“La calle rechaza estas elecciones; queremos un cambio de sistema”

Los argelinos aguardan con escepticismo y preocupación las elecciones presidenciales del jueves 12 de diciembre
Argelia

AP/RAFAEL YAGHOBZADEH  -   Manifestaciones contra el régimen en París

El escepticismo y la preocupación predominan entre los argelinos en las vísperas de las elecciones presidenciales. En un país huérfano de consensos durante largas décadas, el consenso es hoy que los comicios no representan al Hirak, movimiento de protesta que desde hace casi diez meses -42 viernes consecutivos- insiste en que Argelia quiere ser también democracia. “La calle rechaza estas elecciones, queremos un cambio radical, un cambio de sistema”, explica a Atalayar Narimene Mouaci, una joven activista argelina residente en España.

Los cinco candidatos son viejos –en varios casos bien entrados en los setenta— conocidos de los argelinos, pues tuvieron responsabilidades en los gobiernos y la administración de Abdelaziz Bouteflika. Dos de ellos –Abdelmadjid Tebboune y Ali Benflis, de 74 y 75 años respectivamente, fueron ministros suyos. El tercero de ellos es el antiguo titular de Cultura Azzedine Mihoubi, de 60 años, y el cuarto, el que fuera ministro de Turismo Abdelkader Bengrine, de 57. Completa el quinteto Adelaziz Belaid, de 56 años, que lidera el Frente El Moustakbal, que él mismo fundó en 2012 como escisión del Frente de Liberación Nacional (FLN). 

Por tanto, entre los presidenciables no hay representantes de los partidos de oposición al sistema –‘le Pouvoir’, como tradicionalmente lo ha denominado la historiografía y los medios- que hoy custodia el general Gaïd Salah. “Es imposible creer en este proceso electoral”, concluye Soumeya, joven argelina residente en España. “Además, no hay tampoco garantías de que vayan a ser elecciones transparentes. Es lo que hemos vivido siempre, pero en esta ocasión en un principio debería ser distinto. Y las elecciones no son un fin en sí mismo, sino un medio. ¿De qué valen unas elecciones si todo lo demás falla?”, reflexiona Soumeya, que vive en la provincia de Vizcaya. 

Las manifestaciones registradas este viernes en Argel y otras ciudades como Orán o Constantina en rechazo del régimen y contra las elecciones del día 12 han vuelto a poner de manifiesto que el Hirak –denominación del movimiento popular de protesta- no tiene visos de perder intensidad. “El sistema quiere permanecer y es normal que celebren estas elecciones. Me dan igual las elecciones. No creo en estas elecciones. Yo reivindico el cambio de sistema, así que el presidente que salga no me representará”, afirma a Atalayar la joven Hanane Semane, argelina residente en Francia. 

Argelia
AP/TOUFIK DOUDOU -  Una pancarta en árabe que dice: “El pueblo argelino toma su propia decisión”, en una imagen de archivo de una reciente protesta en Argelia

“Sea cual sea el resultado de las elecciones –y es imposible en estos momentos predecir qué figura institucional emergerá como ganadora- la insatisfacción se intensificará. El movimiento popular ha conseguido un cambio superficial pero el reflejo natural de ‘le Pouvoir’ será impedir una transición a una democracia genuina, en cuyo caso la Revolución de las Sonrisas seguirá teniendo vigor”, zanja periodista franco-argelina Nabila Ramdani en las páginas de The National.

“Mientras los presos políticos estén en las cárceles y los medios de comunicación sigan controlados habrá rechazo. Los medios no expresan la voluntad de la calle ni dicen que la gente no quiere estas elecciones”, asevera Mouaci. “Estuve este año tres meses en mi país y es brutal el control de los medios. Estábamos en la calle manifestándonos, salíamos de la protesta y entrábamos en el coche y veíamos que en la radio estaban diciendo lo contrario de lo que pasaba”, relata a Atalayar Soumeya, otra joven argelina residente en España. 

“Se ha intentado dividir el movimiento según líneas identitarias, pero eso ha fracasado. Las protestas han demostrado unidad”, afirma Mouaci. Las elecciones son otro elemento al servicio de la división”, lamenta la joven activista. 

Argelia
FP/PHILIPPE LOPEZ - Un manifestante en favor de la implantación del Estado de Derecho en Argelia

La diáspora argelina en Francia, la mayor de todas ellas, alberga sentimientos parecidos a los expresados por las citadas voces. Este sábado se abrían las urnas para los argelinos residentes en territorio galo, justo cuando el hermano de Bouteflika era llamado a declarar ante el juez en el país magrebí por el proceso de corrupción que afronta. Grupos de argelinos se manifestaban frente al Consulado de su país en París para mostrar rechazo a los comicios. “Estoy muy orgullosa de mi pueblo. Hemos comenzado un camino de libertad. Hay que ser paciente con nuestros compatriotas, hay que tener confianza, y sé que vamos a tener éxito. No sé cuántos años van a hacer falta para que se complete el proceso. Pero somos un pueblo joven. Más de la mitad de la población tiene menos de 30 años. Hay una vitalidad excepcional”, explica Semane a Atalayar. 

En las páginas de uno de los diarios más críticos con el poder en Argelia, El Watan, el escritor Anouar Benmalek explicaba por qué no votará tampoco este martes: “Votar en estas condiciones sería traicionar a los que se pudren injustamente en la cárcel y una aquiescencia resignada a la humillación”. 

Desde el exterior tampoco hay demasiada confianza en los comicios. El Parlamento Europeo aprobaba a finales del mes pasado con un comunicado de condena “enérgica de las detenciones arbitrarias e ilegales, así como la prisión, los ataques e intimidación de periodistas, sindicalistas, abogados, estudiantes, defensores de los derechos humanos y de manifestantes pacíficos".
Las autoridades argelinas se defienden. “Rechazamos toda injerencia en nuestros asuntos. No nos ha gustado esta resolución por decirlo en términos diplomáticos”, ha lamentado el ministro de Asuntos Exteriores argelino, Sabri Boukadoum, este domingo en el foro internacional Med Dialogues en Roma en declaraciones recogidas por el semanario Jeune Afrique.  

Marruecos mira de reojo la situación del vecino

Desde Marruecos, uno de los países vecinos, las elecciones se observan con la misma mezcla de desconfianza y preocupación. Los comicios copan las portadas de varios de los semanarios y revistas de actualidad. “Unas presidenciales de alto riesgo en Argelia. Estado naciente”, titulaba el reportaje del semanario Maroc Hebdo esta semana en Rabat. “Las elecciones presidenciales del 12 de diciembre han sido impuestas por la junta militar. El ganador que resulte de ellas será ya rechazado por el pueblo”, proseguía el texto. Resta por ver si la nueva administración argelina será capaz de lograr un acercamiento diplomático con Marruecos -que tiene la cuestión del Sáhara como epicentro de los problemas- tras décadas de desencuentros.


El activismo no pierde la esperanza en el futuro

“Ahora hace falta que el Hirak se organice y encuentre los mecanismos para sentarse a la mesa con el régimen. En este momento hay miedo. Pero hay que tener mucha fe en lo que podemos hacer si permanecemos unidos”, augura Soumeya. 

“¿Cómo vamos a hacer para cambiar el sistema? ¿Cómo vamos a hacer que los militares se marchen? Estas son las grandes preguntas, no las elecciones de este martes. El despertar de los argelinos. Eso es lo que me interesa de verdad”, explica a Atalayar Hanane Semane. “Hay que capitalizar este movimiento, este despertar del pueblo; cambiar las maneras de luchar”, insta la joven residente en Francia. 

“No sabemos qué va a pasar, solo nos queda esperar al viernes 13, cómo va a reaccionar la gente. Mi predicción es que van a seguir saliendo a las calles hasta que se tengan elecciones libres y garantías”, asegura Narimene Mouaci. “Las perspectivas de cambio tras las elecciones no inspiran ningún tipo de confianza”, lamenta Ramdani. Más optimista es Semane: “Estamos aprendiendo lo que es la democracia, la ciudadanía, la coexistencia, el pluralismo. Soy muy optimista. Lo lograremos”.