África: la simplificación es a veces máscara de la ignorancia

El desarrollo de África es imperativo dado que millones de personas ayer y miles hoy no pueden vivir en el mismo espacio de la misma manera
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PHOTO/TANYA BINDRA/UNICEF via AP  -   Un estudiante repasa los apuntes de la pizarra para una clase de preparación para emergencias en una escuela de Baigai, Camerún

Existen lecturas afro-optimistas y afro-pesimistas sobre el continente africano

En la última década, el África subsahariana se ha convertido en la región más reformista del mundo. Hoy en día, un empresario puede registrar una empresa en 20 días en 26 de las 48 economías subsaharianas, mientras que hace 10 años esto sólo era posible en tres países1. Sin embargo, y siendo objetivos, hacer negocios en África tiene aún muchas barreras administrativas, funcionales e institucionales. La única realidad es que el continente tiene aún mucho recorrido por delante haciendo honor a sus más de 30 millones de kilómetros cuadrados.

África, por diversas razones, concentra más que ningún otro espacio geográfico de esta envergadura las representaciones caricaturescas, que se reflejan en las lecturas afro-optimistas y afro-pesimistas. Cada una de estas formas de decir y pensar en el continente refleja posiciones variadas, más o menos bienintencionadas. Así, el reciente afro-optimismo, cuando expresado en cierta prensa económica, forma parte de un método Coué2 que pretende auto cumplirse: “Si África es el continente del mañana, es urgente invertir en él”. Por el contrario, el enfoque afro-pesimista, inscrito a veces en una lectura tercermundista que interpreta todas las desgracias del continente a través de la larga historia de sus relaciones dominadas con el exterior, tiende a ocultar tanto la autonomía de los actores africanos como su parte de responsabilidad. Lo que tienen en común estos dos enfoques es que nos impiden comprender la complejidad de la realidad africana. África tiene más representaciones caricaturescas que otros continentes que borran sus especificidades internas. En África, aunque ahora con menos intensidad, predominan aún tres aspectos mortales que son: las guerras, el hambre y las epidemias.

¿Todos estos estereotipos africanos han evolucionado? 

Las representaciones dominantes hoy oscilan entre un afro-pesimismo (definido como la pérdida de fe en el desarrollo del continente africano) de un África marginada y descosida por conflictos3, un afro-optimismo de una África que emerge y que puede llegar a ser una nueva frontera dentro de la economía mundial y aquella África (por la que me decanto) con una mayor dosis de afro-realismo en donde algunas de sus economías están produciendo un mejor desarrollo sostenible en el tiempo sin olvidar  todavía las carencias estructurales de las mismas. Un Afro-realismo que consiste en no caer en la trampa del continente emergente ni del continente condenado. África no es un país, no podemos colgar una etiqueta para 54 países. No simplifiquemos sabiendo que hay países que sobresalen y van con mejor nota y otros que repiten a final de curso. Ya tuve ocasión de mencionarlo en anteriores análisis.

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“La primera llamada que hago desde lo alto de esta tribuna es una llamada por el respeto de las especificidades de cada país en su itinerario nacional. Hoy los Estados (los del norte) no tienen el derecho de exigir a los países del sur un cambio radical y veloz según un esquema extranjero a su cultura, sus principios y sus propios atributos; como si el desarrollo no pudiera realizarse más que al halo de un modelo único: el modelo occidental4.”

¿Podemos hablar de una dinámica conjunta a escala continental? ¿La inserción en la globalización conduce a una mayor división del continente o promueve su unidad?

  • Las primeras líneas divisorias se refieren al propio espacio africano. La apertura mediterránea, la inmensidad de los espacios saharauis, la presencia del bosque ecuatorial o la inscripción en las costas del océano Índico pueden ser decisivos, sin ser deterministas, para definir ciertas áreas del continente.
  • Sin embargo, es en la geografía humana donde encontramos los elementos más llamativos de unidad y diversidad. A aquellas regiones con muy baja densidad como es el caso del espacio saharaui, o zonas forestales ecuatoriales se oponen las altas densidades de los Estados fronterizos con el golfo de Guinea o la región de los Grandes Lagos. El continente en su conjunto ha experimentado y sigue experimentando un crecimiento demográfico significativo que lo diferencia de otros espacios del mundo, con una tasa cercana al 5% anual en el África subsahariana. La demografía pues marca las diferencias de desarrollo en el continente.
  • Otra distinción relevante es la que tiene lugar entre la África urbana y la África rural. Aunque África es el continente con mayor población rural, con el 60% del total, sus principales metrópolis están experimentando un dinamismo real y un crecimiento poblacional muy significativo, lo que probablemente las colocará en la cima de la jerarquía urbana mundial para 2050.
  • La otra característica de África es estar formada por un mosaico de pueblos o grupos étnicos. Se estima que hay casi 2.000 de ellos, divididos en seis grupos lingüísticos principales. (ver mapa)
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El lugar de África en el mundo ha cambiado sustancialmente, se ha hecho más fuerte, más protagonista en los últimos 20 años5. El continente ha ido mutando y transformándose poco a poco, aunque aún se le espera en muchos aspectos. Parte de culpa de todo ello la tienen otras economías que han depositado en África sus intereses ejemplos como los de China, Brasil, Turquía, Marruecos, India han contribuido y propiciado quiérase o no al levantamiento del continente y su protagonismo en aspectos tan sustanciales como el crecimiento, el desarrollo, y la inversión además de los geoestratégicos entre otros. África siempre ha sido dependiente del exterior, aunque los esfuerzos para que ello vaya dilatándose son importantes, sin embargo, un continente de esta magnitud con la mezcla de recursos que posee y al mismo tiempo con las carencias estructurales que padece precisa de una importante cooperación e inversión externa directa para su desarrollo.

Ejemplos de ello los hay en muchos aspectos como son en el comercio, en las infraestructuras, en la energía, en la financiación, en el empleo, en las propias instituciones, etc. Para todo ello se necesita a los propios africanos.

Por lo tanto, hay que considerar en importancia y en términos generales como desafíos prioritarios:

El mercado interior (ese futuro mercado de libre cambio continental africano y las esperanzas depositadas en el mismo. Crear el mayor mercado integrado favoreciendo la libre circulación de bienes y personas en el mundo). ¿Sera África capaz de producir un verdadero mercado interior?

Dado que la economía mundial se encuentra en una situación de agitación debido a la pandemia de COVID-19, la creación del vasto mercado regional del Acuerdo de Libre Comercio de África es una gran oportunidad para ayudar a los países africanos a diversificar sus exportaciones, acelerar el crecimiento y atraer la inversión extranjera directa. El alcance del AfCFTA es grande. El acuerdo reducirá los aranceles entre los países miembros y abarcará esferas de política como la facilitación del comercio y los servicios, así como medidas reglamentarias como las normas sanitarias y los obstáculos técnicos al comercio. Complementará las comunidades económicas subregionales y los acuerdos comerciales existentes en África ofreciendo un marco normativo de ámbito continental y regulando esferas de política como la inversión y la protección de los derechos de propiedad intelectual que hasta ahora no han sido abarcadas en la mayoría de los acuerdos subregionales de África. El AfCFTA impulsaría significativamente el comercio africano, particularmente el comercio intrarregional en lo referente a las manufacturas. Para 2035, el volumen de las exportaciones totales aumentaría casi 29% en relación con los negocios habituales. Las exportaciones intercontinentales aumentarían en más del 81%, mientras que las exportaciones a países no africanos aumentarían en un 19%. Esto crearía nuevas oportunidades para los fabricantes y trabajadores africanos. Estas ganancias provendrían, en parte, de la reducción de aranceles, que permanecen obstinadamente altos en muchos países de la región. Hoy en día no olvidemos que es el mundo en su conjunto quien comercia más con África que África consigo misma.

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AFP/ TONY KARUMBA - Un agricultor recoge bayas de los árboles de café el 2 de agosto de 2019, en la plantación del agricultor keniano Josphat Muchiri
Una economía en transformación que diseñe su propia trayectoria de desarrollo

África crece rápidamente, pero se transforma lentamente6.

La capacidad de África para resurgir en 2021 dependerá de la recuperación mundial, de la amplitud de la desestabilización económica y de la movilización de la ayuda internacional para acompañar a las economías africanas. A más largo plazo, aunque ya hay que empezar con ello la recuperación requerirá de grandes dosis de transformación estructural.

La mayoría de las sociedades africanas tienen enormes dificultades a implantar estrategias de desarrollo a largo plazo:

  • Asegurando la transformación de economías de renta en economías de producción, diversificada, y creadora de riqueza y empleo.
  • Permitiendo la creación de ventajas competitivas en el mercado mundial
  • Generando recursos públicos necesarios para las funciones soberanas del Estado en infraestructuras y gasto social.

Todo ello requiere indudablemente en el caso africano de inventar nuevos modelos de desarrollo.

Tomemos el ejemplo de la agricultura: La economía africana descansa todavía sobre su agricultura pues la misma emplea a mas de la mitad de la población activa del continente, su importancia dependerá de su evolución y desarrollo. El número de personas empleadas en la misma sigue creciendo entre otras cosas debido al aumento exponencial de la población. Sin embargo, su contribución a la riqueza es menor alrededor de un 15% del PIB africano, por lo que esa diferencia entre la importancia del sector en el empleo y el poco peso de esta en la producción de riqueza no es mas que un reflejo de una producción limitada. Sin embargo, hay que reconocer los esfuerzos que se están haciendo por modernizarla siendo como es una agricultura familiar y aun no desarrollada tecnológicamente. Agricultura (producción agrícola) demografía, y seguridad alimentaria van estrechamente unidas en África, no olvidemos que el continente importa un 14% de sus necesidades alimentarias y que en 2025 podría llegar a importar un 25% (según AFD la Agencia Francesa de Desarrollo). ¿Qué revolución agrícola seria la idónea para el continente? Las especificidades estructurales de la misma-el mantenimiento de una intensa demografía rural y la fragilidad de recursos naturales- requieren una transformación progresiva como seria la mecanización, la irrigación descentralizada, el desarrollo de sistemas de producción agroecológicos etc.

El aumento de la producción agrícola será alrededor de unas 3 veces mas eficaz para reducir la pobreza, que el crecimiento en otros sectores.

Los lazos económicos con el resto del mundo

La primera pregunta que debemos hacernos es ¿qué lugar ocupa África en la arquitectura mundial? África no está en el centro de las economías del mundo ni tampoco es una bisagra entre Occidente y Oriente como pudiera serlo Oriente Medio. África ha jugado durante mucho tiempo y todavía lo es hoy, un papel de reserva de mano de obra y materias primas para el resto de las economías mundiales. Europeos la han tratado como tierra vacía que se han repartido en función de sus intereses. El panorama no ha cambiado sustancialmente a pesar de la independencia de sus países. Ahora son otros los que se han adentrado en el continente, su aspecto es diferente y sus modos son distintos, pero en esencia su objetivo viene también dictado por su interés como hicieron los europeos en aquellos momentos. Si es cierto, África se ha integrado en las grandes organizaciones internacionales de Naciones Unidas y pertenece a distintos organismos multilaterales, pero su peso tanto en el FMI o en el Banco Mundial, así como en la OMC, sigue siendo relativo respecto del de otras naciones. Dicho esto, hay que destacar que a principios del siglo XXI ha tenido lugar una reclasificación geopolítica para el continente de vuelta convidado y deseado por otros actores internacionales debido principalmente a la seguridad, acceso a recursos naturales (minerales e hidrocarburos), tierras, bosques, su peso demográfico, sus perspectivas de crecimiento, mayores índices de democracia etc. todo ello hace hoy de África aun con todavía mucho recorrido por delante, un actor en crecimiento a nivel mundial y hay algunos que piensan que es el futuro de la humanidad.

Una mejora progresiva de la gobernanza económica y publica

Se han elaborado una serie de indicadores para evaluar los niveles de corrupción en África. Algunas de estas medidas, incluido el Índice de Percepción de la Corrupción, Indicadores de Gobernanza del Banco Mundial, el Índice Mo Ibrahim de Gobernanza Africana y el Afro-barómetro, tienen autoridad de análisis pues determinan la política exterior, las decisiones de inversión asignación de ayudas, así como el análisis del riesgo de los países del continente. La corrupción es efectivamente uno de los principales obstáculos a la transformación estructural del continente, un fenómeno estrechamente ligado al mal gobierno y puntualizó este mal no es únicamente africano. La falta de instituciones se reconoce como uno de los factores más determinantes de la corrupción, por ello se requiere que las distintas instituciones de gobierno se esfuercen en hacer cumplir la aplicación de las leyes, normas en materia de lucha contra la corrupción y promover la buena gobernanza y las buenas prácticas. El fortalecimiento de los principios de anticorrupción, incluyen la transparencia, la participación, la responsabilidad y la integridad. Son necesarias varias condiciones para que la transformación estructural se produzca, la aplicación y ejecución de los principios de buen gobierno desempeñan un papel central, ya que determinan las relaciones recíprocas entre los actores del sector público y los de otros sectores. Curiosamente, varios estudios han demostrado que existe una dependencia e interrelación entre el crecimiento económico y el nivel de la buena o mala gobernanza7.

Ranking Indice Mo Ibrahim 2020 (recomiendo su lectura)
  1. Mauritania 77.2 -0.5.
  2. Cabo Verde 73.1 +0.2.
  3. Seychelles 72.3 +7.8.
  4. Túnez 70.4 +8.2.
  5. Botsuana 66.9 +0.8.
  6. Sudáfrica 65.8 -0.9.
  7. Namibia 65.1 +3.4.
  8. Ghana 64.3 +0.1.
  9. Senegal 63.2 +3.3.
  10. Marruecos 61.0 +5.3.
  11. Ruanda 60.5 +3.7
Un tratamiento ortodoxo de sus recursos y su importante implicación en el medio ambiente
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AFP/ ISSOUF SANOGO - Mujeres miembros de una cooperativa agrícola de cacao ponen granos de cacao a secar el 17 de abril de 2019 en una granja cerca de Adzope, al sur de Costa de Marfil

África es sin duda el continente mejor dotado en recursos naturales. Con una superficie de aproximadamente 30,3 millones de kilómetros cuadrados, si se incluyen los espacios insulares, el continente cubre alrededor del 6% de la superficie mundial y una quinta parte de la superficie terrestre del mundo. Hoy en día, es el hogar de unos 1.200 millones de personas, el 17% de la población mundial, distribuida de forma desigual en 54 Estados.

En general, tiene una densidad de población media, con unos 35 habitantes por kilómetro cuadrado frente a los 47% globalmente. Esta media es cuatro veces menor que la de la Unión Europea, por ejemplo. Sin embargo, el crecimiento medio de la población es muy alto, y según se prevé que la población se duplique de aquí a 2050. La riqueza de África se encuentra en su suelo. En efecto, posee el 24% de las tierras arables del mundo sin embargo genera solo el 9% de la producción agrícola. Cuando hablamos de recursos en África hablamos de muchos invitados a la mesa y algunos con una política extractora voraz sin cuidar el medio ambiente a su vez facilitada dicha conducta por los propios locales que no alcanza a ver las consecuencias que ello comporta en la economía y en la naturaleza. Los recursos naturales de los que dispone África le ofrecen una oportunidad única de favorecer al desarrollo humano y económico. Sin embargo, África sufre de la paradoja de la abundancia, a saber, esa abundancia no se traduce en niveles equivalentes de prosperidad, de desarrollo a gran escala y de industrialización anexionada a los recursos. Y como hemos repetido en otras ocasiones, uno de los principales obstáculos que impiden a los países africanos de conseguir ese potencial reside en el mal gobierno de sus dirigentes.

Hay que reconocer de todas maneras que bajo presión de la calle para una mayor equidad en la repartición de la riqueza y de reclamos destacables para que haya una mayor transparencia sobre la gestión de las rentas y los contratos será cada vez más difícil para los gobiernos el justificar el estancamiento económico y social que se produce en sus países. Y hay algunos de estos que se han adelantado para poner en marcha importantes programas de transformación económica para que sus países puedan salir de la espiral infernal del subdesarrollo. Los pilares de dichos programas tienen como base la industrialización, utilizando los activos naturales de la agricultura y los minerales. Ghana, Costa de Marfil, Congo, o Tanzania promueven planes de desarrollo promoviendo las filiales industriales y agrícolas que dan valor añadido a las materias primas.

La gestión durable del medio ambiente debe empezar por acciones locales y por una educación medioambiental de base. Las preguntas están sobre la mesa: ¿cómo asegurar una transición energética en un contexto de fuerte inestabilidad de energías fósiles y de países en donde una gran parte son exportadores netos de hidrocarburos? ¿Cómo conseguir que las poblaciones rurales y urbanas tengan un comportamiento cívico frente al tratamiento de residuos? Y ¿cómo evitar que los fondos verdes no sirvan mas que para alimentar las conferencias internacionales sobre el medio ambiente?

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PHOTO/AFP - Empleados de la empresa Congo bio vegetal preparan las hojas de yuca en las que se enrolla el "chikwangue" en Kinshasa
Y abordar el desafío educativo en profundidad

Después de un retroceso del 1% en los años 80 y de un 0,5% en los años 90, ASS ha encontrado, a partir del año 2000, un crecimiento económico anual sostenido del orden del 2,5% particularmente favorable al desarrollo de la educación. Esta mejora, sin embargo, no se ha visto acompañada de una reducción de la pobreza, que sigue siendo un obstáculo mayor en la vía educativa. Entre 1990 y 2010, el porcentaje de individuos que vivían con menos de 1,25 USD al día descendió solo de un 56% a un 48%. Al mismo tiempo, la región se distingue del resto del mundo por su evolución demográfica, con el mayor porcentaje mundial de niños entre los 5 y los 14 años (27%) y con una tasa de fecundidad media de 4,9 niños por mujer, lo que supone más del doble de la media mundial de 2,4 niños. Por todas esas razones, los esfuerzos para llevar a cabo una educación para todos en el África subsahariana después del 2000 tienen un saldo desigual.

Es cierto que los progresos a nivel regional en la dirección de la educación primaria universal se han acelerado en relación con los años 90 y la tasa de escolarización ajustada ha progresado de un 59% a un 79% entre 1999 y 2012, pero muchos países siguen con un enorme retraso y algunos objetivos como la educación y la protección de la infancia, el aprendizaje de jóvenes y adultos, la alfabetización de adultos y la calidad de la educación no han recibido la atención necesaria. La región cuenta aún con unos 30 millones de niños en edad escolar primaria sin escolarización.

En cuanto a la enseñanza preescolar en 2012, las matriculaciones en ASS fueron 2 veces y media más numerosas que en 1999, pero la tasa bruta de escolaridad (TBE) media seguía siendo muy débil (un 20% solamente). La gama entre países es, sin embargo, muy amplia. De un TBE inferior a un 2% en Mali a cerca de un 100% en Ghana, Mauricio y Seychelles. Muchos países como Sudáfrica, Angola, Camerún, Ghana, Guinea Ecuatorial y Lesoto han invertido en ello y han hecho importantes progresos. Los maestros son los principales responsables de la calidad de la enseñanza, pero el número de estos, así como su nivel de formación, es a menudo insuficiente. En 2012, la mitad de los países del ASS consagraron cerca de un 5% de su PIB a la educación, pero los porcentajes varían según países.

Menos de un 2% en República Centroafricana, Rep. Democrática del Congo y Zimbabue y un 10%, por ejemplo, en Botsuana. La ayuda a la educación básica en ASS ha disminuido en términos relativos debido a mala coordinación mundial y nacional, pues no se ha dirigido a los países más necesitados.

Por otro lado, aún perdura una educación elitista en algunos regímenes; un sistema educativo con objetivo de formar a las elites locales (“a la escuela solo van los mejores”) y los maestros solo enseñan o preferentemente enseñan a los mejores.

Conclusiones

El desarrollo de África es imperativo dado que millones de personas ayer y miles hoy no pueden vivir en el mismo espacio de la misma manera. Insisto, África no es uniforme y hay auténticas diferencias entre países. Pero incluso dentro de un mismo país, la costa y el interior tienen un desarrollo distinto pudiéndose distinguir entre zonas de selva, desiertos, montaña ya sean fértiles o no, pobladas o no, accesibles o encerradas, cristianas o musulmanas etc. Muchos de sus Estados pueden aun considerarse como no estructurados o fallidos8.

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Por todo ello, África merece una atención especial, así como un análisis profundo de lo africano y no quedarnos en la superficie de lo simplista como lamentablemente ocurre en muchos círculos. No es nada sencillo describir África, se trata de un continente muy vasto. Decimos África, pero es una simplificación somera y cómoda. Y como decía Ryszard Kapuscinski en su obra ‘Ébano’: “En realidad, aparte de la noción geográfica, África no existe”.

Referencias bibliográficas
  1. Un ejemplo reciente es Togo, un pequeño país de África Occidental conocido por sus preciosas reservas de fosfato y sus playas de arena, acaba de entrar en el grupo de los diez países más reformistas del mundo en el informe Doing Business 2020 del Grupo del Banco Mundial sobre la facilidad para hacer negocios. El país ha subido unos impresionantes 30 puestos en la clasificación por facilitar la creación de empresas, la obtención de permisos de construcción, el pago de impuestos, el acceso al crédito y el registro de tierras. Estas y otras mejoras han contribuido a que Togo ascienda al puesto 97 entre 190 países del mundo en cuanto a la facilidad para hacer negocios en su país. 
  2. El método Coué consiste en sugestionar la mente a través de la repetición diaria de la siguiente frase: “Todos los días, bajo todo punto de vista, me siento mejor, mejor y mejor”.
  3. Este afro-pesimismo se explicaba por la acumulación de catástrofes que se abatían sobre Africa pues tal como dice ese proverbio africano: “El árbol que cae hace mucho más ruido que la selva que empuja” En mayo del 2000 The economist lanzaba su titular: “Africa un continente sin esperanza”, “Africa ha perdido la batalla del desarrollo”
  4. Discurso de Mohammed VI, rey de Marruecos, leído en la tribuna de la ONU el 25 de septiembre de 2014
  5. La trayectoria de crecimiento en África en estos últimos 20 años ha sido del 5,5% anual el tamaño de la economía africana será en 2050 según algunas fuentes 75% superior a la de Francia.
  6. Carlos Lopes : Africa en transformación ed. Catarata y Casa Africa
  7. https://mo.ibrahim.foundation/sites/default/files/2020-11/2020-index-report.pdf pag.21 overall governance 
  8. El fracaso del Estado puede darse a varios niveles, a nivel político, a través de sus instituciones, por la aparición de profundas crisis internas, por la ausencia de una separación de poderes, por una falta de democracia y libertad de expresión. Puede aparecer en bajos niveles de seguridad, por la debilidad de los dispositivos de seguridad, que conduce a la incapacidad de las fuerzas del Estado para luchar contra la propagación de la delincuencia y el terrorismo, y en general, por la incapacidad de controlar la seguridad de forma apropiada.