África y el suicidio demográfico

Mientras que el porcentaje de crecimiento demográfico sea igual o superior al del crecimiento económico, el tan deseado desarrollo africano será imposible
África Central tiene la segunda peor tasa de mortalidad neonatal del mundo: uno de cada 24 niños muere durante su primer mes de vida, según un informe de UNICEF

AFP PHOTO/FLORENT VERGNES  -   África Central tiene la segunda peor tasa de mortalidad neonatal del mundo: uno de cada 24 niños muere durante su primer mes de vida, según un informe de UNICEF

El tan deseado desarrollo africano depende del crecimiento demográfico.

Mientras que el porcentaje de crecimiento demográfico sea igual o superior al del crecimiento económico, el tan deseado desarrollo africano será imposible. Es cierto que un continente que tendrá más de 2.000 millones de habitantes en 2050 se está constituyendo a las puertas de Europa en un Mediterráneo que jamás fue una frontera, pero si un trazo de unión entre dos continentes.

El desarrollo de este documento fundamentalmente basado en datos y proyecciones estadísticas relativas a la demografía africana tiene por propósito demostrar, que el continente africano tiene un enorme desafío por delante (uno más) y que, si no sabe gestionarlo, podría revertir y paralizar el actual avance de muchas de sus economías.

Un África superpoblada, exige un desarrollo sin paliativos y una necesaria transformación de su economía. Exige, además una política -pues no todo es cuestión de economía- apropiada de educación, planificación familiar y control de natalidad, así como una clara salida de oportunidades de trabajo para una juventud que, a pasos agigantados, puebla la geografía africana tanto en el mundo rural como urbano.

La población de África. Proyecciones

¿Sabemos realmente lo que nos espera en la otra orilla del mediterráneo?

Las previsiones asustan. La población mundial ha crecido en unos 2.9 billones en los últimos 35 años pasando de 4.400 millones en 1980 a 7.300 millones en 2015. A pesar de que las ratios de crecimiento han descendido, la población mundial sigue aumentando en 81 millones cada año y África contribuye de manera significativa a ese fenómeno. En los años 1950-1960, la población del continente africano era aproximadamente de unos 275 millones de habitantes, es decir, un 9% de la población mundial.

En 1990, los africanos eran ya unos 640 millones representando el 12% de la población mundial. Hoy según la misma fuente, alcanzan la cifra estimada de unos 1.200 millones y las proyecciones de crecimiento para 2025 serán de 1.500 millones y de 2.400 millones para el 2050. Para esa fecha, el 40% de los nacimientos serán africanos lo que, unido a una baja mortalidad, nos presenta un cuadro de verdadero suicidio demográfico para el continente. 

Haciendo una comparación entre continentes en relación con el total de la población (expresado en millones de personas) y por cuánto se ha multiplicado la misma en 1950 y en 2015, los resultados serían los siguientes:

Ver: “The Demographic Profile of African Countries” by the Economic Commission for Africa” ECA, based on Department of Economic and Social Affairs data (2015).
Ver: “The Demographic Profile of African Countries” by the Economic Commission for Africa” ECA, based on Department of Economic and Social Affairs data (2015)

Analicemos las causas de esta galopante demografía que se nos viene encima año tras año.

Este crecimiento demográfico africano se debe principalmente a dos factores: por un lado, a la reducción de la mortalidad (principalmente infantil) gracias a las campañas de vacunación y reducción de enfermedades infecciosas, así como a progresos en una mejor cobertura médica y, por otro lado, a las altas tasas de fecundidad a lo largo de los años (alrededor de unos 50 años)

Las ratios de fertilidad en África están por encima del promedio mundial. En 2019, cada mujer africana en edad de reproducir (15-49 años según UNICEF) tendrá en promedio 4,5 hijos comparado con el promedio global de 2,5 hijos por mujer. Níger tiene una tasa de fecundidad de 7,2 niños por mujer, la tasa más elevada del mundo. Las consecuencias a medio-largo plazo son chocantes. Níger, un país de 15 millones, pasará a ser uno de 50 millones en 2050. Además, al igual que Mali, se enfrentan a peligros climáticos, a la fragilidad de ambos Estados para controlar sus territorios, a la ausencia previsible de inserción de los jóvenes, sin hablar de la difusión del yihadismo, y del tráfico de seres humanos.

En esta zona, la explosión demográfica no es compatible con un desarrollo durable e inclusivo. Podríamos concluir que lo que sería una buena noticia con un importante descenso de la mortalidad infantil, se convierte en una muy mala noticia a corto plazo con una explosión de un número importante de bocas a alimentar por países que no están preparados para ello. Por lo tanto, para que se dé “una normalización demográfica” hay que jugar con el factor tiempo.

Una enfermera explica métodos anticonceptivos y educación sexual  a mujeres mozambiqueñas
AFP/GIANLUIGI GUERCIA - Una enfermera explica métodos anticonceptivos y educación sexual a mujeres mozambiqueñas
Un ejemplo comparativo

Como ejemplo de revoluciones demográficas veamos que ocurre en un país subdesarrollado y superpoblado africano como podrían ser los casos de Nigeria o República Democrática del Congo (193 y 83 millones respectivamente) y que ocurre en un país desarrollado europeo como Italia con una población de 59 millones.

En los dos primeros, la vida es corta y su mortalidad alta, el número de nacimientos es muy elevado dado el mayor número de matrimonios jóvenes, y los hijos por razones culturales son muchos, pues así lo dicta la madre naturaleza. En un país europeo como el que nos ocupa, que bien podría ser otro como España o Alemania, la revolución demográfica tiende a llegar a su final. La esperanza de vida es mucho más alta, el número de nacimientos es mucho más bajo pues además no todos tienen hijos y criarlos suele ser muy costoso. En los dos primeros, hay muchos niños y pocos ancianos; por poner un ejemplo comparativo, de cada 100, 40 tienen menos de 15 años, 50 entre 15 y 65 años y solo 10 más de 65. Lo de Europa es otro mundo, de cada 100, 14 tiene menos de 15 años, 64 entre 15 y 65 años y 22 más de 65 años.

Por orden de edad en los países africanos, el que figura en medio tendría unos 20 años y en un país europeo el que figuraría en medio ¡tendría unos 50 años! Por lo tanto, la revolución demográfica en realidad significaría que los países que la llevan a cabo, cada cual, según sus propias características y velocidad, pasarían del modelo africano al europeo.

Número promedio de hijos por mujer en el año 2010
Instituto para la Población y Desarrollo de Berlín - Número promedio de hijos por mujer en el año 2010

La situación demográfica en países como Nigeria, República Democrática del Congo (RDC), Etiopía y otros muchos países africanos tiene, sin embargo, ventajas y desventajas.

Una característica importante de esta demografía africana calificándolo como ventaja es la juventud de su población. Los menores de 15 años representan un 43% de esta población. Esto, en principio, podría ser una ventana de oportunidad demográfica para un crecimiento de la población activa potencial (con edades de 15 a 64 años), pero para poder beneficiarse de ese dividendo demográfico hace falta que los jóvenes que llegan y llegarán en masa sobre el mercado del empleo puedan efectivamente encontrar un empleo decente y formal con una mayor productividad que la actual. Desventaja: Si esa fuerza demográfica joven no logra incorporarse al mercado laboral, nos encontraremos con una enorme masa de subempleados sin esperanzas tanto en el campo como en la ciudad. Y ya sabemos, y tenemos ejemplos de ello, a lo que conduce esta situación: revueltas sociales y nuevas primaveras - en este caso, africanas-. Hoy, el 90% de los que están en edades de 15-25 años se encuentran sin empleo o bien empleados en el sector informal, es decir, sin un empleo decente.

La pregunta que debemos hacernos es saber si África está en condiciones de absorber esta población joven en el mercado de trabajo. Y la reflexión es importante, pues, en caso contrario, esta oportunidad puede convertirse en una bomba de relojería. “Hay muchos africanos que aun piensan que una demografía generosa es un don de Dios…” (Jeune Afrique, 6 de julio de 2014).

Hacia 2030, año en el que debe estar cerrada la agenda para el desarrollo, la población con menos de 18 años en África crecerá según las distintas proyecciones en unos 170 millones sumando un total de 750 millones para esa fecha.

Dentro de unos 40 años, África tendrá que acoger, alimentar, formar, habitar y emplear a un millar de nuevos habitantes, de los cuales se prevé que 1,2 millones serán ciudadanos, siendo el hábitat, el urbanismo, otro gran desafío. Hoy, el 60% de los ciudadanos vive en suburbios. Esta dinámica demográfica viene acompañada de dinámicas espaciales, tanto en términos de migración de la población como de urbanismo. 400 millones de africanos viven en una ciudad; un 35% de la población contra un 3% hace un siglo. Otro gran desafío para África y sus políticas públicas, pues hoy solo el 20% de los urbanitas disponen de agua potable y menos de un 10% tiene acceso a una red de alcantarillado.

En África, el fenómeno creciente de la urbanización es el resultado de la combinación de un éxodo rural y un importante crecimiento demográfico. Según el BAfD (Banco Africano de Desarrollo), África contará con 730 millones de ciudadanos en 2030 y esta cifra, según las previsiones, podría llegar a 1,2 millones en 2050. Si esta explosión demográfica no viene acompañada de un crecimiento adecuado de las aglomeraciones africanas, la urbanización podría asfixiar las propias infraestructuras con los consiguientes problemas de falta de agua potable, higiene, electricidad, transporte público, sanidad, etc. Sin querer agravar más aun este panorama tarde o temprano podría darse una lucha por el espacio vital, lo que podría provocar conflictos y algunos de ellos de carácter étnico, pero ello sería objeto de otro estudio más relacionado con el estado a partir de la realidad de la etnia. 

Distribución demográfica en África
http://ww2.ac-poitiers.fr/hist_geo/IMG/pdf/afrique1.pdf - Distribución demográfica en África
Disparidades regionales

Los africanos no viven repartidos de forma uniforme. ¿A qué se parece el espacio real de África? ¿Quién vive donde y de qué?

África tiene una densidad estimada por habitante de 37hab./km2 (contra 140 en Asia), pero esa concentración es engañosa pues en África, como sabemos, existen enormes desiertos donde no hay vida, estepas áridas y selvas inhabitadas. Podríamos decir que África está mal poblada/mal distribuida. Hay, pues, disparidades regionales colosales. Si Gabón o la República Centroafricana tienen densidades de población escasas (5 y 6 habitantes por km2), las de Ruanda o Nigeria son considerables (390 y 170 habitantes por km2). Por otro lado, el nivel de vida de los habitantes africanos es aún muy limitado, pues con un crecimiento medio de un 5% del PIB y un crecimiento demográfico de un 3,5%, el aumento efectivo del PIB por habitante no es más del 1,5% y harían falta más de 40 años para doblar el nivel de vida por habitante.

Lo cierto es que África, a pesar de su crecimiento demográfico, sigue siendo el continente con una menor densidad en población con una media de 37 hab./km2 contra una cincuentena según la media mundial. Quizás haya que esperar al 2100 para que su densidad sea equivalente a la de Francia de unos 122 hab./km2. La mayor concentración de pobladores viene explicada en la mayoría de los casos por la geografía y los factores naturales. Así las mayores concentraciones se encuentran en: las zonas agro pastorales intensivas como las orillas del mediterráneo; las tierras altas de África Oriental como pudieran ser Ruanda o Burundi con una densidad aproximada de 440hab./km2 de media; los valles en Senegal o Níger, aunque con una menor densidad de unos 70 y 12hab./km2 respectivamente; o las zonas litorales del golfo de Guinea o de la costa austral como pueda ser Costa de Marfil (con unos 70hab./km2 solo de media) o en Tanzania y Mozambique que aquí todavía tienen una densidad menor de media (50 y 35 hab./km2).

Solo 5 países de los 54 que componen el continente africano tiene un peso que supone casi la mitad de toda la población del continente como son Nigeria, Etiopía, Egipto, RDC y Sudáfrica. Pero los que tendrán un problema real de densidad de población serán Nigeria, que para 2050 se estima que llegue a los 300millones de habitantes con una densidad media de 340hab./km2, y, quizás, Uganda, con un centenar de millones de habitantes y una densidad de 380hab./km2. El segundo país más poblado de África será Etiopía, con cerca de 180 millones en un horizonte 2050, pero su densidad de 165hab./km2 es mucho más gestionable.

Listado de los 40 países con más superficie y densidad de habitantes por Km2
https://www.populationdata.net/palmares/population/afrique/ - Listado de los 40 países con más superficie y densidad de habitantes por Km2

El problema verdadero de África es la migración de las zonas rurales a las ciudades y el de las ciudades al litoral. Aquí nace otro problema, el de cómo se rellenan las ciudades y cómo se gestiona ese vértigo humano hacia las mismas. 

La imagen mediática que algunos tiene todavía de África es muy a menudo la de grandes extensiones de selva, monte, y sabana, a pesar de que progresivamente está siendo sustituida por la de barrios marginales urbanos. Y es que el futuro de África se encuentra en las ciudades y las cifras lo dicen todo. Aproximadamente, 20 millones de ciudadanos en 1950 y unos 300 millones hoy en día, y, quizás, otros 300 millones más en 2030 y posiblemente unos 1.200 millones en 2050. Lo que Europa ha tardado en urbanizarse en 5 siglos África lo habrá conseguido en solo uno.

Uno podría decir, sin embargo, que no hay porque exagerar sobre este hecho cuando en otras zonas del mundo las tasas de urbanización del continente (37%) son inferiores a la media mundial (54%) y, sobre todo, si las comparamos con las del sudeste asiático (47%). Habría, además, que analizar el nivel de aglomeración en las distintas capitales africanas y compararlo con las de otras ciudades en el mundo. En el ránking de aglomeraciones, solo 3 capitales africanas como son El Cairo en el puesto número 14º con unos 18 millones, Lagos en el puesto 19º y Kinshasa en el puesto número 26 se encontrarían entre las primeras 30 metrópolis mundiales. En sentido opuesto, Asia representa más del 60% de la población de las ciudades más grandes en el mundo. Las siete primeras ciudades son asiáticas, encabezando la lista Tokio con 37 millones de habitantes.

Vuelvo hacerme la misma pregunta ¿está África y sus ciudades preparadas para ello? Esto nos llevaría a analizar al concepto de urbanismo insurgente o ausencia de urbanismo, el modelo “afrópolis” resistente al proyecto urbano occidental, pero que no es objeto de este documento y creo que debemos ahora centramos de pleno en un aspecto que nos afecta directamente como es el migratorio. 

Niños en la escuela primaria Chipala, en Lilongwe, capital de Malawi
AFP/SAUL LOEB - Niños en la escuela primaria Chipala, en Lilongwe, capital de Malawi
El largo viaje de la emigración

Los movimientos migratorios se han dado siempre y la Europa del siglo XIX provocó, sin ir más lejos, uno de los mayores éxodos rurales de la historia expandiendo su población por toda la superficie del globo. La diferencia es que hoy en el siglo XXI las dimensiones africanas son de millares y no de millones. Los flujos migratorios, en otro tiempo Norte-Sur, son hoy en su mayoría Sur-Norte o Sur-Sur. Proporcionalmente menos importantes que hace un siglo, sin embargo, suscitan muchas más tensiones.

El desafío migratorio es también un asunto que implica a toda una generación: en 2050 África, doblará su población para llegar posiblemente a los 2,5 millones de habitantes, un 25% del planeta. Las tasas de crecimiento (PIB) y, ya lo hemos mencionado anteriormente, no serán suficientes para retener a esta demografía africana. Se debiera llegar a conseguir un modelo de buen gobierno, empleo e inversiones (y en ello debemos contribuir los europeos) en la región, que permita a los propios africanos no tener que salir de sus fronteras para buscar lo que no tienen en casa.

“Seguir adelante es la muerte, volver hacia atrás es la muerte. Entonces mejor seguir adelante y morir.”  
Países de origen en África de los migrantes que llegan a Italia y Grecia
Gobiernos de Grecia e Italia 2015 - Países de origen en África de los migrantes que llegan a Italia y Grecia

¿Qué provoca el tomar esta decisión? El paro y la pobreza son las principales causas, entre otras, de la emigración, unidas a la esperanza y sueños de encontrar el milagro del dorado occidental (se mueven porque otros lugares ejercen una atracción), pero no olvidemos que en la emigración conviven dos fuerzas: la de atracción y la de empuje, siendo esta última, la que obligaba y lamentablemente sigue obligando a que se abandonen los lugares de origen.

Antes de seguir con este apartado hay que puntualizar y sacar a la luz ciertas realidades y tumbar ciertos mitos que propagan principalmente los medios de comunicación con expresiones como las de “avalancha e invasión de emigrantes en nuestras fronteras…”

En primer lugar, las migraciones africanas se producen principalmente dentro de África (migraciones horizontales), por lo tanto, estas se dan a través de las propias fronteras africanas. Llegar a Europa desde África primero no es fácil y en segundo lugar es peligroso y muy costoso. Bertrand Badie, profesor en el Instituto de Estudios Políticos de Paris, decía que: “En África, la movilidad es la regla” (En Afrique, la mobilité est la règle) y es cierto: las sociedades africanas están acostumbradas a la movilidad de sus poblaciones. 

En segundo lugar, las migraciones africanas hacia Europa son principalmente las provenientes de África del Norte y en menor medida de África occidental.

En tercer lugar, los polos de emigración principales dentro de África (intra-africanas) serian: Sudáfrica, Gabón, Guinea Ecuatorial, Costa de Marfil, Nigeria, Gana, Kenia todos estos países reciben migraciones africanas internas provenientes de otras regiones del continente.

Una cuarta parte de las migraciones de esas “migraciones silenciosas” tiene lugar entre países africanos, de las cuales uno de cada cinco emigrantes seria nigeriano.

Mosaico de Norman Rockewell
Mosaico de Norman Rockewell

Hay que distinguir, además, categorías de países en la emigración y acogida de emigrantes dentro de África, pues hay países que literalmente expulsan a sus nacionales (los emisores de emigrantes) tanto por razones económicas como de conflictos y guerras y otros con mayores tasas de crecimiento que los acogen. Como pueden ser los supuestos de Libia, Burundi, Liberia, RDC, Somalia en el primer caso y de Nigeria, Gabón, Camerún en el segundo. Un trabajador sobre cinco en Libia era y es emigrante. El boom del petróleo en países como Gabón, así como la explotación de la selva gabonesa, atrae mano de obra de países cercanos hacia este pequeño país de 1,3 millones de habitantes. Sudáfrica es otro ejemplo; ha tenido que endurecer su política migratoria en los años de recesión económica ante el flujo de llegadas de nacionales provenientes de países vecinos como Mozambique, Angola, Zimbabue, Suazilandia o Tanzania, que entraban en Sudáfrica atraídos por salarios cinco y diez veces superiores a los que recibían en sus países.

El espacio africano se está convirtiendo cada vez más en un espacio mundial, y no podemos obviarlo tanto por la revolución demográfica como por el despegue económico de sus países. El doble efecto de la multiplicación de la población del continente africano en 50 años y el más que probable envejecimiento de los países ricos, va a provocar un numero de flujos fuera de África de cerca de 2 millones de emigrantes por año de aquí al 2030. Dicho de otra manera, el número de emigrantes africanos podría pasar de 5 a 10-15 millones de aquí a esa fecha. África, además, (a diferencia de la Europa del siglo XIX) no va a tener la suerte de encontrarse con continentes vacíos, por ello, no tiene mucho sentido reproducir el modelo europeo que ha exportado su “exceso” de población al resto del mundo hasta el punto de que un europeo de origen sobre dos vive fuera de Europa. ¡Imaginemos la situación con 2 mil millones de africanos en el resto del mundo hacia 2150!

Lo cierto es que entre las dos orillas del Mediterráneo se encuentran hoy las mayores desigualdades entre dos continentes. El gran desafío es aprender a saber gestionar esas migraciones, especialmente Europa, que si no se prepara adecuadamente puede encontrarse con dos tipos de dificultades: por un lado, una diferencia de orden matemático entre un continente que en no mucho tiempo tendrá de 2 a 4 mil millones de habitantes, de los que la mitad serán jóvenes en edad de emigrar, y otro continente con países de solo algunas decenas de millones de habitantes como máximo. Y, por otro lado, una diferencia de orden económico que será de larga duración, como es la diferencia de riqueza por habitante del orden de 1 a 10, que justifica cualquier coste que puedan soportar los emigrantes eventuales a la hora de emigrar sabiendo que, teóricamente, los lazos coloniales reducen los costes de información y acogida para ellos y sus familias.

La “posible solución” reside en saber gestionar esa emigración circulante y la que hace referencia al aprovechamiento de la acogida de potenciales candidatos a formación en los países avanzados (emigración más cualificada) para que adquieran experiencia, y acumulen capital, y, así, puedan iniciar sus propios negocios en beneficio de del desarrollo económico africano. No olvidemos que las remesas de estos emigrantes suponen hoy aproximadamente la mitad de los flujos de capital con destino a sus países de origen.

Todo este proceso es, sin embargo, paradójico; esta emigración priva al continente africano de una mano de obra y de las necesarias competencias que le son requeridas, pero, por otro lado, le asegura una fuente de financiación y recursos sustanciales. No olvidemos que, en algunos países, estos fondos/remesas suponen cerca de un 15% de su PIB.

Previsiones del INED para la población de África en 2050 y 2100
AFP/AFP - Previsiones del INED para la población de África en 2050 y 2100
Desarrollo y demografía

Hoy África se encuentra en una etapa (la 2ª etapa según el gráfico) en que la tasa de mortalidad (particularmente la infantil) empieza a descender debido principalmente a desarrollo de los países y a la mejoría de las condiciones sanitarias. Al mismo tiempo y, sin embargo, las tasas de natalidad siguen siendo muy elevadas, lo que genera un muy alto crecimiento demográfico. 

Solo tres zonas pertenecen aún a la segunda fase de la transición y se mantienen cerca del nivel natural, es decir, unos 7 hijos por mujer. Así, algunos países de Asia como Laos, Camboya, o Afganistán; los países de la península Arábica (Arabia Saudita, Yemen, Omán) y un gran número de países del África Subsahariana. 

Mercado de Port Harcourt, en el sur de Nigeria, el 27 de febrero de 2019
AFP/YASUYOSHI CHIBA - Mercado de Port Harcourt, en el sur de Nigeria, el 27 de febrero de 2019
El ejemplo chino

En mayo 2017 se celebró la primera conferencia sobre demografía y desarrollo entre África y China la cual tuvo lugar en Nairobi Kenia. Este evento fue organizado por el gobierno chino conjuntamente con el UNFPA5 y el gobierno de Kenia. 
"China tiene importantes lecciones en cuanto a población y desarrollo que pueden beneficiar a África, como el éxito en la disminución sustancial de la tasa de crecimiento de la población de los años setenta, lo que dio lugar a un número de tasas de crecimiento más sostenible de la población", afirmó Irungu Nyakera, secretario principal del Ministerio de Evolución y Planificación de Kenia. La experiencia china es un ejemplo a tener en cuenta en cuanto a planificación familiar, aunque la misma tenga muchos detractores.

El hecho es que cuanto antes se tomen medidas políticas que tendrán lógicamente repercusiones en lo social y en lo económico, para prevenir una avalancha demográfica que está a la puerta de la esquina, mejor podrá África enderezar su desarrollo económico y social. Por lo tanto, combatir este crecimiento demográfico exige, con visión a largo, plazo una profunda revisión de la planificación familiar teniendo en cuenta los factores culturales y costumbres de la familia africana, por un lado,6 y, por otro, producir un necesario desarrollo económico que soporte y de salida a una enorme masa de jóvenes en edad de trabajar. Para ello, los conceptos económicos deben cambiar. 

África, entre otros retos, debe superar el vacío de infraestructuras en sectores tan necesarios como la energía y el transporte, adentrarse en una agricultura transformada tecnológicamente, dado que es el sector que más mano de obra produce; e invertir en educación y formación de nuevos líderes africanos, etc. Para todo ello, es preciso una clara voluntad política de sus gobernantes, una visión inteligente y práctica de futuro para poder, al menos, tratar con visos de éxito un mejor desarrollo macroeconómico, medioambiental y social del continente.

Conclusión

Sería deseable que tanto europeos como africanos fueran conscientes de que un problema para el futuro económico de África es su progresivo crecimiento demográfico. Hay que disponer de un gran angular para prever que la inmigración africana en Europa, cuyo futuro esta indisociablemente ligado a la inmigración, que contribuye hoy en aproximadamente un 85% anual al crecimiento demográfico europeo y que efectivamente colabora al equilibrio presupuestario social de los países del norte, puede suponer en los próximos años, si no se produce una bajada sustancial de la tasa de natalidad, una importante traba al crecimiento y a la reducción de la pobreza en África, así como un asunto mayor y de consecuencias impredecibles para Europa.

La posible solución la marcará el tiempo, pero desde hoy hay que ponerse en marcha con políticas de planificación familiar y educación infantil, apuesta e inversión por lo propio en sectores básicos como la agricultura, un mayor fomento a la inversión extranjera directa con medidas fiscales apropiadas, una mejora institucional y de gobernanza en los distintos países, etcétera. Es preciso darle alas y espacios a esa enorme población joven africana con un tremendo potencial y que reclama un mejor futuro y una mejor salida a sus aspiraciones. Pero es África por sí misma quien debe contribuir a que ello suceda.