de un tercio de los niños de 12 a 14 años. Según datos del ISU (Instituto Estadístico de la UNESCO), casi el 60% de los jóvenes de entre 15 y 17 años no van a la escuela. Si no se toman medidas urgentes, la situación sin duda empeorará a medida que la región se enfrenta a una creciente demanda de educación debido al aumento constante de su población en edad escolar” UNESCO 2019

ÁFrica formación

El atraso en la educación es una característica bien marcada de la realidad africana y seguramente causa o consecuencia del subdesarrollo de la región. Sin embargo, ha tenido lugar un aumento en la tasa de educación en las últimas décadas, pues en el momento de la independencia, el atraso era bastante notable. Hoy, las estadísticas del banco mundial, así como las de la UNESCO, demuestran un progreso creciente en años de escolaridad (años de enseñanza) y una consecuencia de ello han sido las mayores tasas de alfabetización. Así lo afirma Carlos Sebastián en ‘Subdesarrollo y esperanza en África’ (Galaxia Gutenberg).

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Dicho esto, todavía hay países africanos con importantes carencias educativas y como consecuencia con el correspondiente analfabetismo. La tasa neta de escolarización primaria ha crecido globalmente en África unos 12 puntos durante el decenio 2000 para llegar a un 75% en 2015. La tasa de escolarización segundaria creció unos 10 puntos para llegar a un 35%. Los efectivos escolares han aumentado un volumen del 31% y África dedica un 5% de su PIB y un 20% de su presupuesto a educación, pero a pesar de estos progresos cuantitativos, más de 40 millones de niños africanos siguen sin escolarización con importantes descartes entre niños y niñas (9%).

África trabajo no cualificado

Si se compara la realidad educativa africana con la del resto de continentes y subcontinentes, los países de África negra están en la cola, lo cual es determinante. La falta de capital humano cualificado, en un mundo tecnificado y exigente en conocimientos como el de hoy, es garantía de fracaso. Ese mencionado analfabetismo repercute muy negativamente en la disponibilidad de capital humano preparado para desarrollar una actividad económica que no sea de supervivencia.

Todos estos factores que afectan a la mayoría de la población infantil con las consiguientes consecuencias futuras que ello tiene en la juventud africana pues no lo olvidemos África es un continente joven. Una tercera parte de la población mundial tiene menos de 20 años. Algunos países tienen más gente joven que otros. En alrededor de 40 países africanos, cerca del 40 % de la población tiene menos de 20 de años. En contraste, en 30 de los países más ricos, menos del 20 % de la población tiene menos de 20 años.

"África debe dejar de ser un museo de la pobreza. Su gente está decidida a invertir esta tendencia. El futuro de los jóvenes africanos no está en Europa, su destino no es perecer en el Mediterráneo", dijo Akinwunmi Adesina, presidente del Banco Africano de Desarrollo, a los periodistas en las 53ª Reuniones Anuales de celebrada en Busan, Corea del Sur, en junio pasado. 

El 60% de los africanos son menores de 24 años. Para 2050, el 35% de los jóvenes del mundo serán africanos, frente al 15% en 2000. Esta especificidad es un hecho esencial del futuro de este continente que es el más joven del mundo. Esto, en principio, podría ser una ventana de oportunidad demográfica -tal como nos transmite Serge Michailof, uno de los directores del banco Mundial y director de operaciones de la AFD francesa, en su libro ‘Africanistán’-, para un crecimiento de la población activa potencial (con edades de 15 a 64 años), pero para poder beneficiarse de ese dividendo demográfico hace falta que los jóvenes que llegan y llegaran en masa sobre el mercado del empleo, puedan efectivamente encontrar un empleo decente y formal con una mayor productividad que la actual.

Si esa fuerza demográfica joven no logra incorporarse al mercado laboral, nos encontraremos con una enorme masa de subempleados sin esperanzas tanto en el campo como en la ciudad. Una importante fracción de los jóvenes urbanos africanos está constituida por los que comúnmente se llaman ‘ni-ni-ni’: ni empleo, ni en búsqueda de empleo, ni en formación. Y ya se sabe a lo que conduce esta situación: revueltas sociales y nuevas primaveras – en este caso africanas-. Como recordatorio, los jóvenes ya conforman el 60% de la población desempleada de África.

Por ejemplo, la tierra y los jóvenes son dos recursos muy abundantes. El 60% de las tierras cultivables no aprovechadas están en África y, sin embargo, muchos países africanos tienen que importar alimentos básicos. Además, los jóvenes no piensan que la agricultura sea una opción de vida atractiva. Como consecuencia, la edad media del agricultor keniano es 63 años, y la del sudafricano, 62.

La formación técnica y profesional en el sector agrario podría dar empleo a millones de jóvenes africanos, garantizar que se queden en las zonas rurales, en vez de ir a vivir a unas ciudades ya superpobladas y, sobre todo, garantizar la seguridad alimentaria. Pero los jóvenes africanos, en su mayoría, están interesados en ser empresarios o trabajar en el sector servicios, como la banca y las telecomunicaciones.

Aunque la política en África sigue, en gran parte, dominada por la vieja guardia, lo que es innegable es que el continente ha emprendido un proceso de transición de los líderes. En este recorrido, cada país tendrá que marcar su propio ritmo. Y será necesario empujar a los jóvenes a asumir posiciones de líderes que les permitan crear empleo, dirigir instituciones y diseñar, implantar y gestionar políticas.

Para que el proceso de transición tenga éxito, los jóvenes africanos tendrán que ser una parte integral de él. La historia precolonial de África muestra que, en el pasado, el continente tuvo unos líderes importantes. El reino de Malí, el reino de Ghana y las civilizaciones etíope y nubia tuvieron gran influencia. Ahora, los jóvenes pueden conducir África hacia una prosperidad para todos en el siglo XXI.

Crecimiento ONU mapa

África agricultura
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África en los próximos años 

“El levantamiento de África se centraba en las oportunidades para el mercado mundial, no necesariamente en los intereses de la propia África.”  [y aún hay mucho de eso en la actualidad]

('África en transformación', Carlos Lopes)

A lo largo de este documento, se han descrito los diferentes desafíos a los que África se ha enfrentado y se enfrenta actualmente. África sigue en tránsito, un continente que fue dirigido por las potencias colonizadoras se encuentra desde hace más de una década con la posibilidad real de dirigir su propio destino. Sus potenciales son enormes. África debe creer en sí misma, deberán ser los propios africanos quienes lideren su crecimiento, quienes gestionen su demografía creciente y quienes pongan las bases necesarias para superar los enormes desafíos que tienen por delante.

Desafíos como superar el vacío de infraestructuras en sectores tan necesarios como la energía y el transporte, adentrarse en una agricultura transformada tecnológicamente dado que es el sector que más mano de obra produce (África se gasta unos 35 billones anuales de dólares importando alimentos muchos de los cuales pueden producirse en el propio continente; Hay países como Etiopia y Ruanda que lo están consiguiendo, pero una frágil infraestructura, barreras regionales al comercio, así como otros factores como el tipo de cambio están apartando a los agricultores africanos del mercado), invertir en educación y formación de nuevos líderes africanos etc. Para todo ello es preciso una clara voluntad política de sus gobernantes, una visión inteligente y practica de futuro para poder al menos tratar con visos de éxito un mejor desarrollo macroeconómico y social del continente. 

Los próximos años serán buenos en función de que se cumplan las condiciones mencionadas. Dicho esto, y dada la dificultad siempre de predecir, y más aun tratándose del continente africano (que, en el fondo, es un continente expuesto a muchos otros factores externos como el clima, los posibles conflictos étnicos, las pandemias, la pobreza y malnutrición de sus habitantes, la dependencia de los mercados exteriores ,etc.), se pueden destacar las acciones que encauzarían este territorio de más de 30 millones de kilómetros cuadrados hacia un futuro simplemente más sostenible. 

En primer lugar, África debe crecer sobre una base durable y solidaria aumentando la productividad en todos los sectores de la economía y creando empleos de calidad. Para ello, debe indudablemente transformar su economía y son los propios africanos los que tienen que decidir por sí mismos y no seguir dependiendo de la demanda de otros mercados maduros o emergentes para seguir creciendo. Deben participar mucho más en las cadenas globales de valor. Solo el 3% del volumen mundial de exportaciones provienen de África y el 50% de las exportaciones africanas se procesan fuera del continente por lo tanto dejan de percibir ese valor añadido suplementario (exportación de materias primas no transformadas).  

Se sabe que un porcentaje de las cifras de exportación mundiales de bienes y servicios son aportados por terceros países (caso de numerosos países africanos) para luego ser exportados y que por lo tanto son objeto de un doble computo en el comercio mundial. África se empobrece en términos absolutos en este sentido, y la tendencia debe cambiar a un mayor procesamiento de las exportaciones dentro de sus respectivos países.

Una cadena de valor significa en definitiva una sucesión de varias etapas en las que una compañía ofrece un producto o un servicio desde su concepción hasta su final entrega al consumidor. Las cadenas globales de valor ofrecen nuevas oportunidades para la transformación estructural de África. Así pues, África debe dejar progresivamente de constituirse como una fuente de materias primas para muchas cadenas globales de valor y crear sus propias marcas ‘made in África’. 

En segundo lugar, industrializarse, pues la industria es motor de crecimiento y África dispone de una mano de obra joven y abundante; de recursos naturales también abundantes; y, finalmente de una oferta dirigida a mercados emergentes y maduros como son los asiáticos y los europeos principalmente. El futuro industrial de África dependerá de una progresiva transformación de sus materias primas locales, así como de una industria de base exportable al resto del mundo. 

En tercer lugar, afrontar la importante carencia de infraestructuras. Transporte y electricidad son dos auténticas losas sobre buena parte del territorio africano. La comunicación entre poblados, lugares de producción de las mercancías y centros de venta y consumo debe mejorar, pues el desarrollo de estos tendría un impacto muy positivo sobre las economías de estos países.   

En cuarto lugar, mejorar la calidad y transparencia de las instituciones públicas dotando a la administración de una mayor eficacia. Aunque hay una mejora en la calidad de gobernanza de algunos países todavía existe un alto indicie de corrupción. Hay países como Botsuana, Mauricio, Namibia, Ghana, Ruanda y Etiopía que tienen una mejor puntuación y no están necesariamente dotados de recursos naturales. Otros como Nigeria y Angola bendecidos por los recursos tienen sin embargo una calidad de gobernanza insuficiente. 

En quinto lugar, no debe olvidarse la formación de base, pues África, continente de futuro, no puede descuidar este aspecto, precisamente, con una población esencialmente joven. 

Conclusiones 

Las conclusiones para África son de todo menos evidentes y difíciles de mantener teniendo en cuenta el potencial y al mismo tiempo la dependencia de esta región de los mercados globales. África es una asignatura compleja, aunque sea apasionante su estudio. Las herencias del pasado en algunos países aún lastran un crecimiento que, aunque real, es frágil, pues no genera suficientes puestos de trabajo en una población esencialmente joven, la más joven del total de las naciones.

Ese crecimiento exige un mejor enfoque a futuro. Un número de países africanos, sin embargo, ha despegado con políticas más coherentes tendentes a una mayor liberalización de sus economías, con instituciones más sólidas y una mejor gobernanza. Retos como diversificación de la economía, mayor proceso de manufacturación, participar más de las cadenas globales de valor, superar paulatinamente el déficit crónico de infraestructuras físicas, principalmente en el sector energético, con una mayor dotación de financiación y más innovadora son los retos a los que África debe aspirar.

Todo ello, además, con el fin de amortiguar lo cíclico de los comportamientos económicos mundiales, cuando los mismos vienen adversos. Es preciso darle alas y espacios a esa enorme población joven africana con un tremendo potencial y que reclama un mejor futuro y una mejor salida a sus aspiraciones. Pero es África por si misma quien debe contribuir a que ello suceda. 
 

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