21-D: Es aquí, es ahora

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Antonio Regalado

Pie de foto: Hay que votar y llenar las urnas de más Cataluña, más España y más Europa. Aquí no sobra nadie.

Estamos en la recta final hacia 21-D. Solo a un gobierno escapista como el de Mariano Rajoy se le ha ocurrido convocar elecciones ochenta días después de un golpe de Estado. Con tal de quitarse lo antes posible el problema de encima, ha complicado la solución que, en contra de lo apuntado por Ortega y Gasset con su conllevancia, requiere cumplir y hacer cumplir la ley, limpiar las alfombras tras cuatro décadas de corrupción sistémica y neutralizar un victimismo lacrimógeno (y sentimental) que nos desangra económicamente a través del FLA. Y aquí estamos, en la mitad de la nada.

Indulto del 155

Tan solo ocho semanas atrás, el generoso ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, nos hacía comulgar con una rueda de molino movida por la desidia y la mentira: “La Generalitat”-enfatizaba en el Congreso- “no han destinado ni un euro al Referéndum ilegal del 1-0”.  Si no pagan ni a los farmacéuticos ¿cómo explicar la descomunal deuda de 72.000 millones? ¿Por qué el Estado ha tenido que pagar aquellos 7.000 millones en bonos patrióticos de Montilla al 7,5 por 100? ¿Por qué seguir subvencionando a estos delincuentes habituales?

Ahora sabemos que 25 empresas afines a Puigdemont y a sus cuates han financiado el procés mediante procedimientos opacos, e incluso, se han pagado algunos servicios con bitcoins.

Sin respuestas del Gobierno de la Nación.

José María Jové, lugarteniente del frailuno Junqueras, describe en su molaskine de lujo con pelos y señales que la rebelión ha sido programada por los mismos actores que ahora se presentan a una convocatoria con garantías. La huída del ex presidente cesado no puede deberse a un fallo del CNI sino a la dejación de un Ejecutivo que prefirió apartar (aplazar) un poco más el cáliz de su responsabilidad. Rajoyismo puro y duro que dejará al PP al borde del abismo a nivel nacional.

La declaración de bienvenida del portavoz del Gobierno. Iñigo Méndez de Vigo para que el golpista Carles Puigdemont se presentará como candidato cinco minutos después del golpe, es una cobardía tan grande como admitir que en inmersión lingüística solo hay casos puntuales, o a negarse a actuar cuando los servicios de la Consejería de Educación -que dirige el propio ministro- impugnan  la resolución judicial por la devolución de los tesoros de Sijena. “Yo no lo autoricé”, se justificaba sin exigir dimisiones.

Normalidad golpista

El 155 no se ha aplicado en plenitud y habrá que mantenerlo al menos un año hasta que exista un gobierno legal, legítimo  y en condiciones de aplicar la Constitución y el Estatuto. Lo que Rajoy llama volver a la normalidad. ¿Se puede volver a la normalidad cuando los golpistas se pueden presentar a las elecciones defendiendo la restauración de la “nonata” República de Cataluña? Imposible. Esto solo pasa en Venezuela. Ni siquiera en Corea del Norte.

No habrá normalidad democrática, señor presidente y señor Sánchez, don Pedro, secretario general del PSOE, mientras los secesionistas no sean juzgados por sus actos de rebeldía e inconstitucionales contra la mitad de los catalanes/españoles y contra los 40 millones de ciudadanos que vivimos en este país y sentimos que Cataluña también es nuestra.

Hasta ahora, todo les ha salido gratis total. Y en esa filosofía de impunidad se apoyan para mantener el pulso desafiante al Estado.

Sin delito de secesión

El gobierno, refugiándose en el PSOE, no quiso desactivar el activismo catalibanista en los medios de comunicación subvencionados por el pesebre del presupuesto, y ahora Dastis adelanta que tienen un relato preparado para neutralizar la postverdad de la maquinaria propagandista engrasada durante siete lustros. Nos gustaría creerlo.

El trato de favor concedido al nada honorable president, ofrecíéndole los 115.000 euros de pensión vitalicia anual, más secretaría, coche oficial, chófer y oficina de ex por 22 meses de mandato antisistema, son solo una prueba más de la debilidad de un ejecutivo de la Nación, que no cree ni tiene autoridad moral para imponer el imperio de la ley.

El espectáculo bruselense de Puigdemont con sus trolas ora en twits, ora en plasma -siempre en TV3 y en sus terminales.cat- obligarían a tener una estrategia constitucionalista conjunta para impedir, con la firmeza de los votos, que este indigno representante se ría de España y de los españoles.  ¿La fiscalía no puede encausarlo, al menos, por usurpación de funciones?

Tanto fiscal, tanto juez y tanto abogado del Estado, no han sido capaces de que la justicia belga entregue a este fugitivo de opereta, apoyado por los grupos más extremistas y eurofóbicos de La UE para ser juzgado en España. ¿Por rebelión?, ¿por sedición? ¿Por malversación de fondos públicos?

No, simplemente, por sedicción. Pero amigo mío, es imposible porque, señoras y señores, en España no existe el delito de secesión. Fue abolido por el dúo González-Bellod a petición de CiU y PNV alegando que eran dos fuerzas leales a la Carta Magna. Otra trola perpetua.

Más de lo mismo

Cabe preguntarse por qué ningún partido político ha pedido denunciar la corrupción, el verdadero cordón umbilical de este movimiento revolucionario (de salón) que ha construido un estado imaginario lleno de odio sobre la Ley Habilitante. Hitler, 1933. ¡Ojo al dato!

Nadie ha reivindicó tampoco que se reinstaure el delito de secesión en el Código Penal: era tan claro en su anterior redacción que se le podría haber aplicado directamente a los golpistas del 1-0 como se aplicó a los golpistas del 23F. Todos -nos duele por Ciudadanos- callan como muertos. Y, sin embargo, ambas propuestas, bien explicadas, darian muchos votos de personas decentes y de centro. 

Leyendo los programas electorales del 21D sorprende que nadie luche contra la corrupción en Cataluña que es la más extensa y profunda en el tiempo y la más escandalosa. Los Pujol -todo un linaje de corruptos- crearon un expolio organizado desde la Generalitat y la alta sociedad que afecta ya a tres generaciones. Un robo consentido que atravesó a ERC, CUP, Comunes, Convergencia, a Unió, al PDeCAT, a Just por el Sí y ahora Just por Cataluña.

Lo poco que se ha descubierto tras la entrada en vigor del 155 demuestra que el autoritarismo sólo es el iceberg de un movimiento revolucionario, supremacista y xenófobo llamado nazismo. Los partidos golpistas apuestan por seguir destrozando España porque saben que este gobierno sigue Instalado en la indolencia. Habrá tiempo de pasarle factura.

El PSC, con sus indultos preventivos, su condonación de la deuda (unos 52.000 millones), su agenda Tributaria compartida y su justicia autonómica confirma que sigue apostando por un pacto del Tinnel con ERC-CUP, Comunes y Juntos por Cataluña, como mamporrero trasversal.

Las ideas del autopresidenciable Miguel Iceta son tan ridículas y extemporáneas como sus contoneos en la pista. Si Ferraz calla (y traga) en la petición de indultos alegando que son propuestas de campaña, al menos un barón, Emiliano García Page, ha sido claro: “No hay que utilizar la justicia como punto de entrada ni de salida a la política”.

Los socialistas que tienen que acudir a las urnas en 2019 saben que las propuestas de Iceta son una losa incluso en Cataluña.  O el PSOE jubila al PSC o Pedro Sánchez sufrirá una derrota severa en las autonómicas y locales por su aproximación a los nacionalistas y populistas y su alejamiento de la Ley de Leyes.

Hablando de populistas y oportunistas, a los comunes ya se les ha visto el plumero. Se presentan como la “llave” para desbloquear las incertidumbres, pero en realidad son “un candado antisistema” porque no creen en las libertades. Las lágrimas de cocodrilo del magdaleno Domenech por los Jordis, son la prueba de su equidistancia fingida.

Iglesias arremete contra la Corona, después del ejemplo de firmeza del rey Felipe VI, y Colau invoca el "no pasarán" de Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, en el mitin más guerracivilista celebrado este sábado. Impostores impenitentes.

El PP no tiene un mal candidato. Xavier Albiols es un tipo alto y honrado. Pero entre Rajoy, Sáenz de Santamaria, Montoro y Millo lo han dejado en cueros y sin horizontes. El Estado ha abandonado a los constitucionalistas en Cataluña y los chalaneos de la vicepresidenta Soraya con Junqueras, Puigdemont y Santi Vila, se traducirán en un trasvase a Ciudadanos.  ¿Qué esperaban los populares ante tanta imprudencia calculada? La ministra Cospedal se lamenta ahora; nosotros también.

Ciudadanos sin complejos

Inés Arrimadas ha demostrado en la escasa legislatura del Parlament, que es la política más capaz para terminar con la hegemonía de los catalibanes corruptos y corruptores. Es la única que se ha preocupado por la sanidad, por el empleo; la única que ha pedido que vuelvan las empresas, que se opone al boicot a los productos catalanes -tan españoles como los madrileños- y ha prometido gobernar para todos. Sin exclusión.

Defender España y la Constitución debe tener su premio. Los sondeos la dan como el partido más votado. No es poco en este tiempo tan convulso, aunque solo sea para no volver a escuchar que los separatistas son Cataluña.

Valls y el estado de derecho

El ex primer ministro francés, Manuel Valls, asistió en la mañana del sábado a un mitin del PP asegurando que “España es una gran democracia”; por la tarde, arropó a Ciudadanos reiterando su actitud contra los nacionalismos. “La UE es paz, reconciliación y Estado de bienestar; el nacionalismo es la guerra, apostilló”.

Manuel Valls, catalán de origen y europeo de convicción, es un ejemplo vivo de cómo el republicanismo defiende siempre y en todo lugar, la democracia, la libertad, la igualdad y la solidaridad, valores que consagra nuestra Carta Magna.

El escritor Mario Vargas Llosa, reiteró su apoyo a C’s, como peruano, español, europeo y “fundamentalmente como demócrata y liberal", y reservó sus críticas para la izquierda antidemocrática que identificó con la CUP "En Cataluña, por ejemplo, no puede haber un partido más reaccionario que la CUP y no puede haber un partido más progresista que Ciudadanos", sentenció el premio Nobel de Literatura.

Es aquí, es ahora

Hay que reconocer que estas son las elecciones más atípicas de toda la democracia. Nos jugamos el pasado, el presente, el futuro y algo más importante: la unidad. El 21D solo hay dos caminos: el de la Constitución y el Estatuto o el del catalibanismo supremacista que nos conducirá a todos al abismo.

Hay que votar y llenar las urnas de más Cataluña, más España y más Europa. Aquí no sobra nadie. Es el momento. Ha llegado la hora. La neutralidad equivale a rendición. No la contemplamos. Apostamos por la libertad.